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Toda la aldea a la mano

HÉCTOR LAVOE INTERPRETA AL HOLGUINERISIMO GUAYABERO

6 de mayo de 2016

LOS ISLEÑOS (Canarios), EN LA HISTORIOGRAFÍA CUBANA DE LA GUERRA

Cuando reiniciaron en Cuba las guerras por laindependencia, los criollos locales incluyeron en el bando integrista a todos los inmigrantes españoles, menos a los canarios. Es que estos eran demasiados cercanos, cada cubano tenía un antepasado “isleño”.

Y es verdad que sicológicamente ellos estaban más cerca del cubano que cualquier otro español y también es verdad que los isleños nunca conformaron las élites de poder y eso les ganó la generosidad de la historiografía local que los acercó al bando cubano o que, por lo menos, los separó de la definición de “catalán” que en la Isla era sinónimo de integrista.

José Martí, el héroe del independentismo cubano, era hijo de una canaria y  Carlos Manuel de Céspedes, iniciador de las guerras independentistas en Cuba y primer Presidente de la República de Cuba en Armas tenía ascendencia canaria, verdaderamente lejana pero real[1]. En igual circunstancias estaba el general insurrecto Julio Grave de Peralta[2].

Pero la verdad es otra diferente. Pese a que un grupo de canarios militaron en las filas del independentismo la mayoría de los que vivían en Cuba se convirtieron en integristas acérrimos y apoyaron el integrismo.

Los territorios cubanos con predominio de población de origen canario jugaron un papel importante en la lucha contra el independentismo. Incluso, en los años iniciales de la Revolución cubana de 1959 cuando los cubanos se ilusionaban con los barbudos de Fidel Castro y se desarrollaba con ímpetu la “fiesta cubana”, en los territorios de raíz canaria se argumento con gran fuerza la contrarrevolución.

Asimismo en los territorios con predominio de población canaria ha quedado una profunda huella racista que perdura hasta nuestros días. Ellos, en especial las mujeres, solamente formaban parejas con otros canarios o con españoles, considerando que el cubano criollo era “un mal partido”.

Las causas de por qué esta actitud tan conservadora de los canarios no se han estudiado o por lo menos en Cuba no se ha publicado un texto con una reflexiones sobre el asunto. La historiografía cubana, cuando habla de la inmigración canaria generalmente se refiere a que el canario conforma una parte sustancial de la población cubana y que su cultura está en las raíces de la nacionalidad de la Isla antillana y nada más.

Pero la inserción del canario en la nacionalidad cubana no parece que fue muy simple.

Primero, porque el canario no es un simple campesino enfrascado en una agricultura de subsistencia y de escasa comercialización, vinculado de forma patriarcal al caudillo del barrio: el canario era, siempre, un emprendedor empresario. Un ejemplo de esto es la actividad agrícola de estos. Estaban ellos vinculados a productos de alta demanda en el mercado internacional, por lo que trataron de establecerse en zonas con facilidades en las comunicaciones para tener vías para la exportación de sus productos.

Esa es la causa de que la inmigración española y canaria estaría estrechamente vinculada a los puertos.

Aunque a estos inmigrantes se les relaciona tradicionalmente con la vega de tabaco y el pequeño sitio de labranza, lo que es verdad muchas veces, pero aún esos están estrechamente vinculado al comercio internacional. Ellos, no se olvide jamás, eran gente nacida a la vista de los muelles y los cargueros que expanden por el mundo la fiebre del comercio. Igual, los isleños establecidos en Cuba continúan manteniendo relaciones con la parentela de Canarias, lo que significaba que tenían otros horizontes, otras relaciones y otra información. Incluso, era costumbre que los integrantes de ese grupo que podían hacerlo, viajaban a su tierra natal.

Aún residiendo en las zonas más intrincadas de Cuba, su vida continuaba  vinculada a viajes, barcos, correspondencia, pago y cobro de letras, envío de remesas, que eran asuntos desconocidos por los campesinos criollos cubanos perdidos entre los pastizales y montañas.

