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4 de marzo de 2017

Nuevas investigaciones sobre el cementerio. Estudios biológicos



Organización de la investigación
   Organización y colecta de la información.
Incluyó la revisión de materiales publicados e inéditos sobre el cementerio, así como la recuperación de fotografías, hasta ahora desconocidas, y dibujos y planos de los entierros excavados entre 1986 y 1988.
Además, se hicieron entrevistas a los participantes en las excavaciones y a los vecinos del lugar para conocer otros aspectos puntuales no documentados, sobre todo, cómo se desarrollaron las excavaciones, la ubicación de los restos en el sitio y las  peculiaridades de los contextos encontrados.
 
   Nuevos estudios de los restos humanos.
Se trata de un amplio grupo de acciones desarrolladas en colaboración con el Grupo de Estudios del Caribe de la Universidad de Leiden, bajo la dirección de la Dra. Corinne L. Hofman. El núcleo principal de los datos que se presentaran a continuación proviene, esencialmente, de un estudio realizados a la colección de restos humanos de El Chorro de Maíta depositada en los fondos del Departamento Centro Oriental de Arqueología, en Holguín, Cuba, por la Dra. Darlene Weston en el año 2010, con la ayuda de los estudiantes de maestría de la Universidad de Leiden, Ewoud Benjamin van Meel y Liliane de Veth.
Consistió ese dicho (y muy valioso) estudio en: la revisión de la cantidad de individuos inhumados para establecer una nueva clasificación de edad y sexo, (utilizada en el resto de las investigaciones). Asimismo los expertos aportaron una valoración sobre la preservación e integridad de los restos, patologías, modificación craneana artificial, demografía y filiación ancestral
de los individuos, entre otros aspectos. Y un registro fotográfico completo de los restos.
Es necesario que se anote que algunos aspectos de la determinación de patologías se vieron afectados por dificultades para observar ciertos huesos, por la presencia de una capa de material consolidante colocada al momento de su extracción.
Los datos de patologías y estatura no están disponibles pero Weston considera (comunicación personal 2010), como Rodríguez Arce que en vida tenían, de forma general, un buen estado de salud, sin indicios claros de traumatismo severos o muerte violenta.
La presencia de modificaciones craneanas fue analizada además, de modo independiente, por la investigadora doctoral de la Universidad de Leiden, Anne van Duijvenbode (2010), quien se basó en un análisis visual y en el uso de la función discriminante desarrollada por Clark et al. (2007). La evaluación presentada aquí, realizada por Valcárcel Rojas en colaboración con el investigador del CISAT, Alejandro Fernández Velázquez, parte de una revisión visual y toma en cuenta los resultados de los estudios de Weston y Anne van Duijvenbode. A dicha evaluación se incorporan resultados de un análisis antropológico dental ejecutado por la investigadora doctoral de la Universidad de Leiden, Holanda, Hayley L. Mickleburgh (2010). Este incluyó el estudio de desgastes, patologías y modificaciones no masticatorias, entre otros detalles. Por último Jason Laffoon, también investigador doctoral de la Universidad de Leiden, Holanda, valoró el origen territorial de los individuos a partir de análisis de isótopos de estroncio (Laffoon et al. 2010; Valcárcel Rojas et al. 2011) y, en menor medida, de isótopos de carbono y oxígeno (Laffoon et al. 2012).
   Establecimiento de la cronología de los entierros.
Se consiguió mediante fechados radiocarbónicos y métodos no absolutos, y permitió el desarrollo de estimados sobre la formación y uso del cementerio. La valoración y calibración de las fechas fue ejecutada por la Dra. Alex Bayliss (Coordinadora del equipo de datación científica de English Heritage, Inglaterra) con la colaboración de Valcárcel Rojas y otros (Bayliss et al. 2012). En este capítulo sólo se trata el conjunto de dataciones radiocarbónicas.
Al referir la posición de los restos (en dependencia de ella, o sea, boca arriba extendido, de costado con las piernas flexadas, etc), se llega a criterios cronológicos y se usan los términos pre y poscontacto, lo que indica que al momento en que se realizan estas inhumaciones en particular, el lugar y los individuos habían comenzado a interactuar o no con los europeos o con su materialidad, de modo directo o indirecto.
 
