ALDEA COTIDIANA

           En HOLGUIN, Cuba, como en todos los lugares del mundo, ocurren hechos triviales, bellos a fuerza de fugaces                                                          Esta ciudad la construyeron mis padres vísperas de mi nacimiento y quisiéramos que nada se perdiera, que todo lo que fue haciéndose desde nuestros padres a nosotros, permaneciera intacto y puro, porque la ciudad es el escudo que hace que nuestros nombres no se olviden                                                    300 aniversario del pueblo de Holguín en 2020
gadgets para blogger

Toda la aldea a la mano

CONVERSANDO SOBRE EL ENTRAMADO URBANISTICO DE HOLGUIN

19 de enero de 2017

Manuel Da Silva, vicecónsul de Portugal en Gibara.



    Por Ángela Peña, Juan Jardines y Luis Battle.

    A Maria Ignacia y Maria de las Mercedes, nietas del vicecónsul residentes en Gibara.


El progresivo desarrollo de la actividad mercantil hizo que para la segunda mitad del siglo XIX el puerto de Gibara se convirtiera en el más importante de la costa nororiental de Cuba, a lo que se suma que entonces era ese el más próximo a New York. Por lo que cada vez fueron más los inmigrantes que desde los más diversos del orbe llegaron a la Villa, entusiasmados en establecer todo tipo de negocios.
Ya para 1863 era Gibara una ciudad cosmopolita, reflejándose tal característica en su acervo cultural.
Jacobo de la Pezuela en su "Diccionario Histórico, Geográfico y Estadístico de la Isla de Cuba"  informa de la composición de la población gibareña para esa fecha:
227 españoles (peninsulares),
4 portugueses,
690 canarios,
2 ingleses,
4 franceses,
4 alemanes,
9 italianos,
2 uruguayos,
4 venezolanos,
2 norteamericanos,
15 puertorriqueños,
6 dominicanos,
3 habitantes de Curazao,
4 de Providencia
5 de Trinidad.
Además componían la población de Gibara un crecido grupo de criollos procedentes de distintos puntos de la Isla, siendo la mayoría holguineros, bayameses, santiagueros y camagüeyanos, casi todos vinculados a la actividad del puerto de una forma u otra.
En total la población de Gibara ascendía a 6 702 habitantes, entre los que había esclavos dedicados a actividades domésticas y rurales.