Las circunstancias de su mismo origen, esto es, de ser de una zona marginal del estado español los ha separado del gran negocio. Tienen ellos muchas menos probabilidades de entrar por la puerta ancha del almacén y casi nunca la de enriquecerse por medio de la burocracia del imperio. Es esa falta de oportunidades y su situación marginal lo que los ha llevado a la vega o la finca pequeña, pero sigue pensando en comerciar con el mundo. Cuando logra ser propietario de tierras siembra tabaco, que era un producto muy codiciado en las transacciones ultramarinas.

Eran los canarios que vinieron quienes en Cuba conformaron una elite de gente con iniciativa. Eran ellos los que tuvieron fuerzas para emprender el riesgoso viaje del inmigrante. Y cuando llegaron se aferraron al trabajo sin descanso, expuestos a todos los azotes de la naturaleza y de los hombres, pero con fuerzas para enfrentar todo lo que les fuera contrario. 

La mayoría de los canarios acumularon riquezas, en ocasiones riquezas diminutas, es la verdad, pero eso los hacía diferentes de los criollos locales. Al entrar en uno de sus casas, si se nos permite llegar hasta la cocina, encontramos que sobre el fogón colgaban ristras de ajos y racimos de plátanos. En un rincón había toneles rebosantes de grasas con chicharrones de carne de cerdo flotando. En una botija de cristal guardaban frijoles de la última cosecha para conservarlos de la humedad y los depredadores y por la ventanuca se veía y oía el alboroto del mítico “patio de gallinas”, mientras que cerdos gordísimos dormitaban en el corral. Más allá una vaca mansa miraba con ojos indiferentes la abundancia de sus dueños[3].

Es cierto que existía una masa canaria que eran los peones, esos trabajadores mal pagados de las plantaciones pero apenas tienen una oportunidad ellos también tratan de establecerse como campesinos propietarios en el mejor de los casos o como arrendatarios.

Sus fincas fueron un canto a la vida y una negación de la muerte, aunque las rodeara o sobre ellas pendiera la muerte y la destrucción, y este asunto los trataremos de comprender mirándolos desde un campamento insurrecto cubano.      

¿LOGISTICA MAMBISA VERSUS CANARIOS?

Un general insurrecto de la guerra de 1868  contaba con regocijo casi infantil que en su campamento “…se ven varas de tasajos y montones de boniatos, mangos, cañas y hasta zapotes y si algún curioso escarba algunos montones que sobresalen de la tierra encontrara nísperos puestos a madurar con el calor del sol. Esto es en fin, un campamento encantador, lo que no es de extrañar en nuestra bella Cuba.”[4]

Obviamente que buena parte de la carne, frutas y viandas que hacían a aquel un “campamento encantador” procedían de los campesinos que residían en el territorio controlado por el gobierno español, no pocos de ellos: canarios o sus descendientes.

Es una larga y poco conocida historia la que cuenta que la logística insurrecta ponía casi constantemente en grave peligro para sus vidas la población de isleños inmigrados a la isla.  

Al iniciarse la  guerra de 1868  no fue difícil para los insurrectos obtener alimentos para sus tropas porque actuaban ellos en territorios con larga tradición agrícola y ganadera. Había allí reservas de alimentos de todo tipo: grandes sembrados de yucas, boniatos, ñames, plátanos y otras viandas y cabezas de ganado por miles.

Antes de dar una orden de combate, todos los bisoños jefes independentistas ordenaban a sus hombres la recolección de las cosechas.
 
Pero el avance de la ofensiva española obligó a las familias a abandonar las estancias y fincas. Sin embargo el cambio en lo que se refiere a las fuentes de alimentación del mambí no varió bruscamente. Los sembrados de yuca, ñame, boniatos, maíz o plátanos podían sobrevivir a la falta de atención humana, aunque, lógicamente, disminuyendo sus rendimientos. Para las tropas cubanas bastaba descubrir dónde había un sembrado de boniatos o ñames abandonado.

