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14 de julio de 2018

José Miró Argenter, el primero en 1895 en dar la voz de guerra en Holguín



Por: María Julia Guerra y Edith Santos
El catalán José Miró Argenter fue el primer hombre en dar la voz para que los holguineros se alzaran en armas en la guerra organizada por José Martí:
El 22 de febrero de 1895, cuando llegó el telegrama de Juan Gualberto Gómez a Manzanillo, el general Masó y sus conjurados se reunieron en una casa situada en las alturas de la ciudad, para cambiar impresiones y cumplir sin demora la orden de levantamiento señalada para el día 24. La mayoría de los presentes estuvo de acuerdo en salir el mismo día 24, pero José Miró expuso muy acertadamente que el que amaneciera en su casa el día 23 sería detenido y encarcelado, y que él, Miró, no estaba dispuesto a que lo apresaran, y que para evitarlo se iría ese mismo día 22. Y así lo comprendieron y aprobaron todos y lo llevaron a cabo. El General Masó se fue con algunos amigos a su finca “La Jagüita” y de allí a Bayate, lugar éste donde el día 24 lanzó sus dos patrióticas proclamas anunciando y justificando la guerra que desde ese momento se declaraba por lo cubanos al gobierno colonial. Por otro lado Miró, acompañado por Jaime Muñoz, se puso en camino hacia Holguín para avivar y fortalecer con su presencia y prestigio el moviendo encabezado por los hermanos Sartorio, Diego Carballo y Pablo García, que se hallaban vinculados a él.
Desde mitad del camino y después de hacer noche en una finca cercana al pueblo de Barranca (el mismo donde Carlos Manuel de Céspedes hizo pública una valiente proclama en 1868), Muñoz, que era como un hermano de Miró y con quien hizo toda la guerra como Jefe de su Estado Mayor, regresó a Manzanillo, por encargo de éste, para que trasladara a Holguín a su esposa, Luz Cardona de Miró, que había quedado allí. Y así lo hizo.
Queda pues, demostrado, el hecho de que dos días antes, o sea, el 22 de febrero, la gente comprometida de Manzanillo, donde por la jerarquía y prestigio del General Masó estaba de hecho consolidada y definida la conspiración, en relaciones directas con el Delegado de la Junta Revolucionaria, se hallaba en el campo y que “gracias a haberse recibido oportunamente el telegrama en dicha ciudad, no fueron encarcelados los individuos que componían el Comité Revolucionario[1].
En el camino de Manzanillo a Holguín se le fueron sumando a Miró algunos hombres, casi todos sin armas ni caballos, por lo que él les pidió que regresaran a sus casas hasta que se les pudiera armar.
El día 23 por la noche llegó a Mala Noche, en la jurisdicción de Holguín. Le acompañaban Luis Jerez y otros hombres y allí se les incorporaron Diego Carballo y Pablo García. Se hospedaronn en la casa de Antonio Santiesteban, a quien pidió Miró que le comunicara a los hermanos Rodríguez, a los Sartorio, a Panchito Frexes, y otros, el lugar donde se encontraba: así se inició la Guerra en el territorio holguinero.
A su llegada a Cuba, el Generalísimo Máximo Gómez dividió el mando de esta región en dos: la occidental, en la que dejó a Miró al frente, y la occidental con Luis de Feria Garayalde.
