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           En HOLGUIN, Cuba, como en todos los lugares del mundo, ocurren hechos triviales, bellos a fuerza de fugaces                                                          Esta ciudad la construyeron mis padres vísperas de mi nacimiento y quisiéramos que nada se perdiera, que todo lo que fue haciéndose desde nuestros padres a nosotros, permaneciera intacto y puro, porque la ciudad es el escudo que hace que nuestros nombres no se olviden                                                    300 aniversario del pueblo de Holguín en 2020
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CONVERSANDO SOBRE EL ENTRAMADO URBANISTICO DE HOLGUIN

9 de enero de 2017

Centro Comercial de Holguín - EVOLUCION HISTÓRICO-ARQUITECTÓNICA DEL CENTRO COMERCIAL TRADICIONAL DE HOLGUÍN. (Parte X)



En los primeros años del siglo XX holguinero se construyen otros inmuebles comerciales de uno y dos niveles. Los segundos establecían la primera planta a comercio y la segunda a vivienda. Así estuvieron, entre otros, el edificio ubicado en la esquina de las calles Martí y Maceo (de 1913) propiedad del Dr. Socarrás; la casa familiar de Wenceslao Infante (actualmente Casa de la Cultura) que en 1918 ya tiene el segundo nivel,  y la de los Manduley, en la cuadra este del parque García (actual librería Pedro Rogenas); otro en Libertad y Arias, frente al parque San José y dos en la Plaza del Mercado.

 
Martí esquina a Maceo, Hotel Saratoga, actualmente en reparación. El edificio se construyó en 1913 y fue ocupado en ese año por un banco y una tienda la planta baja y vivienda la alta. Posteriormente fue comprado por Robustiano Diego, Sociedad en Comandita, quien hasta el primer nivel la ferretería La Llave y alquiló la segunda para ser utilizadas en distintas funciones la alta, y así hasta el año 1937 en que se convirtió en hotel Saratoga.
 
Para 1959 el edificio y la ferretería eran propiedad de Arnaiz Diego y Cía., Sociedad en Comandita.
Según el proyecto de la arquitecta Ivet Planas, después de la reparación el edificio quedará así:
 
Libertad no. 193, Librería Pedro Rogena y vivienda en los altos: Vivienda comercio de dos niveles con galería en planta baja, de estilo ecléctico, edificada en los primeros años del siglo XX. En 1959 (Libertad No. 123) radicaba en la planta baja, el comercio “El Bazar Cubano”, de Fernández,  que se anunciaba como “La Casa de los Juguetes”, y en los altos la vivienda familiar de Octavio Manduley y hermanos.
La fotografía es de la década de 1940
Libertad no. 137, esquina a Arias, viviendas, carnicería y Galería Holguín en planta baja y Academia de Ajedrez en segunda planta: Edificio ecléctico de dos plantas, construido en la década del 30 del siglo XX para albergar establecimientos comerciales en el primer nivel y vivienda en el segundo. En 1959 estaba ocupado en la planta baja por la casilla “Mi Casa no. 1”, le continuaba por Libertad un depósito de tabaco en ramas, una quincalla y donde actualmente está la galería Holguín era el café “El Parque”, propiedad de chinos,. En la planta alta era la residencia de Neyle Marson de Góngora. Anteriormente la familia Góngora había usado la segunda planta del edificio para instalar la primera radioemisora que hubo en la ciudad, nombrada CMKF, dirigida entonces por Manuel J. Góngora, y más tarde por sus hermanos, esos la  trasladaron a la calle Frexes, donde hoy radica la Empresa de Proyectos Vértice, antes EMPAI 13.

