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Las esculturas funerarias del cementerio municipal de Holguín, CUBA

3 de junio de 2010

Donde se da cuentas del hijo del mayorquín, don Miguel de la Cruz y Jiba, sus antecesores y su llegada a Holguín, de la fortuna que hizo en la villa y de su fusión permanente con la rica dinastía de los de la Cruz

Reescrito por  César Hidalgo Torres a partir de la basta información del historiador José Abreu Cardet, descendiente de las familias que se mencionan en esta crónica.


Amanecían las primeras décadas del siglo XVIII a la llegada de Francisco Cardet a Puerto Príncipe, hoy Camagüey, en la isla de Cuba. Venía Cardet con su pupila impregnada de tanta guerra de ingleses, franceses e hispanos que peleaban por ser dueños de la isla donde este hombre nació, Mallorca, en Las Baleares. Al llegar a Cuba pensó que el paraíso era asunto terrenal.

Era el Camaguey tierra de paz. Ni siquiera había montañas que cortaran el paso al caminante. Solo llanuras infinitas que parecían excitar a la crianza del ganado. Y dispersas entre la mucha hierba, arboledas que llamaban al reposo del caminante.

Hombre de tierra de muchas adversidades, el primer y entonces único Cardet en Cuba, no tardó en hacer fortuna en su nueva patria. Luego siguió el destino de la mayoría de los recién llegados. Se casó con una cubana, María Jiba. Y nace la familia Cardet Jiba, camagueyanos todos, o sea, principeños como entonces se decía. Tres niños, tres varones: Antonio, Francisco y Miguel. Francisco, se hace sacerdote. De Antonio nada se sabe y de Miguel... la vida deMiguel, sería muy terrenal que la de su hermano, el Cura y, nada santa. (1)

No hay duda que, Miguel era hombre emprendedor y trabajador. Miguel Cardet Jiba llegó a tener tal relevancia social y económica que la orgullosa sociedad camagüeyana le permitió el matrimonió con una vecina de la comarca de apellido de relieve, la muy relevante y apetecida señorita Isabel de Cisneros Montejo. Tan relevante fue esta mujer que en la historia de la segunda mitad del siglo XIX de Puerto Príncipe (Camaguey) no se puede escribir sin tener en cuenta algunos de sus parientes. Del matrimonio nacerían cuatro hijas, las Cardet de Cisneros.

Y habría sido un matrimonio feliz tal cual Dios manda sino es que llevaba el Miguel la raicilla del emigrante, como corresponde a un isleño. Pese a que había consolidado fortuna y prestigio en la región, el Camaguey quedó atrás por esos misterios humanos que impelen a los hombres a emprender la marcha. Noticias le llegaban al itinerante Manuel Cardet de Cisneros, eran lentas porque era el suyo un siglo lento, pero el oriente de Cuba lo esperaba, (dicen algunos que era el destino y verdad que este hombre tenía una tarea inmensa en la pretérita y orgullosa ciudad de San Isidoro de Holguín. Si Miguel no viene, otra muy diferente sería nuestra historia o, por lo menos, los nombres que repiten los textos escolares de historia de la localidad tendría nombres muy diferentes). Pero ahora, nada más, Miguel preguntaba por los bosques seculares de aquí que parecían reclamar su hacha del leñador. Eran estas, le dijo alguien cual publicista turístico de nuestra remota antiguedad, llanuras onduladas en espera del ganado. Desflorador natural el principeño, no pudo resistir la tentación de tanta virginidad económica y demográfica.


Caminos que conducían a Holguín en tiempos muy posteriores a la llegada de don Miguel Cardet, por lo que se puede creer que los que lo trajeron a esta eran peores si es que se puede creer que haya peores caminos que el de la imagen.


Carretas y bestias pronto estuvieron listas y al paso cansino de los bueyes partieron los Cardet de Cisneros. Una avanzada de peones confiables abría veredas en la manigua a filo de machete. Más, por precaución aunque él decía que era por instinto, don Miguel no se desprendía de un par de pistolas y un mosquete cargados: Había bandidos por esos caminos.

