ALDEA COTIDIANA

           En HOLGUIN, Cuba, como en todos los lugares del mundo, ocurren hechos triviales, bellos a fuerza de fugaces                                                          Esta ciudad la construyeron mis padres vísperas de mi nacimiento y quisiéramos que nada se perdiera, que todo lo que fue haciéndose desde nuestros padres a nosotros, permaneciera intacto y puro, porque la ciudad es el escudo que hace que nuestros nombres no se olviden                                                    300 aniversario del pueblo de Holguín en 2020
gadgets para blogger

Toda la aldea a la mano

HÉCTOR LAVOE INTERPRETA AL HOLGUINERISIMO GUAYABERO

8 de junio de 2009

FEDERICO CAPDEVILA. Presencia del defensor de los estudiantes de médicina en Holguín.

En esta casa, hoy sede de los artistas y escritores holguineros, vivió el capitán Federico Capdevila mientras estuvo en Holguín.
Por María Julia Guerra y Ángela Peña.
El capitán Federico Capdevilla y Miñano, el digno defensor de los estudiantes de medicina en 1871, residió en Holguín en diversas ocasiones y dejó aquí, en hechos y obras, recuerdos memorables. 

Nació en 1845, en Valencia, España, y siguiendo una tradición familiar (su padre Medardo Capdevila, era militar) a los 17 años se gradúa en el Colegio de Infantería de la Reina, con el grado de subteniente. Seis años después, coincidiendo con el inicio de la guerra de 1868 en Cuba, es enviado a la Isla. 

No sabemos las razones por las cuales viene para Holguín, pero es posible que haya sido en el período de adaptación, pues por su clima benigno y sus condiciones geográficas, las tropas eran trasladadas a esta región tan pronto como arribaban. Otra razón probable es que aquí vivía su hermano, el doctor en medicina Manuel Capdevila Torres, casado desde 1858 con la holguinera María del Carmen Ochoa y Aguilera. A poco, en el propio año 1869 es nombrado Juez Pedaneo interino del Partido de Yareyal, cargo que desempeña entre octubre y diciembre en que pasa a ocuparlo el Capitán Agustín Fibla. En el Partido de Yareyal, situado al noroeste de la ciudad, se encontraban los cuartones del Centro, Dehesa, Cabezuela, Güirabo y Pedernales. Y, pese a que allí no existía un poblado o gran caserío, tenía gran importancia para la jurisdicción, en especial para la ciudad por su cercanía y radicar allí buenas fincas y trapiches. Contaba con una considerable población que ascendía a 2 mil 314 habitantes, de los cuales 81 eran esclavos y 281 negros o mestizos libres. 

Federico Capdevila estuvo poco tiempo en Holguín, pues ya en 1871 estaba en La Habana esperando cambio de plaza, dispuesto por el coronel Blas Villate, Conde de Valmaceda, jefe de las tropas que operaban en el oriente de Cuba.

En La Habana se encuentra cuando se acusa a 45 estudiantes del primer año de medicina de profanar la tumba de Gonzalo Castañón, periodista y propietario del periódico La Voz de Cuba y fiel defensor de los intereses españoles en la Isla, entonces es designado defensor de oficio en el Consejo de Guerra que se les hiciera. 

La defensa, justa y digna, hecha por Capdevila a los estudiantes, además de negarse a firmar la sentencia, provocó la reacción airada de los voluntarios, no solo en el transcurso del Consejo de Guerra, sino durante todo el tiempo posterior, que incluso perduró más allá de la guerra de los Diez Años. Por tal razón, Capdevila se vio obligado a abandonar La Habana y vuelve a Holguín. 

Unos historiadores dicen que deportado, otros que con licencia, y el holguinero Juan Albanés refiere que vino para esta ciudad porque aquí gobernaba militarmente Varela, quien era su concuño. Lo cierto es que vivió en la casa de los Moyúa desde diciembre de 1871 hasta fines de febrero de 1872, junto a su hermano el doctor en medicina Manuel Capdevila. 

Durante su estancia en la ciudad es bien acogido por españoles y cubanos, participa en tertulias y es padrino de varias bodas y bautizos. 

En 1873, se casa en Sancti Spíritus con Isabel Piña Estrada. Por las constantes amenazas de los voluntarios, el matrimonio se ve obligado a regresar a España. Allí nacen los primeros hijos: Federico, quien muere muy pequeño, y Luis. Regresa a Cuba en el año 1878 y aquí nacen Concepción, Isabel y Eva. 

Capdevila es enviado a una de las fortificaciones que conformaban en Camagüey la Trocha de Júcaro a Morón, donde se encuentra con el General Arsenio Martínez Campo, amigo de su familia, y con quien su padre había estado en la Campaña de África. El General lo asciende a Comandante y, aprovechando la ascendencia que tenía Capdevila entre los cubanos, lo utiliza para conocer el estado de opinión de la población. 

