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Las esculturas funerarias del cementerio municipal de Holguín, CUBA

11 de noviembre de 2016

Municipalidad Holguinera-1916-1920 (La Chambelona/Pedro Rojas Cano, una de las ovejas negras de la historia municipal/Le arrebatan la alcaldía a Manuel I.Aguilera)




  • Elecciones de 1ro de Noviembre de 1916.
  • Miguel I. Aguilera se reelige como Alcalde de Holguín.
  • Menocal se reelige en la Presidencia de la Isla y se desata la guerrita conocida como La Chambelona.
  • Los resultados de la Chambelona en Holguín: le arrebatan la Alcaldía a Miguel I. Aguilera. En su lugar gobierna un conservador.
  • Pedro Rojas Cano en la historia de Holguín
  • Dr. Guillermo Hernández Mascaró derrota a Rafael Manduley en la Gobernación de la Provincia de Oriente.
La Chambelona



Continúa un periodo bochornoso para la historia de Holguín. El General Menocal derrotado en sus aspiraciones reeleccionistas, se mantiene en el poder apoyado por gran parte del Ejército y la cancillería de Washington, que tilda a los contrarios del General de “germanófilos”, pero que hoy en día se les llamaría “comunistas”. Tal estado en las cosas provoca una protesta armada “cívico-militar” conocida como “La Chambelona”, a la que en Holguín se le unen el Dr. Socarrás, Pedro Fuentes García, Enrique Roca Tauler, José García Portelles, Juan Zúñiga, los hermanos Ochoa Santiésteban, el Dr. Abelardo Manduley, Miguel Ignacio Aguilera (que era el Alcalde de Holguín en ese momento), Miguel carbona, Elpidio Pérez; manolo Vendrell, Paco Menchero, Remigio Sera, Jesús Manduley, Alberto Cabrera, Wistermundo Sera, Manolo Rodríguez Mulet, Adolfo Algeciras, Ramón Suárez Gorgas, Pepe Urbino, Celestino García, Abelardo Cordero, Manuel Roselló, Pablo Hechavarría, Federico Ramírez, Benjamín León, Augusto Ramírez, Moisés Angulo, Manolo Lastre, Alfredo Vidal, etc, hasta llegar a unos cuatrocientos, con excepción del Dr. Ricardo Sirvén Pérez, que siendo uno de los más comprometidos, cobardemente se dirigió a La Habana y en aquel lugar se mantuvo hasta el 4 de Abril de 1918, lo que le permitió disfrutar tranquilamente del Acta de Representante que había obtenido en las elecciones de 1ro de Noviembre de 1916 y que solo habían sido fraudulentas en lo presidencial.

 
Los pronunciados en Holguín lo hicieron en su mayoría en la noche del 12 de Febrero de 1917, esperanzados en poder regresar a sus hogares al día siguiente, 15 de Febrero, pero no lo consiguieron porque el Teniente enviado desde Santiago de Cuba al mando de 55 soldados con la misión de tomar el Cuartel Militar de Holguín no lo consiguió. Y eso que el Cuartel de Holguín nada más estaba defendido por el Capitán Leopoldo García Feria, que había sido designado Supervisor de Holguín en 31 de Octubre de 1916, con solo doce soldados y algunos paisanos.
Se encontraban entre los paisanos que defendieron el Cuartel Militar de Holguín, autodeclarados incondicionales a Menocal: Wifredo Albanés Peña, Antonio Aguilera Ochoa, Eduardo Pérez Guzmán, Liberato Ortuño, Manolo García, Antonio María Ochoa, un chofer de apellido Sánchez y un tal Mendoza, conocido por el Bisco.
Además influyó en que los que fueron contra el Cuartel Militar de Holguín no lo pudieran tomar, la llegada, procedente del Central Chaparra, del Capitán Arsenio Ortiz y sus acompañantes.
Ortiz, ahora ayudado por Pepillo Peralta, persiguió a los pronunciados y les dio alcance en las Lomas de Camasán y en Las Margaritas. En este último lugar le dieron muerte a Ricardo Hidalgo y al Dr. Abelardo Manduley. La muerte de este último dejó muy consternada a la sociedad holguinera.
En otros lugares del término también se produjeron acciones: así están las ocurridas en Pontón, en el Barrio de San Agustín y en el poblado de San Andrés. Este último lugar los pronunciados lo lograron tomar y que por ser sus vecinos seguidores del Partido Conservador (del que era su líder el General Menocal), los contrarios quemaron al poblado no sin antes hacer bailar “La Chambelona”al Cura Párroco de la localidad en la puerta de la iglesia.
Holguín era esencialmente liberal, por lo tanto, contrario al General Menocal.


