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Historia de Holguín

La aldea a la mano (Holguín, Cuba)

9 de septiembre de 2016

Crónica siempre feliz de cuando Holguín se coronó campeón de la pelota cubana (Oncena parte)



Por: Ventura Carballido

Aunque nació en La Habana, Héctor “Tico” Hernández es un holguinero naturalizado que posee un fortísimo sentido de pertenencia e infinitivo amor por este territorio nororiental. Fue sobre sus espaldas en quien recayó la difícil responsabilidad de conducir a su equipo de béisbol hasta obtener el título de Campeones de Cuba en 2002. He aquí, seguidamente sus observaciones y puntos de vista.

La Aldea: ¿Emociones, impacto sobre aquella fabulosa victoria?

Héctor Hernández: Antes de producirse el último out yo hice todo lo posible por no exteriorizar nada que delatara el nerviosismo interno que experimentaba en esos momentos; traté por todos los medios de mostrar y transmitir ecuanimidad en mis gestos y expresiones, pues sabía de la tensa situación que todos estaban viviendo y sobre todo, sabía que yo debía transmitirle mucha confianza al lanzador Oscar Gil y a mis peloteros.


Les confieso que cuando Gil logró ponchar a Cepeda yo me quedé sentado en mi silla por un instante, sin decir palabra alguna, y mientras un sudor frío me corría por el cuerpo. A mi lado estaba el entonces metodólogo de Deporte Escolar Enrique Basteiro. Él me dio unas palmaditas en el hombro, me abrazó después y me dijo: tranquilo compay, ya todo pasó, ahora somos CAMPEONES. Reaccioné y entonces fue que corrí hacia el terreno a felicitar a todos. Recuerdo que quien primero tuve cerca fue a Carlitos Rodríguez, nos abrazamos y no se si estábamos riendo o llorando.

La tan grande felicidad era porque había cumplido la tarea a mí asignada y porque era la materialización de mi propio sueño. Ganar el campeonato de Cuba es lo mejor que ha sucedido en mi vida. Con ese título pagué por el esfuerzo de muchos que estuvieron a mi lado.

La Aldea: ¿Qué receta utilizó para conseguir tan rotundo éxito?

El equipo se reúne con Fidel Castro en la Plaza de la Marqueta, Holguín, 2002
Héctor Hernández: Ganamos, sobre todo, porque conseguimos formar un verdadero colectivo, homogéneo, compacto en todo su accionar, que cumplía lo que los expertos le decían que era lo mejor de forma casi exacta a como se lo decían. Y luego, ganamos por la unidad entre entrenadores y atletas y por el grande apoyo que siempre tuvimos de cada holguinero, lo mismo del Primer Secretario como del más insignificante y modesto vecino de la provincia. Ganamos por Jorge Luis Sierra, (Primer Secretario del Partido Comunista en Holguín) y por Ramón Díaz Alcántara (Presidente de la Asamblea Provincial), ganamos porque con nosotros y trabajando para ayudarnos a nosotros estuvo Miguel Parga, (Jefe de planificación del Gobierno provincial), y también Larry Picanes (Comisionado Provincial de Bésibol). Ganamos porque trabajaron y mucho cada uno de los que integraban ña Comisión Provincial de Béisbol y con ellos Miguel Fuentes Quiala, (Director Provincial de Deportes).

Ganamos porque con nosotros estuvieron tantos que es larga la lista y lamento tener que omitir a cualquiera, porque todo el mundo, sin que nadie quede afuera, todos fueron esenciales para que ganáramos.

La Aldea: Todo equipo cuenta con figuras vitales, a su juicio ¿cuáles fueron dentro del conjunto holguinero los hombres claves?

Héctor Hernández: Todo el equipo luchó por el triunfo, esa es una gran realidad, pero existieron individualidades muy descollantes: Luis Miguel Rodríguez, Orelvis Ávila y Juan Enrique Pérez fueron lanzadores determinantes en la clasificación del equipo a los Play Off, y una vez clasificados otra vez Orelvis fue pieza importante junto a Oscar Gil. Usted sabe que ellos dos fueron los “ases” en el triunfo final.

