La aldea a la mano (Holguín, Cuba)

11 de mayo de 2016

LOS CANARIOS QUE LLEGARON A CANDELARIA, GIBARA, SE ENCONTRARON CON UNA ZONA DE OCUPACION ANGLOSAJONA



A principios del siglo XIX en la zona llana próxima a Candelaria se produjo un importante poblamiento de origen anglosajón llegados, sobre todo, procedentes de las Bahamas y de los Estados Unidos.
Su importancia no radicó en el número, solamente eran cuatro familias inglesas: los Chapman, los Weathom y los estadounidenses Clark, Noris y los Driggs a quienes acompañaron la familia austriaca de los Eyssing de Seasure y las familias de italianos Calvi y Moro.

9 de mayo de 2016

LOS CANARIOS DE CANDELARIA, GIBARA, SE CASABAN ENTRE ELLOS



A diferencia de los demás españoles que llegaban a Cuba, los canarios casi nunca tenían parientes ricos ni a un funcionario colonial que los ayudaran. Para obtener alguna propiedad tan solo contaban con sus brazos para trabajar. Ahorrar a veces hasta la exageración era, generalmente, la única forma de hacerse de dinero. A lo que debe sumarse que ellos provenían de una región árida, pobre y olvidada por el imperio español. O eran frugales o nunca levantarían cabeza.

Igual, al llegar a Cuba, en lo espiritual se emparentaba con los peninsulares que era el grupo de control, pero la verdad es que ellos eran tan hijos del coloniaje como los mismos cubanos. Los españoles de Cuba colonial no los veían como sus iguales. En los libros de bautizos, matrimonios y defunciones, se les señala por su lugar de procedencia. Y  durante los primeros años del siglo XX en el Registro de Comerciantes e Industria de la ciudad de Holguín, por ejemplo, se aclaraba que eran canarios, mientras a los demás españoles se les señala, simplemente, como de España, sin especificar la región. (Desde 1910 está practica va desapareciendo).

6 de mayo de 2016

PLATANO Y MAIZ EN LA SIERRA DE CANDELARIA, GIBARA, HOLGUIN, CUBA



Los canarios que llegaban por el puerto de Gibara generalmente arrendaban o compraban tierras en la Sierrita cercana, sin embargo aquellas no son apropiadas para obtener productos en abundancia para el comercio; lo más que podían conseguir era la subsistencia diaria: quizás unos plátanos y otras viandas, maíz probablemente y a la crianza de unos pocos animales. Cuando la suerte los acompañaba vendían algo en el puerto cercano[1].

La villa de Gibara también les ofrecía trabajo en los muelles, los almacenes, las construcciones y en el mantenimiento del camino que unía a Gibara con Holguín. Pero estos últimos no eran como para dedicarse a ellos toda la vida, sobre todo porque generalmente eran ocupaciones circunstanciales. De ahí que la Sierrita de Gibara fuera un refugio más seguro y por eso se fue poblando de canarios.

EL MAIZ



El maíz, específicamente, era un producto esencial en la dieta canaria. Allá lo llevaron luego de la conquista de América y por influencia de la lengua portuguesa lo llamaron “millo”. Tan común era el maíz en canarias que sabemos de una familia que al venir trajo un molino para hacerlo harina.Este grano fue básico en la dieta de Candelaria y todavía hoy tiene gran importancia, tanto que es parte de mitología de la gente común: Las personas de edad avanzada para medir la experiencia en cualquier asunto, dicen que han comido mucha harina (de maíz), para que vengan a enseñarle tal cosa. Eso significa que haber comido mucha harina es sinónimo de haber vivido muchos años.

EL MOLINO O "MAQUINILLA"



El molino (o maquinilla) para granos no fue introducido en la región por los canarios, pero para ellos tenía una gran importancia, al punto que algunas al venir los traían de su lugar de procedencia. Y otros que no tuvieron dineros suficientes para comprarlos, los construyeron: eran esos, dos piedras redondeadas que se movían una sobre la otra.



Tan frecuente fue el uso que todas las ferreterías cubanas terminaron vendiéndolos, de ellos, fueron los de fabricación alemana los que alcanzaron mayor prestigio. Era ese un molino de  tamaño mediano que tenía una manivela, o manigueta, como también se le dice también en Cuba. Era de acero pero se podía graduar. En el siglo XIX  nada más lo tenían las familias mas  acomodadas. Se utilizaba tanto para moler la comida de los animales como la de las personas.