Siendo el Término de Holguín esencialmente liberal, sufrió más que ningún otro término de la República las consecuencias de su alzamiento. Así el Alcalde Miguel I. Aguilera fue despojado de su puesto y entregado ese a un Concejal de afiliación Conservadora, don Salvador Torralbas Rubio; también el Liberal, Moisés Angulo, tuvo que entregar la Jefatura de la Policía Municipal a Herminio Luque Campins y fueron cesanteados los empleados seguidores del partido Liberal, entre ellos Sigifredo Urbino, Carlos Sera, Manuel Vendrell, Nicanor Manduley, Arturo Urbino, Mariano Zayas, Rafael peña, Roque Drigg, Ramón Ruíz y Ladislao Cordoví. Sus puestos fueron entregados a conservadores y asimismo fue designado el Dr. Oscar Cancio Estévez, Registrador Mercantil de Holguín, don Agustín Calderón, Fiscal del Partido cuando renunció el Dr. Francisco Agramonte Serra. Asimismo renunciaron de las suplencias de los Juzgados: Ángel Rodríguez García, Miguel Penín Cruz y Manuel Dositeo Aguilera. Fue designado el Dr. Héctor Poveda como veterinario Municipal y designado como Comandante Militar de la zona de Holguín: justo Cuza Hadfeg.
El Partido Conservador, que siempre fue minoría en Holguín, se divide en dos bandos. Atacado el Alcalde en funciones en los corredores del Liceo


El Partido Conservador, que siempre fue minoría en Holguín, después de “la Chambelona”, se divide en dos tendencias. Una fue la de Pedro Rojas, que era amigo de la violencia, y la otra, la de Panchito Fernández y Agustín Ochoa, amigos del orden dentro del desorden en que militaba su partido, al extremo de verse don Agustín Ochoa, Alcalde en funciones, atacado a tiros por los partidarios de Pedro Rojas y luego atacado el Alcalde en los corredores del Liceo por el Capitán Arsenio Ortiz, que se desempeñaba entonces como Supervisor Militar de Holguín y que directamente intervenía en todos los asuntos locales. Aunque, honrado es decirlo, esa agresión no se debió a la política, sino a que el Alcalde Ochoa, también un hombre violento, mantenía bajo su protección a Napoleón Farrán, quien manejaba la Administración Municipal y a los empleados públicos del Término a su antojo, tanto que Farrán se hizo rico (y de él volveremos a hablar ahora mismo). Finalmente el Capitán Ortiz llamó la atención al Alcalde sobre su favorecido Farrán y este respondió groseramente, entonces el Capitán Ortiz lo agredió.
Napoleón Farrán


La fortuna mal adquirida por Napoleón Farrán fue la causa de un bochornoso litigio familiar ocurrido años después. Consistió ese en que muerto Farrán, la amante de él, que para entonces se había convertido en su legítima esposa, se casó con el amante de ella y fue él quien disfrutó el dinero del difunto, pero los hijos Farrán no estaban de acuerdo y acudieron a los tribunales. Solo que demoraron tanto los Tribunales en llegar a una sanción definitiva que sería esa la historia de nunca acabar.
Muere un Juez llevándose a la tumba la firme convicción de haber sido el autor de la muerte de un hombre. Y otras muertes naturales y por asesinato ocurridas en Holguín.


