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Las esculturas funerarias del cementerio municipal de Holguín, CUBA

14 de enero de 2017

La iglesia San Fulgencio de Gibara



Antes de la apertura del puerto en la bahía de Gibara, esa comarca pertenecía a la Capitanía pedánea de San Marcos de Auras, encargada aquella de proteger las costas de los ataques y saqueos de  corsarios y piratas y de evitar el comercio que algunos vecinos y autoridades establecían con los dichos lobos del mar. Precisamente los vecinos de Auras, formados en milicias junto a los de Holguín, evitaron en algunas ocasiones los abusos que  cometían esos filibusteros que penetraban tierra adentro por el río Cacoyugüín.
Por reiteradas peticiones de los vecinos de Auras, en el año 1812 se aprobó la creación de una iglesia en ese lugar, pero pocos años después de la autorización y sin que todavía los vecinos de Auras hubieran levantado su iglesia, se construyó la batería que fortificaba la bahía de Gibara y, mientras, el Teniente Gobernador de la Jurisdicción don Paco de Zayas continuó sus influyentes gestiones para obtener el permiso de abrir oficialmente el puerto. Entonces las autoridades eclesiásticas del arzobispado cubano-oriental decidieron quitarle la autorización a Auras y dársela a Gibara, distante a cuatro leguas rumbo a la costa. Así Auras quedó sin la oportunidad de tener iglesia hasta decenas de años después, mientras que en la naciente villa se erigió San Fulgencio de Gibara.
Pezuela en su diccionario, tomo segundo, página 395, asegura que la primera Iglesia que tuvo Gibara se fundó como parroquia en una casa del hato, donde permaneció hasta 1819, que es fecha en que se construyó una de tablas y tejas.
Valdés, en el Apéndice de su Historia de Cuba, página 616, asegura que Gibara fue erigida en parroquia el 22 de Noviembre de 1821.
Datos que existen en el archivo Arzobispal de Santiago de Cuba determinan que en 1820 se edificó una pequeña iglesia de madera y tejas en Gibara dedicada a San Fulgencio.
La primera piedra de su construcción fue colocada el 13 de Septiembre de 1853. El proyecto y ejecución estuvo dirigido por el arquitecto Juan Bautista Pons. En Agosto de 1898, cuando el General independentista Calixto García entró a Gibara, en la iglesia se celebró un acto patriótico acompañado por una misa.
La iglesia que hoy existe, sólida y capaz, la edificó a costa de su herencia la Sra. Doña Victoriana de Ávila, viuda de don José Romero. Dicho templo católico fue bendecido el sábado 11 de Junio de 1853 a las ocho de la mañana. Ofició una misa solemne el reverendo Padre don Tomás Felipe con asistencia del Excelentísimo e Ilustrísimo señor arzobispo Antonio María Claret (posteriormente santificado), quien había llegado a Gibara en santa visita el día anterior.
La Sra. Doña Victoriana de Avila era mujer modesta y falta de instrucción, que no solamente edificó la Iglesia, sino que la dotó de alhajas valiosas, ornamentos,  vasos sagrados y por escritura pública regaló un esclavo para su limpieza. Además era ella quien costeaba la Luz del Santísimo.
Por la importancia de tan piadosa dama, insertamos el siguiente escrito de la historiadora Mireya Durán y María la periodista Julia Guerra que vio la luz en el periódico ¡Ahora!, de Holguín en 24 de Abril de 2008:

