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24 de diciembre de 2015

Japón

Por Julio César Urbina

Casa donde residió uno de los japoneses de Preston (foto actual)
En los documentos que se conservan en Preston aparece uno que da fe de la llegada al batey el día 12 de diciembre de 1924, procedente de Panamá, de Kanjiro Matsumoto, nacido en Yokoama Kobe, Japón, con No de Pasaporte 562645.

Otro de los japoneses asentados el batey fue Joseichi Ynouye, quien nació el 20 de agosto de 1900, en Okinawa, y que tenía el Número de Pasaporte 18957. Se desempeñaba aquel como empleado domestico del Presidente y por solicitud de aquel, con un salario mensual de $ 60.00. Comenzó a trabajar en la Compañía el 27 de febrero de 1936, y entró por el puerto de Preston, procedente de Boston.

Otro de fue Konashin Saitow, nacido el 9 de diciembre de 1888. Este comenzó a trabajar con la UFSCo, en mayo de 1932 como Mayordomo del Hotel Miramar.

De los tres, solo dos consiguieron quedar en la memoria de los vecinos actuales, Saitow, que ocupó el puesto de su coterráneo en la cocina del Presidente de la División, y el jardinero Matsumoto.

En el siguiente cuadro puede apreciarse la composición general del primer contingente de familias japonesas asentadas en la División de Preston (censo de 1940).

Número de familias……………………………………….1

Hombres……………………………………………………….3

Mujeres……………………………………………………...NO

Niños…………………………………………………………….5

Total……………………………………………………………..8

El Jardinero de Preston.



Parque de Preston, (foto actual)
Kangiro Matsumoto, era especialista en jardinería y fue contratado directamente por la Compañía para los trabajos de podas de árboles, siembras especiales de plantas, árboles, enredaderas, para que hiciera injertos en todo tipo de plantas, etcétera. El japonés jardinero fue admirado por todos los moradores del batey, por las obras de arte que creaba, sobre todo en la poda de los árboles con los que conseguía las menos imaginadas figuras.


Así mismo Kangiro Matsumoto trajo a Preston desde Panamá la hiedra que tan popular fue creciendo en casi todas las construcciones de mampostería de la mayoría de las casas que se encontraban frente a los muros de contención, y también en el hospital de la compañía, que estaba recubierto completamente de la planta y también el Club para los negros (hoy casa de Cultura). 

El jardinero japonés de Preston tenía secretos que se llevó a la tumba de cómo podar la hiedra para que la enredadera fuera dócil. (Hiedra, nombre común de las plantas de un género de enredaderas leñosas de la familia Araliáceas. La hiedra común suele cultivarse en Europa, Asia y en América como ornamental, guiada de forma que cubra los muros de los edificios. Forma hojas pequeñas de color casi siempre verde oscuro).

Otro lugar donde reinaba el jardinero japonés fue el parque del batey. Este parque comenzó a construirse casi conjuntamente con el central. Toma una manzana completa y en 1944 se le hicieron transformaciones en las luminarias, la estructura de sus arbustos y, especialmente, se colocó un sencillo monumento a José Martí en 1945. Además sembraron en el parque cocoteros, mangos, anoncillos y laureles que eran podados por el jardinero en forma circular perfecta, rosas, palmas reales y según consta en el plano del parque que apareció en la papelería de la UFSCo. con el número 3740 del año 1944, se le instaló un sistema de regadío para el césped.

El jardinero del Preston casó con una cubana, natural ella de la zona de Banes y llamada Clotilde Trujillo Verdecia. Tuvieron cinco hijos, cuatro varones y una hembra. Todos recibieron nombres propios del Japón: Himao, Ital, Hichiro, Isamo e Isay Matsumoto Trujillo. Cuentan que a ellos el padre les revisaba constantemente la planta de los pies, pues, decía, que el pié de un japonés puro debía de ser limpio y muy suave.

Cuentan sus familiares que en el horario nocturno, a la hora  de dormir a los más hijos y a los nietos después, el jardinero solía interpretar canciones de cuna pero en idioma japonés, por lo que los niños se aficionaban a ellas.

Y, también dijo su familia, a la hora de descansar, después del almuerzo,  Matsumoto solía poner algo duro debajo de al almohada (¿un ladrillo?) y muy pegado a la nuca, diciendo a quien se extrañaba, que así se sentía más cómodo. Y cuando permanecía en la casa, siempre andaba descalzo para sentir la frescura del piso que, decía, le hacía bien para la circulación.

Creencias.

Matsumoto profesaba el Budismo, y participaba en los cultos cuando visitaba la zona de Banes, Santiago de Cuba o La Habana, donde el número de nipones eran mucho mas numeroso que en Preston o Mayarí.

Los dos nipones que por más tiempo vivieron en Preston asistían diariamente a las funciones cinematográficas que se exhibían en el Cine del Batey. Nadie como ellos gustaban más del séptimo arte.