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La historia de LOS CHINOS que le dieron nombre al famoso agromercado holguinero

11 de febrero de 2017

América, la novia de Frank País fue inscripta en el Registro Civil de Sao Arriba, en Holguín



Por: María Julia Guerra
Todavía en Holguín quedan descendiente de la familia Ezpeleta Domitro, aunque el segundo apellido, de claras resonancias ucranianas, ya se extinguió.
Domitro fue el apellido de dos célebres luchadores de la clandestinidad cubana durante los años finales de la década de 1950 que estuvieron muy cerca de Frank País, Jefe de Acción del Movimiento 26 de Julio en Santiago de Cuba, Tara y América Domitro; América fue la novia del mítico combatiente.

América Domitro y Frank País
 
El abuelo de América se llamó Vasiliev Domitro. Por sus ideas antifeudales este ucraniano sufrió persecución y finalmente cárcel, luego fue de los primeros en acudir al llamado de Lenin, después del triunfo de la Revolución de Octubre.
En 1894 a Vasiliev le nació su primer hijo, Iván. Dicen que fue él quien mejor comprendió a su padre y por eso puso todo su empeño en ayudarle.
Cuando Iván solamente había cumplido 20 años de su edad, Europa se vio convulsionada con el estallido de la Primera Guerra Mundial. Para entonces el joven había concluido estudios como técnico en conservación de alimentos y era entonces un experto en embutidos. Pero de todas formas Iván Domitro se alista para combatir. Va a Italia donde lo hacen prisionero.
En 1919 concluye la Guerra y el prisionero que ya ha cumplido 25 años decide quedarse en Italia donde comienza a trabajar como técnico en conservación de alimentos, que era lo que había estudiado. Más a poco en Ucrania fallece el padre y su familia lo llama para que se ponga al frente de la granja familiar.
1919 fue un año muy convulso para Iván Domitro: Tan pronto llega a su país natal se dedica con pasión a organizar una cooperativa. Finalmente lo consigue y lo eligen presidente del grupo de campesinos.
En esas labores está cuando conoce a una muchacha ucraniana que era alta, rubia y con los ojos de un azul profundo que se llamaba Eufrosina Terlebauca. Se casan y deciden que en Ucrania es donde quieren vivir para siempre y allí tener sus hijos, verlos crecer, esperar los nietos, ser felices hasta que la muerte los separe. Pero no lo pueden conseguir.
Los terratenientes ucranianos que no abrazaron la revolución bolchevique, no les hacía ninguna gracia la unión de los agricultores pequeños en cooperativas y por eso, ayudados por grupos de bandidos, se dedicaban a aterrorizar a los campesinos arrasando las propiedades y asesinándolos a ellos y a sus familiares. Los Domitro fueron amenazados constantemente. Tan grande era el peligro que uno de los hermanos emigró a Cuba, pero Iván decidió permanecer y enfrentar a sus enemigos, sobre todo porque comenzaron a nacer sus hijos: María, Atanasio…
Amenazado de muerte, a Iván le nace el tercero de sus hijos el 30 de diciembre de 1930. Lo nombraron Taras porque ese era el nombre  de un patriota ucraniano: Taras Sevshenko.
Como el niño era sietemesino necesitaba cuidados especiales. Los amigos de Iván le aconsejan que se marche. Él decide venir a Cuba, a unirse a su hermano que unos años antes había emigrado.
A mediados de 1931 la familia Domitro Terlebauca sale rumbo a Alemania. En el puerto de Hamburgo toman el barco que los trae a Cuba. En la rada del puerto de La Habana los espera el hermano de Iván que entonces vivía en la Isla de Pinos. La familia va a la Isla pero Iván prefiere La Habana y regresan. Se radican en Guanabacoa donde Iván Trabaja en su oficio: fabricar y vender jamones, salchichón y butifarra.
Al principio el negocio marcha bien… pero luego todo adquiere un color grisáceo: es esa la época que en Cuba gobernaba el dictador Gerardo Machado, la situación es difícil en extremo, imposible, y no solo desde el punto de vista político, sino también en lo económico. Machado era un anticomunista irreconciliable. Iván Domitro no es comunista, pero es ruso y eso lo marca ante las autoridades de La Habana. La policía cierra el negocio del ruso (ucraniano) al que casi nadie llama Iván, sino Juan.
Sin trabajo y sin un negocio de donde sacar la manutención de sus hijos, Juan (Iván) va y viene a todas partes, en todas se propone como obrero. Él, les dice a todos, es técnico en conservación de alimentos. Pero todos los puestos están ocupados.