Hay que reconocer además, siempre, el gran aporte brindado por Yoenis Duboys, que ganó un juego “clave”, actuando como abridor (el 5to juego en el José A Huelga de Sancti Spíritus). Esa victoria puso la serie 3 a 2, a nuestro favor, en un momento en el que por problemas de la rotación no disponíamos de lanzadores abridores.

En cuanto al aporte de los bateadores-fildeadores son varios a quienes tengo que mencionarle que en diversos momentos influyeron decisivamente,. Esos son los casos de Waldo Denis con sus oportunos hits, Juan Rondón con su combativo juego y su cuadrangular decisivo frente a Villa Clara en el quinto juego y noveno Inning que nos dio el pase al Play Off final; Juan Pacheco que fue un gran impulsador de carreras en momentos oportunos; Roinier Varona que se lució en el campo corto y fue un constante inspirador a la ofensiva en los momentos tensos de los juegos, (precisamente eso fue lo que lo hizo merecedor del sobrenombre de “la bujía Varona”); Yuany Quintana, un coloso en el jardín central y bateador oportuno; José E. Lamarque que es un corajudo atleta, capaz de sacrificar hasta su integridad física al momento de embasarse o de impulsar carreras decisivas, y qué decir de Ernesto Martínez, nuestro receptor titular, que conectó el cuadrangular de Oro en el juego decisivo con el que explotó el lanzador contrario Ifreydi Coss e, igual, Luis E. William que tuvo un gran campeonato como cuarto bate, sobre todo, en la etapa Clasificatoria. En fin, casi todos los atletas, (incluso los jugadores de cambio), brindaron su cuota que completó el triunfo grandioso.

La Aldea: ¿Cuáles fueron los momentos más dramáticos de los juegos y qué atleta sobresalió en esas oportunidades?

Héctor Hernández: Creo que sucedieron varios momentos de intenso dramatismo. El primero cuando logramos derrotar al entonces poderoso equipo de Camagüey en el primer Play Off, (octavo de finales). En ese momento Camaguey contaba con un elenco de jugadores de muy reconocida clase, como es los casos de Luis Ulacia, los hermanos Chapelli, Vicyohandry Odelín, en fin, era Camaguey un excelente conjunto dirigido por un experimentadísimo y reconocido director, Miguel Borroto. Desde que le ganamos ya estábamos convencido de que SI SE PODÍA.


El segundo momento dramático, ocurrió en cuartos de finales cuando en el quinto y último juego de esta etapa  perdíamos por una carrera frente a Villa Clara en nuestro estadio y en el noveno inning, cuando la tropa de Víctor Mesa se preparaban en el dugout, bandera en mano, para salir en carrera hacia el terreno a festejar el triunfo que era el inminente, Varona conectó un inofensivo rolling de frente al magnífico torpedero Eduardo Paret y este cometió error, permitiendo que el “explosivo” Rondón viniera al cajón de bateo y conectara aquel histórico cuadrangular que dejó “tendido” en el terreno a los Naranjas de Víctor Mesa. Fue en ese momento cuando logramos pasar al Play Off final, esto es, a la ansiada y para nosotros hace un año atrás, impensable discusión del título nacional.


Pero claro, y eso lo saben todos los aficionados de Holguín, el momento más dramático y decisivo fue cuando el corajudo veterano Oscar Gil (lanzando con una molestia en los músculos intercostales), dominó al formidable bateador espirituano Frederick Cepeda. Es de película aquel ponche que consiguió Gil del mejor bateador del Play Off y cuando los contrarios tenían las bases llenas. Ese strike es el que más felicidad ha dado al equipo de Holguín en toda su historia.


La Aldea: Por cierto, ¿personalmente dirigió usted el diseño de pitcheo que Gil debió hacerle a Frederick Cepeda, en el juego final de la Serie? ¿Qué lo llevó a llamar a Gil en momento tan dramático sabiendo que él tenía afectaciones de salud y que no había hecho el entrenamiento debido?


