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Historia de Holguín

La aldea a la mano (Holguín, Cuba)

17 de marzo de 2013

El primero de apellido Avila que llegó a Holguín se casó con una nieta del fundador de la comarca, García Holguín


Tomado de Tesis de Grado, Carrera Historia, Universidad de Holguín, Cuba Oscar Lucero Moya. 

Autora: Patricia García Concepción
 
Juana Holguín Fernández-Valero, única hija de García Holguín se casó en 1573 con el asturiano Alférez don Rodrigo López de Mejías, natural de cangas de Onis. Tres hijas tuvo el matrimonio: Juana Antonia, Elvira del Rosario y Ana María López de Mejías García Holguín.

En fechas no conocidas las tres hijas (nietas de García Holguín), se matrimoniaron con otros inmigrantes españoles. Juana Antonia con el castellano Miguel Batista Bello de Castro Almira; Elvira del Rosario con el asturiano Diego de Ávila y Albadiana y Ana María con el andaluz Juan del Corral Y Villamar. De estas familias terratenientes descendieron un importante número de los fundadores del Pueblo y luego Ciudad de Holguín.

El primer Ávila que llegó a Holguín se llamó Diego de Ávila Albadiana aunque para ser precisos cuando este señor llegó a la zona donde está la ciudad todavía faltaba siglo y medio para que Holguín lo fuera, o sea, para que se fundara el pueblo.

Diego de Ávila Albadiana era natural de Villa de Pravia (en Asturias),y era hermano de Alonso de Ávila y Albadiana (historiador y cronista del reinado de Felipe III) y sobrino del Teniente Gobernador de la Isla de Cuba Licenciado Don Juan (o Juanes) de Ávila. 

Detengámonos en don Juan de Ávila, teniente Gobernador de la Isla de Cuba cuando la capital de la Isla estaba en Santiago de Cuba: quien se casó con la sulfurosa doña Guiomar de Guzmán, protagonista de la novela Doña Guiomar, publicada por Emilio Bacardí en 1916. De ella dice la novela que era "Una agradable y simpática mujer hija de la alegre Andalucía (…) de carácter bullanguero y decidor, almacén de chistes y cuentos, y dominadora, como reina y señora en la ciudad recién fundada”.


Doña Guiomar llegó a Santiago siendo la esposa del que se consideraba el  hombre considerado más rico de Cuba, Pedro de Paz y mientras vivió el susodicho ella no se hizo notar en la vida pública, pero después sí que la doña fue un ser público. Veamos la historia.


Cuando murió su primer esposo, doña Guiomar se encontraba en Sevilla y por eso nombró a fray Diego Sarmiento, electo obispo de Cuba en 1536, para que cuidara de sus cuantiosos bienes en las Indias. Pero pronto la astuta sevillana, quien para entonces se había casado nuevamente en la Península, esta vez con Sebastián Oyo Villota, percibió que sus propiedades eran amenazadas por algunos personajes de jerarquía avecindados en Cuba.

Por azares de la vida, doña Guiomar volvió a enviudar en breve tiempo (ahora por segunda vez), y en 1540 regresó a Santiago para cuidar personalmente de sus intereses y en especial de sus encomiendas: indios suministrados a ella y a su difunto esposo Pedro de Paz para la explotación de sus minas, tierras y para su servicio.

A partir de entonces —como dice la doctora Hortensia Pichardo— “su nombre aparece con frecuencia en los documentos de Indias. Posiblemente ocupó ella, mujer inteligente, al volver a Cuba, seis o siete años después de su partida, el lugar que había dejado vacante su esposo, en la maquinaria política de la Isla, y probablemente su casa fue centro de las intrigas y habladurías del momento”.

Atrás quedaban sus días de calma y sosiego cuando Pedro de Paz, su primer marido, luchaba por los intereses de la familia. Le tocaba a la  doña hacerlo por su propia mano.

Un nuevo gobernador, buen mozo para más añadidura.

En febrero de 1544 arribaba a Santiago de Cuba un nuevo gobernador, el joven licenciado Juan de Ávila, buen mozo, tal como fue descrito. Y para colmo de felicidad para los planes de doña Guiomar, el Gobernador recién llegado fue a residir a su casa. Casa aquella que era una de las mejores viviendas de la villa de Santiago del Prado (Santiago de Cuba), y en la que con anterioridad se había hospedado también el joven almirante Luis Colón, cuando hizo escala en Cuba, en viaje de Jamaica a La Española, lo que dio lugar en su día a picantes comentarios.

Justo es que se diga, sobre todo antes del climax de esta historia, que por la época que llega Juan de Avila a Santiago doña Guiomar era ya una mujer madura, viuda por dos ocasiones y con cuatro hijos, pero, y también es justo que se diga, todavía la doña resultaba muy afable en su trato y conservaba su hermosura, la que de seguro hacía suspirar a más de un vecino de la villa colonial, muy a pesar de los prejuicios y ponzoñas y de la moral férreamente cristiana de la época (y, para qué mentirnos, también de todas las épocas).


