ALDEA COTIDIANA

           En HOLGUIN, Cuba, como en todos los lugares del mundo, ocurren hechos triviales, bellos a fuerza de fugaces                                                          Esta ciudad la construyeron mis padres vísperas de mi nacimiento y quisiéramos que nada se perdiera, que todo lo que fue haciéndose desde nuestros padres a nosotros, permaneciera intacto y puro, porque la ciudad es el escudo que hace que nuestros nombres no se olviden                                                    300 aniversario del pueblo de Holguín en 2020
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Toda la aldea a la mano

HÉCTOR LAVOE INTERPRETA AL HOLGUINERISIMO GUAYABERO

8 de diciembre de 2016

Camayd - Gloria (Yoyita) Herce



(Gloria Herce. Soprano. Fundadora del Teatro Lírico)

Gloria (Yoyita) Herce

Casi desde niños estábamos unidos en el arte. Puedo recordar que cantábamos juntos en la mayoría de las actividades de la ciudad, pero en los años cincuenta yo dejé de cantar y así estuve hasta 1962. un día Raúl y Silvio Grave de Peralta me fueron a ver nada más y anda menos que para que fundáramos un teatro lírico. Al principio le dije que no, pero él insistía, me invitaba a ver los ensayos que empezaban de “Los gavilanes2 y así logró despertar el bichito que yo llevaba dentro.

Gloria Herce “Yoyita” y Románico “Papi” Leyva.

A Raúl lo veía como amigo, como artista y como trabajador. Como amigo siempre estaba dispuesto a ayudarte en todo; como artista siempre lo daba todo, pero a nosotros nos daba más, porque Raúl fue nuestro compañero en el arte, fue nuestro guía, fue nuestro maestro, el que nos formó en una exigente disciplina. Como trabajador, incansable; no era el director del Teatro Lírico, ni el cantante, él era lo que más falta hiciera en ese momento: si había que clavar una tabla allí estaba él, si había que bajar un telón allí estaba él, si había que cambiar el mobiliario, él era el primero en hacerlo. La primera noche, inclusive, yo pensé que no iba a poder cantar porque él y Raúl Rabert habían cargado una pesada escenografía por toda la calle Aricochea. Pero a los quince minutos ya estaba listo, preocupándose por nosotros, preguntándonos si nos sentíamos bien. Ese era Raúl Camayd. Por eso todo el mundo lo quería y un ejemplo vivo de ese sentimiento fue su entierro. Era querido por todo el mundo, dentro y fuera del teatro.