En esa situación el día 25 de noviembre de 1935, al matrimonio le nace una hija, la primera que viene a la vida en esta parte del mundo: nace en esta parte del mundo: exactamente en Guanabacoa, La Habana; los padres deciden ponerle América en homenaje al continente donde ahora viven: América Domitro Tarlebauca.
América Domitro
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En vísperas de la Segunda Guerra Mundial, sin trabajo, con una niña recién nacida y con tres hijos más, Iván Domitro decide volver a la Isla de Pinos donde vivía su hermano. Allí se dedica a la recogida y venta de la tan demandada chatarra que necesitaba la industria bélica.
Transcurren unos meses, quizás un año o más. Al principio vender chatarra da resultados, pero luego no les deja ninguna utilidad. Los Domitro deciden regresar a La Habana y probar por segunda vez. Se asientan en el reparto Santos Suárez. El mayor de los hijos varones ya está en edad de ayudar a sus padres. Fabrican embutidos y salen a las calles de La Habana a venderlos. Luego consiguen un socio: el negocio prospera, pero todavía no es suficiente para mantener a la familia. Taras pide permiso a su padre para dejar sus estudios y ayudar. El padre vacila: él no quiere que su hijo deje de estudiar, pero entonces les nace una nueva hija a la que nombran Mirta. Necesitan que Tara trabaje. El mismísimo Taras insiste. Iván solamente acepta el ofrecimiento si el hijo hace un esfuerzo mayor y estudia por las noches. Y parece que la vida les va a sonreír definitivamente.
En eso aparece un hombre que es comerciante y que tiene su negocio en Camaguey que le propone al padre de los Domitro que se fueran a trabajar en una fábrica de embutidos que tiene en las afueras de aquella ciudad, incluso, el comerciante le dice a los Domitro que él pondrá el dinero, ellos solamente tienen que aportar conocimientos que tienen en la conservación de las carnes y que serán socios del negocio. Feliz porque ya consiguió lo que él aspiraba, Iván recoge a la familia, los monta en el tren y se bajan en la estación de Camaguey…
Los Domitro trabajan sin descanso. La vida ahora es más fácil y lo sigue siendo por dos años. Al cabo de ellos Iván se percata que había sido engañado: Él no aparece como socio del negocio, tal como era el trato sino que son considerados simples empleados a pesar de que son los que más trabajan. La propiedad de la fábrica la tiene el comerciante.
El padre de familia manda que los suyos recojan sus pertenecías otra vez. Se montan en el tren y no se bajan hasta un lugar del que han oído hablar: Holguín, que es rica en ganadería y por ese año, 1944, despuntaba en su desarrollo industrial.
Deciden probar fortuna una vez más. Poco después de llegar a Holguín consiguen un socio y con él ponen una pequeña fábrica de embutidos en el reparto Vista Alegre. Para vivir alquilan una bonita quinta a la salida de Pueblo Nuevo.
El negocio marcha bien. El ambiente en Holguín es agradable. Iván traba relaciones con personas pudientes del pueblo. Parece que vivirán en el pueblo por siempre…
América cumple sus primeros nueve años. Hasta ese momento su única maestra había sido su madre. La familia decide que la niña comience a asistir a una escuela.
Es tan inteligente la niña que a los pocos años vence los estudios reglamentarios que correspondían a la primaria y la secundaria. Entonces matricula en el colegio Lavernia para hacer la preparatoria e ingresar en la Escuela del Hogar, es 1948. Entonces es cuando sus padres se percatan de una impedimenta para que la hija pueda matricular en la Escuela del Hogar, allí exigían a los nuevos alumnos que presentaran su certificación de nacimiento, sin embargo a la niña no la habían inscripto cuando nació. Y lo peor, que en la fecha era obligatorio inscribir al niño recién acabado de nacer; después no era posible hasta que el Gobierno no autorizara prorrogas para inscripciones. Por tanto si querían inscribir a la muchacha, (y sus padres querían, como es obvio), tenían que buscar relaciones de amistad con algún político.
La Aldea no tiene el dato exacto, pero sí sabemos que América Domitro Tarlebauca fue inscripta en la Alcaldía de Barrio de Sao Arriba y que matriculó en la Escuela del Hogar de Holguín en el curso 1948-49.