Hay quienes aseguran que en un principio las intenciones de Juan de Ávila fueron buenas, sin embargo, en poco tiempo eran denunciados una y otra vez a Madrid los atropellos del gobernador que en los meses que vivió en la casa de doña Guiomar había sentenciado 13 ó 14 pleitos a favor de la seductora viudita, (la viudita, decían los denunciantes, con sus halagos y encantos logró que el Gobernador se parcializara a su favor e hiciera suyas sus fobias y sus preferencias).

Se cuenta que la influencia de ella sobre Ávila que fue, al comienzo, discreta y apenas ostensible, creció con el paso de los días y llegó a su punto de caramelo cuando la pareja, ajena a la diferencia de edad, decidió, tal vez para acallar los comadreos, contraer matrimonio en diciembre de 1545.


Para algunos historiadores Juan de Áviles fue el peor gobernador que la Isla pudo tener. Favoreció a su esposa, —audaz, decidida, y ambiciosa como pocas— creó monopolios para su propio beneficio, restringió a los consejos municipales, intimidó al pueblo y aceptó sobornos.

Pero el dinero y las artimañas de su mujer en aquel sórdido ambiente caracterizado por los constantes pleitos entre las autoridades coloniales, le permitieron la anulación incluso de las penas que le fueron impuestas en un juicio de residencia entablado contra él.

No hay que extrañarse. Doña Guiomar de Guzmán llegó a ser dueña de la voluntad de sus convecinos y eje de la política de la entonces pequeña ciudad de Santiago de Cuba.

Para la época en que ella vivió fue, sin duda, una mujer muy especial, cuya temeridad e inteligencia sazonadas con sus encantos le posibilitaron ocupar un lugar influyente en la colonización de Cuba. La muy taimada de doña Guiomar contaba con armas suficientes para ello.

Existe una carta, una sola carta, que el Gobernador de Cuba don Juan de Ávila escribe al rey. Carta aquella fechada veinte días después de su llegada a Santiago de Cuba, el 2 de febrero de 1544. Dice don Juan de Ávila al rey de una tormenta que padeció a siete leguas de la costa de la isla, obligando las naos a desembarcar en otra parte de la misma en la que sólo hallaron agua fresca. Notifica además que halló la isla muy "alborotada y con muchas disensiones por falta de justicia” e informa que “la gente tiene miedo de los franceses pues se han enterado del saqueo que éstos hicieron de Santa Marta y Cartagena”. También de que ha hecho un inventario de gentes de a pie y de a caballo y de que ha encontrado en gran estado de pobreza las arcas por lo cual hizo "recoger algunas partidas de dineros que le debían al Rey". Por ultimo sugiere que se construyan dos ingenios de cobre, pues ya no se descubre oro en la isla, y, que se introduzcan negros para el trabajo.


El sobrino del Gobernador, primer Avila de Holguín.

Cómo vino a dar el sobrino del Gobernador, don Diego de Ávila Albadiana a Holguín, que eran unas perdidas y poco importantes tierras?

Es que no les hemos dicho algo muy importante sobre el Gobernador y tío del fundador del enorme clan de los Avila de Holguín. Acusado de robarle al rey Juan Dávila fue apresado y mandado a España donde se le siguió juicio. Todavía no se había dictado sentencia cuando el encausado murió en España, reitero, en el año 1548. Por eso no sería extraño que su sobrino, si es que vino a Cuba en tiempos en que su tío era el Gobernador, quisiera estar lejos de las autoridades.  Y si en verdad quería estar lejos, ningún lugar mejor que las remotas y casi despobladas tierras de Holguín.

Diego de Ávila (o Dávila) y Albadiana se casó en esta comarca con una nieta de García Holguín, Elvira del Rosario López de Mejías y Holguín. Y así nació una de las más extensas y poderosas dinastías holguinera: Los de Ávila.

Sin embargo, el Ávila más recordado de la historia de Holguín no lo es por ser un gran terrateniente sino por ser el primer historiador de Holguín. Como su retatarabuelo, también llevó el nombre de Diego, Diego de Ávila y Delmonte.

Diego Antonio Salomé de Ávila y Delmonte – tal era el nombre completo del primer historiador de este pueblo –, nació en Holguín el 23 de agosto de 1823 y falleció, en esta misma ciudad, el 5 de abril de 1886.

Fue su padre don José Rosalía de Ávila y González de Rivera (que fue quien comenzó la escritura del primer libro de historia de este pueblo y que su hijo concluyó) y era la madre doña María de los Dolores Delmonte y Rojas.

Y como si no le bastara el ilustre y potentado apellido Ávila, el historiador era nieto por la parte de su padre, de  Juan Francisco González de Rivera y Ávila. Por lo tanto, Diego de Ávila era bisnieto del fundador de la dinastía González de Ribera en Holguín. Dinastía esta que, sin dudas, fue la más pudiente en su tiempo.

Como ya antes hemos dicho, el primer libro de historia de Holguín, que le debemos a Diego de Ávila, fue comenzado por el padre de este y por él terminado. Se llama el libro: Memoria sobre el origen y fundación del Hato de San Isidoro de Holguín. Por cierto, cuando el libro se publica (Año 1862) aparece un breve escrito en el periódico de Holguín firmado por Juan Antonio Nápoles y Fajardo conminando a los holguineros a comprarlo para de esa forma ayudar a su autor que era pobre… ¿Qué había sido de la enorme herencia de los Ávila-González de Ribera?. Se había convertido en sal y humo.

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