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15 de octubre de 2016

Los burgueses más ricos de Holguín contemporáneos a la Sucesión Infante



Después que comenzamos a narrar la historia de los Infante de Holguín, varios lectores enviaron mensajes preguntándonos: ¿quiénes eran los burgueses más ricos de Holguín? ¿Hay algún libro donde se pueda encontrar esa información?

Lamentablemente no se escriben esas historias en Holguín. Pero sí hay algunos libros de donde se puede sacar algunas conclusiones. Uno de ellos, que es un libro singular, porque no hay otros que traten el tema, es el que se titula: “Del hecho al dicho” (No cree La Aldea que título semejante atraiga mucho a los lectores y lo lamentamos, porque el libro es interesante. En él sus autores hacen un estudio de las crónicas sociales del periódico Norte).

Les invito, amables lectores, a saber quiénes eran las familias ricas de Holguín según las crónicas del periódico Norte. Pero antes una aclaración: Norte se publicó en la década de 1950, por tanto el periódico circulaba 25 años después de la muerte de Wenceslao Infante. (Claro, su sucesión estaba en activo todavía).

Al hablar de los ricos de Holguín, Norte pone en primer lugar a las familias poseedoras de centrales azucareros. Pero, se sabe que de los varios centrales azucareros que había en los alrededores de la ciudad, solo dos eran propiedad de familias locales. (Todos los otros eran propiedad de compañías extranjeras). Y como en este caso solamente nos referimos a las personas pudientes naturales o residentes en Holguín, dejamos fuera a las compañías radicadas cuyos dueños eran extranjeros.

Los dos centrales azucareros propiedad de naturales de Holguín eran el Cacocum (hoy Cristino Naranjo) y el Maceo. Melchor Palomo Beceña poseía la mayoría de la propiedad del central Cacocum y la familia Rodríguez Fuentes era la propietaria absoluta del Maceo. Obviamente ambas familias eran parte de la élite económica de Holguín.

Igual eran parte de la élite de las familias pudientes holguineras los dueños de colonias cañeras. En Holguín, en tiempos del periódico Norte, (década de 1950), eran los mayores propietarios de tierras dedicadas a la caña Alberto Fernández Hechavarría, hijo del magnate Federico Fernández Casas, y el representante a la Cámara, Fernando Robaina Leiseca.

Por otra parte las grandes propiedades de terreno dedicadas a la agricultura no cañera se concentraba en unos treinta dueños y de ellos, seis poseían muchísimo más de 100 caballerías. De ellos la Sucesión Infante ocupaban el número uno por la cantidad de caballerías, más 700 en total ubicadas en 101 fincas que estaban repartidas en distintos barrios del término municipal de Holguín y en Jiguaní. En tal imperio pastaban unas 1 956 cabezas de ganado vacuno. (En la década de 1950 la sucesión Infante, a la que pertenecían los nietos, la integraban unas veinte personas).

Para mediados de 1953 el valor de todas las fincas de los Infantes era de $ 1 939 097.00 pesos. A esa cifra debe sumarse el valor de las 47 propiedades que la Sucesión Infante poseía en la ciudad de Holguín, entre ellas están sus casas, una valla de gallos, dos teatros, un salón para la venta de automóviles, una fábrica de tasajo y embutidos. Se considera que en la fecha la fortuna ascendía a $ 5 640 528.00 pesos.

Detrás de los Infante y en el grupo de la agricultura no cañera, aparecen en la lista holguinera de grandes propietarios de tierra, con más de 100 caballerías, los hermanos Javier, Raúl y Rubí García González y la sucesión de Baldomero Menchero Muñiz.

Asimismo conformaba la elite económica de Holguín en esos años de la década de 1950, burgueses manufactureros, o sea, dueños de empresas productoras y de servicios. Estudios recientes han hecho la lista de quienes en Holguín tenían empresas de este tipo que superaba los 50 mil pesos de inversión.

Entre ellos, en primer lugar de la lista, están los Infante, quienes poseían una fábrica de tasajo y embutido. Unidos a ellos, con empresas de más de 50 mil pesos de inversión, estaban Bernardo Santos Ufort, los hermanos González Tijera y Rafael Martínez Pupo. Este último, además de poseer una fábrica de fideos, también se desenvolvía en otros sectores económicos.

