ALDEA COTIDIANA

           En HOLGUIN, Cuba, como en todos los lugares del mundo, ocurren hechos triviales, bellos a fuerza de fugaces                                                          Esta ciudad la construyeron mis padres vísperas de mi nacimiento y quisiéramos que nada se perdiera, que todo lo que fue haciéndose desde nuestros padres a nosotros, permaneciera intacto y puro, porque la ciudad es el escudo que hace que nuestros nombres no se olviden                                                    300 aniversario del pueblo de Holguín en 2020
gadgets para blogger

Toda la aldea a la mano

HÉCTOR LAVOE INTERPRETA AL HOLGUINERISIMO GUAYABERO

7 de diciembre de 2016

Camayd - Gladys Puig



(Gladys Puig. Soprano)

Camayd y Gladys Puig

Cuando coincidía con Raúl en las giras, yo, y también casi todos los otros artistas, lo esperábamos para almorzar juntos por la sobremesa durante la que nos contaba miles de chistes comiquísimos. Hay una anécdota que es famosa en la historia del lírico cubano. Fue durante una temporada de “la Travista” que con mucha repercusión dirigió el maestro Rodrigo Prats. Pues no encontraban a alguien capaz de hacer un personaje partiquino porque todos los que probaban eran desafinados, hasta que un día llega uno muy dispuesto y canta su bocadillo: “¿El Señor Germónt? Una dama en un coche me dio de aquí no lejos, para vos este recado”. Rodrigo estaba complacido, pero en eso viene Aldo Lario y le advierte al director que a aquel hombre se le olvidaban las cosas, por lo que no debía aceptarlo. Y entonces Raúl, que era como era, interviene: “Caballeros, si son dos palabras nada más, ¡qué se le va a olvidar!. Hay que darle un chance, por favor, Maestro” Y efectivamente Prats lo acepta y el día del estreno sale el nombre y canta: “¿El Señor Germónt? Un caballo en un coche me dio de aquí no lejos para Dios este recado”. Cuando acabó la función Prats quería matar al cantante, pero otra vez interviene Raúl: “Maestro es que es el primer día y se puso nervioso, pero lo hace de lo más afinadito…” Prats decide dejarlo y en la segunda función cuando sale a escena el hombre se queda callado, y se crea un silencio muy molesto, hasta que por fin mira al tenor Armando Pico que estaba frente a él y le dice: “Pico, perdóname, compadre, pero se me olvidó”. El maestro Rodrigo Prats estaba histérico, “Camayd es el culpable, ¿dónde está Camayd?”, preguntaba agitando la batuta: “Los mato a los dos”.