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20 de octubre de 2014

La Encomienda.



Se ha debatido sobre la semejanza o no entre la Encomienda y el repartimiento de tierras, aunque a esta altura ya es claro que fueron líneas diferentes, solo que la Encomienda, al referirse a pueblos de indios, llevaba implícita en sí la utilización de la tierra de aquellos.

Los repartos de tierra[1] a los vecinos se realizaron mediante las estancias[2], que se medían en peonías o caballerías[3], y los solares[4].

El agotamiento de las vetas superficiales del oro, el paso de la colonización al territorio continental, la despoblación aborigen por la vía del etnocidio y las repercusiones de la gran insurrección aborigen entre 1520 y 1540, echaron por tierra la primera colonización hispana, poniendo en ruda crisis las villas y estancias. Reflejando el caos de aquellos años el Obispo Diego Sarmiento informaba al Rey desde Bayamo, el 20 de abril de 1556: “y aún lo que la tierra produce es muy caro. (…) Los indios se van acabando y no se multiplican”[5].

La falta de mano de obra aborigen y el fin de la minería la suplieron la tierra dada en usufructo[6] y la importación de esclavos. Ahora que los conquistadores comenzaron a tener la tierra estos echaron mano a la experiencia  agropecuaria que se había acumulado durante las estancias, lo que contribuyó a la solución del problema, pero, asimismo fue decisiva en momento tan crucial la rápida aclimatación del ganado vacuno y de cerda.

Las primeras mercedes de tierra fueron las sabanas donde pastaban los hatos, cuadrillas o manadas de reses[7]. Con la práctica  y el paso del tiempo el vocablo “hato” se convirtió en la denominación de la posesión ganadera y el usufructo en propiedad de facto. Desde entonces las haciendas se llamaron hatos o corrales, (y se dedicaron a la explotación del ganado mayor o menor), mientras que las estancias eran los conucos o sitios de labor (estas eran de mediana o pequeña extensión).

Al estabilizar sus medidas a fines del siglo XVI, un hato contenía 16 leguas cuadradas, equivalentes a 22 606 hectáreas y el corral, 5 650 hectáreas. Técnicamente Pichardo lo definió como un polígono regular inscripto en un círculo de 72 ó 74 lados, aunque aclaró que en Sancti Spíritus y Puerto Príncipe (Camagüey), sabía de casos donde se han medido de 120 lados[8]. Pero en la práctica los hatos y corrales con forma poligonal fueron los del oriente de Cuba, mientras que en el occidente eran circulares[9].

La base jurídica para el tema de la propiedad agraria en Cuba lo fueron, por muchos años, las Ordenanzas de Alonso de Cáceres, firmadas en 1573, o sea, posteriores al inicio de las mercedaciones. Las de Cáceres se complementaron por la Real Orden de 1 de noviembre de 1591, definidora de las vías de la confirmación y la composición, caminos estos para acceder al disfrute posesionario de la tierra[10].






[1] El repartimiento de la tierra implicaba la obligación de hacerla cultivar según plazo establecido de antemano por la ley.

[2] El desarrollo de las estancias se realizó estrechamente unido a la práctica agrícola aborigen, utilizando sus cultivos, técnicas y suelo.

[3] La caballería partió de una condición honorífica que ya para la fecha equivalía a una extensión física de terrenos. En el ambiente colonizador cubano aquella se aplatanó asumiendo la equivalencia a un cuadro de 200 000 montones de yuca. Aproximadamente su medida actual es de 13,4 hectáreas.

[4] En general el repartimiento de la tierra entre los conquistadores partía de las categorías: solares, tierras comunales (dehesa y ejido), tierras de propios y las mercedes. Julio le Riverend señala la existencia de haciendas en Cuba antes de 1520.

[5] Colección de documentos inéditos relativos al descubrimiento, conquista y colonización de las posesiones españolas en América y Oceanía, sacados en su mayor parte del Real Archivo de Indias, bajo la dirección de los Sres. S.J.F. Pacheco, F. de Cárdenas y L. de Mendoza, tomo V, pp. 553-554.

[6] Fue hacia la década de 1530 cuando los cabildos cubanos iniciaron la mercedación de tierras a los colonizadores tomando en cuenta su rango social y aprestos.

[7] Un informe de 1611, referido al oriente cubano, cuenta sobre “hatos de ganado vacuno” conteniendo desde 2 000 y hasta 6 000 cabezas en sabanas de dos a seis leguas. (Archivo Nacional de Cuba. Fondo Academia de la Historia, Caja 604, Número 13).

[8] Pichardo, Esteban: Diccionario provincial casi razonado de vozes y frases cubanas, p. 324.

[9] De una u otra forma, predominó la costumbre de adjudicar posesiones de tierra a la redonda, midiendo a partir de un punto central.


[10] El reparto de las tierras y la definición legal de las mismas (S. XVI), estructuró la clase terrateniente; oligarquía esta que expresaba sus aspiraciones y políticas a través de los cabildos.