Modesto Fornaris
  En 19 de Marzo de 1917 muere en Holguín el Juez Eduardo Pérez Guzmán llevándose a la tumba la firme convicción de haber sido él y no el Coronel mambí Modesto Fornaris, el autor de la muerte de Leopoldina Ochoa, ocurrida en la noche del 6 de Marzo de 1916 durante uno de las frecuentes bacanales celebradas en “Casa de las Sagüeras”.
Así también muere Paco Menchero sin casi haber podido disfrutar de su Acta de Representante, cumpliéndose con su muerte la profecía de Manuel Planas Rodríguez del Rey, quien al verse derrotado fraudulentamente le había dicho a Paco Menchero que muy pronto le sustituiría en la Cámara.
Asesinan a Pedro Cedeño para robarle, siendo los que le dieron muerte Antonio Rafuls Zaldívar y Lorenzo Pifferrer. Sin embargo estos pudieron escapar de la justicia gracias a la complicidad de sus custodios y al desorden político reinante. Uno de ellos se refugió en España y el otro en la América.
En la noche del 31 de Enero de 1923 en Cifuentes asesinan al matrimonio integrado por don José Asencio y doña Josefa García Macías y también al hijo de crianza de aquellos. La causa, según voz del pueblo, fue robarles comprometedores pagarés. Acusan a los holguineros Pedro Sánchez Maldonado y Enrique Trenard, pero todo el mundo los considera inocentes y asimismo dicen que los verdaderos asesinos fueron Sebastián Mesa, Manuel Guerra y Manuel Barciela, los tres de pésimos antecedentes. El primero ya había dado muerte a Ramón, un cantinero del Café “Victoria”. Ninguno de los tres fue llevado a juicio pero pagaron sus crímenes quizás de la mano de Dios. Preso por otra causa y cuando había enloquecido totalmente, a Sebastián Mesa le aplicaron la Ley de Fuga en la Isla de Pinos; Manuel Guerra murió años más tarde de tifus negro después de padecer una espantosa agonía durante la que a gritos pedía perdón a todas sus víctimas; y el tercero, Manuel Barciela, murió violentamente en la zona de Guantánamo. Nunca aparecieron los supuestos pagarés y menos se supo el nombre de los autores intelectuales del hecho.
Consecuencias del Partido Conservador en la Alcaldía de Holguín después de la Chambelona. Arsenio Ortiz y otros matones como él en el Término. Pedro Rojas Cano, el peor de todos.


El desorden político posterior a La Chambelona produjo estancamiento moral y económico en Holguín, y asimismo y quizás lo peor: persecuciones, vejaciones, maltratos y prisiones, además de inmunidad por la presencia entre los holguineros del Capitán Arsenio Ortiz y otros matones de oficio que fueron enviados a la Ciudad.
Estos matones (y también los de otros lugares), el Presidente Menocal ya los usaba desde su reinado como Administrador del Central Chaparra, solo que ahora les pagaba por nóminas del Estado. Sin embargo ha de considerarse el peor matón a Pedro Rojas Cano.
Era este hombre holguinero de cuna, libertador e hijo de libertadores de la Patria, pero aún así se declaró enemigo número uno de los Liberales.
Su odio se acentuaba cuando estaba bajo los efectos del alcohol, que era cuando la camarilla que lo seguía, lo estimulaba a transformar la tranquila y sucia población de Holguín en un típico pueblo del Oeste de los Estados Unidos, tal como pintan a esos pueblos los productores de películas.
Pedro Cano Rojas llegó al extremo de atacar a tiros y destruir a una imprenta por el solo motivo de que su dueño era Liberal, intentó quemar una farmacia por el mismo motivo y, definitivamente, obligó a los liberales de Holguín a esconderse en sus propios hogares por días y noches durante meses y a otros a exiliarse en el Hospital Civil. Incluso, este individuo celebró elecciones por su cuenta en 1ro de Noviembre de 1918. En ellas, obviamente, triunfaron los que él mismo había designado.
Las Elecciones celebradas en Holguín por Pedro Rojas Cano.