Llegó 1950. El negocio de los Domitro en Vista Alegre, Holguín, prosperaba, la familia vivía años de tranquilidad: eran felices y respetados, pero de pronto Iván Domitro fue víctima de una estafa y por eso no quiso seguir más en la ciudad. Decidieron marcharse cuanto antes. La demora solo fue para que la mayor de los Domitro, María, se casara con un holguinero: Carlos Ezpeleta Heredia. La hija y su esposo quedaron en Holguín y el resto de la familia se fue a Florida, en Camaguey donde no estuvieron por mucho tiempo. Para entonces América posee una belleza singular que la hace diferente a las demás muchachas del pueblo, es alta, esbelta, el pelo rojo y los ojos los tiene de un azul como nunca antes se había visto por la zona. Casi recién llegada la eligen reina del pueblo durante el carnaval de 1951.
Casualmente estaba de visita en el pueblo, participando en el carnaval, el entonces senador Fulgencio Batista, quien al ver a la “reina” manda a dos secuaces a su casa, pidiéndole a América que se deje conocer. La respuesta de la hermosa niña fue: “Si fuera Eduardo Chibás quien requiriera mi presencia, sí acudiría a saludarlo”.
Tal desaire a Batista le costó a los Domitro otra mudanza. Se fueron a San Luís, en las inmediaciones de Santiago de Cuba donde Iván, el padre, montó su perenne fábrica de embutidos.
En este nuevo lugar América no fue reina, sino prisionera: el entonces teniente Jesús Sosa Blanco, futuro asesino cruel en Holguín, descubrió que ella no solo era amiga de un joven de apellido Canetti, militante del Partido Socialista Popular, sino que además le ayudaba en la distribución de propaganda. De modo que nuevamente la  familia tuvo que buscar otro lugar adonde vivir, El Caney, donde Iván puso otra fábrica de embutidos que nombró “Empacadora Siboney”.
América y Taras Domitro
A Taras y América Domitro siempre se les veía juntos, dicen los testimonios que aquellos dos eran, además de hermanos, amigos y confidentes. Sin embargo aunque en ideas eran tan semejantes, físicamente eran diferentes. Taras era de una extrema delgadez, con los ojos pequeños y chispeantes y las manos muy grandes. Sus amigos le llamaban El Flaco.
Un día que América no fue a la Iglesia Bautista de El Caney, su hermano Taras conoce a un nuevo predicador que llegó desde Santiago de Cuba y que se encargó de organizar el coro, se llamaba Frank País García…
Dos o tres días después América también lo conoce: los dos jóvenes se atrajeron sin que pudieran impedirlo. Pero no se hicieron novios, Frank ya tenía a otra una muchacha y América a otro muchacho que había conocido en San Luís; por lo que nada más se hicieron amigos y después confidentes. América pidió permiso a sus padres para que Frank la visitara en la casa.
El novio de América no vivía en el mismo pueblo que ella por lo que no la podía visitar con frecuencia. El noviazgo comenzó a enfriarse. Mientras Frank continuó su distante relación con la novia de Guantánamo. En tanto Frank y América cada día estaban juntos.
América y Frank se enamoraron. Ella rompió con su novio de San Luís y él con la muchacha guantanamera. Y todos los días se reunían en el culto religioso o en las excursiones y paseos que el maestro bautista organizaba con los jóvenes de El Caney. Pero la familia de ella no cree decente que ande con quien no es su novio. La mandan a visitar a su hermana que vivía en La Aduana, uno de los repartos de Holguín.
La vuelta de América a Holguín quizás ocurrió a fines de febrero o principios de marzo de 1956. Algunas amigas que habían estudiado con ella en el colegio Lavernia la invitan a una excursión a Varadero y a Las Cuevas de Bellamar, América Domitro las acompaña y luego retorna al Caney.
Desde que llega a su casa, cada día Frank le envía un ramo de flores a los que siempre acompaña con tarjetas donde escribe versos. América se siente feliz con lo que él le dice, pero duda… hasta que decide premiarlo con su amor y lo prueba besándole en los labios. Frank la lleva a su casa para que conozca a su madre, Doña Rosario.
A doña Rosario no le agradó la muchacha porque, dijo, era demasiado bonita, porque por su figura parecía una muñeca de salón y porque doña Rosario creía que América era rica. A quien sí conocía muy bien doña Rosario era a Tara Domitro. “Ella es hermana de Taras”, le aclaró Frank. A partir de entonces entre América y la madre de Frank se estableció una relación muy estrecha y afectuosa.
Pero para entonces ya Frank estaba totalmente involucrado en la revolución y a la revolución dedicaba todo su tiempo: las visitas a América eran cada vez más esporádicas… por demás, ir hasta la casa de su novia en El Caney era muy peligroso para él, la policía de Batista andaba tras sus pasos. Menos mal que los Domitro se mudaron para Santiago de Cuba. Ahora Frank y América estaban más cerca.
