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12 de agosto de 2017

Faustino Orama, El Guayabero. Testimonios. Gustavo Márquez Bermúdez



Gustavo Márquez Bermúdez (1952).
Trompetista, compositor, orquestador y director

Mi padre Eduardo Márquez, trompetista de la Orquesta Avilés, trabajó ocasionalmente en el conjunto suyo, que en esa época era de los llamados «ven tú», o sea, se reunían músicos para cumplir determinados contratos. Muchas veces él personalmente iba a mi casa a buscarlo para ir a amenizar fiestas en bateyes y barrios.
Solía conversar mucho con mi papá, yo era entonces muy pequeño y me impresionaba aquel hombre tan alto que nunca soltaba el tres de la mano e inclusive me maravillaba cuando a veces lo tocaba en mi presencia.
Con el transcurso del tiempo, su trabajo fue creciendo y ganando en reconocimiento, lo que junto a aquellas vivencias de mi infancia, de alguna manera me estimularon a desarrollarme como compositor y músico, no en su estilo pero sí en la vertiente del son.
Con él tuve la posibilidad de alternar en varias oportunidades, la primera fue siendo yo muy joven cuando en sustitución de mi padre, participé, formando parte de la Avilés, en un carnaval de Santiago de Cuba. Coincidimos en el mismo hotel, y en una ocasión en que estábamos en el restaurante del hotel, el músico Tony Pérez tomó el tres que había dejado al lado de la puerta y empezó a tocar funky. El Guayabero se levantó como un bólido de su asiento, le quitó el instrumento y muy molesto le dijo: «Dame acá el tres que le estás enseñando malas palabras», el incidente hizo reír a todos los presentes y a muchos que luego conocieron la anécdota.