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23 de mayo de 2017

Los escopeteros en el llano (1957-agosto de 1958) Antecedente del IV Frente Oriental Simón Bolívar



En el territorio donde operó el Cuarto Frente actuaron antes pequeñas guerrillas, siendo el primer grupo guerrillero el que dirigió Orlando LaraBatista en zonas pertenecientes al municipio de Bayamo. 
Orlando Lara
Sobre la fecha de su alzamiento Lara dijo en una entrevista que fue “en el mes de agosto de 1957, cuando establecimos el primer campamento rebelde en el llano, en la zona de Cauto del Paso, yendo conmigo Roberto Reyes, Jesús Martínez, Víctor Sotomayor y Elvira Paneque; contábamos nada mas que con un revolver 38, dos pistolas 38 y una pistola 32”.[1]
Salvando algunas pocas diferencias, fueron similares los alzamientos de los demás destacamentos que operaron en los llanos: pocos hombres y una ínfima cantidad de armas.
Partiendo de la formación de esa primera guerrilla hemos confeccionado una periodización que tiene como base el desarrollo de las acciones militares entre ambos bandos. Esta tiene dos momentos muy bien definidos. El primero comprende desde el inicio de la lucha a mediados de 1957 hasta agosto de 1958, el segundo se extiende  desde septiembre de 1958 al fin de la guerra, el 1 de enero de 1959.
Luego del alzamiento de Orlando Lara se producen otros en diferentes lugares del territorio. Entre ellos los de los grupos dirigidos por Concepción Ribero, Marcos Carmenate, Gerardo Machado, Carlos Borjas y Lizardo Proenza.
Hasta mediados de abril todos estos grupos operaron independientes entre sí sin un mando central. Aunque se consideraban subordinados a Fidel, en la práctica esa no pasaba de ser teórica, sobre todo porque era difícil órdenes directas desde la guerrilla serrana. No obstante el Comandante en Jefe tomó medidas para organizar las pequeñas guerrillas: En enero de 1958 nombró a Orlando Lara  jefe de un territorio que comprendía parte de los municipios Bayamo y Victoria de las Tunas. Lara  recibió parque y orientaciones directas del líder revolucionario.
Luego Fidel tomó otra medida, esa la más importante de todas, el envío del capitán Camilo Cienfuegos a los llanos con una pequeña tropa integrada por 22 hombres. Camilo comenzó su marcha hacia los llanos el 31 de marzo de 1958. El 16 de abril, estando en la zona de operaciones que le habían asignado, Camilo es ascendido a comandante y nombrado jefe de un gigantesco triángulo cuyos vértices eran las ciudades de Las Tunas, Bayamo y Manzanillo, y que en la práctica abarcaba a los municipios de Puerto Padre, Tunas, Holguín, Gibara y parte de Bayamo. Todos los grupos rebeldes que operaban en este territorio, con la excepción de Orlando Lara que continuó directamente bajo las órdenes de Fidel, se subordinaron al Comandante Cienfuegos creándose un mando único. En el orden político ello tenía una importancia relevante, pues permitía establecer la disciplina de la guerrilla especialmente en lo relacionado con el trato hacia los campesinos, que era un tema era en extremo delicado y de gran preocupación de Fidel.
Capitán Osvaldo Herrera
Las fuerzas bajo el mando de Camilo, conformadas por varios grupos de escopeteros dispersos en aquel gigantesco territorio y con muy poca relación operativa entre ellos, fueron designadas como Columna 2. Luego, cuando detuvieron y asesinaron a uno de los oficiales de Camilo, Osvaldo Herrera, la columna asumió su nombre.
Con esas tropas Camilo llevó a cabo una serie de audaces acciones, algunas de ellas verdaderamente temerarias, como por ejemplo, una incursión por las calles de Bayamo, que en aquellos momentos era uno de los centros militares más importantes del país donde se encontraban acantonadas numerosas unidades de combate que actuaban sobre la Sierra Maestra.
Pero no obstante lo anterior, Camilo Cienfuegos tan solo contaba con 22 hombres armados que, aunque era experimentados combatientes de la Sierra Maestra, por su número no podían cambiar la correlación de fuerzas. El ejército tenía la iniciativa operativa e incursionaba en todo el territorio sobre el que mantenían el control.
Uno de los combates más importantes para entender las posibilidades guerrilleras en el llano es el de La Estrella. En ese lugar los revolucionarios fueron atacados por una poderosa unidad de combate enemiga que contaba con blindados y apoyo de la aviación. El grueso de los guerrilleros logró abandonar el lugar teniendo tan solo tienen dos bajas, lo que sirve como ejemplo de la capacidad de la guerrilla de los llanos para enfrentar una fuerza superior. Y aunque eso es cierto, el combate merece otro análisis. Las fuerzas de la dictadura lograron llegar hasta el campamento de la unidad rebelde más importante que operaba en esos momentos en los llanos, la atacaron y la obligaron a retirarse.