   MANUEL DA SILVA LEAL. APUNTES BIOGRAFICOS.
Entre los 4 portugueses que relaciona el citado cuadro estadístico de Jacobo de la Pezuela se encontraba Don Manuel Da Silva Leal, quien, después de negarse a ser sacerdote, como era el deseo de sus padres fue invitado por un tío suyo,  don José Leal Barreda, para que viniera a vivir en la villa norte oriental.
Por cierto, el historiador Herminio Leyva en su monumental obra "Gibara y su Jurisdicción", cita entre los primeros pobladores de la villa a don Joaquín Da Silva y a don José Leal (este segundo, padre de José Leal Barreda), pero no se conoce con exactitud la fecha en que don Manuel da Silva hizo caso al tío y vino a radicarse en  Gibara; sin embargo debió ser antes de 1862 porque en los viejos documentos notariales que se conservan en el pueblo ya aparece su nombre en dicho año otorgando un poder a don José Maria Anguera para la venta de esclavos en cualquier parte de la Isla.
Palacio Da Silva, en Gibara. (En su casa instaló Da Silva el viceconsulado portugués que desempeñó)
Plano Casa Da Silva, Frente
Plano Casa Da Silva, fondo
Da Silva nació en 1835 en Horta, capital de la isla Fayal, perteneciente al grupo insular de Las Azores, archipiélago situado en el Atlántico, frente a la costa occidental de Portugal. Fueron sus padres don Juan Antonio Da Silva y doña Narciza Florinda Leal.
En Gibara, el 20 de febrero de 1875, Da Silva contrajo matrimonio con la habanera y vecina de la villa, doña Leonor Anguera Bru. La boda se celebró en la iglesia  El Salvador, en El Cerro, Ciudad de La    Habana, ante el presbítero Cayetano Martín Nieto. Él aportó al matrimonio veinticinco mil pesos oro.
Y una curiosidad en relación con el casorio: cuando aquel se celebró Da Silva y doña Leonor ya tenían a su primer hijo, nacido el 17 de agosto de 1870. El segundo hijo del matrimonio nació en Gibara el 14 de febrero de 1872. Por entrevistas hechas a viejos gibareños supimos que otros hijos de Da Silva y doña Leonor nacieron en La Habana, Almería y Barcelona, lo que demuestra que la familia se mantenía viajando constantemente. En total fueron doce los hijos: Manuel Eulogio, Mar¡a Caridad Cristina, Justina Leonor, Narciza Florinda, José Federico, Carmen Paula, Maria Adelaida, Antonio, Mercedes, Manuel Segundo, Ricardo y Alfonso. (Estos dos últimos murieron pequeños).
En 1871 Da Silva fue propuesto por el Ministerio de Estado de España para recibir la Real Orden de Isabel la Católica (Madrid 9 de mayo de 1871). Y el 21 de julio de 1887, don Luís I, rey de Portugal y las Azores le concedió la medalla de Caballero de la Orden Militar de Nuestro Señor Jesucristo. En el documento de entrega de la tal distinción dice que entonces Da Silva era el vicecónsul de Portugal en La Habana.
Fuentes documentales localizadas en los Protocolos Notariales, en los Libros del Registro de la Propiedad y de la Aduana, (todos conservados en Gibara), así como en los testimonios que obtuvimos de sus nietas, Maria Ignacia y Maria de las Mercedes Da Silva Rodríguez, dan fe de la actividad comercial desarrollada por Don Manuel directamente y también mediante la Sociedad “Silva y compañía”, formada  por don Ramón Rodríguez, de Asturias; don Joaquín Aldrich y don José Munné‚ de Cataluña y don Antonio Leal, de Portugal, dedicada a la compra y venta en comisión y por cuenta propia de frutos del  país y extranjeros y demás negocios mercantiles. El socio principal de la citada sociedad, constituida en el año 1867, lo era don Manuel Da Silva, quien había aportado $ 58 000.00 pesos fuertes, equivalentes a 110 000 escudos en efectivo. Posteriormente Da Silva fundó la sociedad “Silva y Rodríguez” en compañía del asturiano Manuel Rodríguez y la sociedad “Silva e hijos”, ambas para el comercio al por mayor y expendio de víveres.
Además el portugués avecindado en Gibara poseyó importantes fincas rústicas y urbanas, y acciones en distintos negocios, entre ellos el ferrocarril Gibara-Holguín, todo lo cual lo convirtió en una de las personalidades más destacadas de la sociedad gibareña durante la segunda mitad del siglo XIX que era invitado a participar y participaba en las actividades de mayor abolengo social que se celebraban en la villa, como lo eran la inauguración de la última sede del Casino Español, frente a la Plaza de Armas. (El vicecónsul y su esposa fueron padrinos de esa inauguración).
Entre los Sitios y haciendas propiedad de Da Silva están: en San Marcos de Auras, los conocidos como “El Zorral”, “La Victoria” y “El Palmar”; el ingenio “Santo Tomás”, también llamado “El Carmen”, situado en El Purial, la hacienda “El Almirante”, y los sitios “Los Berros” en Banes  y “El Cuartel” en Sagua de Tánamo, a lo que se suman treinta y una fincas urbanas ubicadas en la villa de Gibara  y el poblado de Auras.
Los antiguos documento de Gibara también dan cuenta de exportaciones hechas por Da Silva de tabaco en rama y de maní para Puerto Rico y Brasil.
En un anuncio aparecido en el periódico "El Triunfo" de Gibara, el jueves 27 de junio de 1901, Da Silva refiere que es:
          "COMERCIANTE  IMPORTADOR  Y  EXPORTADOR.
           Gira con letras sobre New York, Londres, España y
           Portugal y en esta Isla sobre La Habana y Cuba.
           Agente en esta Plaza de las  mejores compañías de
           Aseguro de Incendio y Marítimo.
En ese mismo anuncio Da Silva advierte a sus amigos que su principal negocio es la compra y exportación  de tabaco de las jurisdicciones de Sagua, Mayarí, Holguín y Gibara. 
Casa Da Silva, lateral izquierdo mirando de frente
El 25 de julio de 1898 el Ejército español se marcha de Gibara, dejando en el hospital militar del pueblo cerca de 600 enfermos, todos bajo  la  protección  del  vicecónsul de Portugal, Manuel Da  Silva.
Finalizada la guerra e intervenido el país por los Estados Unidos, el gobierno portugués en la persona de Manuel Gómez de Araujo, cónsul de Portugal en La Habana y Puerto Rico, ratifica a Da Silva en el cargo de vicecónsul en fecha 6 de julio de 1899. El cónsul, además, solicita a los Estados Unidos respeto y consideración para su vicecónsul Da Silva, residente en Gibara. A esa petición responde el Departamento de Estado de los Estados Unidos en 2 de abril de 1900, reconociendo oficialmente al vicecónsul.
El 27 de abril de 1898, apelando a las leyes internacionales, el vicecónsul Da Silva reclamó al gobierno español $ 5 000.00 pesos oro por las pérdidas causadas a él durante la guerra; para ello apela a leyes internacionales: mediante documento notarial deja aclarado que "como súbdito portugués considera a Cuba española y a España la verdadera poseedora” por lo que es España quien debe pagar por sus pérdidas.
El 10 de junio de ese año vuelve Da Silva ante el notario para hacer otra protesta sobre la imposición que le hacen los comerciantes de la villa organizados en una Junta de Defensa; estos le exigen $ 1 000.00 pesos en plata, a lo cual, según documento, "no puede adherirse por la neutralidad que le corresponde, ya que Portugal ante la guerra de España con los Estados Unidos ha declarado su neutralidad"; pero ante la presión a que se ve sometido, dice en su declaración, accede a entregar el dinero y aclara "que lo hace en contra de su voluntad y considera un atropello a su nacionalidad y persona como comerciante". Para la fecha tiene 63 años de edad.
Casa Da Silva, portalería