Taras Domitro llegó a ser chofer de Frank y también su guardaespaldas y lugarteniente cuando el mítico héroe se desempeñó como Jefe de Acción del Movimiento Revolucionario 26 de Julio.
A finales de 1955, América y Frank formalizaron su noviazgo y el 24 de febrero de 1956, él le regaló un anillo de compromiso. Ella lo amó y además fue su cómplice en las ideas y tareas revolucionarias. América tuvo a su cargo el traslado de las armas y uniformes que se necesitaban para el levantamiento del 30 de noviembre de 1956, en apoyo al desembarco del yate Granma que desde México trajo a Fidel Castro. Igual la novia de Frank fue una de las muchachas santiagueras que transportaron para la casa manzanillera de los esposos Hortensia Torres, «Tata» y Felipe Guerra Matos, «Guerrita», a los jóvenes que integraron el primer refuerzo que llegó a la Sierra Maestra en marzo de 1957.
América, Frank País y la valerosa y sufrida madre de él, doña Rosario García durante el juicio que le siguieron al combatiente en 1957
Cuando el 9 de marzo de 1957 apresan a Frank País en la avenida Yarayó, en Santiago de Cuba, la Dirección del 26 de Julio y la resistencia cívica se movilizaron inmediatamente para evitar que lo asesinaran. América, en compañía de Doña Rosario, la madre de su prometido, y su amiga Graciela Aguiar, se entrevistaron con el jefe del Regimiento No. 1 de la Guardia Rural. Dos días después consiguieron ver al prisionero que tenían confinado en los calabozos del cuartel Moncada. A América fue a quien Frank le transmitió las órdenes para su segundo al mando, Carlos Iglesias Fonseca, conocido como “Nicaragua”.
Al salir de la prisión Frank País pasó a la clandestinidad absoluta. La policía lo busca para matarlo. Frank tiene que vivir en casas de seguridad.
Desde las dos últimas casas donde estuvo oculto Frank hablaba por teléfono con América por lo menos dos veces al día. El tema principal era el matrimonio. América lo está preparando todo: se casaran y vendrían a Holguín, a la casa de la hermana de ella a pasar la luna de miel.
El 30 de julio de 1957, desde la casa de Raúl Pujol, Frank llama a su novia, le dice que desea verla, pero que es peligroso. Igual le dice que no puede esperar más, se quiere casar con ella. Ella le acuerda que en la tarde irá a comprar la ropa imprescindible: el viaje a Holguín debía ser mañana o  pasado mañana quizás. Acompañada de su fiel amiga Graciela, novia de su hermano Tara, va a las tiendas.
Hasta la tienda llegó el ruido de los disparos. América cerró los ojos. Cuando los abrió le dijo a Graciela: “Han matado a Frank”, y lo peor es que era verdad.
Las dos muchachas salieron hacia el lugar donde oyeron los disparos. En las calles santiagueras de San Germán y Corona se reunieron con Doña Rosario, que ya había oído por la radio sobre la muerte de su hijo mayor, Frank País; ese día se cumplía el primer mes de la caída del menor de los País, Josué.
El teniente coronel Salas Cañizares y su pandilla de asesinos se ensañaron con Frank y su fiel compañero Raúl Pujol Arencibia. En el necrocomio doña Rosario, América, Graciela, Marinita Malleuve y el amigo de ellas, Carmona, contaron veintidós impactos de bala en el cuerpo de Frank que le provocaron un total 36 perforaciones. América y doña Rosario taponaron los huecos con algodón.
Velorio de Fran País
El velorio de Frank se hizo en la casa de América. Desde allí partió el cortejo al que se unió casi todo el pueblo de Santiago de Cuba en una manifestación que hizo temblar a la dictadura.
Después de la muerte de Frank, para América era imposible la vida en Santiago, vigilada, perseguida, constantemente amenazada de muerte. Taras Domitro, hermano de América, amigo de Frank y combatiente clandestino en Santiago, había ido a La Habana a recuperar su salud quebrantada. El Movimiento decide que América vaya con el hermano. Ella continuó la lucha ahora bajo las órdenes de los igualmente míticos combatientes de la clandestinidad Faustino Pérez, Marcelo Salado, Oscar Lucero, Arnold Rodríguez, Manolito Suzarte, Agustín Navarrete, Virginia Amador, Emiliano Corrales, Ramonín García… América participó en la huelga del 9 de abril en La Habana y luego, al lado de Telma Bornot, chequeó al asesino coronel Esteban Ventura, con el objetivo de realizarle un atentado durante los viajes que aquel hacía a su finca de recreo El Rosario.
