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6 de mayo de 2016

LOS CAMINOS DEL ARADO: EL TABACO EN GIBARA



Era el tabaco uno de los cultivos que hacían los canarios asentados en el hinterland del puerto de Gibara. Precisamente había sido en la zona donde los europeos habían visto aquella planta por primera vez. El suceso debió ocurrir cuando el Almirante Cristóbal Colón, anclado en la bahía, mandó una avanzadilla de dos marinos al interior. Al regresar aquellos dijeron haber observado a varios humanos expulsando humos que tenían un olor desabrido[1]. Hoy el hecho es asunto que cuentan una y otra vez los guías de turismo, mientras que la historiografía encargada del tabaco concentra sus intereses en las ricas vegas de Vuelta Abajo, sin embargo, el tema del tabaco en el oriente de la Isla no es nada despreciable: En este territorio también se desarrollo su cultivo en cantidades respetables hasta el siglo XIX. Gibara fue ejemplo muy elocuente de la importancia del cultivo del tabaco aunque hoy a los historiadores se les haya olvidado. Las casas lujosas que hubo en la Villa, las murallas que se levantaron para protegerla de los independentistas cubanos, los muelles del puerto y la locería fina esparcida por en interior de las residencias de los burgueses locales, estaba sustentada en las muy endebles hojas de tabaco, riqueza mayor de la región.

El mercado de Europa del Norte fue elemento decisivo en la producción tabacalera gibareña, luego fue Alemania.

Los primeros que en el hinterland del puerto cultivaron la preciada hoja del tabaco fueron los vecinos con larga tradición de cultivo de tabaco que llegaron hasta Gibara atraídos por la inauguración del puerto, procedentes de diversas partes de la jurisdicción de Holguín.

Fue posteriormente que llegaron los inmigrantes canarios. Ellos no tenían tradición tabacalera, sin embargo muy pronto se relacionaron con la hoja y aprendieron los secretos de su cultivo, hasta el extremo de que muy pronto decir canarios en aquella zona era decir grandes cosecheros del producto.

Hoy no tenemos elementos suficientes para responder la pregunta qué llevó a los canarios a la vega, solo algunas pocas y no muy sólidas hipótesis, entre ellas, las sabidas condiciones del terreno de la zona de Candelaria y otras inmediatas, tan propicias para el cultivo, la cercanía del puerto y las facilidades del transporte. Por demás el tabaco era el producto que de una manera relativamente rápida les permitía obtener capital para pagar la tierra que, en ocasiones, obtenían por medio de préstamos.

Lo anterior debió colaborar para que el tabaco entrara en la psicología de aquellos inmigrantes que, no olvidarlo, llegaron de Islas muy visitadas por comerciantes o viajeros en tránsito a América que necesitan vituallas para el trayecto. Precisamente eso dicho ahora mismo había hecho del canario un emprendedor hombre del comercio. Entonces se entiende que el tabaco era la planta ideal para entrar en el comercio internacional desde su modesta posición.

Pero como todo cultivo comercial, el tabaco necesitaba un capital que sustentara los muchos y obligatorios gastos, cuando se piensa en sembrar grandes cantidades. Fueron los comerciantes establecidos en el puerto de Gibara quienes aportaron el dinero, entre ellos destacan un reducido grupo proveniente de Cataluña y las Baleares.

En los Protocolos Notariales de Gibara, que se inician en el año 1841, se comprueba que desde entonces los prestamos que se hacían se saldaban  en tabaco.

Un ejemplo  de este tipo de transacción se produjo el  4 de febrero de 1847. La cantidad prestada ascendió a 1 550.00 pesos a pagar en 155 quintales de tabaco. Igualmente en ese año se efectúan otras seis transacciones a saldar en tabaco; tres de los que reciben los préstamos son canarios, dos de eran vecinos de Candelaria.

En esas mismas escrituras, pero del año 1848, aparecen un total de ocho préstamos, de ellos cinco a pagar en efectivo y tres en tabaco. De los que debían saldarse en tabaco hay dos que son hechos por la Sociedad Comercial dirigida por el portugués José Leal.  Dos de estos dichos préstamos tienen como fecha de vencimiento el mismo año 1848 y el  tercero debió ser una cifra considerable que no se especifica en la escritura, valorada en 575 quintales de tabaco. Cuatro de los individuos que reciben en ese año son canarios, uno de ellos reside en Candelaria.

Diez años después la situación es muy diferente respecto a los préstamos y en especial a los que se debían pagar en tabaco. Es que para entonces la producción de la hoja había dado un salto significativo. Incluso, hasta la forma de redactar los documentos respecto a los debitos había variado. A diferencia de los años 1847 y 1848, ahora se ofrece mayor claridad y precisión en la información: siempre se expresa la cantidad prestada y lo que se espera obtener en tabaco y, también, se da más información sobre deudores y acreedores.

Quien revisa los documentos gibareños encuentra en esos años más de  mas de 50 transacciones, 28 de ellas debían ser saldadas con tabaco. Por demás 19 de los que reciben los créditos son canarios y de los que se comprometían a pagar la deuda con tabaco, 11 son canarios. (Para entonces eran los grandes prestamistas un grupo de catalanes, santanderinos y vascos). 

