ALDEA COTIDIANA

           En HOLGUIN, Cuba, como en todos los lugares del mundo, ocurren hechos triviales, bellos a fuerza de fugaces                                                          Esta ciudad la construyeron mis padres vísperas de mi nacimiento y quisiéramos que nada se perdiera, que todo lo que fue haciéndose desde nuestros padres a nosotros, permaneciera intacto y puro, porque la ciudad es el escudo que hace que nuestros nombres no se olviden                                                    300 aniversario del pueblo de Holguín en 2020
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Toda la aldea a la mano

HÉCTOR LAVOE INTERPRETA AL HOLGUINERISIMO GUAYABERO

12 de agosto de 2017

Faustino Orama, El Guayabero. testimonios. Angel Luis Reyes



Conjunto Los Guayaberos

Ángel Luis Reyes.
Trompetista del grupo Los Guayaberos
El Guayabero fue una persona extremadamente humilde que ayudó a muchas personas. Yo fui una de ellas. Cuando entré a su grupo por alguien insustituible, como era el maestro Manuel de Jesús Leyva (Koko), tenía muchas dificultades con el transporte, pues vivía en Mayarí. En una ocasión en que se hablaba del asunto dijo «eso se va a acabar, pues se irá a vivir a mi casa. Él es mi hijo». Así fue como durante largo tiempo tuve el honor de compartir mi vida junto a él.
Cuando entré al grupo pensé que sería fácil, pero el suyo no es como cualquier son que uno hace un floreo, un solo bonito y ya tienes un terreno ganado. Su base armónica está fundamentada por tónica y dominante, que son dos acordes, y se exige inventiva y a la vez ser fiel a su estilo, a su tumbao que representa una tradición que tenemos que preservar y que he comprobado que gusta lo mismo en Cuba que en el extranjero.
Con él aprendí mucho lo que es identidad y cubanía, pero también de valores humanos. Llegamos a ser como familia. Me hablaba mucho de Eliades Ochoa, de Pacho Alonso, de Ibrahím Ferrer y en ocasiones me tocaba el tres. Compartíamos de una forma muy fraterna y sana la vida hogareña. Cuando iba algún visitante a comer a la casa, le decía a la señora que nos atendía: «China, para los invitados cerveza, para el niño, refresco».
Después de su muerte yo iba semanalmente al cementerio a ponerles flores a él y a Koko Leyva, esa idea la voy a retomar en merecido acto de agradecimiento.