Ha de echarse a volar la imaginación si es que queremos figurarnos cómo era doña Victoriana de Ávila y González de Rivera, la Benefactora de Holguín y Gibara, pues no quedó ningún retrato que nos de a conocer su físico, debido a que en su época ni en Holguín ni en Gibara vivió pintor alguno, y el primer fotógrafo que llegó a estos lares fue Mister Charles Fox, en 1860, cuando ya ella era una anciana.
Descendía la doña de dos de las familias de más arraigo en Holguín. Tanto su padre, don Diego Ramón de Ávila y González Noratte, Regidor y Alcalde Mayor de la ciudad, como su madre, doña Catalina González de Rivera y de la Cruz, estaban entroncados con el conquistador García Holguín.
La familia de Ávila no tenía fortuna sino gracias y algunas tierras, y la González de Rivera poseía instrucción y propiedades. En ese ambiente nació Victoriana el 22 de marzo de 1774, como primogénita del matrimonio que tuvo, además, otras siete hembras y un varón.
Doña Victoriana casó en 24 de enero de 1798 con el canario José Romero Medina. Ella no llevó dote al matrimonio; él aportó cinco mil pesos oro.
Los recién casados se instalaron en una casa de su propiedad, construida de tejas y mampostería, situada frente a la Plaza de Armas, en la calle San Isidoro (hoy Libertad), y cuyos colgadizos daban a la calle San Diego (hoy Miró). (Luego tienda La Casa Azul).
Don José Romero Medina fue electo Alcalde Ordinario del Ayuntamiento de Holguín en los años 1808, 1812 y 1814, y, entre este tiempo, en 1810 fue Mayordomo de Fábrica de la Parroquial Mayor. Invirtió un gran capital en Punta de Yarey y fue uno de los más entusiastas fundadores de la villa de San Fulgencio de Gibara donde era dueño de uno de los muelles por donde se hacía la carga y descarga de toda la mercancía que se exportaba e importaba desde y para la zona de Holguín. Asimismo fue el primer Juez pedáneo que tuvo Gibara y, entre 1820 y 1823, atendió con gran responsabilidad las necesidades y quejas de la población en el circuito de la bahía y las vegas establecidas entre los ríos Gibara y Cacoyugüin.
En esas faenas siempre le acompañó su esposa, quien, como no tenía hijos, se dedicaba, además, a hacer obras de caridad y de beneficio para la población.
Ayudar a la Iglesia era algo que le venía de herencia, pues su bisabuelo, don Juan González de Rivera, construyó la ermita de Managuaco en 1692, la cual, más tarde fue trasladada por su bisabuela doña María de las Nieves Leyte y Rodríguez, a Las Guazumas. (Esa es la actual Catedral San Isidoro de Holguín). Además, su abuelo, don Diego de Ávila y de la Torre fue quien ornamentó la iglesia San Isidoro en fecha anterior al nacimiento de Victoriana.
En Gibara, aparte de ayudar económicamente a todos los necesitados, ella contribuyó a la construcción y ornamentación de la iglesia San Fulgencio; donó un criado para su cuidado y aseo y costeaba los gastos de su alumbrado.
En 1824, doña Victoriana y don José Romero hicieron un testamento común, donde declararon tener no solo las casas de viviendas de Holguín y Gibara sino también una hacienda de Arroyo Blanco con las casas, corrales, frutos y demás anexos, y en ella animales, todo a cargo de don Salvador de Ávila; una vega en la boca de los ríos Gibara y Yabazón, con sus casas de labranzas, y treinta esclavos, entre varones y hembras, grandes y chicos, un cafetal con 20 000 matas de café, bestias caballares y mulares y ganado mayor y menor..
No era doña Victoriana mujer que se quedara encerrada en casa a pesar de que no tenía mucha instrucción, pero sabía leer y escribir. Desde que en 1825 se crea la Junta de Vacunas, la que presidía su hermano José Rosalía; doña Victoriana le brinda todo su apoyo y trabaja para que la labor fuera efectiva entre la población. Luego, cuando en 1830 se establece en Holguín la Sociedad Económica Amigos del País, está junto a su esposo en el grupo “Sapiens”, proponiendo que en Holguín se instale una imprenta de palanqueta para editar un periódico igual al Diario de Santiago de Cuba.
Y viendo que la ciudad de Holguín no tenía un hospital civil, se dio a la tarea de gestionar su construcción. Para ello donó el terreno y, luego, un palio y un guión; el primero bordado en oro, con un valor de dos mil novecientos ocho pesos y treinta y cuatro céntimos; el segundo valuado en cinco mil pesos y diecisiete céntimos. Ambos fueron rifados en billetes por toda la Isla y la suma total recaudada se entregó para que se empleara en la edificación del hospital. Pero quiso la causalidad que nadie sacara los números premiados, entonces doña Victoriana decidió donar las prendas a la Iglesia de Gibara; sin embargo el sacerdote propietario consideró que eran aquellas unas alhajas muy valiosas que solamente eran dignas de una reina. Victoriana decidió regalarlas a la soberana de España y las embarcó, pero el navío que las llevaba zozobró yendo a parar las ricas piezas al fondo del océano.
Para que se ocupara de la construcción del Hospital de Holguín, el Ayuntamiento eligió en 6 de diciembre de 1835 a don José Rosalía de Ávila, quien en ese momento era Regidor y Alcalde Mayor. Este nombramiento lo aprobó la Real Audiencia de Puerto Príncipe. Don José Rosalía tuvo una destacada participación tanto en la obra de construcción como de acondicionamiento y sostenimiento.
Poco antes de terminarse el hospital, en 1846, muere don José Romero y doña Victoriana, en un gesto de amor le concede la libertad a los esclavos que les eran más cercanos a él: Carmen, de 44 años; María de los Ángeles, de 40; Juana, de 30; Manuel Trinidad, de 10; Josefa, de 8; Celestina, de 6, Juan Bautista, de 5, y Manuel, de 2.

