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HÉCTOR LAVOE INTERPRETA AL HOLGUINERISIMO GUAYABERO

31 de diciembre de 2010

Delfín Prats (memorias)

Por César Hidalgo Torres
      


Yo iba a entrevistar, largo quería, a Delfín Prats. Y ahora ediciones “La Luz” de la Asociación hermanos Saíz (AHS), publicó su último libro: “Striptease y eclipse de las almas”. Ahí están un poco de las respuestas que esperaba, o por lo menos, las únicas respuestas que el poeta está dispuesto a dar. Lo otro será alguna vez: Su amistad con Reynaldo Arenas, su eterna locura tan cuerda, ese tema obsesionante (¿en él o en mí?) del ascenso a nuevas constelaciones, “el devaneo” de los años sesenta, el amor insostenible por Antinoo… Por eso no han de creerme cuando les jure que únicamente aspiro a comentar su libro. La verdad es única y sólida como una montaña: Yo quise que Delfín me respondiera lo que él acaba de publicar.


He nacido a 2 km de la Huerta de Cándido. En vida de mis abuelos los residentes de la zona se podían contar con los dedos. Ahora hay aquí mucha gente venida de otros sitios. En otras partes yo he hablado de la desaparición de las viejas formas de convivencia, de la pérdida de ciertas distancias y ciertos respetos, de la nueva tónica de las costumbres. Iba a escribir disolución, pero me doy cuenta a tiempo de que el término es excesivo.

Me marché adolescente y luego he vuelto sólo de cuando en cuando. Ciudades: La Habana, Moscú, otra vez La Habana, Holguín, otra vez Moscú, Holguín, Madrid, Holguín. Gentes, libros, paisajes. Un poeta “criollo de la tierra”.

En 1967 publiqué mi primer poema, bajo seudónimo, en La Gaceta de Cuba.

¿Por qué el seudónimo, me pregunta un amigo. No creo que entonces necesitara complementarios, heterónimos; más bien un indicio de mi vinculación con las ciudades de la llanura. La noche, los bares: Antinoo.

Ya cuando mi primer libro es premiado soy, con todo derecho, ciudadano de la noche habanera. No es la noche desconcertante y vasta de Caín. Es una noche en menguante, limitada a pequeños clubes como 23 y El Coctel, pero todavía puede proporcionarnos sorpresas que la memoria agradece, como poder escuchar a Virgilio Piñera diciendo sus textos en El gato Tuerto, mientras Miriam Acevedo canta.

 Sí, hice bohemia en La Habana a fines de los años sesenta, bohemia heroica, y conocí a los Max Estrella de aquellas madrugadas, y conocí los Retana, los Répide, al marqués de Hoyos y a Pedro Luis de Gálvez, excelente sonetista y bohemio golfante.

Volví a hacer bohemia en La Habana una década después; lugares: el parque de la Funeraria de Calzada, el Patio de la Catedral, en La Habana Vieja; el Club Latinoamericano del Prado.

Apuntes para una historia de la bohemia habanera, autor Tomás Fernández Robaina: “Por estos días también conocí a Delfín Hiram Prats, poeta bohemio y marginal, no por oponerse a estructura social alguna, sino por que esa fue su autenticidad desde siempre y para siempre. Toger (Coco) Salas llamaba “devaneo” a la bohemia desalcoholizada, de heladería y portal de la cinemateca. Reynaldo Arenas rechazaba el “devaneo”, el alcohol y la bohemia, aunque amaba lo “golfante” y poseía su propio particular infierno poblado de hampones y esperpentos. El incisivo compañero de playas y aventuras non sanctas (ávido lector de Andersen y de Djuna Barnes) prevalecerá siempre sobre la execrable estela.

Delfín Prats escribe en una de sus cartas: Nosotros fuimos (se refiere a Arenas y a él) las primeras figuras de un sector generacional no apto para hacer el juego a ninguna doctrina oficial (…) Acceder a esa infancia (la de Celestino) se podría a través de mi propia experiencia, entrar en ese paisaje en busca de una arqueología de los goces, de las acechanzas”.

Llegarnos hasta el mar y zambullirnos. Rimbaud, Borges, Baquero. El despertar de la inocencia, dirías, María Zambrano. Sí, las pesquisas de una inocencia liberada de todo causalismo ético o religioso.

La memoria tiene sus talismanes –me susurra el Borges de entonces- extensos, ardientes y vastos declives de la noche, que lindan con la aurora.

Y nada más, ninguna otra cosa importante dice Delfín de Reynaldo Arenas. Y uno que se acostumbró con aquel de leer cada evidencia contada hasta la saciedad, se queda esperando. Y no es que Delfín tenga que devolvernos al Reynaldo Arenas con el que hizo todas las travesías, ese es de él. Pero si no fuera malo nos diera un cachito, a nosotros (yo) que tenemos (tengo) dudas de los excesos de “Antes que anochezca”. Habrá que esperar, por si un día abre la boca que mantiene tan cerrada, aunque, cabronazo que es, con una sonrisilla ardiente, dice en este libro: “Ahora, ya sabemos que la única certeza se engendra en lo que nos rebasa”.

