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Las esculturas funerarias del cementerio municipal de Holguín, CUBA

7 de julio de 2009

La Bahía de Nipe, enormísima república líquida donde ocurrieron hechos singulares


Después de la conversión de la de Hudson en mar interior, la bahía de Nipe es, de las de bolsa, la más grande del mundo. Tiene unos 120 kilómetros cuadrados de extensión y acumula mil 700 millones de metros cúbicos de agua aproximadamente. Descubierta por Cristóbal Colón en 1492, esta bahía tiene 25,9 kilómetros de largo y 16,8 de ancho.

En su entorno, cuentan, habitaron los dioses aborígenes Taguabo y Maicabó. Y sobre sus aguas, cuentan, apareció flotando la Virgen de la Caridad de El Cobre, Patrona de Cuba. Pero a pesar de sucesos tan trascendentes, la colonización española no se interesó por este lugar casi nunca. Las orillas de la enorme bahía estaban más solas que un cementerio a media noche y por ello fue refugio de mil y pico de piratas y compañía; sin embargo, el más famoso de todos los que allí llegaron fue Williams Hasting, que compró un pedazo de aquellas tierras a la corona española y fundó familia y dejó sus huesos por esos lares.
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La primera ocasión que escuché el nombre del pirata William Hasting, fue de boca de un compañero de aula que residía en El Embarcadero de Banes. Manifestaba también, con inocente orgullo de niño, que era descendiente del temido pirata. Supuse entonces que el chico estaba influenciado por la serie radial, muy popular entonces, que con adaptación de Félix Pita Rodríguez, hacía que Emilio Salgari nos transportara al turbulento Caribe de hace algunos siglos.