El hospital San Juan de Dios, construido en Holguín por doña Victoriana de Ávila es hoy el Hogar de Ancianos Jesús Menéndez
Antigua Plaza del Hospital, conocida popularmente como Plaza Victoria, luego convertida en la Plaza templo José Martí, en Holguín
Aún se conserva el hermoso portón neoclásico que daba entrada al Hospital
La placa colocada en el portón de entrada es lo único que recuerda a la benefactora de Holguín y Gibara.
Dice la placa: A LA MEMORIA DE LA SRA. DOÑA VICTORIANA DE AVILA QUE DONÓ A ESTE ESTABLECIMIENTO EN 2 DE AGOSTO DE 1855 UN PALIO Y GUION CUYO PRODUCTO LIQUIDÓ EN RIFA. HA ASCENDIDO A 5 420 PESOS Y 43 CENTAVOS


El Hospital San Juan de Dios abrió sus puertas el 19 de mayo de 1849 con doce camas disponibles para los enfermos sin recursos, blancos pobres, pardos libres, negros esclavos, asiáticos, locos y prostitutas.
A doña Victoriana, dicen, no le asustaban ni la enfermedad ni la pobreza, por lo que solía visitar a los enfermos y menesterosos, tendiéndoles sus manos generosas y abriendo amor y su guarda monedas.
No descansó nunca. Llevaba los negocios heredados de su esposo, se ocupaba de la atención al resto de su familia y dedicaba gran parte de su tiempo a las obras de caridad y a la iglesia.
En 1853, solicitó al Arzobispo Antonio María Claret, que la declarara patrona de la Iglesia de San Fulgencio de Gibara, pero siendo el rey patrono de todas las iglesias de la Isla no se le pudo conceder el patronato. En 1858, hizo igual petición al Licenciado Dionisio González, sin que se conozca la respuesta del Arzobispado.
Doña Victoriana falleció el 13 de enero de 1864, a los 90 años de edad. Dejó sus riquezas a sus hermanas Juana y Leona, quienes nunca se habían casado. En su testamento final dispuso que de su capital se destinaran dos mil escudos a favor de tres festividades religiosas: San Fulgencio, la Virgen de la Caridad y la Virgen de las Mercedes.
La plazoleta que daba entrada al hospital civil San Juan de Dios fue denominada por los holguineros parque Victoriana de Ávila, en recuerdo a sus desvelos por esta obra y el cariño hacia la población más humilde, por su preocupación por el desarrollo, la salubridad y el bienestar de los pobladores, y por su generosidad.
Luego fue bautizada con otro nombre.
Así, hoy no existe nada que la recuerde en Holguín o en Gibara, aunque están en pie edificaciones que ella contribuyó a construir. Sobre la Benefactora solo quedan notas dispersas en publicaciones locales, a pesar de que la historia de la ciudad de Holguín y de la Villa de Gibara no pueden prescindir de sus aportes.

 

La primera piedra se colocó el 13 de Septiembre de 1850, siendo padrinos de la ceremonia religiosa el peninsular don Alvaro Prieto y su señora esposa, doña Caridad Cardet, hija de Holguín.
Dirigió la obra el arquitecto catalán don Juan Pons y por encargo especial de doña Victoriana de Ávila, la inspeccionaba el comerciante don José Curbelo.
Consta el templo de un rectángulo en planta de 18 metros de frente por 33.44 de fondo. El grueso de sus paredes es de 24 centímetros.
La arquitectura del templo es del estilo torcazo. Fue reparada en 1867 a causa de haberse caído la cúpula que era de madera y yeso.
El interior se divide en tres naves, la central, donde se halla el coro, mide 8 metros y 36 centímetros de ancho y 5 metros y 02 centímetros los laterales.
  • La imagen de San Fulgencio y dos pilas de agua bendita fue traída a Gibara desde Cataluña a expensas de don Martín Gurri.
  • La de San José desde Barcelona a expensas de don José Sampera.
  • La imagen de Nuestra Señora del Rosario fue donada por doña Magdalena Leal de Longoria.
  • El Jesús del Santo Entierro fue adquirido por suscripción popular.
  • Las imágenes de La Dolorosa y la de San Juan Evangelista fueron donadas por el párroco don Antonio Santiesteban.
  • La campana mayor fue donada por el reverendo Padre José Cardona y la campana pequeña la donó don Graciano Daguerre.
  • El reloj que se colocó en una de sus torres fue adquirido por suscripción popular.

Nave central de la Iglesia San Fulgencio, Gibara. El presbiterio tiene un falso techo interrumpido por la cúpula; esta a su vez es rematada por una linterna.
Cúpula de la Iglesia San Fulgencio, Gibara
En las cuatro esquinas, al fresco, aparecen imágenes de los evangelistas
Retablo mayor de San Fulgencio de Gibara
Altar lateral de San Fulgencio de Gibara
Parroquia San Fulgencio de Gibara, interior, detalles
Coro de San Fulgencio de Gibara (hecho de maderas torneadas)

Los cadáveres de don José Romero y su esposa, doña Victoriana de Ávila, reposan en una modesta tumba en el Cementerio de la villa de Gibara.
Otro dato en relación con la citada iglesia que debe tenerse en cuenta: la Sra. Doña Magdalena Barreda, viuda de Leal, consignó en su testamento 3 000.00 pesos oro para una capilla. Según parece dicha cantidad fue empleada en la compra de ciertos objetos para el adorno interior del templo.
A juicio de la mayoría de quienes la conocen, la iglesia de Gibara es suntuosa y superior en cuanto a alhajas y arquitectura si se le compara con otras de pueblos pequeños de la Isla.