Esas fueron las del 1ro de Noviembre de 1918 y se efectuaron en el hogar del odiado individuo, situado en la Calle de Martí, esquina a la de Mártires, exactamente frente a las Oficinas del Noveno Distrito Militar que dirigía entonces un distinguido e intachable militar, el Coronel Julio de Cepeda, sin embargo éste no pudo hacer nada al ver cómo a la casa de Pedro Rojas Cano llegaron las Boletas electorales y la documentación aportada por los distintos Colegios Electorales del Término.
Para lograr su propósito, Pedro Rojas Cano y sus secuaces confeccionaron falsos Registros Electorales en los que se incluyeron nombres de libertadores y también otros imaginarios, muchos de ellos seguidos de palabras obscenas. Terminadas las votaciones, los miembros de las distintas Mesas fueron hasta la casa del delincuente y allí firmaron los resultados y eso no lo sabía el pueblo, pero sí lo sabía muy bien el Juez que presidía la Junta Municipal Electoral, Dr. Miguel García Albacet, pero este no protestó y no fue por complicidad sino por el pánico que el pobre y viejo juez le tenía a los matones de Pedro Rojas Cano, entre los que se encontraban los hermanos Aparicio, Pérez Gil, Sebastián Mesa y el viejo Varona.
Los triunfadores fueron el propio Pedro Rojas Cano para Representante a la Cámara con 143 135 votos y para el mismo puesto Elpidio Pérez Martínez, quien había sido chambelonero, pero ahora era amigo de Rojas Cano. Como Concejales del Ayuntamiento aparecen por la Columna en Blanco, o sea, que no iban por ningún partido, Francisco Menchero Mederos, con 30 061 votos; Justo Cuza Hadfeg, con 30 061 votos; Apolinar González Machado, con 28 740 votos y Fermín Torralbas Lora, con 18 404.
Asimismo sucedió que el maestro de escuela, don Antonio Gutiérrez, al dirigirse al local de su propia escuela, en el poblado de San Andrés, que era el lugar donde funcionaba un Colegio Electoral, el Presidente de la Mesa le entregó una Boleta de Muestra. Gutiérrez protestó pero le dijeron que eran las enviadas a los distintos Colegios, entonces aquel tomó una silla y subiéndose en ella fue quitando de la pared los retratos de los libertadores que adornaban el lugar a la vez que decía a los asombrados Miembros de la Mesa que “ellos han sido guía e inspiración a mi labor educacional y ejemplo para mis alumnos, por su sacrificio y por su amor a la Patria esclava, por ello no quiero que a su presencia y menos presidida por ellos, se comentan por manos cubanas estos bochornosos fraudes electorales”.
12 de Abril de 1920: muerte de Pedro Rojas Cano


Tanto mal hizo Pedro Rojas Cano hasta que un día sus amigos y amigos, lo mismo civiles que militares, lanzaron el grito de ESTÁ BUENO YA. El grito llegó al Palacio Presidencial (cuando ya Menocal lo había abandonado) y desde allí salió la orden de que manos militares le dieran muerte en los portales de Holguín.
[Dice Pepito García Castañeda en su libro “La Municipalidad holguinera”] Fui testigo de la muerte de Pedro Rojas Cano: el matador fue el Cabo Pérez Martell. Acompañaban a Rojas Cano el día de su muerte Ernesto Asencio Díaz, Baldomero Pérez Gil y Juanito Cruz, todos de pésimos antecedentes.
Después de su muerte aparecieron escritos en la prensa capitalina, destacándose entre esos el del Dr. Orestes Ferrara. Dijo Ferrara que “siendo Presidente de la Cámara de Representantes, vio llegar muchas veces a hombres que se las daban de guapos, defensores del régimen de Menocal, embriagados casi siempre, portando revólveres y haciéndose acompañar de habituales guapos de oficio”.