Terminada la Guerra de los Diez Años, Capdevila permanece en Cuba, y en 1882 vuelve a Holguín con el grado de Teniente Coronel y ocupa el cargo de Primer Jefe del Segundo Batallón del Regimiento de Infantería de La Habana No. 6, que se encontraba en el Cuartel situado en la calle San Miguel (Maceo y Habana, ocupado hoy por las oficinas de la Central de Trabajadores de Cuba, en la provincia). 

Antigua fachada de la plaza de entrenamiento militar ubicada delante del Cuartel de Infantería, conocida por los holguineros, entonces, como Plaza Mantilla.

El jefe del Cuerpo de Infantería era el coronel Manuel Mantilla de los Ríos y Segura, quien había proyectado construir, en terrenos aledaños, una plaza que sirviera para el esparcimiento de las tropas. Su traslado a La Habana no le permitió estar al frente de las obras y en su lugar quedó el Teniente Coronel Federico Capdevila. 

La Plaza Mantilla era un parque jardín que ocupaba un amplio terreno entre las calles San Miguel (Maceo), por donde tenía la entrada: una portada que rememoraba un arco de triunfo; las de San Isidoro (Libertad), Santa Brígida (Habana) y las comprendidas hasta el Hospital Militar, denominadas San Esteban (Prado) y Quinta. 

En esta ocasión de nuevo vivió Capdevila en la casa de los Moyúa, y como era masón perteneció a la Logia “La Cruz”, No. 75, ocupando el cargo de Venerable Maestro, utilizando como nombre de taller el de Valencia, su lugar de nacimiento. 

En 1886 es acusado de malos manejos de los fondos del Batallón y sentenciado a tres años de prisión en el Castillo del Morro, en Santiago de Cuba. Estando preso, en 1887, un grupo de habaneros crearon un Comité para rendirle homenaje, logrando recaudar mil 200 pesos, los cuales Capdevila declinó aceptar y propuso se invirtieran en hacerle un mausoleo a los ocho estudiantes de medicina fusilados el 27 de noviembre de 1871. Entonces, el grupo le entregó una espada con empuñadura de oro, a nombre de “Cuba agradecida” y con la dedicatoria: “Al Señor Federico Capdevila, el héroe del 27 de noviembre de 1871”. 

En la cárcel Capdevila contrajo tuberculosis, y pese a ello cumple la sanción. Como una ironía, al salir, en 1889, es revisada la causa por la cual había sido sancionado y se comprueba que era inocente de los hechos de que se le acusaba. Retirado del ejército, a los 44 años de edad, decide residir en Santiago de Cuba. Allí se reúne con la intelectualidad más sobresaliente y con los cubanos patriotas. Junto a Emilio Bacardí, el doctor. Félix Hartman, Federico Pérez Carbó y Francisco Sánchez funda la institución cultural “Victor Hugo”, de carácter librepensador, en la cual ocupa la vicepresidencia. En ella logra materializar algunas de sus ideas progresistas: establecer escuelas laicas, fundar una biblioteca pública y el semanario El espíritu del siglo XIX, librar la campaña para eliminar el cercado que dividía en el cementerio los enterramientos de quienes profesaban la religión católica de quines no. 

En 1893 fundó, con esos mismos amigos, el Partido Centro Republicano, y fue electo su presidente. 

Al iniciarse la Guerra de 1895, el general Arsenio Martínez Campo le propone a Capdevila que se reintegre al Ejército, pero éste no acepta. Su enfermedad siguió agudizándose, y en 1898 se refugió en un campamento mambí en El Caney, donde falleció el primero de agosto del propio año. 

Federico Capdevila fue sepultado en el Cementerio Santa Ifigenia, de Santiago de Cuba, y más tarde, en 1903, sus restos fueron trasladados a La Habana y enterrados junto a los ocho estudiantes de Medicina. 

La figura de Federico Capdevila, representativa de la España progresista y humana, y la inocencia de los estudiantes de medicina fusilados en 1871, están indisolublemente ligadas en la historia de Cuba. Y aunque alcanzó altos grados militares, será para siempre el capitán Federico Capdevila. 

Su presencia en la ciudad de Holguín se ha perpetuado en el obelisco construido en 1952, en áreas de los jardines del Instituto de Segunda Enseñanza, centro de rebeldía estudiantil, construido en terrenos ocupados por obras complementarias del antiguo Cuartel de Infantería, uno de los escenarios donde se había desenvuelto Capdevila, y frente a la Plaza Mantilla (hoy Parque Rubén Bravo), que él contribuyó a edificar. También la corta calle, al sur, del Instituto, lleva su memorable nombre.