La tradición oral dejada por los mambises cuenta que en ocasiones las tropas cortaban los cangres o arbusto de la yuca para que el tubérculo continuara creciendo bajo tierra. De esa forma las columnas hispanas nada más veían los herbazales, sin sospechar que debajo estaba el  nutritivo universo de viandas.

Otras veces y por casualidad, los soldados cubanos hacían  sorprendentes como aquella feliz ocasión de la que habla un mambí en su diario: ...encontramos (...) una pequeña finca abandonada a la margen de un arroyo.[5] Seguro que la alegría fue porque tropezaron con las viandas que habían quedado olvidadas entre el maniguazo.

Había también reses extraviadas, vagando a su suerte por los bosques y sabanas. El asunto era descubrirlas…

Y así fue transcurriendo el tiempo. Cada vez las gentes hambrientas que iban de uno a otro lugar era mayor que los sembrados de boniatos y yucas.

La respuesta inicial de los insurrectos fue sembrar ellos mismos en las prefecturas, que es el nombre que les daban a los predios de labranza los soldados por la independencia. En las Prefecturas se sembraban, fundamentalmente los cultivos que crecían debajo de la tierra para que cuando sus enemigos prendieran fuego a los potreros no se perdieran las cosechas. Asimismo cuando los forrajeadores mambises encontraban fincas de las que sacaban los boniatos, dejaban sembrados los bejucos, esperanzados de que crecieran otra vez y tenerlos cuando pasaran de nuevo por allí.

Mientras las fuerzas del gobierno español en la Isla, sabiendo que podían vencer a los insurrectos cubanos por hambre, escribieron textos[6] ordenando la destrucción de los sembradíos. Exactamente, cuando las columnas españolas no podían conducir el ganado cimarrón que encontraban, lo sacrificaban para evitar que los mambises lo utilizaran. 

Un revolucionario dejó la narración de cómo actuó una tropa española que ocupó una hacienda de las que utilizaban los independentistas para abastecerse:

“Mataron como treinta reses, veinte o más carneros y otros tantos puercos. De estas tres clases de carne tan solo aprovecharon la quinta parte, y todo lo otro lo dejaron botado en los corrales[7].

Otra táctica insurrecta fue sembrar la tierra de los apartados rincones de Cuba Libre. Un diarista mambí describía esa acción así:

 “Se ha desmontado un gran espacio de terreno muy quebrado y vistoso y se han construido mas de veinte bohíos de los cuales algunos están pintorescamente situados. Se cultiva maíz, arroz, boniatos, frijoles, caña, ñame y además coles y otras verduras, siendo la de mayor importancia la rica hoja del tabaco”[8].

Las prefecturas dependían mucho de las posibilidades que tenían los mambises para ocultarlas  del enemigo. Para conseguirlo escogían aquellos los lugares más recónditos y siempre tenían el cuidado de borrar el rastro que dejaban al seguir los caminos que conducían a ellas, además de crear un sistema de vigilancia para descubrir con anticipación cuando las fuerzas se acercaban y defender la prefectura o permitir la fuga de sus miembros. Pero los españoles, con la utilización de su hábil sistema de exploradores y las tristemente célebres “guerrillas”, integradas por cubanos a su servicio, muchas veces lograban descubrirlas y asolarlas.
 
También los mambises cubanos pusieron en funcionamiento un  mecanismo regional de abastecimiento. Para ello generalizaron un activo comercio con el territorio enemigo. A individuos que residían en los poblados españoles les entregaban dinero, estos adquirían los productos y se los hacían llegar a los revolucionarios. Muchas veces esos dichos individuos actuaban de forma espontánea, sin recibir retribución. En otras, obtenían alguna ganancia de ese comercio ilícito.