Pero sin negar los negocios rentables de los que ya les hemos hablado, los principales capitales holguineros se concentraban en el sector comercial, o sea, los tenían los dueños de tiendas donde había dueños quienes poseían capitales que superaban el millón de pesos.

¿Quiénes eran los más ricos comerciantes de Holguín en la década de 1950?: Los libaneses Mezerene y Necuze, los españoles Pérez Rodríguez y Montes Sarabia y, aparece en la lista, otra vez, Rafael Martínez Pupo. Este no poseía una tienda, a lo que él se dedicaba en el ramo del comercio era a la venta al por mayor y además, para no tener que mencionarlo más adelante en otra lista de grandes inversionistas, Martínez Pupo tenían grandes acciones en el Banco Agrícola e Industrial.

Asimismo los ricos holguineros de la década de 1950 invertían en los servicios… más dentro de todas las posibles y diversas ramas de los servicios, el mayor capital en ese ramo invertido en Holguín era en el transporte. El mayor transportista era José Crespi Sirer, dueño de una línea de ómnibus locales e intermunicipales.

De los dichos y solamente de ellos era de quienes se ocupaba la columna social del periódico Norte: sus bodas, el bautismo de sus hijos, los viajes que hacían. Les invito a leer algunas de las notas que aparecieron en Norte hablando de los ricos de Holguín.

Norte dio cuenta de una de las bodas más aparatosas de esa década de 1950, fue esa la de Melsita Pupo Martínez con Robert Pupo Teruel. Los novios eran primos hermanos. Ella provenía del clan Infante y él de los ricos Martínez Pupo, por lo que se fundían, además de los genes, las villas y haciendas que heredarían. El periódico dio cuenta de cada detalle, mencionando al sacerdote que los casó, a la niña que sirvió de Flower Girl, o sea, la niña que acompañaba a la novia para sujetarle el ramo, el niño en funciones de ring boys, que era el que llevaba los anillos de los novios, la soprano que cantó el Ave María en la boda, el propietario de la florería que hizo el adorno floral, los padrinos, los testigos…

Y en párrafo aparte, sin ahorrarse los adjetivos, Norte mencionó las personalidades invitadas a la boda, entre quienes solían figurar el Alcalde Municipal y hasta el Coronel Jefe del regimiento militar.

Otra boda suntuosa celebrada en Holguín en la década de 1950 fue la de los herederos de dos ricas familias de origen libanés, ella Beba Nassur Bessil y él Eduardo Azze Chalala. Para saber cuál era la fortuna de que heredarían los que se casaban, basta mencionar el nombre del padre del novio y el padrino de la boda: Era el padre del novio Jorge Azze Azuf, gerente de la tienda La Época y el padrino, Jorge Mezerene, dueño de la misma tienda.

Por si alguno de los lectores no lo sabe, La Época era la tienda más cara de Holguín. En ella solamente compraban los más ricos de la ciudad, o sea, los miembros de esas familias mencionadas anteriormente, que eran quienes componían la élite de la burguesía local.

Al final de su crónica el periodista de Norte dejó dicho que los novios fueron a pasar su luna de miel en las playas de Acapulco, en México.

Luego de la boda, las parejas de la alta sociedad comenzaban a reproducirse, por lo que Norte publicaba crónicas sobre el bautismo de sus hijos. El 5 de enero de 1955 el periódico dio cuenta del bautismo del primogénito del doctor Enrique Gutiérrez Torralba y la Sra Hilda Infante Betancourt. (Ella era hija de Antonio Infante). Dice el cronista que durante la ceremonia, la prensa fue objeto de gratas atenciones, entre ellas una cariñosa acogida, exquisitos dulces y licores muy caros.

En otra edición, Norte reseñó el bautismo de, dice, “la preciosa muñequita” Josefina, hija del Dr. Rigo Ricardo y de su señora esposa Pepa Pita, ambos padres miembro de la clase media alta. Fueron los padrinos, dice el periódico, el Alcalde Municipal Dr. Segundo Sera Serrano y su esposa, la primera dama municipal Mary Recio de Sera.

Los niños bautizados volvían a las páginas de Norte unos años después, cuando celebraban su primera comunión. De todas las crónicas que se dedicaron a reseñar este tipo de ceremonia (celebrada en la década de 1950), una de las más fastuosas fue la efectuada en la parroquia San José el 30 de mayo de 1952. Ese día celebraron su primera comunión las niñas Ana Teresa Roca Menchero, Josefina González Menchero, María del Carmen Santiésteban Menchero y Georgina Cortina Socarrás. (Con solo fijarnos en el segundo apellido de las tres primeras es suficiente para comprobar que se trataba de hijas y nietas de figuras relevantes de la burguesía local).

