ALDEA COTIDIANA

           En HOLGUIN, Cuba, como en todos los lugares del mundo, ocurren hechos triviales, bellos a fuerza de fugaces                                                          Esta ciudad la construyeron mis padres vísperas de mi nacimiento y quisiéramos que nada se perdiera, que todo lo que fue haciéndose desde nuestros padres a nosotros, permaneciera intacto y puro, porque la ciudad es el escudo que hace que nuestros nombres no se olviden                                                    300 aniversario del pueblo de Holguín en 2020
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CONVERSANDO SOBRE EL ENTRAMADO URBANISTICO DE HOLGUIN

14 de abril de 2017

El Llano, entorno de la Loma de la Cruz, en Holguín, Cuba



 
Desde la etapa hispánica en Cuba se considera al Cerro de la Cruz como punto natural de referencia para localizar la ciudad de Holguín. Y tan es así que no se puede hablar de esa ciudad sin tener en cuenta el cerro o lomita, como dicen los vecinos, porque ella ha estado presente en cada hecho histórico del pueblo, incluyendo el momento de inicio de su historia, o sea, el momento de creación del Hato de San Isidoro de Holguín. Se dice, además, que fue desde la cima de la loma desde donde se alinearon las plazas, manzanas y calles de Holguín. (Calles que tienen fama de ser perfectamente rectas).
Y, como es claro, otro aspecto trascendente al hablar de la importancia histórica de la loma de la cruz holguinera es el religioso: allá arriba está la cruz que por siglos, se cree, protege a la ciudad de catástrofes naturales. Y hasta esa cruz suben los holguineros cada 3 de mayo, lo que es muestra evidente de las creencias y costumbres del pueblo, pero de las Romerías se ha escrito mucho, por eso mejor nos dedicamos a otros asuntos.
A menos de seis meses de iniciada la primera guerra independentista cubana, en el año 1869, la Junta de Defensas y Armamentos de la Isla llevó a cabo la fortificación de las ciudades: para protegerlas de las tropas mambisas las ciudades de Cuba fueron cercadas con empalizadas y alambradas a las que se adjuntaron fortines y cuarteles. Y como es lógico, por su posición estratégica el cerro de la cruz fue un eje esencial para lograr la protección no solo de Holguín sino de gran parte de la región oriental: obviamente para que así ocurriera fue preciso que en la cima del cerro se construyeran edificaciones militares que tenían la misión de avizorar a los mambises desde mucho antes que estuvieran en las inmediaciones. Entonces se levantaron la torre de Numancia y el  fuerte La Vigía.
 
El fuerte La Vigía estaba guarnecido por cuatro soldados y un cabo. Y con la misma guarnición, durante la guerra del 95 colocaron allí un heliógrafo que se comunicaba con otro que estaba ubicado en Jiguaní y con otros puntos defensivos de la línea de Gibara. 
Otro objeto patrimonial de la loma de la cruz es el cañón que está en la base. Lo colocaron allí durante la guerra grande de 1868, exactamente en 1871, por lo que es cierto que perteneció a la artillería española de Holguín.
Por siglos no hubo casas en el espacio que los holguineros siempre han llamado El Llano, que está entre la base de la Loma y el que conocemos ahora como parque Infantil. O sea, no hubo muchas casas, pero sí hubo una que suplió la falta de las otras al ser una de las más importantes de la ciudad, (y que todavía sigue teniendo). A esa se la conocía en el siglo XIX como La Quinta de El  Llano, (y luego se le llamó Hospital Civil porque allí estuvo el Hospital de Holguín hasta que se construyó el Hospital Lenin). Cuando la casa dejó de ser Hospital pasó a ser escuela Pedagógica hasta que se construyó el Instituto Superior Pedagógico. Entonces como el recién construido era el Pedagógico Nuevo, la casona fue el Pedagógico Viejo.
 