Desde los primeros momentos Miró, que conocía la imperiosa necesidad de recaudar armas, conseguir caballos y movilizar hombres para la guerra, hizo un periplo por la zona de Holguín. “El alcalde de Tacajó notifica al gobierno de Holguín, que el 27 de febrero de 1895 se presentaron en  su alcaldía Miró, los dos Sartorios, don Teófilo Martínez y varios individuos, hasta el número de trece o quince, entre ellos iban armados de tercerolas cinco o seis”.[2]
El 15 de marzo el alcalde de San Lorenzo comunicó que allí estuvo el día 13 con una partida de 18 a 20 hombres entre blancos y de color, todos armados. Cambiaron tres caballos. Desapareció don Prudencio Acosta, blanco, vecino y casado que se supone incorporado a la partida. Esta emprendió seguidamente marcha en dirección a Calabazas.[3]
Miró Argenter estableció su campamento en la prefectura de Tacámara. Es precisamente allí donde  recibe, de manos de Ángel Guerra, una carta de José Martí:

CARTA AL CORONEL JOSÉ MIRÓ ARGENTER
Hato en Medio, 7 de mayo de 1895
Sr. coronel José Miró
Al fin, en el placer superior del servicio abnegado de una causa pura, iba a conocer de cerca a Ud., y saludarle en persona, ya que mis dos comisionados especiales, detenidos en Manzanillo uno y en La Habana otro, no pudieron traerle antes el saludo, la pasión por la libertad que con razón le hace a Ud. mirar como propia la tierra que como a propio mira, y le ha movido a entrar, con sus cualidades superiores, a una vida que demanda el continuo sacrificio de sí al bien común, y sólo nos da por premio verdadero la majestad de la estimación propia, y la fuerza y consuelo del cariño de los hombres capaces de entendernos y amarnos. Y me empiezo a apartar de sus tierras con la pena de que por ahora, en mi rápido viaje a los servicios que me sea dable prestar, no he de poder abrazarlo, ni gozar más de cerca del fruto de su pensamiento y el calor de su palabra.
A prudencia continua, y sincera aceptación de la realidad útil, y sutil y provechoso conocimiento de nuestra larga historia y compleja constitución, hemos podido ir levantando esta obra unida, por la reflexión ordenada donde ha sido posible y la cooperación espontánea donde no pudo llegar el concierto, de todos los elementos hábiles, apetecibles o inevitables, de la revolución. Ya estamos en marcha, y en camino de victoria,- si no apeamos la mano a la pelea, sin más descanso que el de la independencia, y no perdemos de vista, en la delicada composición y trances de la guerra, toda esa realidad, de derechos previos o actuales, al respeto a la cual debo, en mi humilde parte, cuanto he podido hacer,- con sofocación voluntaria de cien ímpetus y capacidades que pueden existir en mí, para dar a la patria, en pie sobre su suelo alzado, todos los elementos necesarios para su redención. Si en algún hombre se puede fiar para que ayude a Cuba a componer, y hacer de todo viables, las fuerzas necesarias para el triunfo, y a acumular, en vez de restarle, sus elementos naturales e imprescindibles, él ha de ser de la especie poco común de hombres a que Ud. me parece pertenecer:- la de los que al empuje de la resolución en momentos críticos, unen la grandeza que jamás pone precio a sus servicios,- y el reconocimiento oportuno de la utilidad ajena. Servir es nuestra gloria, y no servirnos: y Ud. es de esa talla. Mucho puede Ud. hacer, con ayuda de gente probada, y vieja en la guerra y en esa comarca, por poner pronto en pie brillante de pelea continua a esa región, cargada de glorias, que a Ud. y a mí, que caemos mozos en esta contienda, nos costará trabajo imitar. Lo que haya que vencer y suavizar para esa labor, y aun aquello en que pudiera tener que vencerse, en justicia y oportunidad, Ud. mismo- eso es de su magnanimidad y prudencia, que de seguro adornan a Ud. en el mismo grado que el ímpetu, el talento y el valor.
En esta fe, y con tiempo más escaso del que desearía, saluda a Ud. con vivos deseos de verle de cerca alguna vez, y agradecimiento sincero por su ayuda en la causa de nuestro honor.
El Delegado
                                                                                           José Martí

No tenemos documento alguno que nos diga desde qué fecha José Martí tenía conocimiento de las actividades de Miró Argenter en Holguín, pero tal vez por informes incompletos o mal intencionados, en 1894 aún no estaba totalmente convencido de su actuación y así se lo dice en carta a Antonio Maceo:
“Por allí los visibles, que andan como ordenando, y me llenan de cartas y no mi inspiran fe, son los Sartorios y Miró, que son vistos por los nuestros como de reojo, y así creo que ha de ser; mientras no se vean más claro en ellos”.[4]
Sin embargo, en la carta que le envía de mano de Ángel Guerra se lamenta que otros no pudieron traerle su saludo personal y le reconoce su valor personal y su actitud en la participación de una lucha que no es por su tierra, España, sino por Cuba.
