ALDEA COTIDIANA

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CONVERSANDO SOBRE EL ENTRAMADO URBANISTICO DE HOLGUIN

25 de febrero de 2017

Donde se demuestra que la historiografía cubana está equivocada al creer que los colonizadores españoles no se interesaron en la actual costa holguinera



Como dice la tradicional historiografía cubana, ¿no se interesaron los colonizadores españoles en la zona de Cuba donde mayor cantidad de aborígenes vivían a su llegada? Sí se interesaron y seguidamente se pasa a probar esa afirmación.

 


El arqueólogo Dr. Roberto Valcárcel, revisitando las fuentes históricas tempranas, leyó un texto nombrado “Espejo de Navegantes” redactado por Alonso de Chávez a partir de información obtenida entre 1520 y 1530. Es “El Espejo” una recopilación de cartas de navegación en la que se relacionan puertos y accidentes geográficos para que los marinos la utilicen como guía durante el tráfico a lo largo del litoral cubano. 



La mayor cantidad de puertos de los que habla esa recopilación están ubicados entre los actuales Manatí y Punta de Mula, antes Punta de Cubanacán. Eso hace creer que llegaban comúnmente los barcos españoles a las tierras de Banes, si no para qué saber de ellos.
Por el mismo texto se sabe que los capitanes que llegaban a la zona eran importantes viajeros de la época que dieron su nombre a los dichos puertos y bahías. Así estuvo allí el Puerto de Duero, de Boyuncar, de Hernando Alonso, de Narváez, del Padre y de Cubanacán, lo que significa que en esas norteorientales costas eran común la presencia de Andrés de Duero, Pánfilo de Narváez, Hernando Alonso y otros de semejante relevancia.
Que tales personajes fueran y vinieran hasta allí hace creer que esos tuvieron intereses en el lugar y, posiblemente, en tierras interiores donde, para tan temprana fecha, parece, ya había fuerte actividad económica.
Incluso “Espejo de Navegantes” indica que Bocas de Baní era una entrada situada a dos leguas al este-sudeste de Punta de Cubanacán, donde, dice, tenía sus indios y propiedades Gonzalo de Guzmán, quien fue el segundo Gobernador español que tuvo Cuba.
Si tan alto personaje de la conquista tuvo propiedades e indios en el lugar, entonces es coherente pensar que también otros de igual relevancia también tuvieron posesiones en pueblos aborígenes cercanos a Baní, (que es como los españoles conocían a Banes), entre ellos El Chorro de Maíta, lugar ese donde se encontró  el más completo cementerio de las Antillas en el que hay restos de indios y de algunos europeos.
¿Ese cementerio es signo de que la zona era de interés especial para los conquistadores? Probablemente. En la parte noroeste del Cerro de Yaguajay, que es donde está emplazado el dicho cementerio, se han encontrado pepitas de oro, entre ellas una considerada entre las más grandes de la Isla. Incluso, aún hoy los vecinos practican la explotación de oro aluvial a escala artesanal, preferentemente en una zona conocida como Río de Oro.
¿Todos los aborígenes de la zona fueron obligados a trabajar buscando el preciado metal que los españoles ambicionaban y murieron después y los enterraron en el cementerio de Chorro de Maíta? No es de creer porque los depósitos auríferos de más importancia están en Aguas Claras y Guajabales, a unos 45 kilómetros al oeste de El Chorro, por lo que no es extraño que tal como fue costumbre de los conquistadores, los indios de Banes fueran obligados a trasladarse a los lugares donde estaban los yacimientos más ricos. Por datos antiguos se sabe que Manuel de Rojas enviaba sus indios de la provincia de Baní a las minas de Puerto Príncipe (Camaguey), pero dejó de hacerlo en 1526 porque no quería moverlos tan lejos dadas las afectaciones causadas por tales traslados.
Probablemente lo que ocurrió fue que al agotarse las minas de Baní  sus aborígenes fueron llevados a otros lugares, de lo contrario debían aparecer mayor cantidad de restos humanos en esa zona de tan alta concentración demográfica.
