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La aldea a la mano (Holguín, Cuba)

8 de junio de 2016

General Angel Guerra Porro, biografía


Nació el 27 de enero de 1842 en la ciudad de Holguín. Sus padres mulatos se dedicaban a la labor artesanal. Siendo apenas un adolescente comenzó a trabajar como tabaquero.
El 14 de octubre de 1868 se alzó en armas junto a Julio Grave de Peralta y el 16 participó en el primer combate librado en Cayos de Papayal. Al tomar Julio Grave de Peralta el mando de la brigada occidental de Holguín, tuvo en cuenta los méritos alcanzados en las acciones y le entregó a Ángel Guerra el mando de una pequeña compañía.
Posteriormente Ángel Guerra pasó a combatir en las tropas mandadas por Belisario Grave de Peralta, destacándose en las acciones libradas en  territorio holguinero. Por ese mismo tiempo estuvo subordinado a los mayores generales Máximo Gómez y Calixto García que mandaron en esta jurisdicción. El 29 de junio de 1872 fue herido en el combate de Rejondón de Báguano, peleando bajo las órdenes del entonces coronel Antonio Maceo.
Siendo jefe del batallón de Mayarí, Guerra sobresalió en el combate de Santa María de Ocujal, que la historia reconoce con el nombre de El Copo del Chato, librado el 26 de septiembre de 1873 bajo las órdenes de Calixto García.
Otros muchos fueron los combates en que demostró su valentía. Sin embargo en abril de 1875 se involucró en la sedición de Lagunas de Varona. El 14 de septiembre de ese año asaltó el campamento español de Junucún  y a comienzos de 1878 apoyó la creación del Cantón Independiente de Holguín. Posteriormente se acogió a la Paz del Zanjón y se traslado al poblado de Velasco donde continuó laborando a favor de la independencia de Cuba. 

Ponemos a disposición del lector de La Aldea un capítulo del folleto titulado: “Ángel Guerra o el último capitulado cubano. Episodio Histórico”, escrito en Cayo Hueso, en diciembre 1892 por Juan A. Calderón. El texto fue publicado en Gibara en 1899 en el establecimiento tipográfico El Progreso y n. Narra la participación del patriota Ángel Guerra Porro en la llamada Guerra Chiquita que se desarrolló entre 1879 y 1880.
Al terminar la guerra grande por la independencia de Cuba de 1868 a 1878, Guerra se unió a la conspiración que dio inicio a la Guerra Chiquita.
En agosto de 1879 el Coronel Belisario Grave de Peralta, también miembro del complot, decidió alzarse en armas. Ángel Guerra trató de convencerlo de que no se pronunciara por su cuenta, pero no lo consiguió. Belisario se levantó en armas en las márgenes del río La Rioja en 24 de agosto.
Ángel Guerra consideraba que sin armas y con los principales líderes en el exterior, la guerra estaba llamada al fracaso, por lo que decidió permanecer en su casa en la ciudad de Holguín. Pero las autoridades españolas, sabiendo que Guerra era un mambí y que no se había alzado por asuntos tácticos y que tarde o temprano lo haría, decidieron detenerlo. A continuación la trascripción textual sobre la aventura urbana de este mambí que se vio perseguido por sus irreconciliables enemigos que se narra en el folleto Ángel Guerra o el último capitulado cubano:
Capitulo II
Una captura inútil
Apercibidas temprano las autoridades de Holguín de lo que estaba ocurriendo en el río de la Rioja, juzgaron que aun cuando la Guerra no se había movido de la ciudad, convenía inutilizarle, por si acaso.
Aquella noche, á las doce, la Policía y la Guardia Civil llegaron á la vez por las dos calles á que hacía esquina su casa, con la entrada principal por la de San Isidoro, (1) y derribando á golpes la puerta de la otra calle, penetraron al patio y de seguida á las habitaciones por otra puerta que no tuvieron necesidad de forzar. Ya el pájaro había volado por ella advertido del peligro por el estruendo de los golpes y el ruido de las armas, aunque sin tiempo más que para ocultarse entre una mata de jazmín inmediata, con la que rozaron los soldados al penetrar en su busca.
Al desaparecer el último, trepó, rápido como un tigre, sobre una alta pared de mampostería coronada de vidrios rotos, que separaba su patio del de doña Panchita Castellanos. Allí, con las manos, los brazos, el pecho y las piernas cortadas por los vidrios, y colgado largo ratos de éstos hacia ese otro patio mientras con luces registraron el suyo, permaneció en semejante suplicio hasta asegurarse de que no había quedado por su casa ni un esbirro. Saltando entonces á otros patios divididos por tablas ó janes, reconoció sigilosamente sus dos calles, descubriendo que los cuatro ángulos de la cuadra habían quedado ocupados por cuatro parejas de la Guardia Civil.
Juzgose irremisiblemente perdido. No se atrevía á llamar á ninguna casa por temor á ser oído de los centinelas ó mal recibido por la desnudez en que salió para aminorar las probabilidades de ser visto. Sus perseguidores, que habían hallado el lecho y sus ropas interiores calientes, estaban seguros de que no había tenido lugar de salir de la cuadra. Juzgaron con razón que había quedado encerrado dentro de la ratonera.
Tras largo tiempo de angustia la frescura del aire le recordó la proximidad del día. Horrorizole la idea de que la luz de la mañana le sorprendiera en aquella situación y tomó la resolución de evitarlo á todo trance. Se fue acercando lo más que pudo entre los patios á una de las esquinas de la cuadra, sacó silenciosamente dos janes que daban á la calle; saliendo á ella por el hueco abierto así, se aproximó rastreando como una culebra á la pareja que se había sentado en la acera, y lanzándose de pronto á la carrera en dirección á ella, cuando los Guardias pudieron darle el alto ya los había dejado detrás. Aunque le hicieron varios disparos, logró alcanzar sin novedad la casa de un amigo, que le proporcionó ropa y machete; más al volver á la calle el cielo ostentaba ya los dorados y purpúreos matices de la Aurora y la atmósfera era suficientemente clara para denunciar su presencia. Sin embargo pudo, sin ser visto, sacar de un patio frente al Hospital de Caridad (2) el caballo de su amigo Carlos Téllez, del Guiral, y montado en él en pelo salió á la carrera por el camino de Cuba. (3)
Pero no había llegado el momento verdaderamente crítico para él. Los fuertes que rodean la población habían sido avisados durante la noche, y al pié de ellos, en las puertas de salida, estaba preparada de antemano su persecución. Un grupo de caballería se lanzó tras él á galope tendido, los soldados bien montados en briosos caballos y él sin más aparejo que la jáquima en una cabalgadura flaca y estenuada. Por instantes se le aproximaban sus perseguidores. Ya en el Tejar de Mayabe (4) se extendían en ala para rodearle, cuando el fujitivo se dejó caer al suelo, abandonándoles el noble bruto que había dejado de necesitar y tomando á pié la manigua allí bien espesa.
Los soldados que le habían visto al caer, pero no levantarse, aseguraron al Gobernador de la Plaza, al hacerle entrega del caballo capturado, que al parecer el jinete había sido tragado por la tierra ó se había desvanecido en el aire antes de llegar al suelo.
Ángel salió ileso de aquella persecución y se unió a las fuerzas insurrectas. Se convirtió en uno de los líderes de los independentistas en la región. Se presentó en diciembre de 1879. En 1890 fue expulsado de Cuba por sus acciones conspirativas. Figuraba entre los tripulantes del bote que condujo a José Martí y Máximo Gómez a Cuba, en abril de 1895.
Integró la columna invasora y combatió en el occidente del país. Murió en combate el ocho de marzo de 1896, en Santa Rita de Baró, Matanzas. Tenía el grado de general de brigada del Ejército Libertador Cubano.
El singular relato sobre la fuga de Ángel Guerra es uno de los pocos sobre lo que hoy consideraríamos una acción del clandestinaje mambí, en un centro urbano del Oriente del archipiélago. Es la fuga de un combatiente clandestino, pues Ángel Guerra aunque estaba comprometido con la insurrección no se había levantado en armas.
Citas:
(1) Actual calle Manduley conocida por Libertad
(2) Asilo de ancianos Jesús Menéndez
(3) El camino a Santiago de Cuba.
 (4) En los alrededores de la ciudad de Holguín habían varios tejares. Se le   designaba según el dueño y el lugar donde estuvieran.