Tan pronto Miró recibe la carta y toda vez que Martí le dice en ella que no se podrán ver en esa ocasión pues se aleja de las tierras holguineras, decidió salir a su encuentro y delante envió a Pancho Díaz, para que lo alcanzara en el camino hacia Altagracia y le avisara de su próxima llegada.
En su Diario Martí nos describe y da sus impresiones de la llegada de los holguineros que han ido a alcanzarlos y sobre Miró:
Miró llega, cortes en su buen caballo: le veo el cariño cuando me saluda: él tiene fuerte habla catalana; tipo fino, barba en punta y calva; ojos vivaces. Dio a Guerra su gente, y con su escolta de mocetones subió a encontrarnos (…) Miró, a gesto animado y verba bullente; alude a su campaña de 7 años en La Doctrina de Holguín, y luego en El Liberal de Manzanillo (…) donde les sacó las raíces a los “cuadrilongos”, a los “astures”, a la “malla integrista”. Dejó hija y mujer y ha paseado, sin mucha pelea, su caballería de buena gente por la comarca.[5]
El 11 de mayo en el lugar conocido por La Travesía, se separa Miró de Martí y se pone a disposición de Maceo.
……………
En los primeros días de junio el general Antonio Maceo había incursionado por los distritos de Holguín y Las Tunas y el día 14 en carta al general Masó le indica que en las fuerzas de su jurisdicción (Bayamo) debe bosquejar los cuadros respectivos de los cuatro regimientos que  se deben formar y le precisa que “no sería vicioso la repetición del nombre Céspedes, Aguilera, pudiendo ponerle a los restantes Figueredo y Maceo, caídos todos en la gigantesca epopeya de los Diez Años”.[6]
Es posible que Maceo orientara lo mismo a los jefes de Holguín, pues el día 16 de junio Miró y algunos de los holguineros que conocieron a José Martí forman un Regimiento mixto de infantería y caballería, que quedaría al mando de Miró Argenter, y lo nombran Martí.
El 23 de agosto, desde Velasco, informan al gobierno español en Holguín que cinco hombres de Miró y seis que no especifican a quien responden, mandados por Pepe González y Manuel Pereira, merodean por Velasco, Bocas, Limones, Hatico y Uñas, recaudando dinero y hombres.[7]
El 29 de septiembre En la finca Santa Inés, ubicada en los montes de Bijarú, acampó Miró con su regimiento Martí, compuesto por más de 500 hombres. En este lugar se une al general Antonio Maceo, quien incursiona en territorio holguinero para seguir al de Bayamo.
……………………
El contingente invasor, mandado por el general Antonio Maceo, parte desde Mangos de Baraguá el 22 de octubre de 1895 y llega a Mala Noche el día 31, donde permanece hasta el 3 de noviembre. Allí se le incorporan los regimientos de caballería Martí y García. Maceo estructura y organiza su Estado Mayor. José Miró Argenter es designado jefe del Estado Mayor.
Tras la caída en combate del Titán de Bronce, el 7 de diciembre de 1896 en San Pedro de Punta Brava, Miró se dirige al encuentro de Máximo Gómez, a quien le pide licencia para reponer su salud junto a su familia.
El 6 de enero de 1897, ya en la provincia de Camagüey, le escribe a su esposa Luz Cardona de Miró:
“Hállome ya en este territorio y en marcha para el lugar de tu residencia [El Anoncillo]. Mando con anticipación al Capitán Augusto Ramírez para que sepas de mí y que pasamos sin novedad la trocha de Júcaro a Morón, que tanto cuidado te inspiraba”.[8]
Y, más adelante:
“Con Augusto te envío 10 centenes para que se provean de lo que haga falta de momento. Yo no puedo tomar otro alimento que leche y algún pollo”.[9]
Y asimismo le avisa que con él viene Jaime Muñoz y le pide vea el modo de adquirir algunas galletas, pues no puede comer vianda de ninguna clase.
Desde Camagüey Miró continuó su labor de colaboración con el periódico independentista que se publicaba en la manigua “El Cubano Libre”; precisamente es entonces cuando organiza los papeles escritos durante la invasión, los cuales publicará en forma de libros. No se incorporó de nuevo a las filas combativas.
