ALDEA COTIDIANA

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HÉCTOR LAVOE INTERPRETA AL HOLGUINERISIMO GUAYABERO

19 de agosto de 2009

Al Guayabero, esté donde esté, lo mismo en el cielo que en el infierno

Autor: Kaloian Santos Cabreras
Fotos del autor
Ahora mismo, en algún lugar, don Faustino debe estar dándole dolores de cabeza a “la pelona”. Seguro que la muerte, muy señorona ella, debió venerarse ante él cuando vino a buscarlo. Créame usted, que si había alguien que propinaba a cada rato a la “Parca” un… ¡golpe directo al mentón...! ese era Faustino Oramas. Una vez dijo: “Es la filosofía de la vida. Nadie se escapa. Cuando el tren para en tu puerta, no vale que “llévate a mi hermano que está más viejo”, “déjame vestirme” o “a ver si me pelo”… Ahí no hay escapatoria. Viene de golpe y porrazo”. Así de versado era el hombre. Claro, si sigo enunciando a Faustino Oramas de seguro es conocido por pocos; pero si digo “El Guayabero, rey del doble sentido”, es aclamado por muchos. ¿Por qué el rey del doble sentido?
Marieta a mí me pidió
tres pesos con disimulo
Y me dijo que me pagaba
con el tiempo y… sin apuros.
O esta que no es tan famosa.
Dos mujeres el otro día, formaron una gran disputa
Dos mujeres el otro día, formaron una gran disputa
Y una le dijo a la otra, te van a matar por… bruta.
Entonces entre las carcajadas de los presentes El guayabero le decía al público: “los mal pensados son ustedes. Santa palabra”.
Como parece ser tradición en la mayoría de nuestros trovadores, las canciones salidas de sus liras son poco grabadas. A pesar de contar con cierta fama añeja, Faustino no fue la excepción. Grabó muy pocos discos dentro de los que resaltan una recopilación de su obra titulada El Guayabero y El tren de la vida, su última producción. Picando sus 80 es que algunos sellos, sobre todo EGREM, se empeñan en registrarlo en sus catálogos. Así quedó fonográficamente en más de una docena de discos de diferentes artistas. Es quizá el legendario Buena Vista Social Club la producción más importante donde se encuentra un tema suyo, “Ay, candela”, interpretado por Ibrahim Ferrer: “Faustino Oramas y sus compañeros, / necesitan que me apaguen el fuego”. También quedó su obra en antologías, entre las que se destacan El gran tesoro de la música cubana. Vol. IV y V; Grandes voces del son cubano Vol. II; Pacho Alonso y El guayabero, Cuida’o con el perro y un homenaje de artistas orientales pertenecientes al sello Areíto. En nuestro Holguín estaba, vivito y todavía algo coleando la última vez que lo vi. Fue hace unos meses, acababa de cumplir los 96 años con que se fue. Se notaba la carga de casi un siglo, pero mantenía su estampa elegante, presidida siempre por su sombrero de pajilla. Para ser sincero más que verlo y visitarlo fue una intrusión de mi parte en una de sus últimas tardes. Luego supe que su estado de salud declinaba y vinieron los ingresos intermitentes hasta que escuché en Radio Reloj: “el emblemático trovador cubano Faustino Oramas falleció a las 06:30 horas de hoy martes 27 de marzo, luego de más de 30 días ingresado en la Sala de Cuidados Intermedios del Hospital Vladimir Ilich Lenin, de su natal Holguín”.
Otro intruso fue el que me llevó ante el autor de “Como baila Marieta”. Era su vecino Leandro Estupiñán, posiblemente uno de los últimos periodistas que lo entrevistó. Curiosa entrevista esa. El periodista llevó bien estudiado su cuestionario y el entrevistado respondió apenas algunos puntos con oraciones cortas y otras preguntas él lanzó a la desbandada frases incoherentes, pero llenas de humor. Hay un pasaje ya casi famoso sobre Internet.
Mi motivo primero era poder hacerle fotos sin molestarlo mucho. Si se podía, tratar de hablar con él. Porque, vamos, que El guayabero es de esos bardos que de a poco van quedando. La sesión de fotos pasó sin problemas y las palabras se tradujeron en sus sonrisas. Nos mostró su guitarra nueva, pero rayó su vieja caja con cuerdas, esa llena de pegatinas, la que debe tener tantos años como él. “Ya no quiso cantar y si usted le ponía ―así de literal― una guitarra entre las manos, solo lograba del viejo unos pocos acordes. Y que murmurara o, mejor, que cantara dentro de su cerebro la emblemática Marieta”, escribe Leo sobre ese día.
También hizo los acordes inspirados en aquella escapada de un pueblo del oriente cubano llamado Guayabero (hoy con el nombre de Mella). Y todo debido a sus ínfulas de Don Juan. Solo que en esa ocasión se atrevió a conquistar a la mujer del cabo de la guardia rural: Trigueñita del alma no me niegues tu amor, / trigueñita del alma dame tu corazón, / nunca pienses que un día/ pueda yo olvidarte. / ¡En Guayabero, mamá, me quieren dar!/ ¡En Guayabero, mamá, me quieren dar!
Se dice que no fue su única conquista, tampoco fue su única canción ni el único romance con una comprometida. Se dice más, tanto que hasta se han llegado a fabular leyendas en su nombre. Ahora, con su descenso, especulan que eso de los 96 años es solo en carné de identidad, que en la vida real, el viejo trovador pasó de largo por el siglo y ya le había robado tres años al nuevo. Una muerte nunca es bienvenida pero óigame, El guayabero las tenía reclaras con ese refrán popular de “vive la vida que es una sola”. Ya lo avizora otro bardo, lo que más joven: "Como dice El guayabero filósofo popular:/ Oiga, la vida es un pasaje de ida a la eternidad