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6 de mayo de 2016

LOS POBRES USUREROS CANARIOS (EN GIBARA)



Aunque existen evidencias de que algunos canarios que vivían en las inmediaciones de Gibara (siglo XIX), poseían algunos recurso, esos eran los menos. Los otros, que eran más, eran los pobres. Ellos se establecieron en los cerros, y cuando lograban reunir recursos, aunque solamente fueran unas pocas monedas, lo utilizaban para adquirir tierras en la zona llana. Otros muchos, para conseguir el mismo fin,  pedían dinero prestado e hipotecaban la finca recién adquirida. Así el curioso encuentra en los protocolos notariales un canario compraba una finca y ese mismo día la hipotecaba. 

Veamos un caso específico: el canario Juan Ortega Hernández compró en 50 pesos oro a Juan Gualberto Martínez, tres cuartos de caballería en Los Altos, que era un barrio situado en la Sierra de Candelaria. (Lástima que las escrituras no especifican las dimensiones de la finca)[1]

Generalmente los linderos o límites de estas fincas que se vendían e hipotecaban eran bastantes peculiares, así, por ejemplo, en una transacción que hace el canario Rafael Hidalgo y Mariño con Felipe Munilla en el acta de venta para fijar los límites de la finca se especifica que aquel era:

“(…) el punto nombrado La Casimba, donde existe una mata de caña bambú y donde, además, está clavado un horcón de lechero cuyas señales son conocidas por José Rafael Hidalgo. Más adelante hay otro horcón, éste de madera de Cuyá que se halla en la cerca que existe a orilla del caserío de Las Bocas. Estas señales permanecerán fijas sin que  puedan ser removidas”[2].

Los canarios, como mismo otros campesinos que se establecieron en el barrio de Candelaria obtenían pequeños préstamos de personas establecidas con anterioridad  en la comarca y que contaban con recursos. En los documentos que se conservan destaca como prestamista Mauricio Calvi, sujeto este de origen italiano que se asentó en el barrio a finales de los años treinta del siglo XIX. Calvi estableció una sociedad para hacer préstamos con el también italiano Benito Moro. Este último llegó a tener tal poder económico que parte del barrio de Candelaria donde se asentó se conoce hoy en día con el nombre de Candelaria Moro.

Era Felipe Munilla, natural de Santander y propietario de tierras y comercios en la comarca, otro de los prestamistas. La parte de Candelaria donde vivía este individuo se le conoce como Candelaria Munilla. Es interesante que las partes del barrio que se nombraron con el nombre de vecinos que eran ricos y prestamistas. Ello hace creer que en la memoria popular y en especial en la de los descendientes de los canarios, el prestamista alcanzara  dimensiones sobrevaloradas al ser aquel quien podía prestarle el dinero que necesitaba para comprar tierra apetecida.

Como mismo los terratenientes mencionados, hubo en Candelaria comerciantes que hacían prestamos; entre ellos el catalán Martín Gurri, quien incluso, utilizaba un apoderado o testaferro llamado Manuel Alberti natural de Puerto Príncipe[3].


Un viejo documentos da cuenta de cómo actuaba Gurri: dice que el día 27 de septiembre de 1858 aquel prestó la cantidad de 944 pesos 80 centavos al matrimonio canario integrado por Jerónimo Rodríguez y Juana Hernández. El dinero lo hizo contra la hipoteca de un sitio de labranza en Arroyo Blanco, punto de la hacienda Candelaria y con la fianza que otorgó el también matrimonio canario integrado por Ana Francisco Velásquez y Jacinto Hernández[4].

No debe verse a los canarios de Candelaria como pobres campesinos, siempre al borde de la ruina. A algunos de ellos el trabajo y el ahorro les permitió reunir un minúsculo capital con el que también hacían préstamos. En los documentos que se conservan en Gibara hay diversos ejemplos de aquellos modestos usureros canarios. En algunos casos se comprueba que eran gente que iban más allá de hacer un improvisado préstamo a un vecino, sino que estaban acostumbrados a prestar dinero y que sabían a qué mecanismos legales recurrir en caso de que el beneficiado se negara a pagar. Así está el caso del canario José Pérez Martín quien en 29 de julio de 1861 dio un  poder a Rafael Valero para que lo representara en los trámites que estaban siguiendo para que un acreedor le devolviera 110 pesos “que le es en deber y siendo preciso la demanda ante la autoridad competente”[5]

También ocurrió que algunos canarios especularon con la tierra vendiendo pequeños sitios de labranzas a otros coterráneos suyos, como fue el caso de los canarios Juan Rodríguez y Pedro Martín quienes le vendieron al también canario Vicente González “una estancia nombrada La Caridad situada en el cuartón de Los Hoyos, ejidos de esta población”[6] (Fue esa una venta modesta por la cantidad de cuarenta pesos. Dice el documento que los vendedores, Juan Rodríguez y Pedro Martín, no sabían firmar).

Asimismo ocurrió que un canario del que no podemos saber su nombre porque el documento del que tomamos la información está deteriorado, en 1ro de octubre de 1861, vendió al también canario Vicente Guillermo un sitio nombrado San Antonio fundado en 34 pesos de posesión en la Candelaria por 300 pesos[7].

