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Las esculturas funerarias del cementerio municipal de Holguín, CUBA

20 de octubre de 2010

Solamente una mujer anciana


En 1990 Marilola X tiene 85 años de su edad. Lleva tristezas en el alma, pero no es una mujer triste. Solamente es una mujer anciana. Vive sin ataduras, es todo lo bohemia que le permiten los achaques, a cualquier hora, sin percatarse de la hora que es, llega a hacer visitas a sus amistades, y escribe en los lugares más diversos.

Como antaño odia los relojes y levantarse temprano, lee y otra vez lee, siempre lee. Un día en la sede nacional de los Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) en La Habana, conoce a Gabriel García Márquez. En sus memorias Marilola se autorreconoce garciamarquiana: “Ese mundo que ha hecho Gabriel me sienta (...) de las páginas de sus libros, como algo de magia, brotan personajes fabulosos y fascinantes. Allí, en Cien años de soledad, aprisionado y quizá un poco inadvertido, vive el hombre de mi vida. Siempre soñé encontrar algo tan hermoso y lleno de poesía”.

Tiene 85 años de su edad en 1990 y varios proyectos: un nuevo viaje a México donde tantos afectos dejó, concluir sus memorias, publicarlas y siempre escribir. El 25 de abril escribía con un lápiz que aquella tarde padecía de poco filo en su punta. La caligrafía comenzó a estrechársele y a partir de las seis de la tarde la letra fue una raya interminable, infinita, cero, final. No dejó ni una sola peseta que heredar. Solo ocho libros, de ellos dos reeditados, mayor cantidad de libros que todos los autores holguineros de su época.

A casi 20 años de la más prolongada ausencia de la poeta, se han tejido leyendas que la nombran. Lo que de ella dicen, todo es verdad y todo es mentira. Es tarea ardua delimitar qué es leyenda. Y quizás no hace falta ni Marilola lo quiere.