América disfrazada para ir a Santiago de Cuba al velorio de su hermana Mirta
Un día a la muchacha le llega un telegrama de sus padres avisándole que su hermana Mirta había fallecido. Por avión América regresa a Santiago. Ya estaba en el cementerio donde iban a  enterrar a su hermana muerta cuando le avisan que la policía está allí con órdenes de detenerla. Entre las gentes la combatiente se escabulle y regresa a La Habana.
El 18 de julio de 1958 junto a Pedro Moreno, Ramonín García y al matrimonio que conformaban Angélica Vallejo y José Balado, América fue hecha prisionera. El suceso ocurrió cuando las fuerzas represivas bajo el mando del teniente coronel Orlando Carratalá asaltaron la casa clandestina sito en la calle Ayestarán No. 569, apartamento 11. a los revolucionarios les ocuparon granadas, municiones y dinamita que iban a usarse en el alzamiento de un grupo de revolucionarios mandados por Agustín Navarrete, alias Alberto, en Pinar del Río.
“Ahora llama a Frank País para que te defienda”, le dijo el jefe de la policía batistiana Esteban Ventura. Ella le respondió: “A Frank lo mataron ustedes, pero aun después de muerto le tienen miedo porque son unos cobardes”.
Para amedrentarla a América se la llevaron junto a Angélica Vallejo, a la zona del Laguito, lugar ese donde comúnmente aparecían cadáveres de revolucionarios. Allí las desnudaron y las amarraron a un árbol y las golpearon brutalmente, pero ni eso pudo resquebrajar la entereza y dignidad de las dos combatientes.
Once días después, el 29 de julio, las condujeron al temido Buró de investigaciones, donde oficialmente fueron fichadas por “el delito contra los poderes del Estado”. En la parte del documento donde dice “Estado Civil” dice de América: «Novia de Frank País».
Luego la enviaron a la cárcel de Mantilla, donde América conoció a la revolucionaria guantanamera Elia Frómeta, la muchacha que había sido novia de Frank y de la que él se peleó para querer a América. Al salir con libertad provisional el 19 de noviembre, con ayuda de documentación falsa y transformado su  rostro, tomó un avión comercial rumbo a Santiago de Cuba.
En Santiago la organización clandestina la trasladó al Segundo Frente Oriental Frank País, en compañía de Idis Rodríguez Lambert. Las recibieron Miriam Cuza Cala y Carlos Aldana Suárez, quienes las llevaron hasta la Comandancia, donde la aguardaban Vilma Espín, el entonces Comandante Raúl Castro y los demás compañeros del frente guerrillero que llevaba el nombre de su novio.
En el II Frente guerrillero “Frank País”, junto a sus compañeros de armas. De izquierda a derecha: Martica Pérez y Kenia Mora. Abajo: Marcia Céspedes y América Domitro.
Tras el triunfo de la revolución, América Domitro volvió a La Habana donde comienza a trabajar en el Departamento de Divulgación del Ejército Rebelde. Ni su ánimo ni su salud la acompañan, sin embargo, el 13 de noviembre de 1960 se casa con un joven que también había sido del Movimiento 26 de Julio y que ella había conocido cuando le dieron la tarea de cuidarlo en una clínica habanera adonde lo habían operado de urgencia.
Posteriormente América Domitro fue nombrada directora de Asuntos Generales del Ministerio de Relaciones Exteriores.
Embarazada en abril de 1961, América Domitro se sintió muy mal de salud y la ingresaron en una clínica. El 15 de abril, vísperas del asalto mercenario a Girón, América estaba sentada a la entrada de la clínica donde la tenían recluida. De pronto se detuvo un automóvil del que bajó un hombre desconocido que disparó dos tiros sobre ella.
De milagro la pudieron salvar, pero perdió el embarazo. Aquel hecho laceró aún más la salud de la hermosa joven. Pero de todas formas se volvió a embarazar y el 6 de agosto de 1963 trajo al mundo a una niña a la que nombró Diana.
El 3 de marzo de 1971 el corazón de América Domitro ya no pudo resistir más. Solamente había cumplido 35 años de su edad, y de ellos había vivido seis años en esta ciudad de Holguín donde quiso pasar su luna de miel con el único hombre al que amó sinceramente: Fran País García.