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La aldea a la mano (Holguín, Cuba)

5 de octubre de 2017

La causa de la ruta del Chan Chán. Mares y arenas de Rosendo Ruiz se compuso en Mayarí


Por: Zenovio Hernández Pavón y Ana Luisa Tamayo
Con todo el pueblo cantando frente al edificio “La Periquera” el “Himno de Holguín”, escrito para la ocasión por el maestro Manuel Avilés Lozano y el poeta Juan Farrán, se celebró en Holguín el acto constitutivo de la naciente República el 20 de mayo de 1902. 

A lo largo del país el despertar de una conciencia de nacionalidad y cubanía estimuló el desarrollo de nuestra cancionística, especialmente a través de la que posteriormente fue llamada trova tradicional. Pero en Holguín donde el canto lírico tenía tanta fuerza y por la pujante y poderosa presencia norteamericana con su cultura[1], la falta de figuras líderes, entre otras razones, contribuyeron a que el movimiento trovadoresco no cobrara fuerza durante las primeras décadas.

"...de Alto Cedro voy pa Marcané, llego a Cueto, voy pa Mayarí"
LA RUTA DEL CHAN CHAN


Lo que sí ocurrió es que los trovadores santiagueros se vincularon con Holguín y, sobre todo, con Mayarí, un territorio que durante mucho tiempo perteneció a la jurisdicción holguinera. (Ese ir y volver a Mayarí es el motivo por el que Compay Segundo compuso su célebre son: Chan Chán)

Así se originó una significativa ruta de intercambio entre la trova y el son, como muy bien evoca Compay Segundo, uno de sus gestores, en el clásico tema Chan Chan: “De Alto Cedro voy para Marcané, sigo para Cueto, voy para Mayarí”.

Rosendo Ruiz
En Mayarí vivieron largas temporadas y a aquel lugar le dedicaron boleros y sones: Pepe Banderas, Emiliano Blez, Eulalio Limonta, Sindo Garay y Rosendo Ruiz, este último estuvo en aquel pueblo por casi dos años, desempeñándose como sastre. En Mayarí compuso canciones y la música de su antológica clave “Mares y Arenas”[2], con texto del poeta Francisco Vélez.
 Intérprete: Trio Palabras.
Autor: Rosendo Ruiz
Título: Mares y Arenas


Mares y arenas                                    


Sobre las ondas del mar bravío
puse tu nombre con que soñaba
y a medida que lo escribía
venían las olas y lo borraban,
venían las olas y lo borraban.

Sobre la arena lo escribí luego
y al contemplarlo, mi niña amada,
sopló la brisa, llevose el riego
y de tu nombre no quedó nada,
y de tu nombre no quedó nada.

En duro mármol lo puse Elena
por si la piedra lo conservaba.
Como en las ondas, como en la arena,
todo se borra, todo se acaba,
todo se borra, todo se acaba.

Rásgome el pecho y en él lo escribo
aún tembloroso porque dudaba.
Aquí lo guardo porque en él vivo,
nunca se  borra, jamás se acaba.
Nunca se borra, jamás se acaba.






[1] Desde la inauguración de la República en 1902 la United Fruit Company y otras compañías norteamericanas se apoderaron de extensos territorios de la región holguinera. Esa presencia marcó la vida musical significativamente, sobre todo con la expansión del formato jazz band, y de géneros y estilos procedentes de aquel país.


[2] Según Rosendo Ruiz declaró en varias entrevistas que trabajaba como sastre en Mayarí en el año 1909 cuando compuso “Mares y arenas”. La canción llamó tanto la atención que decidió irse a La Habana para darla a conocer. Véase Marta Valdés, “Donde vive la música”, pág 32.


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