Los niños bautizados que, además, habían hecho su primera comunión, aparecían en las crónicas sociales de la prensa local cuando cumplían años. Y claro, sus padres y abuelos también eran saludados por la prensa el día de su onomástico o por cualquier otro acontecimiento en el que estuvieran involucrados, los ricos y poderosos siempre eran noticia. Revisando las crónicas sociales del periódico Norte vemos que nunca dejaron de ser felicitados por sus cumpleaños Paula Pupo Menchero, Zoyla Pérez de Infante, Aurorita Santiésteban Menchero, Mireya Guell Infante, Teófilo Menchero Mederos, Frank Roca Menchero, Ricardo Roca Tauler, Aurelio Infante Pérez, Martín Palomo Beceña, Pepa Infante…

Y si verdad es que a Norte no se le pasaba ningún cumpleaños de los ricos, verdad es que los quince de las damitas de bien de la ciudad eran los que más espacio tenían en el periódico. Mientras más dinero tenía la familia, más se esmeraba el cronista en hablar de la belleza de la joven y de la fastuosidad de la fiesta. Y usted dirá que eso es signo de guataquería. Y sí, lo es. Pero no debe olvidar nadie que los adjetivos del periodista los pagaba el padre de la quinceañera.

En su afán de halagar a la festejada por sus quince años, a veces los cronistas caían en elogios tan desmedidos que terminaban siendo ridículos y cursis. Y si no creen a La Aldea o consideran que exageramos, lean:

Es lo que publicó Norte sobre la fiesta de quince años de Cira María Sánchez Menchero, dice: “Que la vida sea siempre para Cira María una blanda y perfumada senda de pétalos de rosa, y que asimismo sea iluminada por el sol sin eclipse de felicidad…”

Como no eran tantos los ricos riquísimos de Holguín, en sus crónicas sociales Norte también se refería a la mediana burguesía. Obviamente había diferencia en lo que se decía de una quinceañera hija de una familia muy rica y de una quinceañera hija de una familia de la mediana burguesía, para la muchacha de la mediana burguesía los adjetivos eran menos, pero, aunque menos, estos eran los igual de rimbombantes y cursis.

Al hablar de las señoras, el periódico siempre decía de ellas que eran respetables, bondadosas, generosas, atentas, distinguidas, atractivas, elegantes, altruistas, admiradas y esposas amantísimas. Por su parte las señoritas eran encantadoras, simpáticas, gentiles, distinguidas, adorables, graciosas, virtuosas e inteligentes. Y todos los caballeros eran atentos, respetables, miembros muy queridos de nuestra sociedad, emprendedores hombres de negocios, troncos venerables de una estimada familia, holguineros apreciados, correctos, ilustres, pundonorosos y distinguidos.

Se imagina La Aldea al cronista preguntando al dueño a cuánto ascendía el cheque con el que pagaban los protagonistas para repartir la cantidad y la sonoridad de los adjetivos.

En la columna de sociales de Norte y de toda la prensa holguinera jamás hubo un niño que en el día de su bautismo no fuera: lindo, simpático, gracioso, inteligente, hermoso, precioso o monísimo, los hijos siempre eran idolatrados y las madres amantísimas. La concurrencia a las actividades, invariablemente, era numerosa y selecta y el bufet servido, sin que cambiara jamás, era espléndido, exquisito y variado.

Sugiere La Aldea que antes de terminar mencionemos a algunas familias o personajes considerados por el periódico Norte como clase media, o sea, los profesionales: médicos, farmacéuticos, abogados, arquitectos.

