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La aldea a la mano (Holguín, Cuba)

4 de septiembre de 2021

Un recuerdo del Sitio de La Periquera


Por: Antonio Pascual Ferrer Mariño (Pascualito)

         Historiador de Gibara

Esta bala de cañón, en forma de pelota de hierro, perteneció a la artillería cubana, y se usó en el Sitio de La Periquera.

Holguín fue en todo tiempo una Ciudad cuyos habitantes, en gran número, eran amantes de la libertad de Cuba, como lo demuestra el abultado número de Veteranos por la Independencia que tuvo, por eso fue que al comenzar la Guerra de los Diez Años (1868), Julio Grave de Peralta y Amadeo Manuit entraron con sus valientes soldados y ocuparon la Ciudad. Los españoles, mientras tanto, se parapetaron en las iglesias San Isidoro, San José, en el Hospital Militar (Quinta del Llano), y, sobre todo, en su más importante fortaleza, la Casa de Francisco Rondán, a quien la soberbia casa le costó $ 25 000.00 y a la que entonces llamaban Casa Fuerte y que los mambises rebautizaron como La Periquera. 

En el periódico EL GIBAREÑO, de cuya redacción formé parte, se publicó desde Enero hasta Abril de 1938 una serie de diez artículos, que yo mismo escribí, sobre ese importante hecho de armas, donde tomó parte por Cuba Libre, mi abuelo materno don Nicolás Mariño y por España, mi abuelo paterno, don Pascual Ferrer, que allí en La Periquera estaba guarecido junto a mi abuela paterna doña Paula García y Sánchez. 

Fue mi abuela paterna quien me contó la anécdota siguiente: El 4 de diciembre de 1868, los mambises, que siempre quisieron tomar La Periquera, emplazaron dos cañones. Y a eso del mediodía del día citado, estaban almorzando las señoras de los defensores del edificio. Mi abuela compartía la mesa don doña Pepa Cardet, y en eso cayó una pelota de hierro como de quince libras, rompiendo platos y fuentes. A doña Pepa, del susto, le dio un colapso y falleció, siendo enterrada en el patio, de donde parte la galería subterránea que unía La Periquera con la iglesia de San José.

Esta bala la conservó mi abuelita hasta su muerte, pasando desde entonces a mi poder. Pero conociendo  su valor histórico, la doné al Museo que tenía la Delegación de Veteranos de la Independencia, para que las generaciones futuras la conocieran.

Con este escrito queda complacido mi buen amigo e historiador Rafael Masferrer Landa, nieto de doña Pepa Cardet.  

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