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La historia de LOS CHINOS que le dieron nombre al famoso agromercado holguinero

8 de febrero de 2017

Calixto García. Biografía. 54


1880, Marzo 26
Calixto parte hacia Cuba
Al fin, a las ocho de la noche, se congregan en un muelle de New Jersey un valeroso grupo de 26 cubanos, que dos horas más tarde se hacen a la mar. El general viste pantalón y camisa grises, calza zapatos de pelotero y se toca con sombrero de castor. Cada combatiente lleva una bolsa con cien tiros.
En un remolcador, burlando la vigilancia de las autoridades yanquis, el general se dirige hacia la goleta que le espera mar afuera.
Se quedan Carlos Roloff y José M. Aguirre

Circunstancias imprevistas impidieron que los patriotas Carlos Roloff y José M. Aguirre lo acompañaran.
Desde el remolcador Calixto le escribió a Leandro Rodríguez. “Estoy desesperado por haberse quedado Roloff y Aguirre, no solo por la falta que me hacen; sino por la mala posición en que quedan. Trate de embarcarlos para Jamaica, por el vapor del martes, que así tal vez puedan ir con Bonachea. Mande la adjunta [carta] a mi esposa”.
El General nada más deja a los suyos por herencia 48 latas de leche condensada
En aquel final de invierno durante el cual el General se marchaba de Norteamérica, Isabel quedaba sola otra vez, con un niño de dos meses de nacido, al que el padre, antes hacendado y señor de esclavos y ganado, solamente le dejaba por herencia, 48 latas de leche condensada.
1880, Abril 4

Desafortunado desembarco en Cuba
Después de las peripecias naturales de viaje tan arriesgado, están prestos a desembarcar. Han llegado frente a las costas de Cuba, en un punto ubicado entre Aserradero y Punta Brava. Bajan un bote. Los primeros hombres llegan a tierra y ya comienzan a bajar el segundo contingente, pero teme el General no poder bajar lo que llevan por allí y decide mandar a buscar a los que estaban en tierra. Ya viene el bote de vuelta cuando ven una luz cerca que crece: se trata de un crucero español que se acerca. Por órdenes de Calixto el barco en el que viajan suelta las velas y se da a la mar, sin tiempo para recoger a los hombres que volvían. No paran hasta Jamaica[1].
El gobierno inglés en Jamaica confisca la goleta
El general y el resto de los hombres, en Jamaica, escondieron los pertrechos y luego perdieron la goleta, confiscada por el gobierno inglés.
1880, Abril 24
Después de agotadores esfuerzos, el General pudo conseguir un bote con capacidad para una docena de hombres, y en esta fecha zarpó rumbo a Cuba con quince compañeros. Pero todavía surgen nuevos contratiempos: a varias millas de la costa jamaiquina se les rompe el mástil y tienen que retornar a remo.
1880, Mayo 4
Los expedicionarios reanudan el viaje: ahora son 19 hombres.
1880, Mayo 7
Definitivo desembarco en Cuba
El general Calixto García desembarca en Cuba, en un lugar situado entre Aserradero y Cojímar. Un autor español dijo que “había desembarcado a solo dos kilómetro del más poderoso de los fuertes que tienen los españoles en toda la costa del Turquino. Para entonces el movimiento revolucionario ya estaba extinguido”.
Martí saluda el desembarco de Calixto en Cuba
José Martí, optimista siempre, escribe en Nueva York cuando sabe del arribo de Calixto a Cuba: “¡Saludado sea el nombre que a todos enorgullece, saludados los que murieron esperándole…!
Sabida la llegada de Calixto, el Camaguey se alarma con la noticia, pero no secunda el movimiento por considerarlo prematuro. En Las Villas hay hombres sobre las armas: Carrillo en Remedios y Serafín Sánchez en Sancti Spíritus, pero no hay contacto entre villareños y orientales. Serafín dice a su madre por carta, sin saber nada de la llegada de Calixto: “Nos embarcamos mañana para el extranjero, lo que deseo con vehemencia, torturado mi corazón bajo el peso abrumador de negro descontento. La conciencia pública aprueba nuestra determinación por ser el único medio de evitar el suicidio inútil de los cuatro hombres que hemos quedado sin objeto sobre el terreno de honor”.
Proclama de Calixto recién desembarca
Tan pronto como el general García pone el pie en tierra cubana lanza una vibrante proclama, pero, sin que él y los suyos lo sepan, ya el movimiento había fracasado.



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[1] Los patriotas del bote, llevados por la corriente, encallaron cerca de Cabo Cruz, pudiendo incorporarse a Goyo Benítez, que aislado ya en las montañas orientales, había perdido la esperanza de salvar la vida. Eran sus nombres: Ricardo Machado, Nicanor Ambrosio Santiésteban, Eugenio Carloto, Francisco Marrero y Francisco Moncayo.