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La historia de LOS CHINOS que le dieron nombre al famoso agromercado holguinero

15 de junio de 2017

Faustino Orama, El Guayabero 07 (El Tumbaíto)



El Guayabero en fechas
1943
 Compone “Tumbaíto”, su primer son montuno. Dada la popularidad de ese número pierde le nombre por primera vez y en todo el Holguín le llaman como el título de su popular son.
Se le ve con el conjunto o solamente acompañado de la guitarra y el tres, recorriendo la extensa geografía local.
1945
El famoso compositor de boleros Pepé Delgado, quien en varias ocasiones trabajó en Holguín con su conjunto, ahora establecido en La Habana, transforma el son montuno de Faustino en una guaracha, “El Tumbaíto”. La pieza de convierte en una de las más exitosas de esa década al extremo de que Libertad Lamarque la interpreta. Los dos amigos discuten por el derecho de autor.

En 1943 Faustino solía interpretar su pieza “Tumbaíto” lo mismo cuando hacía presentaciones con el conjunto y cuando se actuaba solo. Muy pronto el son montuno se hizo popular en toda la región.


Al año siguiente Pepé Delgado rompió su breve matrimonio con Carmen Cortina, una bella holguinera que sucumbió ante las presiones de su acaudalada familia que se negaba a tener en su seno a un músico pobre y bohemio, y se fue para La Habana. Allá, junto al santiaguero Faustino Miró transformó el son montuno de Faustino Orama en una simpática guaracha y en 1945 la convirtió en una de las composiciones cubanas de mayor éxito.
Con profundo pesar, seguro que sintiéndose traicionado por el viejo amigo, Faustino escuchaba una y mil veces como su pieza, rebautizada “El Tumbaíto”, era trasmitida por las antenas de las emisoras de radio Mil Diez, RHC Cadena Azul, CMQ y otras. En todos los casos se anunciaba como autor a Pepé Delgado (y, lógicamente, aquel era quien cobraba los derechos). Después fue la orquesta de Pilderot quien la interpretó, y a esa le siguieron Toty Lavernia, la orquesta Casino de la Playa con Cascarita como intérprete y con un excelente arreglo de Dámaso Pérez Prado que auguraba el surgimiento y fuerza de un nuevo ritmo que llegó después, el mambo.
Estimulado por los músicos de su conjunto y por amigos y familiares, Faustino hizo la reclamación correspondiente ante la Sociedad de Autores. Esa dictaminó que la obra popularizada no era de la total autoría de Faustino Oramas, por las variaciones que le había hecho Pepé, pero asimismo que la pieza no era del todo de Pepé, sino que en parte también lo era de Faustino, por lo que al hacer cualquier interpretación o registro fonográfico había que darle crédito a los dos artistas.

"El Tumbaíto" o "Se acabó el jabón", intérprete: Libertad Lamarque:
 

Cuando “El Tumbaíto” estaba en el máximo de su popularidad y después del dictamen de la Sociedad de Autores, llegó a La habana Libertad Lamarque.
Era costumbre de la popular intérprete argentina al llegar a algún lugar, buscar alguna pieza de un autor local y grabarlo. Así lo hizo aquella vez y le dijeron que ninguno más que “El Tumbaíto”. Libertad Lamarque lo grabó con la casa disquera Panart y dio el crédito a sus dos autores; el número alcanzó gran éxito internacional, llevando a otros vocalistas a interpretarlo: Miguelito Valdés, Mirta Silva, Xavier Cugat, Antonio Machín, y un largo etcétera. Sin embargo ninguno de estos otros dijeron que también Faustino era el creador. Todavía hoy casi nadie sabe que ese número de Pepé Delgado también es de Faustino.  (Algo semejante ocurrió más tarde cuando Faustino grabó y asumió como suyo el son “Cuidado con el perro”. La pieza fue reclamada y obtuvo el reconocimiento legal para su verdadero autor, Virgilio González. Sin embargo todavía hoy sigue ignorándose al verdadero autor cada vez que la pieza es presentada en emisoras de radio y televisión o cuando es grabada por cualquier sello discográfico).
El Guayabero en fechas
1948
Afirman los autores del Diccionario de la mitología cubana y otras fuentes que este año conoció a Marieta, la más popular de sus musas, mientras él tocaba en la casa de citas (burdel) de La China y ella bailaba al compás de sus pícaras improvisaciones. El estribillo (“a mí me gusta que baile Marieta”) lo coreaban los clientes del negocio.

Tras el litigio por “Tumbaíto”, Faustino logró popularidad entre los de su gremio y también en un amplio sector del público de la región oriental. En Holguín, Bayamo y Las Tunas comenzaron le llamaban el Rey del Tumbaíto e, incluso, el holguinero llegó a presidir la Sociedad de Autores, Editores y Directores de Conjuntos de Oriente (1953) y el Sindicato de Músicos de Holguín (1958).
No obstante el reconocimiento y la salida del anonimato, los beneficios económicos que consiguió Faustino eran casi nulos. Él continuó siendo el mismo músico bohemio, pobre y marginado.