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HÉCTOR LAVOE INTERPRETA AL HOLGUINERISIMO GUAYABERO

1 de junio de 2010

La casa larga del Manco Rondán

Por Angel Quintana Bermúdez.

Los túneles secretos, llenos de leyenda, amores prohibidos y horror, son una constante en las tres edificaciones propiedad de Francisco Rondán Rodríguez, conocido por el Manco de Rondán, el más acaudalado vecino de la región holguinera de mediados del siglo XIX.

El Manco Rondán

Como La Periquera es la más conocida de esas construcciones, en la presente crónica me referiré a La Casa Larga, la cual, conjuntamente con la Azotea, se levantaban en el poblado de Auras, nombrado hoy Floro Pérez, en homenaje a ese combatiente asesinado por la dictadura de Gerardo Machado.

Rondán mandó a construir La Casa Larga a mediados del 1800 y, según un viejo residente en ese poblado, del municipio de Gibara, el constructor de este misterioso edificio fue José Manuel Capoto, quien además, trabajó en la edificación de la iglesia del otrora Auras.

Al decir de muchos el mando Rondán amasó su cuantiosa fortuna con turbulentos negocios, que iban, desde el tráfico de esclavos, hasta el asesinato de huéspedes adinerados del mesón de su propiedad ubicado en la referida Casa Larga. Se afirma también que los cuerpos de estas víctimas eran arrojados en los túneles que partían de la tenebrosa hostería.

Sobre los trajines del Manco de Auras como traficante de seres humanos, dice un documento redactado por investigadores holguineros y el cual se encuentra en el Archivo Provincial de Historia:
"...viene del viejo continente a Cuba en busca de fortuna, que no logra con el esfuerzo de su trabajo, sino con la trata y el contrabando inhumano de negros esclavos, en la época de 1824 a 1830, en la nación puertorriqueña y en la localidad de Gibara, fundamentalmente..."
En uno de estos negocios -se asegura, incluso por uno de sus familiares- Rodán Rodríguez perdió un brazo cuando se entroncó en una trifulca. De ahí el mote que cargó por el resto de sus días.

En marzo de 1989 entrevisté en Floro Pérez a la octogenaria Claudina González, quien testimonió que era hija de un carpintero, Diego, nacido en 1863 y vivió 83 años. Dijo Claudina en esa oportunidad:  "Mi padre me contaba que el manco Rondán tenía un mesón o posada en La Casa Larga, donde solían hospedarse viajantes y vaqueros cuando estos trasladaban ganado. En complicidad con un barbero que en esa instalación prestaba servicio, degollaban a estos negociantes y arrojaban sus cuerpos a los túneles de esa misteriosa hostería. Todos en Auras decían que en esos pasadizos había oro enterrado, pero, qué dinero podía tener Rondán allí, si ya podrido en dinero se marchó para Holguín y se lo llevó todo para construir La Periquera".

_ Los años van borrado la memoria y dejas pocas huellas del tiempo pasado_ dijo otro anciano, quien cariñosamente me franqueó la entrada a su humilde vivienda cuando conoció mi propósito. Se trataba de Maximino Chacón Rodríguez, de 82 años de edad, hijo de Eugenio, soldado mambí a quien le escuchó muchos relatos que trataba de ordenar sacudiendo el polvo del tiempo.
"En La Casa Larga almacenaba mercancía que traía del puerto de Gibara para comerciar en la zona... Al manco Rondán le imputan muchos crímenes. Recuerdo que desde niño yo escuchaba con frecuencia un dicho que soltaban a quien cometía una vileza: "Eres igual que el mando Rondán". En el exterior de esa inmensa casa, la cual ocupaba toda una cuadra, existían unos bancos raros, con unos espaldares altos, como muros, y las personas que se sentaban en ellos apenas podían ver y escuchar a quienes en el otro lado se encontraban..."
La voracidad e indolencia acabó con esta edificación, la cual fue demolida y los tablones de cedro del techo terminaron en mueles domésticos. Se perdió así un edificio de gran valor cultural y económico, pues bien pudo ser explotado, con sus leyendas y todo, en el desarrollo turístico de la nación.

