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La historia de LOS CHINOS que le dieron nombre al famoso agromercado holguinero

6 de mayo de 2016

CANDELARIA, CONSTRUCCIONES



Al llegar a Candelaria los canarios se encontraban con una zona donde no existía una población con casas que pudieran alquilar o comprar sino que generalmente había una casa (bohío) en cada finca, pero los canarios no siempre compraban fincas como tales sino fragmentos de fincas. Por lo tanto ellos canarios tuvieron que fabricar sus casas, que eran al rústico estilo de la que habían vivido los aborígenes.

Muy pronto aprendieron, y algunos quedaron en la memoria colectiva por la agilidad que alcanzaron en construir este tipo de vivienda. Una de las ventajas de los bohíos era el poco gasto que representaban; los materiales los regalaba la naturaleza cubana.

Se dice que llegaron a construir casas muy grandes en las que no utilizaron ni clavos ni alambre, solamente bejucos. En la zona crece un tipo de bejucos popularmente llamados “uví” y asimismo otros que son capaces de soportar grandes pesos y que son resistentes al deterioro que impone el tiempo, la humedad y el calor.

A las piezas de madera grandes le hacían moscas o ranuras para “embonar”, es decir que coincidieran con el horcón donde se insertaban.

Las construcciones de bohíos hicieron aparecer diferentes instrumentos de metal necesarios para aquella labor, entre ellos la aguja de cocer yagua. (Generalmente esta la fabricaba el herrero del barrio[1]. No se fabrica industrialmente). Es la aguja una pieza en forma de cuchillo sin filo en los bordes y con una punta afilada para perforar la yagua. En la parte posterior tiene un orificio u ojo, que es como se le conoce, por donde se pasa una fibra de yarey.


Para hacer la pared del bohío se pone la yagua entre dos varas flexibles y más delgada que el horcón, el cuje. El cuje tiene dos centímetros de grueso y preferentemente es de yaya, una planta que crece fina y recta buscando la luz del sol. Se corta en luna menguante, según la tradición campesina para que no los insectos no la ataquen.

Los cujes se sostienen con parales. Según el Diccionario de la Real Academia, los parales son maderos horizontales u oblicuos que sostienen el andamio de un muro, pero en el caso, se trata de maderos verticales de menor grosor que los horcones que se colocan intermedio entre estos para sostener las paredes de yagua y también las de tablas. 

Al acto de poner las yaguas o tablas en las paredes le llaman los campesinos: “forrar o aforrar la casa”. En esta labor  participan dos personas. Una se sitúa en la parte que al terminar la construcción quedara dentro de la casa y otro por la parte de afuera. El que está adentro introduce la aguja por debajo de los dos cujes paralelos, atravesando la yagua y la saca al exterior, la aguja lleva detrás el yarey o el alambre. El que está afuera hala y la introduce por la parte superior de los dos cujes,  atravesando por la parte superior. Entonces quien está adentro hala y le da una segunda vuelta, repitiendo el mismo proceso, pero cuidando que el extremo del yarey o alambre quede adentro, para amarrar.

Según la memoria colectiva, varios vecinos del barrio de Candelaria se convirtieron en verdaderos especialistas en forrar o aforrar casas.

CORTE DE MADERA

En las entrevista a los descendientes de canarios pudimos comprobar que estos inmigrantes se adaptaron a las costumbres cubanas y no solo en la construcción de bohíos sino también en el corte de la madera que era utilizada en estas labores. Los campesinos cubanos cortaban los árboles según la luna y también según el ciclo de la marea. Siempre preferían cortar en bajamar, y esto era posible porque el barrio estaba cerca del mar y podían determinar el flujo de las mareas por el río Cacoyuguin.

Pero los que vivían más alejados, allá en la Sierra de Gibara, no podían estar al tanto de las mareas y por eso recurrían a una vieja tradición de la zona: Se llevaban un gato para el monte y observaban los ojos del animal. Se afirma que el ojo del gato refleja la marea; cuando la pupila está dilatada es que la marea esta llena y cuando esta estrecha, la marea está baja y entonces cortaban la madera[2].

LA PALMA REAL

Es esta entre todas las plantas endémicas, la más útil para la fabricación de bohíos desde “el tiempo de los indios”, por eso es considerada la Planta Nacional de Cuba. Los aborígenes y de ellos lo aprendieron los campesinos cubanos, cortaban los trozos de tronco de la Palma Real y los convertían  en tablas útiles para una construcción.

También los canarios inmigrantes aprendieron el proceso e incluso, hicieron aportes, en Candelaria había uno de ellos llamado Francisco Pérez que adquirió fama en el trabajo de convertir las palmas en tablas, tanto que era el preferido por los dueños que era a él a quien casi siempre contrataban.

Es la palma real el único árbol que da tablas de una manera rústica sin tener que pasarla por una sierra. El proceso comienza cuando una vez  derribada la palma se corta en trozos de un largo calculado para sacar tablas que salgan parejas. Con un hacha se abre una grieta en el tronco y a partir de ella se comienzan a colocar cuñas de hierro; esas cuñas se golpean con mandarrias para que el tronco se abra en línea recta. Cuando las tablas se han separado se limpian por dentro con un instrumento llamado “azuela o achuela”.

Por fuera se limpia con una cuchilla de unos 30 cm de largo que tiene dos mangos en cada extremo y un buen filo en la parte inferior. Este trabajo se hace acomodando la tabla en un banco para que sea más cómodo al campesino correr la cuchilla por ella hasta dejarla limpia y pareja.

