
Esa
popular agrupación muy pronto asumió el estilo de Peruchín, con sus característicos
tumbaos, su creatividad armónica y sus improvisaciones donde mezclaba elementos
del jazz con los de la música cubana. Esas cualidades lo convirtieron en uno de
los más relevantes y versátiles pianistas de la música cubana de su tiempo.
En
la década del 40 trabajó con varias agrupaciones: El Conjunto Matamoros,
los Swing Boy´s y la orquesta Tropicana. Durante un tiempo se
radicó en Panamá donde trabajó con la orquesta de Carlos Boza. En
1950 pasó a formar parte de la
Riverside, orquesta a la que también aportó sus
orquestaciones y muchas composiciones.
A
la vez que todo lo anterior, durante los años 50 realizó magníficas grabaciones
con piezas clásicas, de jazz y música
cubana. Asimismo grabó con la orquesta
de Chico O´Farril, con tríos y con otras agrupaciones que fundó.
Como
arreglista colaboró con las mejores agrupaciones cubanas y del mundo latino: Larraínz
en Venezuela, César Concepción en Puerto Pico y algunas de Nueva York.
Como compositor legó al patrimonio nacional numerosas obras, entre ellas
boleros como “¡Qué equivocación!”, “Tu
verdad” y “Una canción para ti”;
piezas rítmicas como “Mamey colorao”
(mambo) y los Cha cha chá, “Semilla de
marañón”, “España en llamas” y “Cha
cha chá con mambo”.
Chucho Valdés e Irakere: Homenaje a Peruchín
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