LOS POBRES USUREROS CANARIOS (EN GIBARA)



Aunque existen evidencias de que algunos canarios que vivían en las inmediaciones de Gibara (siglo XIX), poseían algunos recurso, esos eran los menos. Los otros, que eran más, eran los pobres. Ellos se establecieron en los cerros, y cuando lograban reunir recursos, aunque solamente fueran unas pocas monedas, lo utilizaban para adquirir tierras en la zona llana. Otros muchos, para conseguir el mismo fin,  pedían dinero prestado e hipotecaban la finca recién adquirida. Así el curioso encuentra en los protocolos notariales un canario compraba una finca y ese mismo día la hipotecaba. 

Veamos un caso específico: el canario Juan Ortega Hernández compró en 50 pesos oro a Juan Gualberto Martínez, tres cuartos de caballería en Los Altos, que era un barrio situado en la Sierra de Candelaria. (Lástima que las escrituras no especifican las dimensiones de la finca)[1]

Generalmente los linderos o límites de estas fincas que se vendían e hipotecaban eran bastantes peculiares, así, por ejemplo, en una transacción que hace el canario Rafael Hidalgo y Mariño con Felipe Munilla en el acta de venta para fijar los límites de la finca se especifica que aquel era:

“(…) el punto nombrado La Casimba, donde existe una mata de caña bambú y donde, además, está clavado un horcón de lechero cuyas señales son conocidas por José Rafael Hidalgo. Más adelante hay otro horcón, éste de madera de Cuyá que se halla en la cerca que existe a orilla del caserío de Las Bocas. Estas señales permanecerán fijas sin que  puedan ser removidas”[2].

LOS CAMINOS DEL ARADO: EL TABACO EN GIBARA



Era el tabaco uno de los cultivos que hacían los canarios asentados en el hinterland del puerto de Gibara. Precisamente había sido en la zona donde los europeos habían visto aquella planta por primera vez. El suceso debió ocurrir cuando el Almirante Cristóbal Colón, anclado en la bahía, mandó una avanzadilla de dos marinos al interior. Al regresar aquellos dijeron haber observado a varios humanos expulsando humos que tenían un olor desabrido[1]. Hoy el hecho es asunto que cuentan una y otra vez los guías de turismo, mientras que la historiografía encargada del tabaco concentra sus intereses en las ricas vegas de Vuelta Abajo, sin embargo, el tema del tabaco en el oriente de la Isla no es nada despreciable: En este territorio también se desarrollo su cultivo en cantidades respetables hasta el siglo XIX. Gibara fue ejemplo muy elocuente de la importancia del cultivo del tabaco aunque hoy a los historiadores se les haya olvidado. Las casas lujosas que hubo en la Villa, las murallas que se levantaron para protegerla de los independentistas cubanos, los muelles del puerto y la locería fina esparcida por en interior de las residencias de los burgueses locales, estaba sustentada en las muy endebles hojas de tabaco, riqueza mayor de la región.

El mercado de Europa del Norte fue elemento decisivo en la producción tabacalera gibareña, luego fue Alemania.

Los primeros que en el hinterland del puerto cultivaron la preciada hoja del tabaco fueron los vecinos con larga tradición de cultivo de tabaco que llegaron hasta Gibara atraídos por la inauguración del puerto, procedentes de diversas partes de la jurisdicción de Holguín.

Fue posteriormente que llegaron los inmigrantes canarios. Ellos no tenían tradición tabacalera, sin embargo muy pronto se relacionaron con la hoja y aprendieron los secretos de su cultivo, hasta el extremo de que muy pronto decir canarios en aquella zona era decir grandes cosecheros del producto.

Hoy no tenemos elementos suficientes para responder la pregunta qué llevó a los canarios a la vega, solo algunas pocas y no muy sólidas hipótesis, entre ellas, las sabidas condiciones del terreno de la zona de Candelaria y otras inmediatas, tan propicias para el cultivo, la cercanía del puerto y las facilidades del transporte. Por demás el tabaco era el producto que de una manera relativamente rápida les permitía obtener capital para pagar la tierra que, en ocasiones, obtenían por medio de préstamos.

