ALDEA COTIDIANA

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Toda la aldea a la mano

HÉCTOR LAVOE INTERPRETA AL HOLGUINERISIMO GUAYABERO

6 de mayo de 2016

EL CARBON



Un síntoma de “desarrollo” era dejar atrás el fogón de leña y tenerlo de carbón. El oficio de carbonero era común en la Sierra de Gibara. Generalmente los carboneros también sembraban plátanos, pero el tiempo les alcazaba para también hacer carbón. Por demás, cuando iban a desmontar un terreno para sembrar los platanales, usaban la madera para hacer carbón.



Por demás el platanal se explotaba por unos años, mientras rendía y después se deja que la manigua lo invadiera y mientras tanto se abría un área nueva donde la tierra era virgen. (El área que se abandonaba volvía a enriquecerse al cabo de los años, y por eso podía volver a desmontarse y utilizarse nuevamente para el mismo producto).



En el área abandonada primero crecían las guásimas y otras maderas blandas que, siempre, son árboles de crecimiento rápido. Luego llegaban algunos árboles de madera dura y de crecimiento más lento. Poco a poco el área que se había dedicado al plátano se cubría hasta que el campesino decidiera el desmonte otra vez.



Obviamente que siempre que se producía un desmonte la madera se utilizaba para hacer carbón. El carbón se usaba como combustible en las casas más pudientes, huyéndole al humo que produce la leña, pero además por la creencia de que la comida cocinada con carbón es más sabrosa y posiblemente es porque se cuece de forma más lenta.



El carbón se usaba además en casi todas las casas, incluidas las más humildes, para calentar las planchas con que se planchaba la ropa: y era así porque el carbón no tizna la parte de abajo de la plancha. De todas formas, y para prevenir que la plancha ensucie la tela, se ponía un planchuela metálica encima del carbón y arriba la plancha. En el caso de poner la plancha directamente sobre el carbón era obligatorio poner un trapo en la tabla de planchar donde se limpiaba el fondo de la plancha, eso, sobre todo, cuando se iba a planchar ropa blanca.



Los carboneros bajaban los sacos de carbón desde la Sierra en una recua de caballos siempre pintados de rojo, porque es roja la tierra. Y junto a los sacos de carbón iban los racimos de plátanos. Cuando llegaban al llano iban directo a las casas donde vivían sus clientes fijos. En el caso del poblado de Iberia había un bodeguero que tenia contrata con los vendedores de carbón. Hasta allí llegaban los carboneros que descargaban los sacos, aunque en otros casos los vaciaban en un cuartito, porque el bodeguero vendía el producto a granel, por latas como unidad de medida.



Era mejor negocio para los carboneros cuando vendían el carbón por sacos; cada saco tenía siete latas. Eran esas latas grandes en las que venían 25 botellas de aceite, pero nadie les decía lata de aceite, sino “lata de gas” porque en algunas de ellas venía petróleo. Gas era el diminutivo de gas oil. Ese gas y también el keroseno, se usaba para combustible de los candiles y también para encender la leña y el carbón de las cocinas. 



EL FOGON DE CARBON 

Era en ocasiones una sencilla lata de gas adaptada a la que le ponían una parilla para sostener la hornilla y adentro, el carbón.  Pero la gente más pudiente tenía una meseta de cemento y ladrillo con el hueco para la hornilla. Otras veces la meseta se construía de zinc.



Después de la Revolución llegaron los fogones marca Piker que eran de petróleo.