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Los canarios de Holguín, Cuba

28 de mayo de 2018

La historia pocas veces contada de doña Isabel Vélez Cabrera, esposa del general Calixto García Iñiguez




El nombre de la esposa del General Calixto García, Isabel Vélez Cabrera, ha permanecido ignorado por historiadores, periodistas y hasta por la memoria popular, a pesar de que ella apoyó al marido en la causa revolucionaria y se ocupó de la formación de los hijos en tierras extrañas, pasando por todas las imaginables penurias, infidelidades del esposo y sufriendo las más trágicas pérdidas familiares, sin que nunca se le oyera ni una sola queja.
Pero no hay que creer que Isabel fue la encarnación del silencio delante del esposo tan explosivo. En carta de Calixto a su hijo Carlos, después que este le había exigido algo que escapa a nuestro conocimiento, le dice el general: “no puedes negar que eres hijo de tu madre que solo tiene carácter conmigo”.
Nació Isabel en la Villa de San Pablo de Jiguaní, el 19 de noviembre de 1844. Pero bien es que avisemos que esa fecha se conoce por las anotaciones personales que hizo su hijo Carlos García Vélez, años más tarde, pues no existen evidencias documentales de la partida bautismal de esta mujer porque un incendio arrasó la parroquia del lugar. Asimismo dijo el hijo que la madre tenía ascendencia india[1].
Hija de don Cristóbal Vélez, él oriundo de la jurisdicción de Santiago de Cuba y de doña Ana Cabrera, procedente ella de Jiguaní.
Doña Isabel Vélez Cabrera
Fueron los Vélez Cabrera una familia que se dedicó al comercio del café, renglón económico que en la década de 1850 decayó notablemente, afectando gran parte de la jurisdicción jiguanisense y dejando en la ruina a la familia, que para colmo de males perdió al padre; eso los sumió en un empobrecimiento casi total.
Apenas tenía 17 años cuando Isabel conoció al joven Calixto García quien procedente de San Isidoro de Holguín administraba un tejar propiedad de la madre de él, ubicado en las inmediaciones. Ambos jóvenes iniciaron una relación amorosa sin embargo cuando él informó a sus padres que se iba a casar, ellos se opusieron. Y como Calixto nada más tenía menos de 23 años, y por tanto era menor de edad, tenía que tener la autorización de los suyos para unirse en matrimonio.
La justificación de los padres de él, para oponerse al matrimonio fue que debían esperar a mejores tiempos, sin embargo es de creer que no les gustaba la pobreza de Isabel. Isabel, dijo su hijo Carlos en el diario que escribió, creía que la que se oponía al casamiento era doña Lucía Iñiguez, y es de creerlo. La doña tenía un carácter fuerte y posesivo, por lo que no aceptaba ningún pretendiente para sus hijos; las hembras, por ejemplo, murieron solteras. Y si Calixto se casó fue porque él pidió que el Capitán General de la Isla intercediera y lo autorizara, como ocurrió. Sin embargo, curiosamente, después de los trámites judiciales a tan alto nivel y cuando tuvo la autorización, Calixto no se casó sino hasta que arribó a la mayoría de edad.
El matrimonio se celebró en Jiguaní, el 11 de agosto de 1862. Los recién casados fueron a vivir al tejar de doña Lucía en Santa Rita, jurisdicción de Jiguaní. Allí le nacieron tres hijos, Leonor Matilde (29/5/1863), Calixto Ramón (6/2/1865) y Carlos Cabriel (29/4/1867).
El inicio de la guerra por la independencia de Cuba (10 de octubre de 1868), cambió el destino de muchas familias cubanas que se vieron obligadas a dejar las comodidades del hogar para refugiarse en la manigua. También la de Calixto García fue a los campos, incluyendo a doña Isabel Vélez Cabrera, que iba en avanzado estado de gestación de su cuarto hijo, los tres niños pequeños, la madre de ella y dos hermanas, y también doña Lucía Iñiguez, don Ramón García y otros hijos de estos, incluyendo a Nicolás, que tenía menos de once años y era “idiota”, según dice el biógrafo del General, Juan Casasús.
