ALDEA COTIDIANA

           En HOLGUIN, Cuba, como en todos los lugares del mundo, ocurren hechos triviales, bellos a fuerza de fugaces                                                          Esta ciudad la construyeron mis padres vísperas de mi nacimiento y quisiéramos que nada se perdiera, que todo lo que fue haciéndose desde nuestros padres a nosotros, permaneciera intacto y puro, porque la ciudad es el escudo que hace que nuestros nombres no se olviden                                                    300 aniversario del pueblo de Holguín en 2020
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Toda la aldea a la mano

HÉCTOR LAVOE INTERPRETA AL HOLGUINERISIMO GUAYABERO

12 de agosto de 2017

Faustino Orama, El Guayabero. testimonios. Irma Orama, sobrina



 
Irma Orama Meriño. 
Sobrina, compositora y cantante (Holguín, 1933).
Para mí fue como un padre y el mejor tío del mundo. Mi padre Nacianceno tuvo dieciocho hijos con diferentes mujeres y yo vivía sola con mi mamá. Muchas veces andaba descalza, y él con el dinero que le regalaban por sus descargas en la Plaza de la Marqueta me compraba unas sandalitas de cuero. Recuerdo cada una de sus atenciones con infinito cariño.
Aún con pantalones cortos integró grupos soneros como los de mi papá, Pepe Osorio, Mario Patterson y el de Martínez Cauce (Cuerito), con los que recorrió parte de Oriente. Luego fundó el suyo con el que participaba en diversos programas radiales y desarrolló una escuela de la síncopa y el son de verdad.
Deseosa de cantar en su programa radial del mediodía, en una ocasión, aún siendo muy pequeña, me le aparecí en la CMKF con muchachos del barrio que me acompañaban con laticas, tambores y palitos de clave. Él, muy cariñoso, me dijo que cuando ensayáramos me llevaría al programa, y así fue.
Su presencia fue el mayor estímulo en mi vocación musical.
Posteriormente yo también fui para él como un ángel guardián. Durante parte de los años cincuenta viví en La Habana. Él se quedaba largas temporadas en mi casa. En una barbería de la calle Infanta, cercana a Radio progreso, gustaba de descargar y también en una barra o cantina también cercana, en la que permanecía hasta la madrugada. Dormía hasta la una de la tarde y volvía a la faena. No pasaba el cepillo porque tenía su orgullo, pero siempre le dejaban caer algo. Para él lo más importante era disfrutar la vida bohemia y dar a conocer su música. En ocasiones descargaba en la barra del cabaret Las Vegas, en El otro mundo, ubicado por la Esquina de Tejas o en el Rumba Palace de la Playa de Marianao, luego que allí terminaba el último de los espectáculos de la noche.
En esos recorridos conoció y estrechó amistad con el Niño Rivera, Gilberto Noroña (Carioca) y Pío Leyva y se reencontró con viejos amigos como Mario y Octavio Sánchez (Cotán), Luis Peña (El Albino) y Manuel Licea (Puntillita). Con algunos de ellos canté y me fui desarrollando en diversos géneros de la música cubana, pero si es cierto, como algunos dicen, que desarrollé espuela de gallina improvisadora, eso se lo debo a mi tío. A él dediqué piezas como El bastón de El Guayabero, con la que obtuve premio en el Festival del Humor, y que de alguna manera reflejan mi gratitud infinita, pues más que tío fue un padre y un guía, y a su lado viví momentos trascendentales de mi vida y de mi carrera artística como las giras por Cuba en El comedor de Guachinango y por Andalucía durante El Encuentro del Flamenco y del Son en 1994.