Y por otro lado, si el oro era tan poco, ¿qué iban a buscar a las bahías y puertos de la zona los conocidos capitanes que según “Espejo de Navegantes” llegaban tan a menudo? Que iban a cazar indios parece que es la respuesta más lógica. Pero la arqueología sugiere otra respuesta.
El temprano trabajo minero obligaba a la apertura de estancias proveedoras de alimentos que pudieron estar ubicadas en la zona próxima al litoral. Esa probable causa es la que lleva a los historiadores a creer que los puertos descrito en el “Espejo…” se usaban para entrada y salida de bienes, productos y personas.
Un elemento que reafirma la anterior hipótesis es el hallazgo de restos de muy antiguas Jarras de Aceite en Río Naranjo, una locación ubicada en la desembocadura de un río que se abre a la bahía de igual nombre. Bahía de Naranjo se cree que era la que en fecha temprana de la colonización se conocía como puerto de Narváez. Curiosamente los arqueólogos que exploraron el yacimiento solamente encontraron cerámica europea y ningún vestigio aborigen, lo que reafirma la creencia que fue aquel un punto de embarque vinculado al tráfico colonial temprano.
Por demás Naranjo se halla a sólo dos kilómetros de la zona aurífera de Cuatro Palmas e igualmente cercano al sitio El Porvenir.
En ese último lugar los arqueólogos encontraron herraduras para caballos y ese es un dato trascendente. Al inicio de la conquista los caballos eran muy escasos y costosos, tanto que Hernán Cortés cuando fue a conquistar México solo pudo llevarse dieciséis bestias, que es una cantidad considerada grande entonces. Pero, al parecer, el número de caballos creció de forma rápida a partir de la crianza local convirtiéndose en un importante rubro económico. Se prueba lo anterior con el siguiente dato: Dos décadas después de la salida de Cortés, Hernando de Soto se llevó a La Florida, 237 animales.
De todas formas, aunque aumentó la cantidad de caballos nacidos en Cuba, aquellos costaban una fortuna; por ejemplo se sabe que en 1579 por uno de esos animales había que pagar casi lo mismo que por una hacienda. Así que no es de extrañar que la crianza de caballos fue una ocupación valiosa a la que se dedicaron muchos de los primeros colonos asentados en la comarca. Herraduras de caballos han aparecido también en los sitios arqueológicos El Yayal y Alcalá, lugares esos cercanos al lugar donde luego surgió la ciudad de Holguín. Incluso, en Alcalá se halló una osamenta completa.
En El Porvenir también es notable la enorme cantidad de huesos de cerdo que se encontraron y se sabe que como mismo los caballos, los cerdos fueron introducidos por los conquistadores. ¿Era esa una estancia propiedad de hispanos donde vivían los colonos o sus administradores o mayordomos, dedicados a la explotación agrícola o agrícola-ganadera, y a la cría de cerdos? ¿Quiénes eran los obreros de la finca que estaba en El Porvenir, aborígenes solamente o junto a ellos había esclavos africanos y también mestizos? En el cementerio de Chorro de Maíta aparecieron restos de africanos. Y no es especulación la presencia de negros africanos en fecha tan temprana. El Dr. Roberto Valcárcel pudo consultar en el Archivo General de Indias un documento de 1537 en el que se registran estancias de la jurisdicción de la villa de Santiago de Cuba en las que trabajaban 138 indios y 193 esclavos africanos.
Queda demostrado que los conquistadores y luego colonizadores sí se interesaron y asentaron en tierras de Banes. Pero si hacen falta otras pruebas, esas las anotamos seguidamente.
En toda la extensa área de Yaguajay los aborígenes enterraban a sus muertos desde épocas inmemoriales en las cuevas vecinas. Sin embargo en El Chorro de Maíta, El Porvenir se encontraron entierros fuera de las cuevas formando cementerios, y se sabe que no hacían cementerios los aborígenes de las Antillas, o por lo menos, con excepción de los encontrados en esos dos lugares mencionados, no han aparecido otros en toda el área. Por demás solamente en esos dos lugares y también en Río Naranjo es donde se han encontrado objetos hispanos alrededor de los cadáveres.
Por lo anterior es que se cree que los tales cementerios fueron creados por influencia europea. 


