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HÉCTOR LAVOE INTERPRETA AL HOLGUINERISIMO GUAYABERO

24 de septiembre de 2014

Los Chapman en Gibara

Con información de Enrique Doimeadios (Historiador del municipio Gibara).

 
En el enlace anterior puede oír al historiador de Gibara, Enrique Doimeadios contando la apasionante historia de los Chapman de Gibara

Es esta la historia de una de las más antiguas familias establecidas en Gibara: Los Chapman.

Cuando construye la batería para la defensa del puerto y funda Gibara, el Teniente Gobernador de Holguín don Francisco de Zayas consigue permiso para que se asienten en la comarca un grupo de ingleses que traerían el capital que se necesitaba. Entre los primeros en llegar está Samuel José Chapman, quien viajó a Gibara desde las Islas Bermudas en alguna fecha anterior y cercana a 1820.

Samuel José era casado con Maria Ana Payl. De los hijos que procrearon, sólo dos alcanzaron la mayoría de edad y tuvieron  descendencia, Ana Isabel y Samuel Chapman Payl. El resto de su descendencia fue diezmada por una epidemia de cólera que atacó la hacienda familiar llamada Columbia, cercana a Candelaria.

Ana Isabel Chapman Payl, hija de Samuell José y de su esposa, emparentó mediante lazos matrimoniales con la familia Cardet, establecida en Cantimplora. Ella y su esposo tuvieron tres hijas, las tres, según la legislación española, llevaron el apellido Cardet Chapman. 

Las tres Cardet Chapman contrajeron matrimonio con ciudadanos ingleses y fueron a vivir, una a Honolulu,  en las Islas Hawai, otra a Inglaterra y la tercera a Malabar en la lejana India, que en aquellos tiempos era colonia de la Gran Bretaña.

Samuel Chapman Payl por su parte contrajo matrimonio con Ana Bernardines, también súbdita inglesa que residía en las inmediaciones de Gibara. Como dato curioso puede destacarse que el hijo varón del acaudalado Samuel Chapman no aportó al matrimonio cosa alguna, mientras que su esposa hizo un aporte de quince mil pesos.

Con los quince mil que aportó su esposa y seguro con lo que posteriormente heredó de su padre, Samuel Chapman hijo, como mismo otras varias familias de origen anglosajón, adquirió propiedades en Candelaria, quizás porque eran las de esa hacienda las tierras más fértiles entre las cercanas a Gibara.

En la década de 1840 eran dueño de 700 pesos de posesión en terrenos de Columbia dentro de la hacienda de Candelaria, y también de 750 pesos de posesión en la propiedad que entonces se denominaba" San José" y que actualmente se conoce como “El Vapor”, situadas en la misma hacienda. Estas tierras se la compraron a otra acaudalada familia anglófona, los Driggs. 

Y además de la tierra, Samuel Chapman hijo poseía cierto número de esclavos que realizaban labores en sus propiedades. 

En el primer lustro de la década de 1850 Samuel Chapman Payl compró el ingenio Santa Maria a la familia Clark, poseyendo entonces, además de las tierras mencionadas, otras muchas en las haciendas de Candelaria y Arroyo Blanco, e incluso, en las lomas de Cupeycillos. Y a la vez era dueño de varias casas en Gibara.

De esos años se cuenta una curiosa anécdota: se dice que cierta noche Samuell Chapman Payl había salido de Gibara para Columbia y quiso detenerse durante un rato en el Ingenio Santa Maria. Allí una pareja de soldados españoles que hacía ronda, le dio la voz de alto. Se dice que el diálogo que se produjo fue así:
GUARDIA:      ¡Alto...quién vive?
SAMUELL:      Samuell Chapman Payl
GUARDIA:      Acérquese. ¿De dónde viene y para dónde va?
SAMUELL:      Vengo de mi casa, estoy en mi casa y voy para mi casa.
GUARDIA:      ¿Qué quiere usted  decir?, ¿Cómo se explica tal cosa?
SAMUELL:      Muy sencillo: vengo de mi casa de Gibara, estoy en mi casa de Santa María, y voy para mi casa de Columbia. Desde Gibara hasta Candelaria todo es mío.
Cierta o no, esta anécdota aún la repiten con alguna frecuencia los viejos campesinos de la zona.

En 1864 el ingenio Santa María tenía una dotación de 64 esclavos y producía más de 250 bocoyes de azúcar mascabado. (Cada bocoy equivalía a 1 200 libras, por lo que producción de una zafra del Santa María era de unas 300 000 libras de azúcar, además de la miel de purga que producía).