Doña Lucía, siempre capitana de los destinos de la familia, decidió que todos irían a las maniguas de la jurisdicción de Holguín, donde la ofensiva española todavía no era tan cruel. El 13 de Abril de 1869 se encontraba en los montes de San Pedro de Cacocum cuando a Isabel Vélez Cabrera se le presentó el parto de su cuarto hijo. Dice Carlos García Vélez que su abuela Lucía salió a la puerta del rancho donde estaban y con su delantal, como bandera, hizo señas a una partida de criollos  cubanos sobre las armas que acertó a pasar por las inmediaciones. Estos, que eran mandados por el oficial libertador Antonio Mangual, acudieron y con hojas de plátanos confeccionaron una cama para la parturienta. Lucía ofició como comadrona y Mangual cortó la tripa del ombligo con su machete. Nació Justo García Vélez, quien en la guerra del 95 llegaría a Comandante y que en la República fue Canciller de Cuba.
Poco después de llegar la familia a Holguín, también llegó Calixto acompañando a Máximo Gómez a quien habían nombrado jefe militar de la zona. 

Como a otros tantos soldados por la independencia de Cuba, la convivencia en medio del monte de Calixto y su familia le trajo seria dificultades. Aquella enorme cantidad de mujeres, niños y hombres inútiles para el combate era un lastre para la movilidad de la tropa. Muchas veces los mambises tuvieron que dejar a los suyos abandonados a su suerte.
Y así ocurrió con Calixto García y su familia en los primeros días de agosto de 1870; a Máximo Gómez lo nombraron jefe de Las Tunas y con él marchó quien ya había alcanzado alta graduación. Isabel, Lucía y los otros de la familia quedaron en Holguín.
Un mal día los militares españoles capturaron a la familia compuesta en ese momento por Isabel con los cuatro niños, la madre de ella, doña Ana Cabrera y dos hermanas Vélez Cabrera más, Candelaria y Caridad, doña Lucía y don Ramón, padres de Calixto con sus hijos Nicolás, Concepción y Leonor, más unos pocos esclavos que habían seguido a sus amos.
Los prisioneros fueron llevados a la villa de San Isidoro de Holguín donde permanecieron por unos días, hasta que el 11 agosto de ese mismo año en que fueron trasladados hasta el Puerto de Gibara y de allí enviados a La Habana. Por su calidad de prisioneros fueron encerrados en el lugar que se conocía como “Las Recogidos”, una cárcel para prostitutas y delincuentes de toda laya.
Gestiones realizadas por doña Lucía con esposas de militares españoles que conocía, les permitió salir de la cárcel. Se establecieron en la casa de Lorenza Mármol, quien era la esposa de un hermano de don Ramón, y por tanto tía de Calixto García, pero eran once personas. Lucía gestionó con los más altos personeros del Gobierno para que los autorizara a tomar una casa en alquiler y también lo consiguió. Isabel y el resto de las mujeres se dedicaron a la costura y a hacer cajas para fósforos para ganar el dinero que necesitaban para dar de comer y vestir a todos. Mientras la  gran Lucía trabajó para que la nuera, los niños y el resto de la familia de Isabel fueran al extranjero.
Llegaron a los Estados Unidos por Cayo Hueso y allí se establecieron. Allí recibieron el auxilio de los tabaqueros, quienes hacían colectas de dinero y semanalmente se lo entregaban para el sostenimiento de la familia. Otros personajes influyentes también los ayudaron, gestionando y pagando el ingreso de los niños en instituciones educacionales y benéficas.
Mientras Isabel, sus hermanas y la madre cosían y hacían otros trabajos, a la vez que trataban de adaptarse a la cultura diferente a la que habían ido.
