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Las esculturas funerarias del cementerio municipal de Holguín, CUBA

15 de junio de 2017

Faustino Orama, El Guayabero, 06 (Conjunto "Trovadores Holguineros")



Desde 1940 Holguín alcanzó la condición de municipio de primera clase por su alta densidad demográfica, su activa vida política, social y económica.
Las campañas políticas de la época reiteraban “el gran avance y progreso de la ciudad”, pero nadie podía ocultar el descontento de los vecinos porque el pueblo carecía de acueducto y alcantarillado, porque nada más tenía cuatro calles asfaltadas y por los otros males que los gobiernos de Fulgencio Batista, Grau San Martín y Prío Socarrás, hacían poco por resolver.
 
Los holguineros combatieron la corrupción de los gobiernos Auténticos, y una inmensa mayoría apoyó la fundación del Partido Ortodoxo y la lucha de su principal líder, Eduardo Chibás, quien, por cierto, fue proclamado candidato a las elecciones presidenciales de 1946 en la ciudad.
Con igual ímpetu los vecinos de Holguín emprendieron iniciativas para enriquecer la vida espiritual, cultural y recreativa del pueblo, al que quisieron elevar a la categoría de capital de una nueva provincia, Oriente Norte.
En esos años la música vivía que se hacía en estos lares éxitos indiscutibles. El maestro Trinidad Ochoa fundó la Coral de Holguín con la que llegó a realizar hasta montajes de óperas; la Orquesta Hermanos Avilés era considerada una de las mejores de Cuba, y en el pueblo y sus zonas cercanas vivían varios intérpretes, compositores y agrupaciones que se ubicaban entre los más prestigiosos del país: Fernando Albuerne, Tito Álvarez, Manuel Licea (Puntillita), Georgina Doubuchet, Wilfredo Fernández, Edelmira de Zayas, Trío Hermanos Rigual, Pedro Jústiz (Peruchín) y René Urbino, entre otros.
Específicamente la música bailable también era de un amplio espectro. Por un lado, los órganos de baile; por otro las jazz band con la Avilés, Hermanos Coayo y la pujante Tentación, que rivalizaban a la hora de conseguir contratos para amenizar los bailes que se daban en las Sociedades de Recreo de la ciudad y en otras poblaciones de la región. Los conjuntos igualmente estaban entre los favoritos, destacándose entre ellos Los Príncipes del Son, Los Dandys, Ases del Ritmo, Sonora Holguinera, Yumurí y Actualidades, con músicos muy talentosos y de larga experiencia como Luís Peña (El Albino), Benigno Mesa y Kico Cruz.
Contra todos ellos tenía que competir Faustino al frente de los “Los Trovadores Holguineros”, y si es verdad que era una tarea muy difícil, verdad es, también, que lleno de optimismo y sueños, buscó alternativas e inició su larga y trascendente faceta de juglar o trovador sonero. A su guitarra o tres, unió maracas o bongó y se fue a un extenso recorrido por los bateyes y colonias de caña de la región, y, poco después, extendió las giras a la grande provincia de Oriente y a otras partes del país. Al principio, emprendía los viajes los días previos a las jornadas de cobro de los cañeros y retornaba a la ciudad donde continuaba sus presentaciones por la CMKO y cumplía los contratos que le surgían para amenizar bailes. Pero cuando no había nada fijo, se iba con su tres hasta los parques, centros gastronómicos y bares donde cantaba y tocaba y después pedía la cooperación de todos con «el artista cubano».
Obviamente que la inestabilidad en las presentaciones, muchos músicos se le iban al recibir propuestas más estables o mejor remuneradas, por lo que cuando algo jugoso caía en sus manos, Faustino le decía a alguno de sus amigos que viniera con él para unas pocas actuaciones. Felizmente nunca le faltaron instrumentistas de talento, entre ellos dos guitarristas que luego hicieron historia con el grupo “Trovadores Cubanos”, los hermanos Mario y Octavio Sánchez Olaguive, este último el legendario Cotán[1].
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Pablo Milanés/Octavio Sánchez/Luís Peña (El Albino): "Con palo de yaya":

 


[1] Octavio Sánchez (Cotán) junto a su hermano Mayito y los cantantes Adriano Rodríguez y Dominica Verges, integró en los años sesenta el grupo “Trovadores Cubanos”, desarrollando una notable labor en el rescate de la obra de Sindo Garay y otros grandes de la trova cubana. Estudiosos de la guitarra como Radamés Giro han resaltado las virtudes de Cotán en el instrumento. De colección son los discos de Pablo Milanés, “Años” y “Proposiciones”, en los que Cotán acompañó al muy conocido trovador.