En el periplo efectuado por las calles principal y secundarias en varias casas de Floro Pérez, recogimos innumerables testimonios sobre tan famosa casa colonial. En el hogar de quien en esa oportunidad nos sirvió de guía, el desaparecido y popular Yeyo Pirey, su amable esposa nos aseguró que dentro de La Casa Larga había un pozo en la parte habitada por Dulce Alvarez, y que ella tapaba con una mesa, por temor a que sus muchachos se cayeran por el abismo. Algunos decían que por mucho que trataron de cegarlo nunca lo lograron.
"Cuando fueron a fabricar mi casa y escarbaban para hacer los cimientos las barretas se iban muy profundo y desaparecían. Yo les decía a mis hijos -No sigan que se van a ir para allá abajo-. Yo vivo del lado opuesto a La Casa Larga y mi padre me contaba la perversidad del Manco"
Quien así se expresaba era Eloisa Santiesteban con quien conversamos aquella lejana tarde en la unidad de víveres La Estrellita, luego también conversamos con Ramón Concepción y Didiel Serrano, quienes me hicieron valiosas referencias sobre el tema. Otro vecino, Luis Nogueira nos dijo que de chico vio en La Casa Larga unas argollas pegadas a las paredes. Seguramente para confinar a los esclavos.

Esa mañana también visitamos la fábrica de tabacos unicada en la que fuera el edificio La Azotea, otra de las misteriosas casonas de Rondán y hasta donde se dice que llegaba la red de túneles que partían de La Casa Larga. Allí los tabaqueros contaron también de las andanzas del manco de Auras y su afición macabra de obtener ganancia a toda costa, testimonios que se han pasado de forma oral, generación tras generación.

Pero, no todos hablan de la mala reputación de Francisco Rondán y Rodríguez, pues su amigo, el periodista Antonio José Nápoles Fajardo, hermano de El Cucalambé, editó un libro en 1869, "El sitio de Holguín" en el que dice de Rondán "Este Sr, natural de Málaga, vio la luz cinco años antes de que terminara el siglo anterior (1795); dedicado a la marina mercante, vino a la Isla por primera vez en el año 1824 y siguió su profesión, al mando de algunos buques que viajaban desde Europa a toda América"


Retrato del Manco Rondán aparecido en el libro publicado por el hermano de El Cucalambé.

Lamentando las perdidas de Rondán por el ataque mambí a La Periquera, escribe más adelante Nápoles en el libro de marras: "En cuanto al anciano Rondán que entonces tenía 73 años cumplidos y a quien abrazó públicamente en la Plaza de Armas de Holguín el Sr. Teniente Gobernados proclamándole el alma de la defensa. Esta es la hora que no ha recibido de parte de nadie ni las gracias por su denuedo, sacrificio, abnegación y patriotismo. Rondán, conocido en toda la Isla con el apodo del Manco de Auras, tendría hoy cuatro veces más capital cuya mitad, ha perdido en la revolución, por su carácter desprendido y favorecedor..."

Para Cesáreo Fidalgo, fotógrafo jubilado, quien residió de niño en La Casa Larga, la famosa casona es algo así como parte de un cuento de castillos encantados que grabó en su lejana infancia y que la senilitud no ha podido borrar de su menta.

"Yo viví con mis padres en esa casa la cual fue mansión señorial del Manco. El distintas épocas allí hubo posada, barbería, panadería, tabaquería, cuartel español y del ejército batistiano y hasta se instaló el primer cine silente de Auras. De uno de sus pozos se extrajeron muchas armas antiguas. Yo recuerdo los bancos dobles de espaldares altos. Constituían una maravilla para los novios de esa época, pues en esos espaldares se estrellaba la indiscreción. Cuando desmantelaron el viejo horno de la panadería, una lluvia de monedas de oro cayó sobre los demoledores. ¡Figúrate lo que se formó! Mi padre también cogió "cajita".
Sí, el pueblo, guardó estas historias en su memoria, relatos que conforman la fisonomía cultural de nuestra nacionalidad, lo demás, la verdad pura sobre los misteriosos túneles, quedará para lo arqueólogos que quieran adentrarse en su existencia, si es que los hubo.