Holguín es y ha sido siempre ciudad hembra. La ciudad que no lo era, (el título de don Fernando VII le bailaba en el  lodazal de sus pocas calles de tierra y salpicaba las casas hechas de material enclenque), pero hembra al fin abrió las piernas y acostó a don Miguel Cardet y a los suyos en un lugar tibio. El le fue marido fiel y en Holguín estuvo y está, ahora hecho polvo, que es eso lo que queda de los muertos. Pero la muerte fue después, antes, a retazos el hombre se fue enterando de la historia de esta comarca en la que acababa de avecindarse. Era la historia holguinera breve: En las primeras décadas del siglo XVI se establecieron algunos de los conquistadores que llegaron con Diego Velázquez, pero muy pronto el hechizo de la conquista de México los alejó de la comarca. Uno de ellos, García Holguín, que se fue e inexplicablemente regresó, le dió nombre al territorio que formó parte de la jurisdicción de Bayamo, esta última una de las primeras villas fundadas por los españoles. De García Holguín en adelante comenzó una lenta historia demográfica que se desarrollará durante los siglos XVI, XVII y XVIII. Como mismo el García Holguín, las tierras del Norte de Bayamo, estas adonde llegó Miguel Cardet, se fueron poblando de bayameses en una extraña colonización a la que también se le podría decir autocolonización. Y como siempre ocurre, un grupo de familias criollas se convierte en la élite política y económica de este territorio.

Alrededor de 1720 un alcalde de Bayamo en uno de sus periódicos recorridos por la región convenció a varios vecinos para que fundaran una población.

La situación geográfica de Holguín antes del pueblo nos puede dar una clave sobre como pensaban y que hacían aquellos fundadores: La aldea fue creada a 30 kilómetros de la costa. Sin discusión descartaron las profundas y bien guarnecidas bahías que abundan en el litoral. O sea, estamos ante gente más interesada de vivir cerca de sus fincas y haciendas que de preocuparse de muelles y navíos mercantes. Eran aquellos futuros holguineros gente más acostumbrados a la seguridad de la tierra que a las muchas zozobras del océano y el comercio. Pero, oh contradicción, los holguineros fundadores, a pesar de lo dicho anteriormente, no arrastraban el espíritu ni la mentalidad de aldeanos, aquí hay más flexibilidad y una abundante aspiración: a otros le habría bastado con tener título de pueblo pero los que hicieron el caserío primogénito consiguieron ser ciudad. Un viajero que recorrió esta comarca y luego escribió sus memorias se refería a que los holguineros eran gente “de temperamento novelísimo” (2)

Novelísimo, es verdad, y la palabra no tiene nada que ver con nuevo sino con novela. Nuestros abuelos eran  noveleros por voluntad y porque gozaban de libertad de la imaginación. Quizás fue por eso que se despertó muy tempranamente en ellos los deseos de independizarse del cabildo de Bayamo. Tenían sobrados motivos para esto, pues se sentían poco atendidos por el cabildo bayamés. Entre ambas poblaciones hay 70 kilómetros entonces poblados de selvas, pantanos y un caudaloso río, el Cauto. Muy pronto los reclamos de los holguineros dieron sus frutos, para felicidad de ellos. En 1751 el rey acabó reconociendo el derecho de estos vecinos a constituir un cabildo. Al año siguiente se puso en práctica la decisión real.



Una de las casas de Holguín vistas desde el Cerro de la Cruz.


Y Miguel Cardet Jiba llegó en buen momento para tejer su historia personal en Holguín. Ya en 1757 tenía una finca valorada en 2500 pesos, lo que en la época y el lugar era un símbolo de abundante bonanza. (3)
En 1770 contaba suficientes tierra como parra arrendar parte de ellas a un vecino por la cantidad de 9915 pesos, cifra astronómica en el contexto en que vivía. (4) Y de pronto queda viudo de su legítima esposa y en el cabildo es acusado públicamente de que: “... es un loco y que... mató a su mujer...” (5)

No aparecieron pruebas para llevarlo a los tribunales y todo concluyó en los comentarios. Comentarios que  tampoco fueron suficientemente sólidos como para impedir que antes del duelo aconsejable don Miguel irrumpiera en la iglesia local exigiendo que el párroco lo casara con una holguinera, Ana María de la Cruz Infante.

No era doña Ana de la Cruz mujer que estuviera al alcance de cualquier recién llegado, ella era hija legítima de la élite fundadora de Holguín. Por línea materna doña Ana estaba lejanamente emparentada con García Holguín y eso levanta sospechas, claro está. Más libre el Señor a este crónista de querer levantar falsos criterios cuando tanto tiempo ha transcurrido, pero pica la lengua: Acaso algo como no fuera ser parte de las familias poderosas de la comarca era lo que convenía a don Miguel?.