Héctor Hernández: Antes de iniciar el juego yo sabía de las molestias que Gil estaba padeciendo, pero era Gil el único que podía sustituir a Orelvis. Antes de tomar la decisión me comuniqué con él y le pregunté si estaba dispuesto a “echar el resto” en caso de que el equipo lo necesitara. Como es característico en Gil, ese pitcher de tanto coraje, sin titubear, me dijo que “él era el hombre”.


Yo siempre he tenido una gran confianza en ese valioso atleta y hombre, además, conozco el respeto que le profesan en todo el país los bateadores adversarios y dada la importancia del juego me atreví a pedirle aquel tan enorme sacrificio.


Debo confesar que nunca le ordenamos nada desde el banco, sobre todo porque sabemos que Gil es un lanzador que había alcanzado la maestría deportiva. Claro que el, como el resto de los lanzadores, tenía preconcebido un diseño o estrategia de pitcheo para cada bateador, sobre todo en los casos de Cepeda, Yulieski Gourriel y Eriel Sánchez que eran los más peligrosos


La Aldea: Usted que ha polemizado tanto con la prensa, ¿qué opinión le merece el trabajo de la prensa de esos profesionales en esta serie y si considera que le ayudaron en algo? ¿también ganó por los periodistas?.


Héctor Hernández: Tanto la prensa nacional como provincial nos estimuló mucho con sus elogios y reconocimientos y también con las oportunas críticas que hicieron durante todo el campeonato. Esas criticas sirvieron para constantemente revisar el Plan Táctico.


Por cierto, debo hacer un aparte para los comentaristas y narradores de la emisora provincial, que nos siguieron en todos los juegos que celebramos en todos los estadios de Cuba. Ellos compartieron directamente nuestros éxitos y fracasos y nos brindaron una inestimable ayuda con sus acertados comentarios y, sobre todo, con los experimentados “consejos”, que nos transmitían cuando dialogábamos en los salones de los hoteles o cuando nos recreábamos en los momentos de descanso, jugando dominó. Este experimentado colectivo de narradores deportivos radiales nos inspiraba con sus excelentes transmisiones, ellos están dentro de los más destacados del país.


También debo hablar de las Peñas Deportivas, que fue la forma de organización de los aficionados. Las “Peñas” nos  motivaron con su entusiasmo, y fueron un movimiento de masas, nunca antes visto en la provincia. Incluso, ellos prepararon un plan de atención a los atletas y a sus familiares que fue fabuloso, además con su ejemplar actitud y labor educativa, y, también, fueron tan influyentes que consiguieron que la nuestra se convirtiera en la mejor afición de Cuba, capaz de aplaudir a los árbitros cuando entraban al terreno y de reconocer o por lo menos respetar sus decisiones, de reconocer las buenas jugadas del contrario, y sobre todas las cosas, ellos, que son casi todo el pueblo, nos apoyaron de forma incondicional siendo comprensivos antes nuestros reveses y sin que nos abandonaran ni una sola vez, incluso, cuando más lo merecíamos, que era cuando habíamos jugado mal, pero que era, asimismo, cuando más los necesitábamos.
La Aldea: Durante la serie el equipo tuvo encuentros con Fidel y Raúl Castro y con otros altos dirigentes del país. ¿Qué opinión le merece?

El equipo se reúne con Raúl Castro en el municipio Báguano, Holguín
Héctor Hernández: Sí, en esta serie conseguimos satisfacer el que era un gran deseo y que consideramos un alto honor, dialogar y estrechar la mano del Comandante en Jefe, Fidel Castro Ruz y también de quien era entonces el Ministro de las Fuerzas Armadas, ahora presidente de la Isla, General Raúl Castro.


Con Raúl, tuvimos dos encuentros, el primero durante el acto político o Tribuna Abierta, que es como se le conoce, que se celebró en Cacocum. En ese encuentro él nos transmitió confianza y nos dijo que era su deseo que siguiéramos luchando hasta el final por alcanzar el triunfo, y nos dijo que siempre tuviéramos presente que para el pueblo de Holguín era muy importante un gran éxito, pues nuestro pueblo se merecía este regalo, y, nos dijo “jocosamente”, que si ganábamos, “él entonces” se sentiría un seguidor de nuestro equipo y se comprometía a estar nuevamente con nosotros. Yo entonces me atreví a decirle: “Ministro, si es así entonces estoy seguro que pronto compartiremos nuevamente…” Raúl se sonrió, me extendió su mano y me dio unas palmaditas en el hombro.