Muchos años después, en el bregar periodístico, conocimos al ya desaparecido Guzmán Méndez Escarsena, quien en su casita de la playa Puerto Rico Libre, nos habló del germano aventurero William Hasting, relatos que también parecían estampados por la pluma de Salgari, pero ahora con la etiqueta incuestionable de lo real maravilloso.
Siguió transcurriendo la marcha inexorable del tiempo cuando, a mediados del mes de noviembre del 2006, pudimos entrevistar a dos descendientes del pirata, ambos residentes en la pintoresca ciudad de Antilla. Aunque conocíamos desde mucho tiempo antes la existencia del más cercano descendiente del pirata, no fue posible el encuentro hasta la fecha señalada anteriormente, pues esa persona se encontraba fuera de la localidad.
Acompañados por el historiador de la municipalidad de Antilla, Julio Labrada Noa, comenzamos las entrevistas por Carmen Luisa E. Hasting Campos, biznieta de Catalina Hasting, quien fuera a su vez nieta de William Hasting o Don Guillermo. La vivienda de Carmen Luisa se encuentra enclavada en la calle René Ramos Latourt, cerca del Museo de Historia del mismo nombre.
Pronto se establece el diálogo, platica que sólo se interrumpe cuando Carmen Luisa va en pos de viejos planos de parte de las tierras de la hacienda Punta Salinas propiedad del famoso ancestro y donde resalta la ubicación del cementerio donde reposan los restos de muchos de sus familiares.
Carmen Luisa niega rotundamente que William se dedicara a la piratería pues según ella: “era un mercader que comerciaba entre Nassau, el norte oriental de Cuba, La Española, Puerto Rico”, y acota seguidamente: -Eso fue lo que siempre escuché en el seno de mi familia. ¡William era gente buena de comercio!- aseguró vehemente la entrevistada.
Luego de este interesante encuentro con Carmen Luisa, nos trasladamos hasta la casa marcada con le número 88 en la calle Carlos Manuel de Céspedes. Allí nos encontramos con Andrés Hasting, nieto de Luis y por ende tataranieto de William. A pesar de contar ya con 95 años, Andrés, conocido también como Júcaro, posee una vitalidad poco usual en personas con tantas primaveras en su haber. Nuestra primera pregunta para el nonagenario se caía de la mata: ¿era William un pirata?
-¡Claro qué sí!- afirmó Andrés con voz firme y un destello pícaro en sus vivaces ojos. Andrés Hasting, quien nació en 1911, claro está que no conoció al ancestral pirata. Las vivencias sobre Don Guillermo las obtuvo por testimonios de viejos ex esclavos de su familia, quienes a su vez, las escucharon a sus padres o abuelos de la dotación del viejo Hasting. -Era un temido pirata- reitera Júcaro tras de hacer funcionar el ordenador de sus recuerdos. –Desde niño escuché historias escalofriante que, contada por esos viejitos, involucraban a mi tatarabuelo Guillermo….Andrés hace una breve pausa y regresa con nuevos bríos a su relato. -En una oportunidad salió con tres esclavos a cambiar de lugar parte de su fortuna que tenía enterrada en el monte. Al atardecer regresó con sólo uno de ellos, el de su entera confianza- entonces el anciano detuvo su relato para con un gesto inequívoco, hacernos comprender el triste final de los dos que no regresaron: cual si fuera un filoso machete del viejo se pasó la diestra por su cuello.
En esta interesante plática con Júcaro quisimos que nos aclarara la leyenda del negro cimarrón que escapado de una hacienda de Santa Lucía, vino a refugiarse al vasto territorio de Don Guillermo. Andrés nos contó que este cimarrón fue capturado por el propio William, quien lo hirió al lanzarle su machete con una destreza que hablaba de su pasado. El fugitivo fue atendido de la herida pero quedó inútil para el trabajo rudo de la hacienda. Como era joven, fuerte, robusto y con una arcada dental envidiable, Hasting lo dejó como semental para mejorar con su estirpe la dotación de su hacienda Punta Salinas.
Según Andrés este esclavo, lejos de odiarle, le estaba agradecido a Don Guillermo, ya que de ser devuelto a su antiguo dueño, sufriría crueles tomentos hasta morir y dar así un escarmiento al resto de la dotación. Este relato de Júcaro, aunque difiere del que señala la devolución del esclavo a su antiguo dueño, es el más lógico y aceptable.
A una pregunta nuestra sobre el origen de su apodo Júcaro, Andrés nos respondió que se debe al lugar de nacimiento, sitio donde heredó unas diez caballerías de la antigua hacienda de William.
Mientras oían la interesante conversación con el venerable Júcaro, nadie miró las agujas de sus relojes se deslizaron sin apenas percatarnos. Al filo del mediodía nos despedimos de Andrés y su afable familia, pero antes el anciano habló del raudo barco de su tatarabuelo, de sus mortíferos cañones y de la emboscada tendida por galeones españoles hasta destruirlo. El ancestral lobo de mar se fue al fondo o anda flotando como material microscópico del agua después que los tiburones hicieron su digestión y cagaron su recuerdo en el océano.
En la pintoresca villa de Antilla, rodeado del cariño de sus familiares, nos despedimos de Andrés Hasting, quien gustosamente accedió a esta entrevista que hemos querido compartir con ustedes, querido internautas. Tomado de http://www.aldía.com/
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En Holguín, la maestra periodista María Julia Guerra se ha empeñado más que nadie en seguirle los pasos al pirata William Hasting y a su descendencia. Lo último que supe es que María Julia había completado el árbol genealógico de la familia y otras curiosidades apetecibles. Un día Aldeacotidiana tendrá la monografía casi libro completa, eso lo sabemos.

Lo que no sé es si alguna vez podamos leer el primero de una tetralogía que se ha publicado en Estados Unidos. En el volumen, dice su publicidad, se reconstruye la vida del pirata en su hacienda a la vera de la bahía de Nipe. Se titula el libro: Entre huracanes y a su autor, José Ignacio Hernández López, no he tenido el gusto de conocer.