Para el año de 1877 Isabel y los niños se instalaron en New York, en calle 30 oeste entre Séptima y Octava avenida; un lugar habitado por familias blancas pobres y pésimas condiciones higiénicas y urbanas. Allí se relacionaron con los emigrados cubanos y los niños asistieron a mítines y reuniones a favor de la causa independentista cubana.
En septiembre de 1878, cuando ya había finalizado la guerra en Cuba, Calixto García fue puesto en libertad de la cárcel española donde estuvo confinado y marchó a reunirse con la esposa y los hijos. Al fin se reunían después de ocho años de distancia. Durante ese tiempo el General había tenido relaciones fuera del matrimonio y le habían nacido dos hijos, Calixto Leonel Enamorado (1875) y Raymundo Domínguez Eguarás (1876).
A Isabel, de temperamento dulce y comprensivo, no le debió ser indiferente esa delicada situación, pero ella la supo llevar con serenidad y decoro; no obstante, años más tarde, cuando el General estaba en la guerra de 1895, le dijo en una carta:
(...) "Me dicen que la señora de Julio (Sanguily) piensa ir para Camagüey a reunirse con su marido, parece que no quiere ande solo por esos mundos. Hace bien, ojalá pudiera yo hacer otro tanto. Aunque eres viejo, las mujeres deben estar siempre al pie de sus maridos, para que estos no tengan ocasión de faltarles ni les pierdan el cariño, porque por lo regular, pasa eso, y luego son las penas y disgustos, sin poder remediar, porque lo que antes sucedió fue porque tu no estabas a mi lado” [2].
Cuando llegó a Nueva York el General fue bien recibido por la emigración. Su presencia significaba el líder que los cubanos dispuestos a continuar la guerra necesitaban. Por eso apenas pudo descansar en el humilde hogar que tenían los suyos y se puso, “enseguida, a organizar la expedición que había de llevarlo a Cuba”[3].
Lograron mudarse para la calle 45 Oeste No. 360, esquina a Novena avenida, un lugar que tenía pocas casas y muchos solares[4]. Para entonces el General Calixto García ocupaba la Presidencia del Comité Revolucionario Cubano de New York, teniendo a su cargo los preparativos de la nueva guerra. Su casa se convirtió en centro de reuniones y conspiración con el consentimiento de Isabel.
Vivieron al día, pero sin faltarles el alimento; con frecuencia a sus allegados Calixto vendía libros sobre literatura española o historia, con el dinero cubría las necesidades más urgentes de la familia.
En pleno invierno neoyorquino de enero de 1880 al matrimonio les nació el quinto hijo a quien pusieron por nombre, Mario. Dos meses después el General se marcha nuevamente a los campos de Cuba en armas, dejando, según carta de él, unas pocas latas de leche condensada y ningún dinero.
Cuando el general llega a Cuba ya los patriotas orientales habían depuesto las armas, por lo que él y sus hombres tienen entregarse a las autoridades españolas. El día 3 de agosto del mismo año, desde Bayamo, envió un telegrama a su madre Lucia, que residía en la Habana, en el que le decía estaba en “libertad” y que se lo comunicara a Isabel[5].
Su familia en los Estados Unidos estaba sumida en profunda incertidumbre. José Martí, que había colaborado con Calixto en los preparativos de la guerra, en 17 de agosto le escribió un poema a Leonor, la primogénita del general, en el que le daba aliento por la suerte que corría su padre.
Leonor: ¿lo ves? Los pies ensangrentados,
Rota la frente, el alma en cruz, pasea:
Rugen sus pensamientos agitados
Como la mar que contra el barco olea;
Y con alas de sangre, el aire corta,
Pura, sombría, absorta,
Rumbo al cielo ¡oh dolor¡ la gran idea!