El otro grupo guerrillero de importancia que operaba en el llano dirigido por Orlando Lara también vivió una situación similar cuando el enemigo los atacó en su campamento de los Montes de Infante y se vieron  obligados a retirarse tan apresuradamente como ante lo tuvo que hacer la fuerza de Camilo. Asimismo el enemigo también penetró en el territorio de Cauto el Paso, que era la base logística de la guerrilla de Lara y logró detener a una de las principales colaboradoras de los revolucionarios.
Y la guerrilla de CarlosBorjas también fue dispersada en los montes de Pestán, en el Cauto por un ataque enemigo.
Lo anterior demuestra que los revolucionarios no podían sostener un territorio liberado porque su armamento era en extremo deficiente: La mayoría de los combatientes tan solo contaban con escopetas de caza, deportivas, armas cortas y algunos, incluso, estaban desarmados. Y para colmo de males no siempre había parque suficiente para estas armas.
Tampoco era posible hacer una concentración de las diferentes guerrillas para llevar a cabo una acción de relevancia por el mismo motivo ya señalado: la falta de armas y parque para sostener un ataque en caso de que fuera descubierta la concentración.
Las condiciones naturales, grandes llanuras o elevaciones pequeñas con escasa vegetación era otro factor en contra de las guerrillas. Su supervivencia estaba condicionada por la capacidad de escapar a la persecución enemiga que tuvieran, nunca enfrentándolos.
Las vías de comunicación que había en la zona, a la que cruzaban una red de carreteras, caminos vecinales y vías férreas, era otro inconveniente para los guerrilleros. Es cierto que en los meses de lluvia el barro dificultaba las marchas, pero para un ejército moderno esto no era un problema insalvable, y el ejército batistiano estaba abastecido por el gobierno de los Estados Unidos con excelente transporte que antes había sido utilizado en la guerra del pacífico; e incluso, en los centrales azucareros y arroceras existían pistas de aviación. A ello se suma que los pequeños poblados estaban comunicados por vía telefónica y telegráfica. 
Lo anterior impuso a los guerrilleros un tipo de acciones militares particular: ataques a pequeños puestos de la guardia rural, emboscadas a patrullas enemigas en movimiento y, especialmente, sabotajes a las vías de comunicaciones: carreteras, líneas férreas, telegráficas y telefónicas. También se realizaron atentados contra delatores y miembros del grupo paramilitar dirigido por el senador batistiano Rolando Masferrer Rojas.
Otra tarea importante de las guerrillas fue la propaganda y la recaudación de armas y parque.
Se puede asegurar que al concluir el periodo los grupos de escopeteros operaban virtualmente en todos los municipios y algunos habían alcanzado notable nivel de organización como el encabezado por Orlando Lara que contaba con gran apoyo popular en la zona de Bayamo.
En carta de Lara a Fidel de fecha 12 de abril le explica como funcionaba lo que hoy podríamos considerar como la inteligencia militar de un ejército regular.
“En estos momentos a un kilómetro y medio del campamento se  encuentran  150 soldados de la dictadura,  están desde ayer, pero cualquier movimiento que ellos hagan lo sé  enseguida, pues cada diez minutos me llega un parte de los campesinos, le parecerá extraño pero tengo una organización entre los vecinos del lugar que viéndolo es como se puede apreciar, desde las costas de Bayamo hasta los alrededores de Buenaventura incluyendo la Sal Cauto Embarcadero, Cauto el Paso, Mir, Monte Alto, Las Mil Nueve, Las Arenas, Omaja, Central Maceo y otros barrio”[2].
Fidel, comprendiendo las grandes posibilidades combativas de estas guerrillas pese a lo rudimentario de su armamento y su capacidad de sobrevivir en el llano, imponiéndose a las más difíciles condiciones, decidió organizar la primera invasión fuera de los límites de la provincia de Oriente y le impartió órdenes a Orlando Lara para que enviara parte de sus fuerzas a la provincia de Camagüey. La misión fue cumplida a finales del mes de abril de 1958[3]. (Para esa fecha Fidel estaba pensando en mandar un destacamento dirigido por el mismísimo Orlando Lara a actuar en la misma  provincia de La Habana, pero la gran ofensiva de la dictadura sobre la Sierra Maestra lo impidió).
