ALDEA COTIDIANA

           En HOLGUIN, Cuba, como en todos los lugares del mundo, ocurren hechos triviales, bellos a fuerza de fugaces                                                          Esta ciudad la construyeron mis padres vísperas de mi nacimiento y quisiéramos que nada se perdiera, que todo lo que fue haciéndose desde nuestros padres a nosotros, permaneciera intacto y puro, porque la ciudad es el escudo que hace que nuestros nombres no se olviden                                                    300 aniversario del pueblo de Holguín en 2020
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Toda la aldea a la mano

HÉCTOR LAVOE INTERPRETA AL HOLGUINERISIMO GUAYABERO

12 de agosto de 2017

Faustino Orama, El Guayabero. Testimonios. Ramón Avilés



 
Ramón Avilés. “El boxeador que canta”
Destacado intérprete de las composiciones de Faustino.
Yo empecé cantando boleros, pero la obra de grandes soneros como él me inclinaron por el son montuno. Lo conocí por 1968, cuando aún no tenía el grupo y con su tres bajo el brazo recorría Cuba. Entablamos una gran amistad y cuando iba a La Habana, junto a Acanda, lo buscaba en el hotel Lincoln donde siempre se hospedaba e intercambiaba mucho con él. Llegué a tener trece o catorce piezas suyas en mi repertorio y admiré al creador pero también al hombre simpático, humilde y generoso.
Creo que lo conocí profundamente y sin verlo o escucharlo cantar, podía reconocerlo con solo oírlo tocar su tres, ya que poseía una cuerda quinto en el centro que le daba una sonoridad personal e inconfundible.
Con sus sones obtuve importantes éxitos, uno de ellos fue durante mi primer viaje al extranjero en 1974, año en que junto a Ramón Veloz y otros artistas cubanos actué en Panamá y Costa Rica. En todas las presentaciones, Mañana me voy a Sibanicú, o Me vuelve a morder la perra, como algunos le decían, fue la pieza más aplaudida. Incluso un empresario insistió para que se incluyera en un disco que se realizó por una disquera de allá.
Posteriormente estuve cerca de diez años trabajando con el grupo Vieja Trova Santiaguera en España y otros países. Al regresar me casé y establecí en Matanzas, y él, deseoso de verme, se afanó en localizarme y un día se apareció en mi casa e insistió en obsequiarme 350 dólares para que me comprara un nuevo televisor. Siempre me demostró muchísimo afecto y en más de una oportunidad me envió su automóvil para que no faltara a los homenajes que le realizaban en Holguín.