Leonor: ¿lo ves?,
Pero si en hora oscura
Sobre los muertos, generoso gime,
Y entre enemigos hierros sufre al cabo
En dolor sublime
De llevar sobre el hombro a un pueblo esclavo;
Si desde el alta solitaria prora,
En el aire, cargado de tormenta,
Vierte las suyas, nuestra infamia cuenta,
Los patrios males y los propios llora:
¿Qué te importa, Leonor?,
Cuando a ti vuelva,
Lo enlazarán tus brazos, como enlaza
En medio de la selva
Al viejo tronco erguido
Por el rayo violento sacudido,
¡La fragante, la dulce madreselva![6]
Finalmente el Gobierno Español condenó a Calixto a la deportación por lo que debía instalarse en Madrid y no salir de allí sin previa autorización oficial.
Dos años más tarde, el 15 de marzo de 1882, el General le pidió a  Isabel que se trasladara con sus hijos a España; para ese instante tenía trabajo y eso le daba cierta estabilidad económica. Por lo demás, no creía que entonces existieran condiciones para una nueva guerra en Cuba.
La familia del general salió de New York en un vapor hacia Algeciras; allí él los esperaba. Juntos partieron rumbo a Cádiz y de esa a Madrid, donde se instalaron en la calle Fuencarral número 90, en el piso 2º izquierdo[7].
En Madrid, donde vivieron por 15 años, Isabel demostró lo capaz que era para perdonar las infidelidades del marido que por todo ese tiempo fue “esposo solícito y amante que vivió siempre en el hogar rodeado de su mujer y de sus hijos; y cuando salía de casa solamente era por la necesidad  de ganar el sustento o por su afán por las cosas de la patria”[8].
A fuerza de costumbre y poco a poco, los García Vélez fueron asimilando la cultura, los hábitos y forma de vida española. Tomaban parte en las procesiones religiosas, fiestas populares, y en todas las otras tradiciones y festejos del pueblo ibérico.
El matrimonio procreo nuevamente; esa vez dos hembras: Mercedes de la Concepción (30/01/1883) y María Herminia (15/4/1884), españolas de nacimiento con sangre cubana.
Cambiaron de residencia en distintas ocasiones a causa, dice el historiador Juan Casasús, de la inquietud espiritual de Calixto; sin embargo, el también historiador José Abreu Cardetda otros argumentos que a nuestro entender son más válidos:
"(...) luego que la prole creció, necesitaban más espacio para años después irse desgajando en matrimonios, estudios o trabajos lejanos. También altas y bajas en el presupuesto familiar pudieron determinar cambios de residencia (...)[9]"
Sin embargo, los cambios domiciliarios no afectaron a la familia, que desarraigada del suelo patrio por dictamen político, se vio en la necesidad de adaptarse a las difíciles circunstancias de la emigración. Al lado de Calixto e Isabel todo era superable, y asimismo ellos sabían que su permanencia en aquella ciudad no sería definitiva por lo que se encargaron de inculcarles a sus descendientes el concepto claro de que el deber primero era luchar en el lugar que les correspondiera por la independencia patria. 
Se dijo de Isabel que siempre fue “(…) matrona fuerte, digna compañera y madre de héroes (...)”
Sin embargo la convicciones que se tengan, la vida siempre sorprende y no todo se puede prever. Por eso los últimos años de la estancia de Isabel en Madrid fueron verdaderamente tristes.
En los primeros días del mes de diciembre de 1887, su hijo Calixto fue nombrado Administrador de la Aduana “La Coloma”, en la Habana, lugar donde fue a residir con su esposa María Josefa Becerra y sus dos hijos Calixto Pedro, (nacido el 23 de junio de 1885) y María Carmela, (16 de marzo de 1887). María Josefa llegó a Cuba primero, poco después llegó Calixto. Sin que sepamos la causa, él mató a la esposa y luego se suicidó. La prensa de la época dijo que aquel había sido un “crimen pasional”.
Las noticias llegaron a Madrid fragmentadas. Tanto Isabel como Calixto estaban en un desespero profundo. Se conserva una carta del General a José Dolores Poyo en la que le dice: "No me oculte nada, no omita detalle alguno (...)”[10], pero nada se esclareció y así de confuso permanece hasta hoy.