Por ejemplo, en 1956 saluda por su cumpleaños al Dr. José Goyenechea Colás: joven e inteligente profesional, dice, de amplia clientela. E igual saluda a Juan José García Benítez, quien, dice el periódico: ha ocupado cargos en la Alcaldía municipal y en la cámara municipal. Y saluda a Guarino Aguilera Vives, activo hombre de negocios, dice. Y a Lorenzo Marrero, Presidente de la Cámara de Industria y Agricultura de Holguín, a Oscar Tarragó Ruíz, abogado Fiscal de la Audiencia Municipal, al Dr. Julián García Benítez, senador por oriente…

Para ser justos, en algunas ocasiones el periódico reflejó en su columna de sociales la boda de novios que provenían de las capas bajas. Por supuesto que en estos casos el lenguaje era muy diferente que cuando se trataba de los ricos riquísimos… así el primero de diciembre de 1955 habla del matrimonio de “la virtuosa señorita Josefa Palacios Delgado con el laborioso joven Orestes Mulet Pérez”. Fíjense en los adjetivos empleados: Ella nada más es virtuosa, o sea, que no tiene otra fortuna que su virtud, y él es laborioso, lo que inmediatamente hace pensar que se trata de un obrero. En esta boda no hubo, o por lo menos el periodista no dice que hubo soprano que cantara en vivo el Ave María, el bufet no fue espléndido, aunque si celebraron boda seguro que algo brindaron a los invitados… tampoco dice el cronista adonde fueron los recién casados a festejar su luna de miel.

Las altas capas sociales de Holguín, poseedoras de centrales azucareros, latifundios e industrias, disponían de capital suficiente para viajar al extranjero. El periódico Norte siempre estuvo pendiente y publicó una nota avisando la salida y otra anunciando el regreso. En estas notas siempre se decía el nombre de la figura que viajaba o volvía, el de sus acompañantes, el medio de transporte que usaban, si hacían escala en algún lugar y del objeto del viaje. Gracias a ellos hoy podemos saber adonde iban los burgueses holguineros.

Los burgueses medios iban a municipios vecinos, a capitales de provincias, incluida La Habana y, excepcionalmente, viajaban a algún territorio extranjero, preferentemente a los Estados Unidos. La elite burguesa por su parte casi siempre viajaban al extranjero, a Estados Unidos, pero también a otros lugares más lejos: Canadá y Europa… en Europa, sobre todo, a España, Alemania, Francia e Italia.

Los que siguen son ejemplos de esos viajes:

En diciembre de 1952 dijo el periódico que se ausentaron de la ciudad el joven Alfredo Infante y su esposa María Teresa Ferrer Feria. Fueron ellos a Miami a pasar su luna de miel…

También en 1952 se ausentaron de Holguín Tanito Leal Torralbas, importante hombre de negocios, según dice el periódico, y su esposa, Dalila Rodríguez. Fueron a pasar sus vacaciones a Washington…

El 6 de enero de 1955 dijo Norte que acababan de regresar a Holguín Rafaela Menchero y sus hijos, quienes pasaron las navidades y año nuevo en Pensilvania…

El viaje, a veces, contemplaba escalas en otros países. Por ejemplo, dijo Norte el 9 de diciembre de 1958 que el doctor José Menchero Pupo y su esposa Rita Pérez Infante disfrutaban de una breve estancia en México y que luego seguirían a Estados Unidos… (Rita Pérez Infante viajó mucho, según lo reseñó Norte) En otra nota el periódico dice que Rita salió de Holguín rumbo a Puerto Rico, donde pasaría una breve temporada para luego seguir a Miami, donde solamente estaría dos días. De allí iría a Francia.

Sobre viajes de negocio habló mucho el periódico Norte: Por ejemplo, dice que el representante en Holguín de la General Motors, Guarino Aguilera Vives salió hacia Miami para asistir a la exhibición de los modelos de autos para el siguiente 1955… de allá traería los carros del año que, dice, seguramente veremos rodando por las calles de Holguín.

Dijo Norte, asimismo, que Jorge Azze Azuf, gerente de la la tienda La Época, salió de Holguín rumbo a Nueva York para visitar los principales centros de la moda y comprar la nueva mercancía que se ofertaría en la tienda por el administrada.

Y claro, los dueños de la tienda exclusiva tienda La Época viajaban a Nueva York para comprar los surtidos que necesitaban en su negocio, pero no todos los comerciantes podían ir tan lejos… Otros comerciantes nada más iban a La Habana para surtir sus tiendas, y así lo recoge Norte, que dice que Ventura Rigol acababa de regresar de La Habana en 17 de febrero de 1955 y en el mismo año dice que partió hacia La Habana la Sra. Estela Martínez Garcés, propietaria del famoso salón de Belleza Estela. Ella, dijo el periódico, viajó con el fin de tomar un curso de actualización sobre el tratamiento del cabello y los últimos estilos de peinados.