Por si lo intentan, les digo que, parece, por estos días el autor no recibe a nadie. Tiene un muchacho que se llama Danilo Coppe y él mismo escribe a qué dedica los minutos más tersos de su existencia actual:

“Yo me acucurruco debajo de tus piernas para buscar un calor de
/remotas constelaciones e íntimo rescoldo a la vez
Y tu me ciñes la espalda con toda la fuerza de tu edad
y mis labios recorren por primera vez tu cuello.
Después conocerían otros sitios tuyos
profundos,
limpios, fluyendo en veladas transparencias,
pero ahora disfrutaba de esos simples paisajes del cuello
abriéndose a lívidas irisaciones de arena.


Iba a terminar aquí, no creo que tenga derecho a escribirles lo que escribió otro y de pronto, de pasada, unas páginas más adelantes, salta el Muchacho y poco antes Reynaldo Arenas otra vez.

No he asistido a la reunión de la Asociación de Escritores. Cualquier nombramiento, cualquier decisión que allí se tome no alterarán ni el “inconmovible pasado” ni el porvenir incierto. A dormir. Y mañana a la rutina. No me han vuelto a atormentar los sueños del fin del mundo… ¡Que falta me hace el mar!.

Tuve una pesadilla con Reynaldo Arenas. Lo veía –con los cabellos rojos y el rostro transformado por la ira- precipitándose en un abismo de alambradas que ardían, mientras vociferaba improperios que eran al mismo tiempo una llamada a seguirlo. “Vendrán, vendrás”, fueron las palabras que conservé al despertar, sobresaltado, como después de cualquier pesadilla del peor género. Algún día tendré que reconsiderar –a la luz de los hechos de estos últimos diez años- toda mi relación con Arenas, desde el día o noche inciertos en que trabamos conocimiento, hasta la última ocasión en que nos vimos en la madriguera del hotel Monserrate. Reconsiderar el destino de mi generación, los libros que no escribimos



Ojalá lo hicieras Delfín, que te espero desesperándome. Ojalá. Ya sé que depende del tiempo dedicado a los tomates de tu Huerta y del Muchacho.

Leo:

El climax del encuentro sexual nos aboca durante unos minutos a la pura animalidad. Durante el tumultuoso momento de la unión no hay espiritualidad, hay solo incendio y destrucción. El espíritu entra en juego más tarde, en el recuerdo, en la rememoración, enriqueciéndonos.

(…)

Interrogaciones del día:

¿Es el Muchacho un ser superior?

¿Y tu novela?.

Material no me falta. Experiencias, vicisitudes sobran. Tengo intuciones. Ideas, puedo tomarlas de los libros que leo. ¿Qué falta? Las herramientas, los medios, las técnicas, el tiempo disponible, la infinita paciencia que es necesaria para entrar en ese otro tiempo (el narrativo, el fabular) aquellas experiencias, aquelos paisajes intuitivamente iluminados.

En resumen, el Resplandor (…)

Amo al muchacho. Y en eso soy excesivamente egoísta. Él es un arquetipo. Yo defiendo una herencia. Ese amor –la forma en que se manifiesta mi egoísmo- es mi única alternativa para no perecer o para, al menos, perecer a gusto, lúdicamente, jugando, como hacen los gatos con sus víctimas. El Muchacho es mi víctima, pero a la larga, él también saldrá victorioso. La relación me salva. Por ahora basta.

(…) Mi Soledad. Cómo aceptar que termine el día y no tenga alguien con quien comer, con quien compartir la música, quizás conversar un poco, o yacer uno al lado del otro; al menos esto puede ser una compensación. Si en él naciera la idea de ofrecer una compensación por lo que niega. Pero su trato a menudo es duro, interesado. Dureza e interés y la desolada integridad de la persona en trance de aceptar una ideología religiosa-inflexible.

(…) Yo presiento la Muerte, digamos que en un plazo de cinco a siete años.

Un poeta oscuro de provincia no puede aspirar a la gloria póstuma, pero al menos le quedaría el apartamento, se casaría, tendría hijos.

Vuelvo a él. Lo más dramático de todo es que esto haya ocurrido precisamente ahora. ¿No había tiempo para meditar más cuerdamente sobre una decisión que significaba una tan grande ruina para mis proyectos, para ese futuro en común que tanto halaga mi amor propio, la vanidad de ese hombre –yo- que “ya se adentra en el turbio otoño? ¿Qué lo empujó a obrar con tan gran prisa, echándolo todo por tierra de un tirón?

Veremos, veremos (…) La tarde es prodigiosa. La transparencia del aire parece pertenecer a otro siglo.

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Perdón, no les pregunté si ya leyeron el último libro publicado de Delfín Prats y yo contándoselo como si no lo hubieran leído.

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STRIPTEASE Y ECLIPSE DE LAS ALMAS
Delfín Prats
FONDO EDITORIAL CASA DE LAS AMÉRICAS


El poeta nos muestra personajes y meditaciones entrañables, trascendentes y reveladores de su entorno. Memoria salvada de la corrupción y prueba de victoria de quien se sabe, a la proa, en la barca del sol poniente.



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