Además de todo lo dicho, los Chapman construyeron un muelle fluvial sobre el río Cacoyugüín para, en barcazas, embarcar el azúcar y las mieles del ingenio y llevarlas hasta el cercano puerto de Gibara. El tal dicho muelles estaba ubicado en la orilla sur del río, exactamente frente al lugar que hoy se conoce como Embarcadero y como parada deCupeycillos. Unos cien metros de la orilla norte del río los Chapman establecieron el cementerio de los esclavos del ingenio Santa María.

Samuel Chapman Payl formalizó testamento ante el notario con casa en Gibara, Carlos de Aguilera. A los únicos cuatro hijos que logró gozar dejó Chapman todos sus bienes, así quedó la repartición. A su hijo Samuel dejó un tercio de la fortuna que poseía. Este tercio incluía el Ingenio Santa Maria; a su hijo Guillermo Enrique legó un quinto de sus propiedades, tomadas estas de la hacienda Columbia; y a sus hijas Augusta Isabel y Maria Ana les dejó el resto de sus propiedades. Dice en el testamento de Samuel Chapman Payl que le dejaba las haciendas a sus varones para no desmembrarlas, y pidió que en caso de morir su cuerpo fuera enterrado en su hacienda de Columbia, junto a los restos de su difunta esposa Ana Bernardines, quien, siguiendo una antigua costumbre inglesa, fue sepultada en Columbia.

Pero después que hizo testamento demoró varios años en morir Samuel Chapman Payl, durante ese tiempo cuidó con esmero su hacienda de Columbia, que, por lo que se ve, era su preferida, quizás porque era el lugar de descanso de su esposa y de los tres hijos suyos que murieron jóvenes. En Columbia, donde después de tantas muertes, montó Samuel un pequeño ingenio, estaba su casona amplia y de dos pisos, el primero de ellos construido de mampostería y el segundo de maderas preciosas.

Recuerdan las viejas crónicas que la planta baja de este edificio era utilizada como almacén, dependencia de servicio y habitaciones para los esclavos domésticos, mientras que en la alta estaban las habitaciones de la familia del dueño y la sala de estar, donde Samuel recibía con frecuencia a distintos invitados.

Al comenzar la primera guerra de independencia de Cuba en 1868, Samuel Chapman Payl fortificó su hacienda, construyendo un tambor aspillerado adjunto a la pared frontal de la Casona y varios fortines en puntos elevados para proteger los campos circundantes. Sin embargo, antes que terminara la guerra Samuel Chapman Payl se marchó a Bermudas donde murió el 28 de agosto de 1883, para esta fecha también había fallecido su hijo Samuell Chapman Bernardines, quien fue sepultado en Columbia.

Estas desgracias anteriormente narradas y otras circunstancias familiares hicieron que la mayor parte de las propiedades gibareñas de los Chapman pasaran a manos de Guillermo Enrique Chapman Bernardines, el segundo y casi universal heredero de Samuel Chapman Payl.

Guillermo Enrique Chapman Bernardines nació en Candelaria, próximo al puerto de Gibara, el 15 de julio de 1833, y poco después fue bautizado en la iglesia parroquial de San Fulgencio, no obstante lo anterior, figuró siempre como súbdito inglés.

Fue este un personaje curioso. Sus dos primeros hijos los tuvo con Luisa Driggs, esclava de Samuell Driggs. Se cuenta que Luisa era una morena criolla de gran hermosura, mientras que Guillermo Enrique tenía 22 años de su edad. Al primero de los hijos le pusieron por nombre José Encarnación pero le llamaron todos, siempre, Yay.

Yay nació el 24 de julio de 1855 y fue bautizado en la Parroquia de San Fulgencio de Gibara. Posteriormente Guillermo Enrique y Luisa tuvieron una hija, a la que llamaron Cornelia de la Caridad, aunque siempre le dijeron Edilia.

Otra característica que singulariza a Guillermo Enrique es que sirvió frecuentemente como padrino de hijos de esclavos, tal como se prueba al revisar los protocolos de la notaría gibareña y los libros parroquiales, y como repiten incansablemente los ya nonagenarios descendientes mestizos de este Chapman Bernardines que ya es un mito de la comarca.

A la vez que se comportaba como celoso amante de la esclava madre de sus hijos, esclava que los dueños se negaron a comprarle hasta que Guillermo Enrique la robó para más tarde ponerle casa en Gibara y abandonarla, éste fue celoso guardián de los dos ingenios que quedaron en sus manos, luchando siempre por mantenerlos funcionando mientras le fue posible.