El constructor en 1831 y primer dueño de la vieja y siempre hermosa casona del Llano fue el italiano Antonio Domingo Calcagno. Luego por un hecho que se desconoce la casona pasó a manos de una rica dama camagueyana que vino a vivir a Holguín, doña Soledad Sánchez. Ella alquiló la casona de tan vastas proporciones al gobierno español que la usó como cuartel para aclimatar las tropas españolas que llegaban de la península: allí lo soldados recién llegados se acostumbraban al clima de Cuba. Y en verdad que para tales usos no había otro lugar en Holguín que fuera mejor: la casona estaba en las “afueras del pueblo” y cerca de otros cuarteles, como por ejemplo el de Infantería, que era el edificio que ahora es sede de la Central de Trabajadores de Cuba en Holguín.
En 1857 ya habían pasado 38 años de que el gobierno español estaba usando la casona del Llano como cuartel: entonces decidieron que la convertirían en Hospital Militar. Por cierto fue ahí donde se suministraron las primeras vacunas que se inyectaron en Holguín a lo largo de toda su historia.
Hoy la casona es sede de una de las dependencias del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente. Pero por la historia que anteriormente hemos narrado, no le quedan dudas a La Aldea que en algún momento pasará a tener un uso más colectivo, quizás un museo o algo semejante.
¿Alguien de los que ha tenido la deferencia de leer hasta esta línea está preguntándose por qué hablamos de la Quinta del Llano si al inicio dijimos que este post está dedicado a la Loma de la Cruz? Es, amable lector, que la Loma se incluye dentro de toda esa área que comienza en el Parque Infantil y no termina hasta la cima. Por tanto hay otras varias edificaciones de las que debemos hablar, porque es en esa zona donde se levantaron las más valiosas casonas holguineras durante la República burguesa (y no en el Reparto Peralta, como es común creer), pero de ellas publicaremos en otra ocasión. Ahora, solamente, de otro edificio tan valioso y hermoso como la Quinta: la vieja estación del ferrocarril de Holguín y Gibara, otro símbolo arquitectónico y urbano de la ciudad.
Antiguo portón de entrada a la Plaza Mantilla, actual Parque Infantil. Al fondo la terminal del ferrocarril Holguín y Gibara en la ciudad de Holguín
Inauguraron el edificio en 1893 y se utilizó como paradero y Terminal de trenes hasta 1957. Al frente del edificio hay una plazuela que ahora se utiliza como parqueo de bicicletas de las personas que acuden al Mercado Agropecuario. Cuando servía a ese fin, la plazuela fue el escenario de múltiples arribos y partidas, entre ellas la partida de las tropas españolas de Holguín cuando finalizó la guerra de independencia y con ella el periodo colonial cubano, y la llegada y luego la partida de las tropas interventoras norteamericanas. Y sirvió como lugar de llegada y despedida de miles de personalidades que vinieron o se marcharon de Holguín alguna vez.
Destaca en esa área, también, el Parque Infantil Rubén Bravo, conocido primeramente como Plaza Mantilla y luego por otros varios nombres hasta el actual. Ese es de los parques viejos de la ciudad, el más joven. Y a su lado, muchas veces intervenido y ya irreconocible si se miran fotos de antaño, el edificio que es sede de la Central de Trabajadores de Cuba en Holguín, que fue donde, durante el periodo colonial residió el Batallón de infantes o de infantería del ejército español que se denominaba Habana; precisamente por eso es que se llama Habana la callecita de una sola cuadra que bordea el parque infantil por el sur.
Cuando el Batallón Habana llegó al cuartel de infantería de Holguín no existía el parque infantil sino un descampado sin casas, que era donde los soldados hacían su entrenamiento y por eso se cercó. Pero no solo se cercó el actual parque sino que entonces no existía ni el preuniversitario Enrique José Varona ni la Escuela de Economía y mucho menos el edificio que ahora ocupa el tribunal provincial: toda esa área con el cuartel (ahora sede de la CTC), estaba cercada por un muro alto de mampostería, y dentro, en el área militar de Holguín estaba el cuartel y también los barracones, las caballerizas, fortines y pequeñas torres y, lógicamente, espacio para las maniobras militares. Pero en 1883 el jefe del Regimiento Habana decidió abrir el enorme muro y crear una plaza, que, igual, siguió sirviendo para las maniobras militares, pero a la que ahora también tenían acceso los civiles: Y la plaza fue nombrada: Plaza Mantilla, en homenaje al Jefe militar que la construyó. Bueno, a la verdad que no fue el Coronel Mantilla quien la construyó sino un subordinado suyo, el célebre y pundonoroso Capitán Federico Capdevila, defensor de los Estudiantes de Medicina fusilados en La Habana al inicio de la guerra grande de los diez años. (Precisamente por la defensa que hizo, Capdevila fue alejado de los centros de poder español y mandado a Holguín).
Dicen los urbanistas que la Plaza Mantilla poseía áreas verdes de gran belleza, una glorieta al centro y que era enorme, llegaba, dicen, hasta la entrada del Hospital de La Quinta. Hoy ya no es así.
 
Desaparecieron la glorieta y las bellas áreas verdes y a la plaza la constriñeron tanto que es nada más un minúsculo cuadrilongo. Pero no todo se perdió: allí están las únicas palmas reales que hay en parque holguinero alguno. Ellas están ubicadas en círculo, como si alguna vez hubieran rodeado la glorieta.
Ahora, si tienen fuerza los lectores, subiremos nuevamente el cerro, para mirar la naturaleza que lo conforma y revivir otros sueños de los holguineros que ya no están. Aunque, pensándolo bien, mejor es descansar y hacerlo en un siguiente post al que el lector tendrá acceso si hace clic aquí.