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4 de febrero de 2017

Calixto García. Biografía. 47


1876, Abril
Doña Lucía va a Pamplona
Doña Lucía se trasladó hasta la fría Pamplona tratando de mejorar la suerte de su hijo. En abril de 1876 se le unió el fiel Eusebio Hernández. Cuando llegan, encuentran al preso enfermo y maltratado.
Lucía escribe desolada: “Solo Dios sabe lo que sufro en esta maldita Pamplona; una losa cubre mi corazón y solo deseo morirme para descansar”.
De donde las encuentra, saca Lucía fuerzas y burlando prohibiciones y vigilancias, lograba hacerle llegar alimentos, pero no era suficiente.
1876, Mayo
Doña Lucía regresa a Madrid
Acompañada parte del camino  por Eusebio Hernández, doña Lucía regresó a Madrid y solicitó un régimen carcelario mas humano para su hijo[1].
Las gestiones de la madre mejoraron las condiciones del prisionero, pero solo por un corto tiempo
Las gestiones de la madre mejoraron las terribles condiciones de Calixto durante algún tiempo: Le permitieron pasear por los patios de  la fortaleza unos veinte minutos en compañía de su madre, que había vuelto y también con Raimundo Menocal que había ido a España a acompañar a Lucía; igual, podía tomar el sol de cinco a cinco y media de la tarde. Y el 14 de octubre, día de su santo, pudo comer con la madre y con Raimundo[2]. 
Calixto pide libros, Balzac sobre todo, y en español para que Lucía lo pueda leer
El espíritu del general, enemigo del ocio, lo impulsa a seguir estudiando. Es verdad que ahora tiene menos libertades que en Madrid, pero aún así pide libros y periódicos a sus amigos. Pide un libro de Balzac, que lo quiere en español, para que Lucía lo pueda leer también. Es que el hijo busca alicientes para la madre, que está cerca. Ella, dice Calixto, “tiene que cocinar y entre la cocina y el viaje a la ciudadela, a traerme la comida, se le va el día”.
1876, Octubre 14
El día del santo del hijo, Lucía escribe rebosante de dicha, porque ha tenido la dicha de almorzar con él en la prisión, pasando tres horas en su grata compañía y en la de Raimundo Menocal. “Allí estuvimos desde las dos hasta las cinco de la tarde, en que dio termino la visita y en que nos retiramos para que Calixto realizara el paseo diario de cinco a cinco y media en que le era permitido tomar el sol”.
1876, Diciembre 15

Carta de Lucía: “Estoy hecha un mar de dolores, hasta sabañones en los pies me han salido y mi pobre Calixto está con dolores en los huesos y malo del estómago, esto lo atribuye a no hacer ejercicio, pero así lo quieren estos señores”.
Doña Lucía regresa a Madrid a gestionar el traslado del hijo
Enferma, doña Lucía emprende viaje a Madrid con la esperanza de conseguir el traslado del hijo.
1877, Enero 3
Carta de Fernando Cisneros: “Llegó a Madrid nuestra Cía,[así llamaban a doña Lucía] enferma de dolores en los brazos. Calixto se lamenta de que ningún cubano le haya ido a ver, mientras que desde Barcelona han ido hasta Pamplona tres catalanes, amigos suyos, sólo con el objeto de visitarlo.”
1877, Enero 9
Raimundo Menocal que ha vuelto a Pamplona acompañando a doña Lucía, dice por carta: “El pobre prisionero cada día empeora en su situación. Hoy han prohibido que entre la criada porque el preso saludó a un oficial delante del gobernador. Y aún así el gobernador dice que es muy benigno y se compromete en dejar entra a Cía a verlo. Considera, amigo, lo que sufrirá él con esta intransigencia sin límites, puesto a merced de un bárbaro oficial”.
Calixto, mientras sufre, lee.
1877, Enero 13
Raimundo Menocal escribe a Rojas diciéndole que acaba de recibir por el correo los libros de Calixto y le dice en la carta: “no te olvides de preguntar cuánto vale la Historia Universal de César Cantú para comprársela también”.
1877, Enero 16
En esta fecha Calixto le escribió a su amigo Hilario Cisneros:
“El mes pasado escribí a Vd. por conducto de un amigo y hoy aprovecho la oportunidad de la marcha a esa de Raimundo Menocal para volver a hacerlo.
“Mi posición en nada ha variado de nueve meses a esta parte. Cada día se inventa alguna cosa nueva para mortificarme y si puedo escribir es valiéndome de mis medios para poder entregar las cartas a mi madre.
“He sabido que ya mi esposa está en esa [Nueva York] y le agradecerá a Vd. (ilegible) que hiciera cuanto en su mano estuviese  para que la (ilegible) de ella no influyera en la educación de Calixto [su hijo]. Mi único deseo es que este sea un hombre útil a la sociedad, sea cual sea la posición que en ella (ilegible) y crea Vd. que me preocupa más que mi prisión la idea de que mi hijo vuelva a  cometer las faltas de antes y que según Vd. dice había ya afortunadamente abandonado. En Vd. amigo mío, que ha sido su verdadero padre, es en quien espero que le corrija y encamine como podría hacerlo yo.
“Le recomiendo a Vd. particularmente al portador de esto, Raimundo Menocal, uno de mis mejores amigos.
“Soy de U. Sfmo y agradecido amigo.
“Calixto G. Iñiguez”
1877, Enero 31





Lucia escribe a Madrid: “Si el señor [Nicolás] Sterling hace algo por el traslado de Calixto, que Dios lo bendiga, el frío aquí es insoportable”. Y más adelante, tratando de asunto financieros: “La situación es angustiosa, yo no me he querido quejar porque no creyeras otra cosa, pero aunque me muera de hambre no pediré nada, si no puedo ir a popa iré a proa. Tu solo trata de conseguir el traslado de Calixto, no lo dejes de la mano”.
Lucía ilusionada con las gestiones que a favor de Calixto hacen unos políticos
Lucía está ilusionada con las gestiones que estaba haciendo el político conservador Silvela, pero, dice Raimundo Menocal, él “no espera mucho”.
1877, Febrero
Se produce una nevada copiosísima. Lucía cae en cama, con el brazo izquierdo entumecido.



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[1] La tradición dice que Doña Lucía se entrevistó con la mismísima reina de España.

[2] Una carta de Lucía a su hijo Calixto, que lleva casi un año en Pamplona, con fecha la carta de 26 de octubre de 1876, dice: “Raimundo y Paula te mandan expresiones”. Se refiere a Raimundo Menocal y a Paula Ruiz, lo que prueba que del primero tomaron el nombre para el niño que desde unos meses antes le ha parido Paula Ruiz al General. Y el apellido Domínguez Eguarás que el niño llevó lo tomaron de un matrimonio español al que le pagaron para que inscribiera al niño como suyo. Lucía siempre lo tuvo bajo su cargo.