En 1883 una comisión de la Junta Directiva creada para la construcción del ferrocarril de Gibara y Holguín visitó a Guillermo Enrique en la casona del ingenio Santa María con el fin de que el terrateniente donara, gratis, una faja de sus terrenos para que se pusiera allí el camino de hierro por donde cruzaría el tren, faja, le dijeron, que solamente tenía que ser de veinte metros de ancho.

- Señor, -dijo Guillermo Enrique-, aunque yo prácticamente no haré uso del ferrocarril, porque tengo mi propio embarcadero y trenes de carretas; estoy dispuesto a ceder esa franja; pero con una condición.
- ¿Cuál es esa condición?, le preguntaron.
- Que en ningún momento las vías han de cruzar los bateyes de mis ingenios, podrán pasar cerca, sí, incluso, permitiré que atraviesen mis terrenos, pero no que crucen por los bateyes de los ingenios.
- Aceptado Mister Chapman, es usted el dueño y ese es su derecho.
- Gracias señor y ahora deseo expresarle que estoy dispuesto a adquirir mil pesos en acciones de la empresa ferroviaria, si ustedes no tienen inconveniente en ello.
- Por supuesto que no lo tendremos inconveniente alguno sino todo lo contrario, se lo agradecemos. Cuando usted lo desee puede pasar por nuestras oficinas para suscribir las acciones.

Pero no obstante el celo de Guillermo Enrique en proteger sus ingenios, aquellas pequeñas fábricas de azúcar no tenían futuro en la década de 1880. Para el Columbia y el Santa María, la desaparición de la esclavitud fue un golpe demoledor, aunque no definitivo y, luego, fue el inicio de la guerra independentista de 1895 que destruyó el Columbia, aquella propiedad que todos los Chapman habían cuidado con tanto esmero.

Después del fin agónico y lento del ingenio Columbia, su dueño se refugió en el pueblo de Gibara, era entonces un anciano que alegraba  sus días ayudando a Modesta Edilberta a dar los primeros pasos. (Esta fue su tercera y última hija, que le nació en 1894 de la relación consensual que mantenía con Socorro González, una elegante y joven mestiza).

Por cierto, ahora que llegamos al final, Modesta Chapman González fue muy conocida por los gibareños que rebasan la media centuria. Durante años ella se dedicó a préstamos hipotecarios y llegó a vivir hasta  la década de 1970.

A sus tres hijos mulatos legó el padre lo que quedaba de la fortuna de los Chapman y luego murió tranquila y muy silenciosamente en el año 1912. A petición de Guillermo Enrique, su cadáver fue inhumado, en la hacienda de Columbia, en una de las dos tumbas que aún pueden verse  a la entrada de aquella finca junto al camino que va desde Cantimplora hasta Velasco. Lamentablemente ambas tumbas han sido violentadas por buscadores de hipotéticos tesoros, que en sus sueños de obtener riquezas no han respetado la paz que merecen los sepulcros.

En 1932 Gerardo Castellanos  estuvo en Gibara y en sus campos aledaños obteniendo la información con que escribió el interesante y voluminoso libro “Hacia Gibara”. En él narra los pormenores de la visita que hizo a la hacienda Columbia. Del mulato José Encarnación, el hijo de Guillermo Enrique y su mujer esclava, dice Castellanos que para esa fecha, a pesar de tener una avanzada edad, gobernaba con aplomo la hacienda que le legaran sus antepasados ingleses, que había pasado a ser, fundamentalmente, una finca ganadera, y dice, un dejo de nostalgia, que entonces, la otrora fabulosa fortuna e los Chapman estaba en franca declinación.

De los Chapman quedan hoy en Gibara, la casona señorial del ingenio Santa Maria, los restos de la Casona de la Hacienda Columbia y sobre todo un apellido que llevan muchas personas. Apellido que tiene dos vertientes: una que es mayoritaria, constituida por los descendientes de los esclavos que sirvieron a la familia; y otra, de muy escasos miembros, compuesta por los descendientes de Guillermo Enrique. Y quedan, además, un sinnúmero de anécdotas curiosas que la tradición oral ha atesorado y un mundo que seguramente serán los arqueólogos quienes lo descubran cuando realicen un trabajo sistemático de búsqueda en los sitios del cementerio de los esclavos y del barracón del ingenio Santa Maria; este ultimo, el único de planta cuadrada de que hasta el momento se tienen noticias en nuestra provincia.