Durante
la segunda década del siglo XX casi todos los pueblos de Cuba erigieron
estatuas a los libertadores nacidos en su seno, pero Gibara, “la España
chiquita”, que tantos y tan ilustres comerciantes dio, no dio libertadores. (O
sí, dio a Sartorio, pero en la fecha de las estatuas aquel estaba vivo).

El acto de debelación fue el 10 de octubre de 1915 (antes de que
se inauguraran las estatuas de Holguín). Presidió la ceremonia la doctora en
farmacia Mercedes Sirvén y Pérez Puelles, Capitana de Sanidad de la Primera
Brigada de la 2da División de Ejercito y más tarde los de Comandante. (Ella fue
la mujer de más alta graduación durante las guerras de independencia de Cuba).
La escultura sostiene en la mano izquierda un pergamino en el que
se lee una fecha: 25 de julio de 1898, que fue el día en que entraron al pueblo
las tropas mambisas al mando del Coronel Cornelio Rojas. Y en la base le
colocaron un texto que dice: “Gibara tiene Estatua de la Libertad porque se
la merece (hecha por suscripción popular)”, pero dicho escrito levantó
tantas polémicas en la prensa local que poco después lo cubrieron con otra tarja
de mármol en la que se leía: “Gibara, a los libertadores de la Patria”.
Hace dos o tres años estaban unos niños jugando a la pelota en el
parque, y al batear la pelota fue a dar directamente en la placa con tanta
fuerza que la quebró, cayendo los pedazos al suelo. A la vista pública surgió
nuevamente la primera de las placas, aquella que tanta discusión provocó. Quien
llegue hoy mismo al Parque Calixto García de Gibara, antes Plaza de Armas de la
villa, puede leer en la base del monumento: “Gibara tiene Estatua de la Libertad porque se la merece (hecha por
suscripción popular)”
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