Datación radiocarbónica
En el año 2000 pudieron ser fechadas en los laboratorios Beta Analitic, por Carbono 14, muestras de hueso del esqueleto No. 25 y del No. 39. Años después un proyecto de fechamiento diseñado por Alex Bayliss con la colaboración de Valcárcel Rojas y Rehren (2005) permitió la datación por AMS, en Oxford Radiocarbon Accelerator Unit, Inglaterra, de seis muestras de los individuos No. 58A, 57A y 45. En este caso no sólo se fecharon huesos de dos de los individuos inhumados (No. 58A y 45), sino que también se logró datar material relacionado con el No. 57A (fragmento de tela y cuenta de coral) y el No. 58A (cuenta de resina y cuenta de coral). (Precisamente fueron esas las muestras de material orgánico de modo intencional en los esqueletos, porque son las únicas que por su  cantidad o dimensiones podía ser usado para datación).
Entre el 2008 y el 2011 fueron datadas por AMS en Rijksuniversiteit Groningen, Holanda, Trondheim Radiocarbon Dating Laboratory, Noruega, y Beta Analitic, EUA catorce muestras de huesos y dos de dientes, pertenecientes a 13 individuos (No. 22, 41, 72B, 78, 74, 76, 84, 99, 89, 50, 57, 64 y 79) (esas dataciones se pudieron hacer gracias al apoyo de Vernon J. Knight, de la Universidad de Alabama, Corinne L. Hofman, Universidad de Leiden, y Maja Bauge, Fundación Kon Tiki).
Estas 22 fechas, provenientes de muestras de 17 esqueletos, fueron calibradas tentativamente por Bayliss y colaboradores (2012) con un rango de 95 % de probabilidad.
Resultados:
(Se sabe que en dependencia de la dieta consumida por los individuos así será la datación, por lo tanto las fechas y calibraciones deben manejarse con cuidado y no considerarlas definitivas)
Los fechados informan de dos de los individuos, los No. 22 y 25 que supuestamente vivieron en un momento muy anterior a la llegada de Cristóbal Colón a América; (sin embargo los expertos no creen mucho en esa información a la que consideran “inconsistencias explicables por la dieta que en vida consumieron esos dichos individuos”).
Los otros, siguen diciendo los fechados, algunos vivieron antes de la llegada de Colón pero no en periodos muy anteriores (Siglo XV) y otros vivieron después de la llegada de Colón y hasta mediados del siglo XVII.
El individuo No. 64 es una excepción, según el fechado que tiene una probabilidad de 81 % de credibilidad, este debió vivir entre los siglos XVII al XIX.
La calibración de las fechas obtenidas determinó que el individuo más antiguo del cementerio es el No. 22 y el menos antiguo el No. 64 (probablemente esos fueron el primer y ultimo enterramiento)
 
El entierro No. 22 es el de un individuo juvenil masculino de entre 16 y 18 años, nacido en el territorio, del que solamente se encontró el cráneo (cráneo aparecido cerca de los rasgos de un individuo masculino blanco).
Un nuevo análisis de ese dicho cráneo sugiere que se trata de una persona de origen mestizo, con ancestros blancos e indígenas. Los datos determinan que ese individuo fue enterrado entre 1380–1455. ¿Un mestizo de blanco e india muerto y enterrado antes de la llegada de los colonizadores hispanos? Asumiendo de modo conservador su nacimiento un año después la de presencia hispana en la Isla, y toda vez el cadáver fue inhumado cuando el individuo tenía entre 16 y 18 años, entonces la fecha de enterramiento debió ser entre 1527 y 1529 y no en la fecha que determina el estudio. (El cráneo, encontrado a solo 39 cm de profundidad tiene rasgos de que el esqueleto fue movido del lugar que ocupaba para enterrar a otro difunto en su lugar. Al hacer ese movimiento, parece que el cráneo se desprendió y los enterraron por separado. Al ser encontrado el cráneo estaba boca abajo) Asimismo los expertos han llegado a la conclusión de que este individuo debió tener en vida insuficiencias alimentarias lo que demuestra que a pesar de ser hijo de europeo, padeció condiciones de vida similares o quizás peores a las de los indígenas, (probablemente eso es lo que da una datación tan temprana sin que sea cierto en la realidad).
 
Entierro No. 22.
Según especialistas participantes en la excavación el cráneo “ se encontraba con la cara orientada hacia abajo, descansando en la región facial, con una ligera inclinación hacia la porción derecha. La mandíbula encontrada a 20 cm al oeste estaba fragmentada en tres partes. Hacia la parte oeste a unos 3 cm de distancia y a la misma profundidad del cráneo perteneciente al entierro No. 22 se hallaron 3 metatarsianos y una tibia derecha correspondiente a un niño, posiblemente del entierro 13. Al este, a solo 4 cm pero en un nivel inferior a 53 cm de profundidad, se exhumó el cráneo de un esqueleto adulto femenino, No. 19. Asimismo se halló una mano de otro individuo, al que le llamaron 19A, casi tocando el cráneo del No. 22. ” (Rivero de la Calle et al. 1989)”.
Por otra parte, los estudios hechos sobre huesos del Entierro No. 64 (encontrado fuera del área principal de enterramientos), determinaron que esos tienen una antigüedad de 270±40, lo que lo ubican en un periodo entre 1640–1895
Ornamentos del individuo No. 64. Collar de cuentas de cuarcita que se encontró cerca del antebrazo derecho del esqueleto. El Chorro de Maíta.
 
Conclusión:
Hasta hoy se considera que el cementerio comenzó a usarse en algún momento ubicado entre los años 1430-1560 (95% de probabilidad) y dejó de usarse entre 1675-1795 (95% de probabilidad).
Por el momento es imposible conseguir mayor exactitud a partir de las dataciones, pero estos márgenes tentativos resultan coherentes, en un sentido general, con otras informaciones del contexto arqueológico.