LA VIDA DE MIRÓ ARGENTER
A José Miró Argenter nació el 4 de marzo de 1851 en la villa catalana de Sitges, España; cursó dos años de medicina en Barcelona pero abandonó la carrera. Luego se enroló en el ejército carlista donde se desempeñó como jefe de compañía con el grado de teniente. En 1874 se licenció y embarcó para Cuba. Permaneció en la ciudad de La Habana hasta 1876, trabajando en la Casa Comercial de Barahona Domenech.
Enfermó de una dolencia intestinal, la que se le hizo crónica. Se trasladó a Santiago de Cuba, donde conoció en 1878 a Antonio Maceo, en el almuerzo de despedida que le ofrecieran cuando este iba a embarcarse para Jamaica.
Por un artículo que Miró escribió en un periódico de Santiago de Cuba, en el que denunciaba  los maltratos a que había sido sometido un negro fue enjuiciado y condenado a tres años, seis meses y 21 días de cárcel, pena que le fue conmutada por la de destierro a 20 leguas de la capital de Oriente. Este azar lo trajo a la ciudad de Holguín. Pasado algún tiempo en esa ciudad se le designó director de un periódico autonomista, al que puso por nombre  La Doctrina.
Por sus labores conspirativas en la ciudad y los artículos de denuncia que publicaba fue conminado a abandonar la ciudad y partió para Manzanillo. Allí fundó El Liberal, periódico abiertamente de oposición al régimen colonial español. Por uno de los artículos que publicó las autoridades españolas ordenaron su detención y fijaron una fianza de 10 mil pesos. Apresado fue enviado a la cárcel de Santiago de Cuba por espacio de dos meses, a donde le acompañaron la esposa y la hija Remedios. Al cabo de ese tiempo retornó a Manzanillo y continuó conspirando. De allí partió para alzar en armas a la zona de Holguín el 24 de febrero de 1895.
Pocos días después, 14 de marzo, se batió con una columna española en Ciego La Rioja. El combate se extendió hasta Los Marcano y Ojo de Agua. Cuando el general Antonio Maceo llega  a Cuba (1ro de abril de 1895), le ratifica el grado de coronel a Miró, y en el mes de septiembre lo asciende a general de brigada. Luego lo nombra en el cargo de jefe de Estado Mayor de la columna invasora.
Durante la campaña de invasión a occidente estuvo junto a Maceo. Se destacó en el combate de Iguará (3-12-1895), en la zona de Sancti Spíritus, y días después en el de Mal Tiempo (15-12-1895), por el cual se le propuso para el grado de general de división, el que le fue reconocido al  terminar la guerra.
Participó y fue herido en el combate de San Pedro (7-12-1896), donde cayó muerto el mayor general Antonio Maceo.
Luego Miró pidió licencia para regresar a las provincias orientales a reponer su salud. Se quedó en una zona de Camagüey, con su familia en el monte, y se dedicó a escribir para el periódico El Cubano Libre y sus Crónicas de la Guerra, que posteriormente a la salida de España de la Isla fueron publicadas como libro.
Terminada la guerra volvió a Manzanillo y fundó y dirigió el periódico La Democracia. El 23 de enero de 1899 lo nombraron inspector del Departamento Oriental. Asimismo se desempeñó como secretario de la Junta Liquidadora del Ejército Libertador.
Finalmente se estableció en La Habana y durante los primeros años de la República se encargó del archivo del Ejército Libertador. Murió en la capital cubana el 2 de mayo de 1925.




[1] Nemesio Lavie Bayate. “Índice de la Revolución de 1895”, pp. 64 y 65.
[2] Archivo Provincial de Historia, Holguín. Fondo Gobierno. Expediente 888ª, Número 32.
[3] Ibídem. Expediente  890. Número 32
[4] Obras Completas. T.3, p. 246.
[5] Obras Completas. T. 19, p. 232.
[6] José L. Franco. “Antonio Maceo”. T.II, p.125.
[7] Archivo Provincial de Historia, Holguín. Fondo Gobierno. Legajo 165, número 5641.
[8] Martha María Fernández Rodríguez. “José Miró Argenter: el catalán mambí”, p. 54.
[9] Ibídem, p. 54.

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