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27 de enero de 2017

Donde además de explicar el origen de la palabra Gibara se habla de otros asuntos igual de gibareños



Hay una pequeña ciudad cubana donde quedan  muchos tesorosque no pudieron llevarse los corsarios ni los piratas y tampoco los colonizadores y otros explotadores de igual o peor laya. Y no fue, precisamente, por las altas murallas que protegían a dicho pueblo que se conoce en el mundo como la Villa Blanca de los Cangrejos.
 
 
 
Trescientos años después y casi en el mismo lugar al que llegó y por donde desembarcó el Gran Almirante de la Mar Océana, don Cristoforo Colombus, a principios del decimonono (Siglo XIX), construyeron una enclenque fortaleza militar que nombraron Fernando VII para que custodiara las embarcaciones que llegaban a Punta de Yarey del ataque de corsarios, piratas y otros impíos. Y al lado de la dicha construcción militar fue surgiendo un pueblo al que llamaron por el mismo nombre que le habían dado al lugar los indios difuntos: Gibara.
Diz que vino el nombre del árbol Jibá, pero no es tan clara esa etimología, o por lo menos no tanto como la que hace ver Pepito García Castañeda en un libro por él escrito que se llama “Así es  Gibara” (libro que no debe mencionarse ese dicho título delante de gibareño alguno por lo que más adelante contaremos).
Para el máximo periodista y escritor de la Villa, Armando Leyva, Gibara se debe a la también indígena palabra de “Guibara”, que era como en idioma de los aborígenes taínos se le llamaba a la uva caleta, un arbusto que con tanta profusión crece en sus costas. Así desde la más remota “gibareñidad” aparecen escrito en diversos textos para nombrar a la bahía: “Xivara”, “Jivara” y “Givara”, y el de “Punta de Yarey”, y a veces, “Yarey de Gibara”, para el pueblo hasta el año de 1856, en que oficialmente bahía y pueblo tomaron el mismo nombre de GIBARA. 
¿Por qué el “Güibara” indio se trasformó en Gibara?, seguro que porque en castellano es más fácil decirlo de la segunda forma.
 

En su libro dice Pepito García Castañeda
Cuentan en la Villa de la existencia de un comerciante español que escribiendo a la Madre Patria le pregunta a sus dependientes, españoles como él, “¿cómo se escribe Gibara?, ¿con GUI?” “No, Gibara se escribe con JUI”, le contesto uno a lo que el dueño responde: “mira que usted es brutos, se escribe con “EQUIS”.
Sea cual sea la etimología u origen del nombre, lo verdaderamente cierto es que después e la apertura del puerto, el lugar fue el más próspero del norte del oriente cubano, tanto que para explicarlo los historiadores dicen que lo que ocurrió fue “el milagro de Gibara”. Y a la prosperidad económica siguió el florecimiento sociocultural y arquitectónico que al cabo de mas de 150 años aún resulta motivo de orgullo para los jibareños que esperan ver restaurado el centro histórico de su pueblo, considerado el mas importante de la provincia y por ello declarado Monumento Nacional.

Gibara, después de la Habana, fue la segunda ciudad amurallada de Cuba. Para protegerla de los libertadores de la isla, los vecinos la rodearon con un muro de mampostería de dos metros de altura y casi dos kilómetros de longitud, y de tramo en tramo dotaron la muralla con cinco fortines, un puesto de avanzada y dos tambores de defensa.
La muchas veces llamadas entonces "España chiquita" o "Covadonga" tiene una iglesia con tal prestancia y amplitud que es inusitada para una ciudad tan pequeña, pero que está en consonancia con el poderío económico de las principales familias y comerciantes de la zona en la época que la levantaron.  
 

También hubo en Gibara un teatro hermosísimo que aún se mantieneen pie por puro milagro y por cuyo escenario desfilaron prestigiosas personalidades de nuestra cultura como Brindis de Salas Ignacio Cervantes, Díaz Albertini y otros interpretes compañías de baile y de teatro. (Incluso, dicensin que lo puedan probar, que allí bailó Isadora Duncan).
Pero quizás lo más llamativo de Gibara sea la proliferación de vitrales, siendo los más famosos y valiosos los de mediopunto colocados en el Museo de Ambiente Cubano por estar considerados los mayores de la isla.