Lo anterior debió colaborar para que el tabaco entrara en la psicología de aquellos inmigrantes que, no olvidarlo, llegaron de Islas muy visitadas por comerciantes o viajeros en tránsito a América que necesitan vituallas para el trayecto. Precisamente eso dicho ahora mismo había hecho del canario un emprendedor hombre del comercio. Entonces se entiende que el tabaco era la planta ideal para entrar en el comercio internacional desde su modesta posición.

Pero como todo cultivo comercial, el tabaco necesitaba un capital que sustentara los muchos y obligatorios gastos, cuando se piensa en sembrar grandes cantidades. Fueron los comerciantes establecidos en el puerto de Gibara quienes aportaron el dinero, entre ellos destacan un reducido grupo proveniente de Cataluña y las Baleares.

En los Protocolos Notariales de Gibara, que se inician en el año 1841, se comprueba que desde entonces los prestamos que se hacían se saldaban  en tabaco.

Un ejemplo  de este tipo de transacción se produjo el  4 de febrero de 1847. La cantidad prestada ascendió a 1 550.00 pesos a pagar en 155 quintales de tabaco. Igualmente en ese año se efectúan otras seis transacciones a saldar en tabaco; tres de los que reciben los préstamos son canarios, dos de eran vecinos de Candelaria.

En esas mismas escrituras, pero del año 1848, aparecen un total de ocho préstamos, de ellos cinco a pagar en efectivo y tres en tabaco. De los que debían saldarse en tabaco hay dos que son hechos por la Sociedad Comercial dirigida por el portugués José Leal.  Dos de estos dichos préstamos tienen como fecha de vencimiento el mismo año 1848 y el  tercero debió ser una cifra considerable que no se especifica en la escritura, valorada en 575 quintales de tabaco. Cuatro de los individuos que reciben en ese año son canarios, uno de ellos reside en Candelaria.

Diez años después la situación es muy diferente respecto a los préstamos y en especial a los que se debían pagar en tabaco. Es que para entonces la producción de la hoja había dado un salto significativo. Incluso, hasta la forma de redactar los documentos respecto a los debitos había variado. A diferencia de los años 1847 y 1848, ahora se ofrece mayor claridad y precisión en la información: siempre se expresa la cantidad prestada y lo que se espera obtener en tabaco y, también, se da más información sobre deudores y acreedores.

Quien revisa los documentos gibareños encuentra en esos años más de  mas de 50 transacciones, 28 de ellas debían ser saldadas con tabaco. Por demás 19 de los que reciben los créditos son canarios y de los que se comprometían a pagar la deuda con tabaco, 11 son canarios. (Para entonces eran los grandes prestamistas un grupo de catalanes, santanderinos y vascos). 

A la vez ha ocurrido que la vieja sociedad local, típicamente patriarcal, se va transformando lentamente. Un periodista escribió sobre la concluida década de los años sesenta en estos términos:

“Las familias de los campos, sencillas e inocentes, vivían felices en sus propiedades y abandonaban su campestre morada tres veces al año; por Semana Santa, por Santiago y por Pascua de Navidad: la ciudad ofrecía en esas épocas un aspecto de animación y vida que regocijaba.

“Pero mas tarde el tendero del cuartón, capitalista de doce pesos, comen­zó por llamar la música al cuartón, por llevar a la tienda botitos, vestidos costosos, sillones, manteletas, chals y demás adminículos que antes eran innecesarios en los campos. A las primeras funciones iban montadas las hijas de los hacendados en los sillones que guardaban enfundados para los viajes a la ciudad y las de los labriegos, hacían uso de enjalmas ó lomillos, que era la montura mas usual en el país.

“Repitióse la fiesta otro día y ya todas las muchachas montaban sillones que el tendero fiaba a los padres, a pagar con la cosecha; el listado fue reemplazado con la falsa muselina, los zapatos de dril cuyo :corte era de tres reales, fueron sustituidos con el botito de tres duros, el   pañuelo tan propio de la guajira era inconveniente al lado del chal y la manteleta, el collar de colores era inadmisible al lado de las cuentas azules  y coloradas de la industria francesa, y como el tendero esplotaba(sic) en  terreno virgen aconsejaba en nombre de la decencia semejantes gastos, se hacía la persona mas importante y entendida del Cuartón, fiaba á pagar con la cosecha, y como un esceso(sic) trae otros, mientras las muchachas  bailaban ó eran bailadas al aire libre ó bajo una enramada, los hombres hacían honor á Baco en la bodega (siendo este uno de los graves males de las tiendas de campo)[2] cuando no estaban recreándose mas ó menos  ocultos, con la baraja ó los dados.

