ALDEA COTIDIANA

           En HOLGUIN, Cuba, como en todos los lugares del mundo, ocurren hechos triviales, bellos a fuerza de fugaces                                                          Esta ciudad la construyeron mis padres vísperas de mi nacimiento y quisiéramos que nada se perdiera, que todo lo que fue haciéndose desde nuestros padres a nosotros, permaneciera intacto y puro, porque la ciudad es el escudo que hace que nuestros nombres no se olviden                                                    300 aniversario del pueblo de Holguín en 2020
gadgets para blogger

Toda la aldea a la mano

HÉCTOR LAVOE INTERPRETA AL HOLGUINERISIMO GUAYABERO

6 de octubre de 2014

Ciudad aún vacía - El homo holguinensis




Por costumbre, el español de Europa o del nuevo Mundo, dejó siempre un espacio vacío de concurrencia, en torno al cual edificó sus ciudades. Es Holguín el mejor ejemplo de tal tradición, lástima que a las plazas de esta comarca no le hicieron las típicas fuentes de otros lugares, a cuya pila de agua se acercan unos gorriones y en torno a la cual juegan los chicuelos.

Pero la historia no es lo que pudo haber ocurrido sino lo que aconteció, ¿o también lo que no ocurrió y que quisimos que ocurriera es parte de la historia?. 

Hasta ahora se han publicado muchos libros que dan cuenta de la comarca, (Holguín), en algunos de ellos sus autores intentan pruebas exhaustivas, pero a lo único que llegan es a provocar un aburrimiento olímpico porque en dichos libros no hablan los miles de difuntos que asoman “su corona” en los mares de documentos que se atesoran y que dan cuenta de los interminables parentescos, de las dinastías de primos, esos que los historiadores científicos cuentan y acomodan en tablas trabajadas en Excel, pero la gente de carne y hueso pierde el rostro cuando se convierten en demografía. No hay programa para computadora que sea fiel a la justa forma de lo impreciso. Los ojos que tenemos, que no sirven mucho, hechos como están a lo “ya” visto, incapaces de estar más allá de lo que pudiera explicarse. Lo inexplicable, que solo puede sentirse. 

Por lo anterior debe ser por lo que los humanos somos unos sentidores de lo que de las cosas brota, (y se sabe que eso es el tiempo). Ojalá que se escriban otros libros en la ciudad, para acomodarlos al lado de los que ya se publicaron, como si fueran una estatua del momento. 

Mientras, sigo fisgoneando en lo que pasó, a ver si en algún momento consigo hacer visible los secretos sabores con que los muertos tejieron su patria íntima. Avanzad, avancemos, sin dejar fuera a los que se marcharon, ellos vuelven de vez en cuando, solo hay que verlos llegar.