El apellido Cruz lo aportó en Holguín el canario Juan Francisco de la Cruz y Prada. Y no estamos ante un pobre emigrado. Al inicio de la colonización la tierra en la isla fue dividida en Hatos, Corrales y Sitios que se entregaban a los conquistadores y colonizadores según su importancia. Don Francisco logró hacer una sólida fortuna que le permitió en 1681 comprar el hato de Yareniquén en Holguín. (6) Y si no lo sabeis creedme cuando les diga que aquel abarcaba una porción de terrenos muy extensos, tanto o casi como un municipio de los actuales. Posteriormente la familia de la Cruz llegó a poseer varios hatos en Holguín, entre ellos los de Yabazón, San Marcos de Auras, Guayacán y todavía otros más.
 
Uno de los miembros de esta familia, Basilio Cruz y Leyva se encontraba entre los que fundaron la población de Holguín en las primeras décadas del siglo XVIII. (7)

Al crearse el Cabildo holguinero en 1752 la familia Cruz tenía permanentemente un puesto reservado en esa institución. El primero de esa familia en alcanzar un asiento en el gobierno local fue Juan de la Cruz Moreno investido como Regidor Llano. (8) Y desde entonces y hasta muchos años después los de la Cruz fueron familia poderosa; uno a uno y sin faltar nunca por más de un siglo, fueron el gobierno en Holguín.

Verdad es que llegaron al Cabildo porque eran ricos, o lo que es igual, llegaron porque lo eran. Pero verdad también que el poder político los ayudó a incrementar la billetera. Sin exagerar y con documentos para probarlo, Cristóbal de la Cruz y Moreno se apropió, previo pago al ayuntamiento, de la hacienda San Cristóbal (9)

Fue a esa dinastía en la entró Miguel Cardet con su matrimonio con Ana de la Cruz y, como es facil de deducir, consiguió mujer y puesto asegurado en el cabildo: transcurrió poco tiempo y ya fue proclamado regidor de aquella institución.

No era Miguel Cardet hombre sumiso. Como integrante del Cabildo se había opuesto a los abusos de un Teniente Gobernador. Y después protestó contra el abusivo orden establecido en la colonia. Y no es que don Miguel fuera un independentista temprano. Lo que buscaba era beneficiarse tratando de impedir las limitantes al comercio impuestas por la metrópoli a los vecinos del oriente de Cuba.

Pero España no oyó al comerciante y él, se entregó a las ilicitas formas del comercio de contrabando. Vendía a comerciantes franceses, ingleses u holandeses que llegaban a nuestras costas en goletas cueros de reses y tabaco. Y a ellos compraba lencería y herramientas, vinos y tejidos. Dicen que sin recato alguno don Miguel hacía desfilar desde Holguín hasta las orillas del mar, carretas cargadas de abundante tabaco, y de vuelta las traía cargadas sin preocuparse mucho de ojos y lenguas delatoras. Por eso no tardó en ser acusado por tales libertades por el gobernador de Bayamo en 1782. (10)

La esposa, mientras tanto, le parió cinco hijos, uno cada año. Cuatro varones y una hembra. (11) La hembra deben mirarla al rostro, se llamó y todavía sigue siendo uno de los personajes más interesantes de la historia de la comarca, María Josefa Cardet Cruz, y le decían Pepa, La Pepa Cardet. El célebre historiador Pepito García Castañeda dijo que fue ella "la primera prostituta holguinera", más, fácil o no para el amor, la Pepa tuvo otras habilidades y asimismo fue la abuela de dos generales mambises cubanos.

Para leer más vaya a los siguientes capítulos titulados:

 OTRO ENLACE DE INTERES:
Francisco de Zayas: el camino inconcluso entre Cuba y España


CITAS

1... Archivo Provincial de Holguín. Fondo Protocolos Notariales año 1758, Folio 1.
2... Olga Portuondo Zuñiga: Nicolás Joseph de Ribera. Editorial de Ciencias Sociales. La Habana, 1986. p. 140.
3... Archivo Provincial de Holguín. Fondo Protocolos Notariales, año 1757, Folio 3.
4... Archivo Provincial de Holguín. Fondo Protocolos Notariales, año 1777, Folio 37.
5... Archivo Provincial de Holguín. Fondo Tenencia de Gobierno, Legajo 63, expediente 1922, Folio 51.
6... José Novoa Betancourt. Historia Colonial de Holguín. El pueblo (1720-1752). Ediciones Holguín. Holguín 1997, p. 22. 7... José A. García Castañeda. La Municipalidad Holguinera: Su creación y desenvolvimiento hasta 1799. Editorial El Arte Manzanillo, 1949. p.78.
8... Idem
9... Idem, p. 146
10... Archivo Provincial de Holguín. Fondo Tenencia de Gobierno, Legajo 63, Expediente 1924, Folio 48.
11... Archivo Provincial de Holguín. Fondo Protocolos Notariales, 1786, Folio 22.