A la vez ha ocurrido que la vieja sociedad local, típicamente patriarcal, se va transformando lentamente. Un periodista escribió sobre la concluida década de los años sesenta en estos términos:

“Las familias de los campos, sencillas e inocentes, vivían felices en sus propiedades y abandonaban su campestre morada tres veces al año; por Semana Santa, por Santiago y por Pascua de Navidad: la ciudad ofrecía en esas épocas un aspecto de animación y vida que regocijaba.

“Pero mas tarde el tendero del cuartón, capitalista de doce pesos, comen­zó por llamar la música al cuartón, por llevar a la tienda botitos, vestidos costosos, sillones, manteletas, chals y demás adminículos que antes eran innecesarios en los campos. A las primeras funciones iban montadas las hijas de los hacendados en los sillones que guardaban enfundados para los viajes a la ciudad y las de los labriegos, hacían uso de enjalmas ó lomillos, que era la montura mas usual en el país.

“Repitióse la fiesta otro día y ya todas las muchachas montaban sillones que el tendero fiaba a los padres, a pagar con la cosecha; el listado fue reemplazado con la falsa muselina, los zapatos de dril cuyo :corte era de tres reales, fueron sustituidos con el botito de tres duros, el   pañuelo tan propio de la guajira era inconveniente al lado del chal y la manteleta, el collar de colores era inadmisible al lado de las cuentas azules  y coloradas de la industria francesa, y como el tendero esplotaba(sic) en  terreno virgen aconsejaba en nombre de la decencia semejantes gastos, se hacía la persona mas importante y entendida del Cuartón, fiaba á pagar con la cosecha, y como un esceso(sic) trae otros, mientras las muchachas  bailaban ó eran bailadas al aire libre ó bajo una enramada, los hombres hacían honor á Baco en la bodega (siendo este uno de los graves males de las tiendas de campo)[2] cuando no estaban recreándose mas ó menos  ocultos, con la baraja ó los dados.

“El caso es que llega el primer año de cosecha, y aunque esta bastase á  cada uno de los campesinos para satisfacer la deuda al tendero, se le entrega toda, pero siempre necesita cada cual un pico para este o el otro  asunto, conviene el tendero en anticipar la cantidad que será pagada en tabaco el año siguiente, solo que en vez de dos quintales le pone cuatro y  además el rédito consiguiente al dinero que anticipa[3].

“Si es sabido aquel refrán que dice: labrador empeñado, es hombre arruinado, ¿qué porvenir le aguardará al pobre labriego que embalsado  entre las manos del tendero le queda siempre la tienda abierta para que  el esclavo tenga donde ir a vender lo que roba, para que el hijo frecuente  lascuela de Baco y él mismo para que tenga donde gastar en sardinas, salchichones, galletas y otras baratijas que antes le eran innecesarias?

“Y todavía es nada eso; un campesino va al pueblo y en casa de su antiguo y formalote marchante, que siempre le pesaba bien, compra una arroba de sal, media de café, una cuarta de arroz y una libra de cebollas; llega a su casa arregla su romana de palo y ella le dice que el tendero del campo le cercena mucho de lo que compra pesado, pero vive distante y vale más el viaje que lo que quiere reclamar. Desiste de ello y, con repugnancia al principio y por hábito después, si el tendero engaña al labriego, este le engaña a su vez en la calidad, clase y hasta en la cantidad  de lo que le entrega.

“Por supuesto, a los tres o cuatro años la deuda del labrador es enorme pero el tendero no quiere el perjuicio del labrador, no le quita bueyes ni caballos, sino que se contenta conque le, hipoteque el sitio, porque como somos mortales, prevé la eventualidad de una desgracia mortuoria, y se asegura de ese modo. Por su parte el campesino agradece que no lo lleven á los tribunales y él mismo se pone el dogal al cuello”[4].
Antes de iniciarse la guerra de 1868 el comercio de tabaco era uno de los rubros más importante entre los varios que se desarrollaron en Gibara,  hasta muchos países lejanos llegaban las hojas de tabaco cosechadas en esta zona y eso sirvió para que muchos comerciante se enriquecieran. Muchos emigrantes amasaran fortunas que salieron de las vegas de otros emigrantes más pobres: los canarios.





[1] El almirante Cristóbal Colón anotó en su diario sobre el descubrimiento del tabaco por los europeos:

“Martes 6 de noviembre... Ayer en la noche volvieron los dos hombres que había enviado a ver la tierra adentro, y le dijeron cómo habían andado doce leguas que había hasta una población de cincuenta casas, donde diz que había mil vecinos que viven muchos en una casa... hallaron por el caminos los dos cristianos mucha gente que atravesaba a sus pueblos, mujeres y hombres, con un tizón en la mano, yerbas para tomar sus sahumerios que acostumbraban”

Hortensia Pichardo Viñals, Capitulaciones de Santa Fe, Relación del Primer Viaje de  Cristóbal Colón, Editorial de Ciencias Sociales, La habana, p 1978.

[2] En un documento del general mambí Julio Grave de Peralta, refiriéndose a los abastecimientos en el territorio controlado por los libertadores en 1869, se sitúa el aguardiente como un producto de primera necesidad. Un documento del cabildo de Holguín de ese año también le da gran importancia al aguardiente.

[3] Los préstamos a pagar  por tabaco se venían realizando en la jurisdicción desde principios del siglo XIX. En el hinterland del puerto de Gibara era bastante común tales transacciones.


[4] Juan Francisco Nápoles y Fajardo, El Sitio de Holguín. La Habana, 1871