Esa conversación, lógicamente, sirvió de gran estímulo e impulsó aun más a nuestro equipo a dar el máximo por alcanzar el éxito. Ya no era solamente la motivación permanente que recibíamos del pueblo, de sus Peñas

Deportivas, ahora se sumaba el compromiso con históricos dirigentes revolucionarios de la talla de Fidel y Raúl. Hablar con ellos fue como “una vitamina para el alma”. Cada vez que arengaba a los peloteros le recordaba lo que nos había dicho Raúl y el compromiso que teníamos con él.
El segundo encuentro con Raúl fue días después de concluida la Serie Nacional. Ese día nos reunimos en un salón en la sede del partido Comunista provincial. Con Raúl estaban los Comandantes Ramiro Valdés y Guillermo García, el Primer Secretario del Partido en la provincia, Jorge Luís Sierra, el Presidente del Gobierno Ramón Díaz Alcántara y otrosdirigentes nacionales y de la provincia. Lo primero que Raúl nos dijo fue que tenía mucho trabajo pero tenía que cumplir la promesa de volver a encontrarnos si ganábamos el campeonato. El personalmente nos entregó estímulos a cada uno de nosotros.

El encuentro con Fidel fue antes del primero que tuvimos con Raúl. Fue cuando la Serie se detuvo para que el Equipo Cuba efectuara unos encuentros que tenía pactado en el exterior. Usted sabe que había muchos peloteros que estaban en la Serie Nacional que integraban el Cuba, sobre todo del equipo Sancti Spíritus. En ese momento, además de interesarse por nuestro equipo, Fidel nos felicitó por la actuación que veníamos consiguiendo y luego me hizo una de esas difíciles preguntas que él hace: “¿Qué hubiera hecho yo si fuera el director del equipo Cuba, en aquel juego final en el que se empleó al entonces mejor lanzador del país que, por cierto era de Sancti Spíritu y a su regreso jugaría contra nosotros en la discusión del Campeonato?”. Yo le contesté que hubiera hecho lo mismo que hizo el director del Equipo Cuba, pues en esos momentos se decidía la posición del país en la arena internacional y que había que defenderla a toda costa.
Luego Fidel me reafirmó la importancia que constituye el béisbol para Cuba y nos exhortó a continuar dando un gran espectáculo pues todo el país lo agradecería.


Con Jorge Luis Sierra Cruz los encuentros y conversaciones se sucedían cotidianamente y también con el Presidente del Gobierno, Ramón Díaz Alcántara. Ellos encabezaron la excelente atención que tuvimos.


La Aldea: No es un secreto que a usted no le gusta que le digan lo que tiene que hacer y muchas veces es reacio a la crítica cuando de lo que opinan es del manejo del equipo. Esa actitud ha sido causa de fisuras en sus vínculos con algún medio de difusión. Ahora, con más años de vida, con más experiencia, con el honor de haber sido el mejor director de equipos que ha tenido Holguín a lo largo de su historia en el béisbol posterior a 1959, ¿qué piensa de esos particulares? Tomando distancia ¿cómo valora las contradicciones que tuvieron lugar?


Héctor Hernández: Mi carácter lo heredé de la educación y ejemplo de mis familiares. Los que no me conocen sencillamente no me conocen y confunden la real realidad. Me comporto como lo hago porque pienso que la seriedad, la sinceridad y la defensa de criterios deben formar parte de las personas dignas. Sin forzar nada trato por todos los medios de continuar estos legados familiares. En mis 61 años de vida he tratado de copiar y seguir la educación que me dio mi difunto padre, asimismo soy un convencido de los ejemplos del Jefe de la Revolución cubana, Fidel Castro. A los dos los he tratado de imitar, conociendo de antemano que jamás llegaré a alcanzar ni la altura de los tobillos de ninguno de ellos, por lo grandes que son.