La búsqueda de vituallas influyó en las operaciones militares. Incluso, los forrajeadores eran gente tan importante en las tropas, como mismo los más corajudos combatientes. Abastecer de carne de res a aquellos campesinos y vaqueros devenidos en soldados de la libertad era una verdadera obsesión para sus líderes militares.
Un general  revolucionario dejó escrito: “Necesitado de ganado las fuerzas que en este distrito operan a mi mando, determiné ir a buscarlo al cuartón enemigo de Samá[9]
El periodista irlandés James O'Kelly,  que vivió algún tiempo entre los insurrectos, dejó una interesante descripción de una de aquellas operaciones de búsqueda de alimentos:

"Como el campamento de Agua no podía suministrar re­cursos suficientes para la guarnición se organizaron expediciones contra los poblados españoles, a fin de conseguir alimentos..."[10].

Otros muy diversos ejemplos de estas acciones abundan en la papelería cubana que habla de las guerras de independencia. El que sigue es uno de ellos: El 30 de mayo de 1870 el General Grave de Peralta le escribió al coronel Quintilio Villareal: “Disponga que las fuerzas de los comandantes  Belisario Grave de Peralta y Jose Ma de Peña pasen esta tarde al platanal que se halla frente a las trincheras de Camazán para  se tomen de allí los plátanos que tenga o que puedan traer. Si para ello se necesita hostilizar al enemigo que sea enérgicamente”[11].

Según el informe sobre los vecinos enviado por el teniente pedáneo a sus superiores, en el momento de la orden, residían en el poblado 11 campesinos canarios, por lo que es muy posible que alguna de las fincas saqueadas fuera propiedad de uno de estos. Si uno de ellos trató de proteger sus sembrados del hambre insurrecto, bien pudo convertirse en víctima, y ya aquí comienza a verse claramente el enfrentamiento canario a la independencia.  (Sépase que las más las fincas de los canarios eran las cultivadas con mas esmero, por lo que eran ellas las predilectas de los mambises).

Igual los canarios se vieron afectados cuando los insurrectos tomaban las ciudades donde vivían y donde tenían sus negocios.

LA RESPUESTA CANARIA

Es necesario reconocer antes que un grupo de canarios militaron en el indepentismo cubano.

CANARIOS MAMBISES

Realmente un grupo de inmigrantes canarios apoyaron el independentismo cubano y aunque este asunto siempre se menciona cuando se habla a favor de incluir a los inmigrantes de aquellas islas en los caminos de la nacionalidad de esta, la verdad es que la mayoría los canarios mambises han sido olvidados. Hoy solamente se recuerda esporádicamente a los más destacados o a los que en alguna ocasión fueron llevados al papel en notas y documentos por algún mambí.

El gran héroe del independentismo cubano, José Martí,  es el hijo de una canaria. Cuando era un adolescente Martí sufrió prisión y allí lo ayudo  un canario, Joaquín Montesinos. La poetisa Dulce Maria Loynaz dejó escrito:  

"Tengo el recuerdo de un señor que visitaba mi casa y que tenía una barba larga y blanca e iba siempre vestido de alpaca negra. Cuando llegaba este señor a mi casa, tanto mi padre como mi madre lo recibían con una marcada deferencia, con un marcado respeto, y yo no me explicaba  la razón. Yo no sabia que cosa tenía ese señor. Ahí esta el señor Montesinos –decían- y toda la casa se ponía en movimiento. Después supe que ese señor que casi no hablaba era el joven isleño que le llevaba la cadena a José Martí y del que él habla en el Presidio Político en Cuba. Era uno de los personajes inolvidables de mi casa[12].
Posteriormente Joaquín Montesino se estableció en Republica Dominicana donde ayudó a José Martí durante su tránsito hacia Cuba en la guerra de 1895.

El hinterland del puerto de Gibara fue un territorio considerado por la historiografía como muy integrista, sin embargo allí se unieron a las fuerzas libertadoras un grupo de canarios: En febrero de 1869 de los 101 integrantes de la compañía insurrecta Número Dos, pertenecientes a la División de Holguín, 15 eran canarios[13]. En esa misma fuerza solamente habían dos peninsulares: uno gallego y el otro asturiano.

