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HÉCTOR LAVOE INTERPRETA AL HOLGUINERISIMO GUAYABERO

25 de junio de 2009

"La piel en la Memoria" Parte V

Por: René Dayre Abella
JUGANDO A LA RADIO
De pequeño me atraían con fascinación los dramas que escuchaba en la radio nacional. Ya me he referido a este fenómeno anteriormente cuando relataba mi afición a un programa de aventuras infantiles que transmitía la vieja CMQ con el título “Las Aventuras de Jackie el Pecoso”. No teníamos radio en la casa. Éramos pobres y en aquellos días la radio era un pequeño lujo y ni hablar de la televisión que era sólo accesible a las clases pudientes.
Cuando me fui a vivir a la casa de mis tías me aficioné a escuchar por primera vez una radionovela de la cual mi tía Queta no se perdía ni un solo capítulo: “Estrellita”. No recuerdo con exactitud quienes la protagonizaban. Quizá el actor principal pudo ser Alberto González Rubio y la actriz estelar probablemente Minín Bujones, pero no estoy seguro. De lo que estoy plenamente seguro es que César Leante escribía los guiones.
Estrellita era un personaje que se me antojaba un poco bobalicona. Demasiado ingenua y noble. Era una versión actualizada de la típica Cenicienta. Leante la hacía sufrir mucho en cada capítulo provocando un derrame catársico de lágrimas en los radio oyentes, particularmente en las mujeres como mi tía.
Con los oídos de la memoria escucho aún llorar a la pobre muchacha y hasta escucho los jingles de los productos patrocinadores: los jabones y la brillantina Hiel de Vaca de Crusellas. En una ocasión se me ocurrió reescribir aquellos capítulos que escuchaba y cambiar drásticamente las situaciones dramáticas acentuando un brusco cambio en la actuación de Estrellita que iba a reaccionar violentamente cada vez que era humillada por la villana de la serie para luego escenificarlos junto a mis amigos los Fernández Diez, que vivían justo al cruzar la calle. Osvaldito y Aroldo eran los hijos de Osvaldo Fernández, a quien todos llamábamos cariñosamente Valito, y de Enedina Diez, nuestra querida Nina. Sus primas, Nibya y Edmé eran las hijas de Fernando y de Emelina.
A Osvaldito se le ocurrió improvisar una radioemisora en el patio de la casa de mis tías. Levantamos una primitiva tarima y confeccionamos un “micrófono” con un palo de escoba al cual agregamos una lata vacía de puré de tomate completamente agujereada por una de sus caras. Ya teníamos el “equipo” faltaban las voces de los actores. Osvaldito sería el presentador y a la vez cambiando ligeramente la voz para hacerla más engolada narraría cada capítulo. Nibya y yo seríamos los únicos actores, pues Aroldo y Edmé eran muy pequeños. Nibya cambiaría la voz de acuerdo con el personaje. A ratos era Estrellita y también la villana de la novela. Yo haría el personaje que encarnaba Alberto González Rubio y a veces adelgazaba la voz y me convertía mágicamente en una Estrellita que nada tenía que ver con la original concebida por la brillante pluma de César Leante. También narraba cuando Osvaldito se enojaba y dejaba el juego y hacía los jingles imitando una voz femenina, pues a Nibya le daba mucha pena cantar. Todavía recuerdo las líneas o versos de aquellos jingles comerciales: Yo soy blanca y rubia /lindo mi pelo brilla/ porque uso la brillantina/ Hiel de Vaca con manzanilla. Y a continuación yo mismo cambiando la voz anunciaba el producto para continuar con otro jingle: Yo como soy morena/ tengo más negro el pelo/ porque uso la brillantina/Hiel de Vaca con romero.
Creo que así nació mi vocación por la narrativa y también por la actuación dramática. Nuestros juegos terminaron un día del año 1958 cuando cambiando la tónica de la “programación radiofónica” a Osvaldo le dio por imitar al locutor de un programa que transmitía Radio Moscú y que escuchaba en una vieja radio de onda corta junto a su padre, viejo militante del Partido Socialista Popular.
Al fondo de nuestro patío vivían nuestros vecinos los Hernández Santiago y Rafael Hernández quien era el secretario en la clandestinidad del Partido Socialista Popular en Banes se encontraba clavando en una bigornia unos zapatos, pues se dedicaba a remendar calzado y alcanzó escuchar a Osvaldito cuando imitando al locutor moscovita gritaba: “Aquí Radio Moscú transmitiendo desde la Cuna del Socialismo”. Don Rafael nos interpeló muy preocupado: “Eh, muchachos, no sigan jugando a la radio y no vuelvan a mencionar eso. Recuerden que Radió Moscú está callada. ¡Callada!”.
Nota: En las fotos: Mimín Bujones y Alberto González Rubio, dos de los actores más famosos de las radionovelas cubanas.