En octubre de 1861 don Raimundo Rodríguez, natural de Islas Canarias, vendió al también canario Antonio de Ávila, “una estancia situada en el cuartón de los Hoyos” en 25 pesos[8]. Y el canario don Pedro Antonio García le prestó al también canario Jerónimo Rodríguez la cantidad de  679 pesos de plata efectiva, respaldado el préstamo por la  hipoteca de un sitio nombrado La Caridad, fundado en 29 Pesos de Posesión en la Hacienda de Arroyo Blanco, Candelaria[9]

El canario  Diego Concepción Betancourt vecino de Candelaria, casado y de oficio del campo, le vendió al también canario Santos Morera, con residencia en el cuartón de Arroyo Blanco, casado y propietario, un sitio de labor nombrado San José, fundado en 30 Pesos de Posesión  en la hacienda comunera de Pedregoso. La transacción se hizo por 400 pesos oro[10]. El vendedor había comprado las tierras el 13 de enero de 1872 de manos de Doña Maria Eduvigis de Mora[11].

En otras ocasiones se hacían compras de fincas por dos o más canarios. Ahora no es posible saber si en estos casos era para realizar la explotación común del terreno o si luego de la compra lo dividían. Lo que sí es fácil de entender que era esa una forma de poder establecerse en la zona llana de Candelaria donde los terrenos eran más fértiles, el valor de la tierra era superior y el transporte más fácil.  


Ejemplo de lo anteriormente dicho fue el caso de los canarios Vicente Santos Morera y Raimundo Martín Betancourt que el  19 de febrero de 1883 compraron al balear, natural  de Ibiza, Jaime Clapes Ferrer, una finca por el precio de mil pesos oro[12]. La finca que compraron estaba situada en Arroyo Blanco y lindaba con las fincas de otros dos canarios, Vicente Santos Morera y Raimundo Martín y con las propiedades del grande terrateniente santanderino Atanasio Calderón y con el camino de Holguín[13].  (Era entonces el camino de Holguín la gran posibilidad de comunicarse fácilmente con los barrios y con el puerto).

La alta mortalidad en la época también posibilitó a los canarios apropiarse de mejores tierras que las de lo alto de los cerros. Sucedía frecuentemente que muchos hombres fallecían en edad relativamente temprana y su finca era heredada por una mujer sola, que podía ser la viuda o la madre. Sin otros hombres que se encargaran de los trabajos agrícolas, generalmente estas mujeres vendía la finca para irse con otros familiares. Fue ese el caso de  Silveria de Feria y Gómez, natural de Holguín y vecina de  Candelaria. Ella, junto con su esposo Basilio Infante, poseía propiedades en Candelaria. Al fallecer el esposo fue ella la dueña, entonces la viuda puso en venta la finca[14]. (Por cierto, era un hecho muy singular en la zona este de una mujer involucrada directamente en una transacción de venta de tierra). Y para que el caso sea todavía más extraño, quien compró fue otra mujer, doña Josefa Hidalgo Rojas. El esposo de esta última era el canario Miguel Morera Cruz[15]. Miguel, se sabe por el mismo documento, se había establecido en octubre de 1865 en el barrio de Candelaria donde contrajo el matrimonio con Josefa. Ella, probablemente, pertenecía a dos antiguas familias holguineras, los Hidalgo y los Rojas que estaban establecidos en la comarca desde el siglo XVIII. Dice el documento que la mujer había llevado al matrimonio una dote relativamente importante y que por eso pudo adquirir la finca a un precio de 600 pesos oro. (Si como suponemos era ella parte de las dos viejas familias mencionadas, entonces estamos ante el caso de la inserción los canarios recién llegados en viejas familias de la comarca).





[1] Museo Municipal de Gibara. Fondo Protocolos Notariales, año1881,  página 539, folio 158

[2] Museo Municipal de Gibara. Fondo Protocolos notariales, Año1881, Pagina 603, Folio 173

[3] Puerto Príncipe hoy Camaguey

[4] Museo Municipal de Gibara, Fondo Protocolos Notariales, año 1861, 15 de octubre, pagina 121

[5] Museo Municipal de Gibara, Fondo Protocolos notariales año 1861, fecha del documento 29 de julio.

[6]  Museo Municipal de Gibara, Fondo Protocolos notariales, año 1861, pagina 106

[7] Museo Municipal de Gibara, Fondo Protocolos notariales, año 1861, pagina 106.

[8] Museo Municipal de Gibara, Fondo Protocolos notariales, año 1861, 1ro de octubre, página 109

[9] Museo Municipal de Gibara, Fondo Protocolos notariales, año 1861, 15 de octubre, sin pagina.

[10] Museo Municipal de Gibara. Fondos protocolos notariales, año 1883, de 5 de enero de 1883 Pagina 15, Folio 6

[11] Ibidem

[12] Museo Municipal de Gibara. Fondos protocolos notariales, año 1883, de 19 de febrero de 1883 Pagina 115, Folio 39

[13] Ibidem

[14] Museo Municipal de Gibara. Fondos protocolos notariales, año 1883, Pagina 641, Folio 183


[15] Museo Municipal de Gibara. Fondos protocolos notariales, año 1883, Pagina 641, Folio 183