En junio de 1869 esa Compañía, bajo el mando del general estadounidense al servicio de los cubanos Tomas Jordán, realiza el ataque a un fuerte situado a unos 10 kilómetros de la ciudad de Holguín. Un refuerzo enemigo ataca a los independentistas por la retaguardia. Las tropas cubanas son masacradas. Entre los fallecidos se encuentran dos canarios[14]. Igual el documento dice que entre los independentistas hubo varios heridos, pero no dice la nacionalidad de ellos; probablemente alguno era uno de los quince canarios que la integraban.

Hay otros ejemplos de canarios en la primera guerra de independencia. Era canario uno de los hombres de mayor confianza del primer Presidente de Cuba en Armas y al que los cubanos consideramos Padre de la Patria, Carlos Manuel de Céspedes. Nos referimos al teniente coronel Francisco Vega.

Vega formaba parte de la escolta presidencial en los momentos en que se desarrolló la gran ofensiva hispana  de 1869. Un insurrecto sobreviviente de aquellos acontecimientos recordaba que:  

“El agua era mala y escasa, la comida no teníamos tiempo para buscarla,  los cartuchos se hacían con las cápsulas que los soldados dejaban caer sobre el camino. Así nos sostuvimos cerca de un mes, pero a pesar de lo extremado de la situación, no había habido ni una sola defección, ni un presentado; ya antes se habían ido los débiles o cobardes, quedaban  allí los puros los resueltos a morirse...[15]

El Teniente Coronel Vega estaba en ese selecto grupo de “los resueltos a morirse”. Él, siempre fiel al Presidente, se convirtió en uno de los hombres más odiados y perseguidos por el imperio español. 

Céspedes dejó constancia escrita del encuentro de su fiel ayudante con su familia, que también militaba en las filas de la revolución. En  agosto de 1872 la comitiva presidencial se acercó a la ribera del río Contramaestre en pleno oriente cubano. Allí los esperaba una grata sorpresa. Emocionado Céspedes la narra en carta a su esposa que se encuentra en el exilio: “Encontramos la familia de Vega y hubo una escena conmovedora. Estaban reunidos todos los miembros de la familia sanos y salvos, al cabo de cuatro años de guerra y en presencia de su Gobierno. Esta honrada gente es toda de Canarias, que vino a esta Isla a buscar fortuna y abrazó nuestra causa con decisión y entusiasmo.  Nos obsequiaron con mangos y cocos”[16]. Dice el Presidente, además, que respondió con un cumplido a sus atentos anfitriones canarios: “Llega el asistente Juan con todos los efectos. Hice de ellos un regalito a la familia de Pancho Vega”[17].
  
Al tercer día de su estancia entre los integrantes de la familia Vega, y como si no quisiera olvidar a gente tan noble y sacrificada, el Presidente Céspedes vuelve a hablar de ellos en su diario personal: “La familia de  Vega es toda de Canaria que vinieron aquí a buscar fortuna y han abrazado nuestra causa[18].

El 29 de agosto el presidente anota en su diario sobre las constantes atenciones de los Vegas y otras familias establecidas en aquella comarca: "Estas familias tratan de cuidarme, unas me mandan bocaditos y otras me arreglan la ropa! Dios se lo pague!”[19].

No queriendo abusar de la amabilidad de los canarios y otros vecinos, el 30 de agosto la comitiva presidencial se traslada hasta las márgenes del río Contramaestre donde se han construidos amplios y rústicos ranchos.
Pese a lo prolongada de la separación de su familia no hay pretexto alguno del teniente coronel Vega para alejarse de los suyos: sale frecuentemente a cumplir encomiendas del Presidente. Céspedes da información de una de ellas en su diario: “Figueredo se marcha con el teniente coronel Vega que lleva orden de destruir el telégrafo”[20].

Los Vega, implacables en su amabilidad, siguen al Presidente hasta su nuevo campamento. Cargan obsequios sencillos y rústicos: naranjas, cocos, raspadura, un pájaro de poca carne... Son regalos arrebatados a la necesidad cotidiana con la sencillez de quienes lo han dado todo por la patria adoptiva.