El 27 de agosto de 1879 regresa a la manigua a pelear en la que se conoce como la Guerra Chiquita. Con el grado de coronel y acompañando a Luis de Feria Garayalde, atacó el poblado de Mayarí. También participó en la acción de Lagunas Negras y posteriormente, a la entrada de la ciudad de Holguín, aniquiló a una sección de la caballería española. Depuso las armas el 23 de diciembre de ese mismo año en el Potrero de San Joaquín de Cabezuela, cerca de Holguín.
A finales de 1880 tomó parte en la conspiración conocida como La Paz del Manganeso y al ser descubierta fue detenido y expulsado de Cuba.

Inicialmente se radicó en Honduras y más tarde en Santo Domingo, donde se puso en contacto con Máximo Gómez. En gestiones de la nueva guerra que se preparaba viajó a los Estados Unidos.
Volvió a Cuba acompañando a Máximo Gómez y José Martí con los que desembarcó el 11 de abril de 1895 por Playitas de Cajobabo, en Baracoa. El 8 de mayo, por recomendación del general Máximo Gómez, se trasladó a la zona de Holguín con los grados de brigadier y se hizo cargo de las fuerzas insurrectas. Con estas combatió en San Fernando bajo las órdenes de Antonio Maceo el 25 de septiembre de 1895, luego se incorporó a la Columna Invasora que partió de Baraguá el 22 de octubre.
Participó en las acciones de El Quiro, Boca del Toro y Siguanea. Sobresalió en el combate de Mal Tiempo (15-12-1895). Dos días después Maceo dispuso que se hiciera cargo provisionalmente de la 2da. División del 4to. Cuerpo de Las Villas y, con ellas, por orden de Gómez atacó el día 21 el fuerte de Antilla (Las Villas).
Acompañó a Maceo hasta la provincia de La Habana, donde el 6 de enero de 1896,  al frente de la caballería invasora villaclareña, quedó  incorporado a la columna que mandaba Gómez. Participó en la Campaña de La Lanzadera.
El primero de febrero, Gómez le dio la misión de reagrupar y conducir a occidente la infantería oriental, que bajo el mando del general de brigada Quintín Bandera había quedado rezagada en la región de Trinidad.
El 8 de marzo se reencontró con el General en Jefe Máximo Gómez. Juntos trazaron la estrategia para la marcha, pero al día siguiente (9-3-1896) se vieron precisados a combatir en las ruinas del ingenio Santa Rita de Baró, en Matanzas. En ese combate el general de brigada Ángel Guerra Porro cayó abatido por el fuego enemigo.

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