En ocasiones he oído que me molestan las críticas (y eso es lo más lejano a la realidad que he oído). A mí como a cualquier otro, lo que no me agrada es que se hagan comentarios infundados, sin que haya mediado una investigación o una profundización de lo que se dice o se comenta.
Yo he tenido la oportunidad de recibir varios cursos por parte de excelentes profesores, entre esos, postgrados de dirección. Lo que me enseñaron trato de llevarlo a la práctica. Claro, estoy seguro que en varias ocasiones no han salido las cosas como mi buena intención y la de mi Colectivo de Dirección hubiera querido, y cuando así pasa estoy dispuesto a afrontarlo.


En los equipos que he dirigido he podido acompañarme de excelentes y entendidos entrenadores. En ellos me apoyo para tomar las decisiones, y no solamente las decisiones que hay que tomar apresuradamente mientras se celebra el juego, sino en las que se toman para la organización general del equipo y, sobre todo, en el momento en el que nos hemos visto obligados a tomar desagradables, pero necesarias medidas educativas o disciplinarias con algún atleta o miembro de la dirección.


Con la prensa o mejor dicho con algunos compañeros de la prensa, he tenido, divergencias en alguna ocasión porque soy del criterio que algunos de ellos cofunden su papel de opinadores con el de directores del equipo.
La Aldea: Posiblemente hay algo que no le hemos preguntado pero que usted considera oportuno decir.


Héctor Hernández: Me siento altamente feliz con esta entrevista, pero me iría un tanto insatisfecho si no digo algo que llevo adentro desde hace mucho y que quisiera que se escribiera para que sea del conocimiento público. Resulta que más o menos dos años después de haberse logrado el histórico triunfo deportivo de nuestro equipo de Béisbol, tuve una conversación (más bien un debate que casi llegó a una discusión acalorada), con un compañero, que por cuestiones éticas no revelo su nombre. Esa persona y yo estabamos participando en un acto público y en medio de él me comentó y lo cito textualmente: “(…) aquí en Holguín se ha magnificado el éxito alcanzado por el béisbol, y a mi me parece que se les ha ido la mano con los reconocimientos y los estímulos hechos a los atletas, entrenadores y a los otros que tuvieron involucrado en el mismo”. Respetuosamente lo dejé que concluyera sus puntos de vista y luego le dije: “Esas expresiones ya las he oído indirectamente, yo respeto su criterio pero no lo comparto, pues contrario a lo que usted piensa yo soy de la opinión que constituye una hazaña deportiva ese logro que alcanzamos y que siempre deberá escribirse con letras doradas en la historia de nuestra provincia”.


Entonces mi interlocutor dijo otras cosas a las que no creo prudente referirme y con las que tampoco estuve de acuerdo y así se lo hice saber.
Lógicamente este compañero se sintió muy contrariado con mis respuestas (al parecer pensó que yo lo apoyaría en sus pensamientos) y cambió la conversación y se alejó de mi lado rápidamente, arguyendo una evasiva cualquiera.


Días más tarde un anciano de unos ochenta y tanto años de edad se me acercó para concretar lo que para él significaba un “deseo”, y según me dijo, era un “honor” si yo aceptaba lo que me iba a pedir. Me pidió que lo dejara estrecharme mi mano. Acepté lógicamente. Entonces el “viejito” me dijo lo siguiente: “Tico, en Holguín se han suscitado dos grandes acontecimientos históricos, que han provocado una gran explosión de júbilo y orgullo en los habitantes de esta comarca. Uno fue el primero de enero de 1959, cuando triunfó la Revolución. El otro, cuando ustedes nos regalaron esa victoria deportiva aquella noche en que Oscar Gil ponchó al estelar Cepeda. La algarabía que se formó en toda la provincia fue tan grande que el suelo “tembló”.


Te das cuenta de la diferencia de sentimientos y puntos de vista entre dos personas que aman el deporte. La causa de esas diferencias hay que buscarlas en eso que hoy reconocemos y que se ha dado en llamar “la holguineridad”.



Los Peloteros del equipo Holguín, Maikel Peña Rodríguez,
Ernesto Martínez Bonet, y José Basteiro Pupo exhiben
orgullosos el trofeo ganado en la XLI Serie de la Pelota Nacional.




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