Izquierda, entierro con ofrendas de cerámica encontrado en el cementerio de El Porvenir, Yaguajay. Derecha, vasija de cerámica hispana obtenida en el mismo sitio. Ambas imágenes fueron tomadas de Orencio Miguel (1949).

ISegún el arqueólogo de la Universidad de Yale, en los Estados Unidos, Irving Rouse, que hizo una visita a la zona y que en 1942 escribió un libro dando aviso de lo que vio y supo, el cementerio de El Porvenir se encontró a 2,5 km al sur de la costa y a 1,5 km al oeste de la Bahía de Samá, en la cima de una elevación no muy pronunciada. Consistía aquel en pequeños y grandes montículos, algunos de hasta dos metros de alto, dispuestos sobre la meseta en que culmina la loma (Rouse 1942:96). El cementerio de El Porvenir está a 3,3 km del cementerio de El Chorro de Maíta, descubierto mucho después y del que Rouse nunca tuvo noticias, aunque sí informaciones que le dieron algunos campesinos sobre restos que aparecían cuando ellos surcaban la tierra.
El cementerio de El Porvenir fue excavado en numerosas ocasiones, pero solamente aparecieron restos humanos durante los trabajos que dirigiera, en 1945, el coleccionista Orencio Miguel Alonso. En un  artículo que escribió Orencio Miguel en 1949 habla que inhumó osamentas de cinco individuos y asimismo otros residuales domésticos, entre estos últimos cerámica indígena y restos óseos de aves, mamíferos y peces. En algunos, también dice, encontró capas de ceniza compactada, elemento ese, que junto a los resto de fauna, indica que los entierros se hicieron en lugares donde antes hubo antiguos fogones y basurales.
Por esa misma información escrita y por las fotografías que la acompañaba, parece que todos los entierros eran primarios, o sea, que se trataba de individuos acabados de fallecer y no como en otros casos, en que eran restos desenterrados y vueltos a enterrar en un nuevo sitio. En los huesos tampoco no se observaban alteraciones como resultado de hacinamiento funerario.
Esos dichos esqueletos se ven en las fotografías boca arriba y con las piernas flexadas. El  antropólogo físico César Rodríguez Arce, después de mirar las fotos, consideró que los individuos parecen ser adultos, aunque los desenterradores no emitieron ningún dictamen al respecto y tampoco sobre el sexo u otros caracteres.
Tres de los esqueletos eran acompañados de ofrendas constituidas por vasijas de cerámica. Uno de ellos tiene alrededor piezas de diversas formas y tamaños, lo cual ha sido interpretado como indicio de la diversidad de alimentos ofrecidos y también como posible indicador de alto estatus (Valcárcel Rojas. 2003). Si se observa la fotografía anteriormente insertada en La Aldea se puede tener idea de las grandes dimensiones que debió tener la tumba; eso refuerza la idea de que en vida el difunto debió ser un personaje importante.
En dos de los entierros encontrados en El Porvenir se encontraron materiales hispanos, lo que demuestra que los difuntos fueron enterrados con la presencia de los conquistadores. Esos dichos materiales eran: punta de lanza de metal, cascabel, herraduras de caballos, dos hojas de tijeras, una lámina de bronce, un hacha de hierro, un bocado de freno para caballo, y cerámica diversa, incluida una vasija en forma de jarra con vidriado, propia de la cerámica europea de tiempos de la conquista (Orencio Miguel 1949)

Otros trabajos arqueológicos hechos en 1973 en el mismo lugar hallaron fragmentos de herraduras de caballos, puntas de espadas, clavos forjados a mano y cerámica vidriada. También huesos de cerdo (animal este introducido por los conquistadores), algunos con huellas de corte con instrumentos metálicos y otros muy fragmentados, posiblemente debido a que fueron masticados para consumir la medula.
Castellanos y Pino, que estuvieron a cargo de ese estudio publicaron un resumen en 1978 en el que hacen ver la poca cantidad de huesos de jutías e iguanas que encontraron en el lugar, animales estos tan usuales en sitios aborígenes. Precisamente esa poca cantidad de huesos de iguana y jutías es prueba de que los aborígenes sufrieron un cambio de dieta después que comenzaron a relacionarse con los europeos.
Igual en El Porvenir apareció una pata de metate, objeto ese que demuestra que fueron introducidos en la zona aborígenes procedentes de mesoamérica.
Muy cerca de El Porvenir apareció otro sitio de habitación, Los Carboneros. Y próximo a ese “pueblo” aparecieron varias cuevas funerarias, lo que prueba que los aborígenes de la zona, sin la influencia europea, no hacían cementerios.
Otras pruebas de la presencia europea conviviendo con los aborígenes de la zona de Yaguajay aparecieron antes que el cementerio de Chorro de Maíta, en Río Naranjo, un sitio arqueológico ubicado en torno a la bahía de igual nombre. En este lugar se encontró abundantes Jarras de Aceite muy semejantes a las que se fabricaban en Europa en tiempos de la conquista.
Por su parte en la zona de Banes, a 15 y 20 km al oeste de El Chorro de Maíta, se encontraron otros varios sitios indígenas con material hispano: Varela III, Cuadro de los Indios, Loma de Baní, Potrero de El Mango y Esterito (Valcárcel Rojas 1997), aunque todos esos con menos evidencias europeas que El Porvenir. Diferente fue en sitios localizados más al sur: Barajagua, a 55 km de El Chorro de Maíta, Alcalá, a 34 km, y El Pesquero y El Yayal, próximos al lugar donde se levantó al ciudad de Holguín, a unos 50 km


Algunos de los principales sitios indígenas con material europeo encontrados en territorio de la actual provincia de Holguín. 1, Río Naranjo, 2, Cuadro de los Indios, 3, Potrero de El Mango, 4, Varela III, 5, Loma de Baní, 6, Esterito, 7, Barajagua, 8, Alcalá, 9, El Yayal, 10, El Pesquero.

En todos esos lugares se encontraron grandes cantidades de piezas hispanas, particularmente Alcalá y El Yayal. Este último es considerado el lugar donde se radicaron los indios encomendados a García Holguín y tiene indicios de hallarse vigente aún en 1580 (García Castañeda 1949:200; Domínguez 1984).
Esas consideraciones fueron tomadas en cuenta por el Dr. Roberto Valcárcel para enunciar una nueva visión en torno a Chorro de Maíta, o sea, como sitio de convivencia de aborígenes y españoles, muy diferente a la primera, que consideró al cementerio un espacio propio de aborígenes, sin tomar en cuenta la presencia europea. Lógicamente para eso fue preciso un largo estudio, conseguido gracias a la colaboración de una larga lista de laboratorios extranjeros.