Casa Da Silva, interiores
En 1906 Da Silva hizo testamento y nombró como su contador a Pedro Talavera Céspedes. Luego se fue de visita a La Habana acompañado de su hijo Manuel Segundo, con el objeto de seguir hacia Fayal, pero los planes se interrumpieron porque falleció el 9 de octubre de 1909. Su cadáver fue trasladado a Gibara y sepultado  en el cementerio de esta localidad.
Cuando se abrió el testamento de 101 folios se supo que su última voluntad fue que la mayoría de su fortuna pasara a manos de su viuda e hijos y así también dejó algunos de sus  bienes y dinero para otros miembros de la familia.
En dicho documento relacionó los créditos comerciales que le adeudaban, entre ellos era su gran deudor el gobierno español a quien Da Silva había prestado $ 10 796,46.
Precisamente su testamento y otros documentos protocolarizados por Da Silva hablan hoy sobre su personalidad. El primero establece algunas cláusulas que demuestran el amor a Fayal y a Gibara. El rico difunto dejó $ 1 000.00 pesos para que fueran repartidos por igual entre los pobres de ambos lugares y otros $ 500.00 para "muchachas decentes de Gibara que se casaran con artesanos", tal parece que esta última disposición era para fomentar en el pueblo oficios que permitieran el desarrollo de la población sin recursos económicos.
En relación con su desprendimiento, las nietas de Da Silva nos contaron que cuando su abuelo salía en coche a pasear los domingos,  repartía dinero a los pobres y en los libros de protocolos notariales gibareños pudimos leer documentos mediante los cuales les dio  gratuitamente la libertad a tres esclavos menores de edad.
En 1916 murió la viuda de Da Silva, doña Leonor Anguera y Bru. Para entonces la enorme fortuna que había acumulado su esposo se había desmoronado. Según sus nietas, "su  tío Federico, que había quedado al frente de la familia,  vendió algunos bienes y despilfarró parte de la fortuna. Precisamente Federico quedó al frente de la familia porque Manuel  Segundo, (padre de las testimoniantes), que había estudiado en los Estados Unidos y conocía cinco idiomas, se enfermó de los nervios; y su otro tío, Manuel Eulogio había viajado a Alemania y no se supo  más de él, (precisamente se gastó mucho dinero buscandolo); y las otras dos tías residían en Barcelona. Su abuela doña Leonor, mientras tanto, pasó muchos  años paralítica y ajena a lo que estaba pasando con la fortuna Da Silva”.
La pérdida de la fortuna llevó a los herederos a alquilar la última residencia de la familia: el chalet construido en 1901 según los planos del maestro de ascendencia santanderina Francisco Munilla Calvi, valorada en el testamento de Da Silva en $ 4 000.00 pesos oro.
No obstante el derrumbe económico, como testimonio de la presencia en Gibara de Manuel Da Silva Leal, vicecónsul de Portugal, en  la villa se conservan valiosos documentos y bienes patrimoniales. Sus sucesores mientras tanto han mantenido hasta el presente la memoria cultural en ese importante  momento histórico de Gibara y su puerto.