A la vez que las acciones que acabamos de describir, Camilo Cienfuegos continuaba al frente de las guerrillas de los llanos, y así fue hasta junio de 1958, cuando el enemigo preparó su ofensiva de verano: entonces largas caravanas de transportes militares comenzaron a recorrer los caminos que conducían a las estribaciones de la Sierra Maestra. Un ambiente de tensión como el que precede al estallido de una tormenta se podía respirar en el aire. Fidel, comprendiendo que la guerra se decidiría en las montañas, mandó a buscar a Camilo y a Orlando Lara. Ambos jefes guerrilleros y sus hombres se unieron a las huestes de Fidel.
Pero antes de retornar a la Sierra Maestra, Camilo designó como jefe de las fuerzas rebeldes de los llanos al capitán Carlos Borjas Garcés[4], un legendario guerrillero que antes había sido combatiente clandestino en Holguín. Fue él quien disparó sobre el coronel Fermín Cowley Gallegos, jefe del regimiento militar de Holguín en una acción comando organizada por el Movimiento 26 de Julio en noviembre de 1957.  Después de esa acción subió a la Sierra y participó en varios combates hasta que en marzo de 1958 Fidel lo envió a Holguín para que se desempeñara como Jefe de Acción. Borjas formó una guerrilla que operó fundamentalmente entre la ciudad de Holguín y el río Cauto.
Lizardo Proenza
A mediados de 1958 se había producido un incremento de los grupos de alzados. En Gibara operaba una guerrilla dirigida por Lizardo Proenza, en Puerto Padre otra dirigida por Pedro Galindo Ramírez, en Las Tunas actuaban varios grupos, entre los que se destacaba el de Concepción Rivero, en  Bayamo, entre otros grupos de escopeteros, estaban los mandados por Gerardo Hernández Silva, conocido por Juan Machado, que actuaba específicamente en la zona de Cauto Embarcadero, José Cedeño  en el Cautillo, Palmarito, Babiney y el Jardín. En Cacocum actuaban los grupos de Ernesto Mulet y Jesús Diz Fernández.
A estas pequeñas tropas hay que añadir la del  teniente, Cristino Naranjo[5] quien operaba al frente de un pequeño destacamento entre Holguín y Bayamo.  (Y para completar toda la información debe saberse que Carlos Borjas envió hacia Tacajó a dos combatientes para que intentaran crear guerrillas con los vecinos de esos lugares).

Una mirada a los escopeteros del llano


Antes de continuar, preciso es una mirada más detallada de los grupos de escopeteros de la cuenca del Cauto.
Esos grupos fueron el gran aporte del caudillismo y el regionalismo a la guerra; sin embargo la historiografía los ha obviado y al analizarlos sigue corrientes tradicionales y esquemáticas que únicamente mira los aspectos negativos sin valorar los muchos matices y contradicciones del fenómeno.
Debe verse a los escopeteros como un producto de los complejos mecanismos del regionalismo y el caudillismo y de las nuevas circunstancias sociales y políticas de la sociedad cubana que se habían formado en la gigantesca cuenca del Cauto desde los primeros siglos de la colonización. Los grupos que surgieron de su seno al alzarse lo hacían en sus barrios; casi todos sus integrantes se conocían entre sí, incluso no pocos tenían algún parentesco y raramente salían a realizar operaciones fuera de los límites del barrio y áreas inmediatas; el barrio era quien los protegía de delatores y traidores. Pero es innegable su servicio.
Veámoslos.
Cuando Fidel manda a llamar a Camilo y a Orlando Lara para que con sus hombres se les unieran en la Sierra y le ayudaran a enfrentar la ofensiva del ejército, los grupos de escopeteros no fueron menos sino lo contrario, pero la situación de su armamento no varió sustancialmente. Un estudio hecho en cinco de los grupos que operaron en los llanos orientales en el verano de 1958 arrojó que estaban integrados por 102 combatientes; de ellos solo 10 estaban armados de fusiles propiamente de guerra, (eran esos de la tropa de Cristino Naranjo, que fue armada por Camilo Cienfuegos cuando este retornó a la Sierra), el resto llevaba escopetas de caza y deportivas, antiguos fusiles y carabinas de las guerras de independencia, así como pistolas, revólveres y otras armas más a propósito para exhibirlas en un museo que para ser usadas en un combate.
Pese a esas grandes limitantes militares las guerrillas del llano desempañaron un papel importante: mantuvieron la presencia de los revolucionarios en la zona quebrantando el poder del régimen y sus adictos y obligaron al enemigo a mantener fuerzas de forma permanente en esa geografía que eran desviadas de los escenarios  principales de combate. Poco después, cuando se creó el Cuarto Frente, ellos aportaron un apoyo esencial: facilitaron el abastecimiento y organizaron una amplia red de inteligencia y contrainteligencia militar. Y cuando pudieron armarse y se sumaron a las columnas guerrilleras enviadas desde la Sierra Maestra, sus hombres estaban bien entrenados para librar operaciones de envergadura.