Como un verdadero símbolo de aquellos días canarios se produce el hermanamiento masón del teniente coronel Vega. Hasta entonces el insurrecto canario solamente era el hombre de mayor confianza que tenía el Presidente, de ahora en lo adelante será hermano[21]. Carlos Manuel de Céspedes anotó ese día en su diario personal: “Tenida masónica en que se dio la luz al teniente coronel Pancho Vega”[22].

Pancho Vega y su familia continuaron fiel a la causa insurrecta, en no pocas ocasiones se hace mención de ellos en diarios  campaña y en la correspondencia de varios patriotas cubanas. Pero al final todos  desaparecieron físicamente y también de la historia. Hoy permanecen olvidados de cubanos y españoles. 
Y como mismo a los Vega, el tiempo fue borrando las anécdotas heroicas vividas por otros muchos. De vez en cuando, disperso en algún archivo o biblioteca, aparece alguna descripción, siempre mencionada muy de prisa por un testigo. Pero el tiempo, con egoísta premura borra por siempre la información que quisiéramos tener sobre valientes incógnitos. 
Lo que sí es una gran y sólida verdad es que, perdidos en los rincones del pasado cubano hay gente guapa a la esperan del biógrafo afortunado que encuentre los papeles y las anotaciones donde se describa en detalle como un día dejaron finca y casa para hacer un país.

Algo ha encontrado La Aldea: Dos canarios alcanzaron el grado de general del ejército libertador, una de ella es muy singular. Se llamó María Hernández. Al llegar de su isla natal, ella se estableció en Cupeicillos, a unos cuatro kilómetros de la  ciudad de Gibara. Al enviudar heredó  una extensa y bien cultivada finca donde estableció un singular negocio: Costeaba los viajes de canarios hasta Gibara. Los recién llegados deberían costear la deuda con su trabajo. No hay evidencia de que alguno de los comprometidos se negara a saldar la deuda porque, seguro, doña María nada más negociaba con gente honrada. Pero, por si acaso, la mujer tenía fama de ser persona con la que no era aconsejable quedar mal.

En la guerra de 1895 uno de los hijos de María Hernández se unió a las fuerzas libertadoras y entonces ella misma, por convencimiento o por lo madraza que era, le declaró la guerra al estado español y lo hizo con toda las fuerzas que la caracterizaban.

Con su abultada billetera ella alimentaba a una partida mambisa que operaba en la comarca y también llevaba y traía noticias y diversos medios bélicos. Denunciada fue detenida y conducida a Gibara con el hijo mas pequeño. La encerraron y la vejaron, pero doña María se mantuvo orgullosa y retadora.

A la muerte del general Antonio Maceo un festejo inesperado envolvió a la villa portuaria, en las calles se montaron improvisadas mesas donde había comida y bebida pagada por los comerciantes. En medio del alboroto y la alegría colectiva uno de los oficiales españoles seleccionó piezas apetecibles del festín y se fue hasta la celda donde doña María padecía hambre.
-No,  le dijo la mujer sin alterar la voz pero con tal  firmeza que la expresión y el gesto se grabó en el hijo pequeño quien después de mucho tiempo dio testimonio de él[23].

Hay otros ejemplos de participación de estos isleños en el esfuerzo independentista.

En el departamento oriental durante la guerra de 1895, el 1,5 % de las fuerzas cubanas eran extranjeros, de ellos, una parte considerable eran canarios. En Camaguey aunque la cifra de canarios fue más modesta: solo el 0,34 % y en Las Villas había 241 canarios entre los insurrectos. En Matanzas eran 2.97 %. En La Habana el 3.38 % y el 1.21 % en Pinar del Río[24].  Con la sola excepción del Camaguey, donde la cifra de españoles era mayor, en todas las otras partes de Cuba el número de soldados independentistas canarios eran más que los otros hispanos[25]. 