El trabajo con las tablas de palma tiene sus complicaciones, porque a diferencia de las obtenidas de otros árboles, a las de palma no se le  deben clavar clavos porque se raja fácilmente. Las perforaciones se hacen  con un berbiquí y luego se introduce el clavo.
Igual que las tablas, la Palma Real da sus pencas para el techo, a esas se les llama: guano. Cobijar es como se llama al acto de poner el guano. Hay dos formas de hacerlo, una es calvandolo a los cujes, pero esa no es la que más se usa, porque se necesitan cujes muy fuertes para que no se afecten al ser atravesados y un buen carpintero. Lo que sí es común es que se claven las primeras hiladas de abajo, seguramente que buscando más fortaleza y mas durabilidad, y a partir de ellas las demás pencas de guano se amarran a los cujes. (Hay quienes amarran también las primeras hiladas).

El primer cuje no se cobija, ese es para que descanse la penca. La cobija comienza en el segundo cuje. Siempre se comienza de abajo hacia arriba. La pencas se amarran con yarey.

Cuando se está acabando la cobija, la gente siempre dice: “Venga agua que ya estamos en el ultimo cuje”, o sea, que no importa que llueva porque aquella casa ya tiene techo.

En la cima del techo se pone una cubierta que se llama caballete. Ese se hace con yagua y hojas de plátanos y sirve para impermeabilizar la parte superior.

Terminada la cobija entraba en acción un oficio que muy pocos tenían, recortar el guano. Ese se hace con un cuchillo muy afilado y consiste en recortar de forma muy pareja los extremos de las pencas que quedan en la parte de abajo, sobresaliendo por encima del primer cuje )o el último, en dependencia de por donde se comience a enumerarlos). El recortador del guano se especializaba en grado tal que en el barrio se sabía cuando una casa había sido recortada por uno u otro.

El nieto de canarios ya fallecido, Lorenzo Gonzáles Armas, tenía fama en Candelaria de ser quien mejor daba el terminado a una cobija. Tanto que cuando alguien concluía la cobija lo buscaba a él porque como nadie sabía darle presencia a la casa.  

La planta de la mayoría de las casas campesinas de Cuba, y no eran excepción la de los canarios de Candelaria, consistían en un portal delante que daba entrada a una sala que tenía dos cuartos a ambos lados. Separadas del cuerpo principal tenían una cocina comedor.

En cuanto a los materiales para hacer las casas, la excepción en la zona cercana al puerto de Gibara es Iberia. Allí los techos son de zinc y las paredes de madera.

La mayoría de las casas de Iberia se levantaron entre 1906 y 1910 cuando se convierte en nudo del ferrocarril Gibara-Holguín/Santa Lucía-Velasco. En esa fecha las casas del poblado se compraban por piezas en Gibara a una persona que las encargaba al extranjero. Cada casa venía con sus planos para armar.

En otras zonas llanas de la comarca también había casas con techo de zinc y paredes de tabla de palma, con portales o “corredor” de tejas y piso de tierra.

EN LA MONTAÑA

Hubo casas en las montañas que usaban el zinc para el techo. En ese caso, que era siempre el de gente ciertas condiciones económicas, y toda vez que por allí escasea el agua, se ponían canales para recoger la lluvia.

LA CASA DESPUES DE 1959

Próximos a 1959 el Gobierno hizo varias casas con techo de placa y buena carpintería en los pisos.

Actualmente, (y sucede desde que la siembra de ajo favoreció a varios vecinos de la zona), se hicieron casas de techo de placa y paredes de mampostería que tardaron años en acabarla y que, generalmente, nunca las pintaron. Favoreció este tipo de construcción la posibilidad de tener fuentes cercanas donde conseguir la arena artificial. El cemento, generalmente, lo compraron en bolsa negra. Esas son casas sin creatividad arquitectónica, aunque hay excepciones, como por ejemplo, dos casas levantadas en el  límite de Candelaria Moro que salen del tradicional modelo de chalecitos bajos y calurosos copiados a los norteamericanos. Una de esas es propiedad de la familia León Rodríguez, descendiente de canarios.

Sin importar el material del que están construidas, siempre, anexo a las casas hay un excusado y un rancho para guardar aperos de labranza y todos los trastos que no tienen cabida en el interior de la vivienda, y asimismo los chiqueros para la crianza de cerdos que se levantan muy cerca para evitar los robos. Igual se ven comúnmente los polleros, que consisten en una construcción hecha con cujes separados a una distancia prudencial para que entren a comer los pollitos solos, sin sus madres.

CAMBIOS EN LAS VIVIENDAS

La producción de ajos que comenzó en los años 80 diferenció socialmente a los que más suerte tuvieron y la prueba está en las viviendas que construyeron.

Hasta esa fecha eran las casas de placas muy bajas y semejantes a las otras, ahora ya hay algunas que se salen del modelo acostumbrado. Como hay en Candelaria una cantera donde se extraen lajas, con ellas enchapan las paredes que de esa forma no hay que pintarlas. Hasta la torre de la iglesia católica lo hicieron las lajas de la cantera de Candelaria, que fue, además, de donde se sacó la piedra que se utilizó para enlajar los fosos del Hospital Lenin de Holguín. 


[1] Como mismo la aguja de coser la yagua, los herreros hacían otros varios productos, como herraduras, clavos, barretas, rejas de arado y todo casi todo lo que se le pidiera. En Candelaria se conoce de la existencia de por lo menos un herrero de origen canario, Luís León, quien llego a tener una herrería en los primeros años del siglo XX.  

[2] Entrevistas realizadas por Enrique Doimeadios y José Abreu Cardet a Pedro Pérez Guerrero y Ramón Pérez Cuenca, nieto de canarios.