“El caso es que llega el primer año de cosecha, y aunque esta bastase á  cada uno de los campesinos para satisfacer la deuda al tendero, se le entrega toda, pero siempre necesita cada cual un pico para este o el otro  asunto, conviene el tendero en anticipar la cantidad que será pagada en tabaco el año siguiente, solo que en vez de dos quintales le pone cuatro y  además el rédito consiguiente al dinero que anticipa[3].

“Si es sabido aquel refrán que dice: labrador empeñado, es hombre arruinado, ¿qué porvenir le aguardará al pobre labriego que embalsado  entre las manos del tendero le queda siempre la tienda abierta para que  el esclavo tenga donde ir a vender lo que roba, para que el hijo frecuente  lascuela de Baco y él mismo para que tenga donde gastar en sardinas, salchichones, galletas y otras baratijas que antes le eran innecesarias?

“Y todavía es nada eso; un campesino va al pueblo y en casa de su antiguo y formalote marchante, que siempre le pesaba bien, compra una arroba de sal, media de café, una cuarta de arroz y una libra de cebollas; llega a su casa arregla su romana de palo y ella le dice que el tendero del campo le cercena mucho de lo que compra pesado, pero vive distante y vale más el viaje que lo que quiere reclamar. Desiste de ello y, con repugnancia al principio y por hábito después, si el tendero engaña al labriego, este le engaña a su vez en la calidad, clase y hasta en la cantidad  de lo que le entrega.

“Por supuesto, a los tres o cuatro años la deuda del labrador es enorme pero el tendero no quiere el perjuicio del labrador, no le quita bueyes ni caballos, sino que se contenta conque le, hipoteque el sitio, porque como somos mortales, prevé la eventualidad de una desgracia mortuoria, y se asegura de ese modo. Por su parte el campesino agradece que no lo lleven á los tribunales y él mismo se pone el dogal al cuello”[4].
Antes de iniciarse la guerra de 1868 el comercio de tabaco era uno de los rubros más importante entre los varios que se desarrollaron en Gibara,  hasta muchos países lejanos llegaban las hojas de tabaco cosechadas en esta zona y eso sirvió para que muchos comerciante se enriquecieran. Muchos emigrantes amasaran fortunas que salieron de las vegas de otros emigrantes más pobres: los canarios.


CANDELARIA, CONSTRUCCIONES



Al llegar a Candelaria los canarios se encontraban con una zona donde no existía una población con casas que pudieran alquilar o comprar sino que generalmente había una casa (bohío) en cada finca, pero los canarios no siempre compraban fincas como tales sino fragmentos de fincas. Por lo tanto ellos canarios tuvieron que fabricar sus casas, que eran al rústico estilo de la que habían vivido los aborígenes.

Muy pronto aprendieron, y algunos quedaron en la memoria colectiva por la agilidad que alcanzaron en construir este tipo de vivienda. Una de las ventajas de los bohíos era el poco gasto que representaban; los materiales los regalaba la naturaleza cubana.

Se dice que llegaron a construir casas muy grandes en las que no utilizaron ni clavos ni alambre, solamente bejucos. En la zona crece un tipo de bejucos popularmente llamados “uví” y asimismo otros que son capaces de soportar grandes pesos y que son resistentes al deterioro que impone el tiempo, la humedad y el calor.

A las piezas de madera grandes le hacían moscas o ranuras para “embonar”, es decir que coincidieran con el horcón donde se insertaban.

Las construcciones de bohíos hicieron aparecer diferentes instrumentos de metal necesarios para aquella labor, entre ellos la aguja de cocer yagua. (Generalmente esta la fabricaba el herrero del barrio[1]. No se fabrica industrialmente). Es la aguja una pieza en forma de cuchillo sin filo en los bordes y con una punta afilada para perforar la yagua. En la parte posterior tiene un orificio u ojo, que es como se le conoce, por donde se pasa una fibra de yarey.