En otro sentido, los escopeteros que no integraron las columnas rebeldes se encargaron de tareas complejas y difíciles, como por ejemplo, bloquear las poblaciones, realizar sabotajes, abastecer a las tropas y controlar las zonas liberadas. Además ellos, al ser naturales del lugar donde actuaban, movilizaron y cohesionaron a la población en torno a la revolución, lo que útil a la llegada de las columnas rebelde. 
Manuel "Piti" Fajardo
En octubre de 1958 Manuel (Piti) Fajardo hizo una interesante descripción de los escopeteros que operaban en el municipio de Victoria de las Tunas, ellos, “forjados en el llano le dan colorido al Ejército Revolucionario 26 de Julio. Usan bonitos sombreros tejanos, se encuentran bien vestidos, y sus uniformes adornados con llamativos pañuelos, su cara rasurada y su pelo bien cortado”.
 Los jefes de los destacamentos de escopeteros eran personas de relevancia en la zona como por ejemplo Francisco Concepción en Puerto Padre y Gibara. Este combatiente había tomado parte en la lucha contra el dictador Machado y había desempeñado puestos de cierta importancia en Puerto Padre durante los gobiernos auténticos. Otros sencillamente eran gente de origen humilde que por su actividad revolucionaria alcanzaron el respeto de sus vecinos. En este caso el ejemplo más relevante era Orlando Lara, quien por su participación en la lucha alcanzó una muy justa fama.
Incluso hubo casos de individuos con antecedentes delictivos, sobre todo que habían participado en robos o por lo menos que eran sospechosos de haberlos cometido, pero que en la pelea lograron forjarse prestigio y convertirse en destacadas figuras de la guerra.
El gran peligro que corría la revolución al servirse de individuos así es que alguno podía devenir en bandidos que utilizaran el prestigio de la revolución para fines de lucro, como ya había ocurrido en la Sierra Maestra. Incluso era posible que aún  manteniéndose en la línea de la revolución, emplearan métodos incorrectos en el trato a  los campesinos y a la población en general cometiendo excesos al aplicar la  justicia revolucionaria. El envío de Camilo Cienfuegos en abril de 1958 y el establecimiento  de  un  mando centralizado  fue la medida más eficaz para intentar una solución a la que era tan compleja situación. Luego, con la llegada de las columnas rebelde del Cuarto Frente se puso fin a ese peligro.





[1] Carlos  Manuel  Rubiera. “Lara y sus Muchachos”. Revista Bohemia, 19  de abril de 1959. Número16 p. 8-10 y 135-137.
[2] Oficina de Asuntos Históricos del Consejo de Estado. Carta de Orlando Lara a Fidel Castro del 12 de abril de 1958.
[3] La invasión a Camagüey por las guerrillas de Orlando Lara ha pasado inadvertida para la historiografía de la guerra, sin embargo esta tiene un singular valor en la estrategia de la revolución.
[4] Carlos  Borjas  Garcés: formó parte del comando que realizó el atentado al coronel Fermín Cowley Gallegos, jefe del  regimiento de  Holguín. Después de esa acción se incorporó a la guerrilla serrana y tomó parte  en algunos  combates. En marzo de 1958 Fidel lo mandó como  jefe  de acción  de  Holguín. Se convirtió en jefe de  una  guerrilla  que operaba entre Holguín y el Cauto. Al retornar Camilo a la  Sierra Maestra dejó a Carlos al frente de los guerrilleros del llano. En septiembre de ese mismo año Camilo lo destituyó y lo envió detenido a  la  Sierra Maestra.  Borjas continuó combatiendo hasta el final de la guerra.  Poco después  del  triunfo se licenció y  trabajó en  la  vida  civil. Falleció  en la década de los años 90 en Holguín. Fue uno los jefes del llano que gozaron de una mayor popularidad.
[5] Cristino Naranjo. Humilde obrero de las minas de Bueycito que se unió a las fuerzas del Che Guevara. Acompañó a Camilo  en sus operaciones en los llanos orientales. Al retornar Camilo a la Sierra lo dejó como teniente de un grupo de  escopeteros. Y cuando el comandante Cienfuegos retornó, ahora al frente de la columna invasora, lo ascendió a capitán y lo dejó al frente de los escopeteros de los llanos. Al  formarse la Columna 14 fue designado como jefe del Pelotón número 3 de esa fuerza.  Al triunfo de la revolución fue ascendido a  comandante. El 12 de octubre de 1959 fue asesinado por un aventurero contrarrevolucionario.