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HÉCTOR LAVOE INTERPRETA AL HOLGUINERISIMO GUAYABERO

30 de septiembre de 2014

Carlos García Vélez. Polémica en torno al sepelio de su padre Calixto García Iñiguez.

Por: Ronald Sintes Guethón

Sepelio de Calixto García en La Habana


Corre el año de 1898 y se acerca el final de la contienda, al terminar la Batalla de Santiago de Cuba, Calixto García nombra a su hijo, el General de Brigada Carlos García Vélez, como oficial de enlace entre el Ejército mambí y el Gobierno Norteamericano. Carlos queda en Santiago y Calixto parte hacia los Estados Unidos presidiendo una comisión de cubanos.
  
En carta fechada desde Santiago de Cuba el 21 de Octubre de 1898 que Carlos le escribe a su madre, doña Isabel, quien había dejado España y se había radicado en Nueva York: “…Papá se fue a la Asamblea persuadido por nosotros de que debía ir a ella por responder a la atención del 5to Cuerpo que lo eligió y porque era preciso hacer algo que tendiera a resolver la actual situación difícil por que atravesamos… A mí me dejó aquí de embajador y por eso no estoy ya a su lado”[1].

Pero el 11 de diciembre de 1898 el Mayor General Calixto García muere repentinamente, atacado de una pulmonía fulminante. Carlos tuvo que partir a los Estados Unidos para ocuparse personalmente de los arreglos funerarios para traer el cadáver del General García Iñiguez a Cuba, a la vez que se reúne con su madre quien sufre por la muerte de Calixto y de Merceditas García Vélez, la hermana menor que nació enferma y que nunca se curó.

Mascarilla hecha al cadáver del General García Iñiguez

El 31 de enero de 1899 Carlos llega al puerto de La Habana a bordo del crucero Nashville; con él trae los restos del  insigne General, su padre.  Se organiza el sepelio, pero las tropas del Ejército de los Estados Unidos  desplazan a los veteranos mambises y son los interventores quienes montan la guardia de honor. Esta situación ofende a la parte cubana, tomando la Asamblea del Cerro la determinación de retirarse del cortejo. Esta decisión indigna a García Vélez, quien escribe  una carta protesta, condenando la actitud de los asambleístas: 

“Comisión Ejecutiva de la Asamblea del Ejecutivo, Febrero 11 de 1899.
El cadáver  del Mayor General Calixto García Iñiguez ha sido abandonado en la vía pública por la Asamblea Cubana y los Jefes, Oficiales y Soldados del Ejército Libertador de Cuba.
El Estado Mayor del General García, los Jefes, Oficiales y Soldados que le prestaban Guardia de Honor y Escolta también abandonaron el cadáver obedeciendo orden verbal que alguien les diera de parte de la Asamblea.
Como General de Brigada que soy y como miembro que fui del Estado Mayor del General Calixto García Iñiguez protesto ante el Pueblo de Cuba y ante el Ejército Cubano contra el acto cobarde realizado por la Asamblea, considerándolo punible y calificándolo  –por lo menos-  de vejaminoso, insultante e incompatible con el honor de las armas cubanas; como hombre considérolo incalificable y lo condeno con todas las energías de mi alma, y como hijo solo me cabe lamentar que tanta gloria y prestigio de mi padre hicieran que hasta después de muerto lo persiguiera la perfidia de los hombres[2].
P y L (Patria y Libertad)
Carlos García Vélez
General de Brigada.

Carta enviada por el Comandante Manuel Portuondo en respuesta a la misiva protesta del General García Vélez

Habana, Febrero 13 de 1899.
“Mi querido amigo:
He visto publicada en algunos de los periódicos de esta capital su carta de fecha 12 del corriente. En ella veo con disgusto que nos hace Ud. inculpaciones que no merecemos, nos dice que hemos abandonado el cadáver de nuestro General. No General, no lo crea, si lo hubiésemos abandonado en el campo de batalla tendría Ud. muchísima razón, pero dejarlo en los brazos del pueblo de la Habana, eminentemente cubano, no es abandonarlo, y aunque no acompañamos al General hasta su última morada, con él iban nuestro afecto y nuestro cariño, además, nosotros hemos obedecido órdenes de la Asamblea y usted recordará que cuando la destitución del General García, estando en Gibara, algunos jefes le dijeron que no hiciera caso y el contestó  que era orden de su gobierno y que tenía que obedecer, si esto lo hizo el General, ¿cómo no hacerlo nosotros?
Rectifique Ud. mi querido General, aunque sea por el buen concepto que el General y Ud. mismo tenía de nosotros[3].
Firmado
Cmdte. Manuel Portuondo.



[1] Archivo Nacional de Cuba. Fondo Donativos y Remisiones. Legajo 644 No. Orden 11
[2] Archivo Nacional de Cuba. Fondo Donativos y Remisiones. Legajo: 644 No. Orden: 193
[3] Archivo Nacional Cuba. Fondo Donativos y Remisiones. Legajo: 644 No. Orden: 195