Lógicamente que una parte grande de estos combatientes de origen canarios murieron en la contienda y que otros recibieron heridas. No pocos perdieron sus propiedades. No contamos con cifras precisas pues la historiografía cubana hasta el presente no ha determinado la cantidad de fallecidos en el bando insurrecto.




[1] Fernando Portuondo del Prado y Hortensia Pichardo Viñals, “Carlos Manuel de Céspedes: Escritos”, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1974,  tomo I, p 389.
[2] José Novoa Betancourt: “Historia colonial de Holguín. El pueblo. (1720-1752)”, pp.21-23.
[3] Para elaborar la descripción de este típico sitio de labranza canario nos hemos valido de entrevistas y conversaciones sostenidas  con los historiadores Enrique Doimeadios Cuenca,  Francisco García Benítez y José A García Castañeda. Ellos  nos describieron su recorrido por zonas de poblamiento canario en Pinar del Río y  Gibara.  En el caso de los testimonios  expresados  por los ya fallecidos García Benítez y García Castañeda se refieren a escenas observadas en las primeras décadas del siglo XX.
[4] Fragmento de una carta de Calixto García a su esposa del 20 de junio de 1874. En: Periódico la Independencia, Órgano de los Pueblos Hispano – Americanos, N.Y, septiembre. 24- 1874 # 90 año II.  Los editores del periódico probablemente retiraron los párrafos iniciales de la carta, tal vez más íntimos.
[5] Fernando Portuondo y Hortensia Pichardo. “Carlos Manuel de Céspedes Escritos”. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1982, t III,   p 99.
[6] Adolfo Jiménez Castellano. Sistema para combatir la insurrección  en Cuba  según lo que aconseja la experiencia,  Madrid, 1883.
[7] Juan J Pastrana. “Ignacio Agramonte Documentos”. Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 1974,  p 246.
[8] Eusebio Leal Spengler. “Carlos Manuel de Céspedes El diario perdido”. Publicimex S. A., 1992,  p 268. 
[9] Parte oficial de Calixto García referido a acciones militares del 14 de julio de 1872. En: Periódico la Revolución de Cuba, N. Y.- 9 de noviembre de 1872. ANC. Donativos y Remisiones. Fuera de Caja No. 2
[10] James 0'Kelly: “La tierra del mambí”, pp. 329, 330.
[11] Museo Provincial de Historia. Fondo Julio Grave de Peralta.  Libro copiador.  número 1425 del 30 de mayo de 187.
[12] Vicente González Castro, “Un encuentro con Dulce Maria Loynaz”, Ediciones Artex, La Habana, 1994, p 109.
[13] Museo Provincial de Holguín, La Periquera.  Fondo Julio Grave de Peralta.
[14] Museo Provincial de Holguín, Fondo Julio Grave de Peralta, documento 23.
[15] Enrique Collazo, Cuba Heroica, La Habana, 1912, Imprenta La Mercantil,  p 276.      
[16] Fernando Portuondo y Hortensia Pichardo. “Carlos Manuel de Céspedes Escritos”. Editorial de Ciencias Sociales La Habana, 1982, Tomo III, p.153.
[17] Fernando Portuondo y Hortensia Pichardo. Carlos Manuel de Céspedes Escritos. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1982, Tomo III, p.153.
[18] Ibidem. p. 351.
[19] Ibidem. p. 352.
[20] Ibidem p. 371.
[21] Las logias masónicas  no eran para los insurrectos cubanos una mera institución fraternal. En el seno de la logia se había organizado la conspiración, se discutió y convenció de la necesidad de ir a la lucha armada. Las logias eran resumen de la regeneración humana a la que aspiraban estos sacrificados hombres de la independencia. Ser miembro de una de estas logias insurrectas era reconocimiento máximo al sacrificio por Cuba Libre.
[22] Ibidem. p. 354.
[23] Entrevista a Nicolás Hernández Hernández.  
[24] Francisco Pérez Guzmán,  “Radiografía del Ejército Libertador 1895-1898”, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2005, p 160.
[25] Ibidem