CASA CANARIA EN CANDELARIA






Eran las más antiguas muy grandes o espaciosas, ubicadas a unos 40 metros de distancia de la carretera. Las paredes eran de tabla de la Palma Real y techo de pencas del mismo árbol, a cuatro aguas. Luego las transforman, levantando las paredes de ladrillo y cemento pero el techo sigue siendo de guano.

Generalmente tenía un cercado con alambre de púas, que para los canarios era “un lujo”. La entrada era a través de una portería de madera donde nacía un camino empedrado de cascajos que dividía en dos el jardín. Las plantas del jardín estaban ubicadas muy cerca de las paredes de la casa.

A ambos lados de la casa había terrenos para que pastaran los animales, igual cercado por alambre de púas.

En el fondo o parte posterior todas las casas tenían (y siguen teniendo), algunos árboles frutales que no son muchos y que no son visibles desde afuera. Las especies de frutales eran más o menos las mismas de todas las casas, aunque los canarios y sus descendientes siempre tenían algún naranjo.            
   



CARPINTERIA Y CANARIOS



Un grupo de canarios de Candelaria o sus descendientes estuvieron involucrados en el negocio de las construcciones. Todavía se recuerda a varios de ellos con fama de haber sido buenos carpinteros. Incluso, en el mismísimo pueblo de Gibara había varios carpinteros de ese origen, entre ellos José Rodríguez Amador, que fue quien hizo el barco mas grande de todos los que alguna vez se hicieron en los astilleros de la Villa. Era ese un pailebot nombrado “Antonia” de 100 pies de eslora. (La información anterior aparece en los libros protocolares del notario Carlos Aguilera con fecha de inscripción 21 de octubre de 1865). Siguiendo esos mismos viejos documentos, el otro barco más grande, hecho por el mismo carpintero, solamente alcanzó los 75 pies.  
Desiderio Hernández León (“Tello”) fue otro descendiente de canarios que tuvo grandes dotes como carpintero. Él se jubiló varios años después del triunfo de la Revolución. Ya jubilado continuó trabajando en un taller de carpintería que tenía en su casa.

TEJARES



La familia Guethom tenía un tejar en Candelaria Afuera. Nanao Guethón, que en 2009 tenía 95 años, dijo a Enrique Doimeadios, que vio ese tejar y que vivió su decadencia y su muerte.

Otro entrevistado fue Epifanio Cuenca Gonzáles. Se produjo la conversación en 24 de marzo 2009 en su casa en Candelaria:

“Mi tatarabuelo Jerónimo Fernandez Calero era canario de la isla de La Palma. Él tenía un tejar en La Sirena donde sus esclavos fabricaba tejas y ladrillos que se usaban en todos los campos de Yabazón, La Jandinga y Auras (Floro Pérez).  En 1855 ya no estaba trabajando, lo que le cuento fue antes de ese año. Él llego a Cuba después de 1844, vino huyendo de la sublevación de esclavos que hubo en su tierra y vino a Gibara”.

Otro entrevistado aseguró a Enrique Doimeadios que en Santa Maria o Embarcadero tenía un tejar Gregorio Hernández, que era natural de Aruca en la isla de La Palma. Cuando llegó la pobreza a Gibara en los años de 1940, ese tejar dejó de trabajar porque ya no tenía demanda.

Igual dijo un entrevistado: “En 1974 o 75 yo iba a construir mi casa y necesitaba ladrillos, entonces el esposo de mi tía, que era una persona emprendedora, albañil y carpintero, me aseguró que el ladrillo era facil de hacer y nos dimos a la tarea. Fuimos a la fábrica de ladrillos que hay en Bocas y compramos 500 ladrillos con los que hicimos el horno. Hicimos también un rancho grande y allí fabricamos todo lo que necesitaba para hacer mi casa y después seguimos haciéndolos para vender, hasta que un día tuvimos que parar el negocio porque la tierra de Iberia no es la mejor y por eso había que pasar mucho trabajo; teníamos que jibisarla, (cernirla), para evitar las piedras. Yo conservo los moldes, los guardé y tengo también una especie de molino que se utiliza para remover y moler la tierra. Para mover ese molino se usa tracción animal: todo eso lo tengo guardado.

“En este momento unas cuantas personas tienen tejares en Iberia. Hay allí  una familia de apellido Cobas que son baleares (de las Islas Baleares), pero que la mujer es Hernández, esos Hernández son de descendientes de canarios. También en Embarcadero y en Santa Maria hay tres tejares grandes, uno de una Cooperativa, otro del Poder Popular y otro de una Empresa de Construcción.