En las primeras décadas del siglo XX el valor del terreno del centro de la ciudad subió vertiginosamente, lo representó un gran negocio venderlo o arrendarlo para comercios y otras instalaciones. Los viejos inmuebles coloniales comenzaron a modificarse y a adaptarse a la actividad comercial. Todos los propietarios quisieron modernizar los edificios para hacer los comercios más atractivos y recibir mayor número de clientes, de ahí que a las que habían sido casas de familia devenidas en tiendas, les demolieron las  paredes que dividían la sala de los aposentos y recámaras, le eliminaron las arcadas y les colocaron una viga de acero para dintelar  y consolidar la casa, logrando de esa manera un espacio amplio para el salón de venta que, en un primer momento tuvo mostradores y ahora ya admitía mesas.
La necesidad de recuperar espacios interiores para almacenes, se lograba cerrando galerías y techando los patios interiores. En los casos en que el inmueble estaba precedido de colgadizos sobre pies derechos, y también los de arcadas sobre pilares, se llegó a transformar la fachada a cualquiera de los estilos en boga: hasta la década del 30, al Eclecticismo, y más tarde al Art-Decó o Monumental Moderno. En el interior quedaron escondidos los elementos originales de influencia mudéjar, barroca  y neoclásica característicos del período colonial.
 
Los inmuebles de esta zona céntrica comenzaron a explotarse al máximo. Los dividieron para arrendarlos a distintos comerciantes, e igual  en un solo inmueble hubo varios comercios: tiendas mixtas y de especialidades, entre estas segundas: ferreterías, peleterías, joyerías, ventas de bicicletas y autos, venta de equipos electrodomésticos e industriales, gasolineras, farmacias, cines, bancos, hoteles y servicios artesanales y técnicos de todos tipos, gastronómicos, recreativos, así como para la ventas de billetes, periódicos y revistas, frutas californianas y otras baratijas que se vendían en estantes colocados en las entradas de los cafés, hoteles y en los corredores de los inmuebles que bordean el parque central.
Para que se tenga una idea somera idea de lo anteriormente descrito, en la década de 1950 en la Plaza del Mercado existían 7 ferreterías, y en el área del Centro Comercial Tradicional unos 15 pequeños hoteles de ciudad, 27 cafeterías y 179 tiendas de ropas y servicios.
Para entonces era tan grande la competencia que los comercios que ocupaban las grandes casonas coloniales, sino se equiparaban a las condiciones del momento, quebraban o eran disminuidos y cada puerta se ocupaban con nuevos servicios, (generalmente cuando se abrieron los vanos de las ventanas coloniales, cada gran comercio poseía cuatro puertas en su fachada).  
Vidrieras de los comercios de Holguín
Cientos de personas visitaban cada día el centro comercial de la ciudad atraídos por las necesidades perentorias o por la propaganda que cada comercio hacía colocando las novedades en las vidrieras que, en su  mayoría, sobresalían al  muro de fachada. Asimismo se hacía propaganda escribiendo en los muros de la fachada o en los toldos que contribuían a la protección solar; y los más favorecidos por la fortuna se anunciaban en la prensa escrita, en las radioemisoras locales o por medio de altavoces. En el caso de los altavoces la propaganda la hacía uno de los empleados frente al propio comercio.
Ferretería La Sucursal, en una de las esquinas más céntricas de Holguín, la que hacen las calles Maceo y Frexes
El Centro Comercial constituyó la mayor atracción de la vida citadina. Los corredores [portales] de las plazas y las cuadras aledañas diariamente se cubrían  de público, haciendo esa área la populosa de una ciudad que hasta la década de 1950 tenía sus calles de tierra y donde el transporte que prevalecía era de tracción animal, como puede apreciarse en las fotos de época en las que los caballos aparecen amarrados frente a los comercios, (incluso hasta hoy quedan varias de las argollas empotradas en las aceras que se usaban para amarrar los caballos mientras sus dueños estaban en los comercios, cafés u otras instalaciones).

Eran inmigrantes los principales dueños de los comercios de Holguín

Generalmente la mayoría de los dueños de las ferreterías eran peninsulares, santanderinos los de las dos más grandes, La Surcursal y La Llave; árabes eran los propietarios de las tiendas de ropa y joyerías; chinos, los propietarios de los hoteles, cafés, bodegas y puestos de frituras, y, obviamente, unido a ellos un grupo de holguineros también era propietarios.
Es ese el tiempo en que Holguín comienza a expandirse y rebasa los viejos límites de los ríos, la burguesía abandona el centro bullicioso de la ciudad y se va a los nuevos y modernos repartos residenciales  donde construyen sus viviendas en grandes parcelas.

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