ALDEA COTIDIANA

           En HOLGUIN, Cuba, como en todos los lugares del mundo, ocurren hechos triviales, bellos a fuerza de fugaces                                                          Esta ciudad la construyeron mis padres vísperas de mi nacimiento y quisiéramos que nada se perdiera, que todo lo que fue haciéndose desde nuestros padres a nosotros, permaneciera intacto y puro, porque la ciudad es el escudo que hace que nuestros nombres no se olviden                                                    300 aniversario del pueblo de Holguín en 2020
gadgets para blogger

Toda la aldea a la mano

HÉCTOR LAVOE INTERPRETA AL HOLGUINERISIMO GUAYABERO

21 de junio de 2017

Faustino Orama, El Guayabero 12 (En Guayabero mamá, me quieren dar)



Conocedor de que timoratos, beatas y otros absurdos ponían barreras a la gracia y doble sentido de sus piezas, Faustino no las cantaba cuando se presentaba en la radio o en sitios de la burguesía para los que era contratado con su conjunto; para esos casos tenía un repertorio más convencional que no iba más allá de las guarachas de Ñico Saquito.
Pero cuando las presentaciones era en los predios de la gente humilde y por tanto libre de prejuicios, máscaras y formalidades, su ingenio y sentido del humor se desbordaba. El premio era la risa, alegría y unas pesetas que le dejaban caer en su sombrero cuando él pasaba el cepillo, aconsejando a todos que “cooperaran con el artista cubano”.
“En Guayabero mamá, me quieren dar”
Pero a veces ocurría que por sus descargas sabrosas nada más conseguía un plato de comida, unos tragos o un lugar donde pernoctar.



Por cierto, en uno de esos, sus comunes recorridos del año 1955, llegó al caserío Guayabero, cercano al central santiaguero Miranda (hoy Julio Antonio Mella) y allí vivió una peligrosa aventura que le inspiró la pieza que le dio definitiva identidad artística.
Ocurrió que en la rústica cantina el juglar, acompañado de varios músicos de su conjunto, se divertía de lo lindo cantando sus simpáticas composiciones, mientras los parroquianos se reían a carcajadas. Una trigueña hermosa le servía tragos de vez en cuando… y en eso llegó el jefe del puesto de la Guardia Rural, quien era el esposo de la muchacha y, celoso, armó la bronca. Mientras Faustino corría por entre los verdes cañaverales nació la inspiración.


En Guayabero (Son)
Letra y música: Faustino Orama Osorio
Trigueñita del alma
no me niegues tu amor
trigueñita del alma
dame tu corazón
nunca pienses amor mío
que yo pueda olvidarte,
nunca pienses amor mío
que yo puedo olvidarte
Montuno: En Guayabero, mamá, me quieren dar.
Me case con una enana
Coro: Guayabero
Para el colmo del reír
Coro: Guayabero
Le puse la cama en alto
Coro: Guayabero
Y no se pudo subir
Montuno: En Guayabero, mamá, me quieren dar.
No vayan a San Andrés
Coro: Guayabero
Allí fueron mis dos hijas
y de dos vinieron cuatro.
Montuno: En Guayabero, mamá, me quieren dar.
Un guajiro el otro día
Coro: Guayabero
Llegó a una fonda apurado
Coro: Guayabero
y pidió para almorzar
Coro: Guayabero
seis platos de bacalao
Coro: Guayabero
se comió un lechón asado
Coro: Guayabero
con treinta bolas de queso
Coro: Guayabero
Montuno: En Guayabero, mamá, me quieren dar.
Cuando estuvo satisfecho
Coro: Guayabero
En un jardín se agachó
Coro: Guayabero
y cuando se levantó
Coro: Guayabero
la tonga valía mil pesos
Guía: En Guayabero, mamá, me quieren dar.

Con “En Guayabero”, el músico trasnochador, amante del son y las mujeres comenzó perdió su nombre y ganó el sobrenombre que lo inmortalizó.
Pasado el tiempo el son se convirtió en tema obligado en cualquier sitio al que arrimó su guitarra o su tres y, más importante aún, devino especie de carta blanca que desarmó a no pocas gentes de rostro adusto que no transigían ante sus canciones «irrespetuosas», pues ante tal expresión de autochoteo o de burlador burlado, sus canciones terminaron tomando un matiz festivo e indefenso.