“Los tejares particulares son de contrabando, ilegales, así es en la actualidad pero antes de Fidel había un tejar en Embarcadero que hicieron los Beola y que era de jerónimo Hernández. Ese tejar estaba primero en un lugar que se llama El Triángulo, pero allá la tierra no era buena calidad y por eso lo trasladaron”.

CASA DE DOS PLANTAS



La primera de todas en la zona la hizo Mateo Vals que era un catalán comerciante. Abajo la tienda y en la segunda planta la casa de vivienda de la familia. Esa casa ya no existe porque la desarmaron para armar una nueva.

Actualmente en Candelaria hay una casa de dos plantas propiedad del nieto de canarios Roberto Paredes. 

FOGON



Para hacer el más rústico de los fogones, se cogían cuatro piezas de madera rolliza que hacían la función de las patas. Esas se encerraban en un cuadrado de madera rolliza que formaba un cuadrante. Por encima se les ponía unas tablas de palma y quedaba una caja que se rellenaba con tierra, esa tierra hacía la función de sustancia aislante para que no se quemaran las tablas. Arriba de la tierra se ponía ceniza que se mojaba y se aplanaba con las manos.

EL CARBON



Un síntoma de “desarrollo” era dejar atrás el fogón de leña y tenerlo de carbón. El oficio de carbonero era común en la Sierra de Gibara. Generalmente los carboneros también sembraban plátanos, pero el tiempo les alcazaba para también hacer carbón. Por demás, cuando iban a desmontar un terreno para sembrar los platanales, usaban la madera para hacer carbón.



Por demás el platanal se explotaba por unos años, mientras rendía y después se deja que la manigua lo invadiera y mientras tanto se abría un área nueva donde la tierra era virgen. (El área que se abandonaba volvía a enriquecerse al cabo de los años, y por eso podía volver a desmontarse y utilizarse nuevamente para el mismo producto).


LOS ISLEÑOS (Canarios), EN LA HISTORIOGRAFÍA CUBANA DE LA GUERRA

Cuando reiniciaron en Cuba las guerras por laindependencia, los criollos locales incluyeron en el bando integrista a todos los inmigrantes españoles, menos a los canarios. Es que estos eran demasiados cercanos, cada cubano tenía un antepasado “isleño”.

Y es verdad que sicológicamente ellos estaban más cerca del cubano que cualquier otro español y también es verdad que los isleños nunca conformaron las élites de poder y eso les ganó la generosidad de la historiografía local que los acercó al bando cubano o que, por lo menos, los separó de la definición de “catalán” que en la Isla era sinónimo de integrista.

4 de mayo de 2016

COMPAÑIA MAMBISA DE CANDELARIA Y OTROS HECHOS INÉDITOS QUE RELACIONAN A LOS CANARIOS DE LA ZONA CON LAS GUERRAS INDEPENDENTISTAS CUBANAS



En la historiografía cubana son escasos los estudios sobre unidades de combate mambisas. El asunto es más reducido sobre la guerra de 1868. Aunque si bien se han realizado monografías sobre la contienda en algunas regiones, ninguna de ellas es propiamente la historia de una división,  una brigada  o un batallón.


9 de febrero de 2016

Hotel Caballeriza




Por: César Hidalgo Torres

La Caballeriza se llama el nuevo hotel que le están construyendo a Holguín. La arquitecta Karina Pérez Rodríguez es su proyectista principal. 

CESAR: ¿Realmente hubo una caballeriza en la esquina de Aricochea y Miró?

KARINA: Pudo haberla. Aunque a nosotros nada más nos ha llegado la afirmación del historiador Pepito García Castañeda: El dijo que sí.

CESAR: Está bien, le creo a Pepito. Y por otro lado, dijo otro gran historiador nuestro, (Otro Pepe, además), el DR. Pepe Vega Suñol que desde la creación del pueblo y hasta hoy, el campo está adentro de la ciudad. Y no puede ser de otra forma en una ciudad levantada por una fuerte cultura agropecuaria: en la ciudad viven caballos desde que vino el primer ser humano que fundó Holguín. Yo le propongo Karina, que hagamos una revisión de fotografías para recordar qué había donde ya es visible el que será un hermoso hotel.

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