Finalmente los niños huérfanos pasaron a la tutela de Isabel.
Y como si todas las desgracias se hubieran puesto de acuerdo para llegar juntas, muy poco después de la muerte de Calixto García Vélez, murieron con poco tiempo de diferencia pero con igual pobreza, doña Ana Cabrera y Candelaria Vélez, madre y hermana de Isabel y por último murió el pequeño Calixto, hijo de Leonor García Vélez, la hija mayor de Isabel y Calixto.
Otra en su lugar habría enloquecido, pero Isabel supo reponerse de tanta pérdida y siguió luchando por los suyos, a los que capitaneaba con un cariño y dulzura dignos de ser recordado.
Así llega el 24 de febrero de 1895, en Cuba se reinicia la guerra por la independencia. A pesar de la precaria salud del General, las autoridades españolas de Madrid arrecian la vigilancia sobre él para impedirle que venga a la manigua donde se peleaba, sin embargo el viejo guerrero se levantó de la cama donde tenía la tibia de mano de Isabel ayudándolo y se fugó en acción magnifica, llevando con él a uno de sus hijos, Carlos. Atrás quedaba la esposa y los niños pequeños, a merced de las represalias del gobierno español.
Poco después, también Isabel y los niños pudieron marcharse de España embarcando por el puerto de Gibraltar el 20 de noviembre de 1895 y llegando a Nueva York el día 8 de diciembre. Allí alcanzó al esposo que estaba preparando una expedición hacia Cuba y supo de su hijo Justo, que estaba preso en Chafarinas, de donde logró escapar e ir a Cuba.
El retorno de Isabel a los Estados Unidos implicaba el enfrentamiento a una etapa más difícil e intensa que la vez anterior. Pocas semanas después de haber llegado, Calixto y Carlos salieron hacia Cuba, ella quedó sola y desamparada con cinco niños, una de ellos, Merceditas, la hija, aquejada por la tisis y por tanto necesitada de abundantes recursos para comprarle medicinas y alimentos. Pero además, tenía a su cargo a su hija Herminia y a sus dos nietos María Camela y Calixto Pedro, todos supeditados a los $ 125.00 que le otorgaba la Delegación Cubana en New York mensualmente.
Por carta el principal representante de Cuba en armas en los EE.UU, Tomás Estrada Palma, le dice a Calixto García en fecha 23 de abril de 1896 “...he visto a Isabelita, yo me ocupo de ella usted puede estar descuidado...”
Y no es que fuera incierto lo que le decían a Calixto, pero era poco lo que podían hacer. Entre ese poco, consiguieron que los dos nietos huérfanos,  Calixto Pedro, Herminia, y la hija del general, Carmela, fueran a la escuela. Mientras Isabel cuidaba de Mercedes, siempre enferma y Mario, el único hijo que quedó con la madre y sin poder venir a Cuba porque así lo había ordenado el padre, a pesar de su corta edad, trabajaba en una fábrica, tostando, moliendo y repartiendo café. 
Brigadier Justo García Vélez
Necesitando saber de su hijo que estaba trabajando como interventor de Haciendas Públicas en Tarlac y estrechamente vigilado por las autoridades coloniales españolas para impedir que se uniera al padre en la guerra de Cuba, el 4 de octubre de 1896 Isabel escribió al Cónsul de los Estados Unidos en Manila. La respuesta no pudo ser peor: habían apresado a Justo y muy pronto lo confinarían en Chafarinas.
Ninguna otra cosa podía hacer la madre como no fuera escribirle periódicamente al hijo, transmitiéndole amor, consuelo, noticias sobre Cuba y pequeñas cantidades de dinero que sustraía de su pensión.
En carta del hijo a la madre con fecha 14 de julio de 1897, conservada en la Casa Natal del General en Holguín, le dice Justo que la respuesta a su pregunta de por qué no se había casado es “(...) porque no he encontrado en mi camino una mujer que pueda considerar que valga la cuarta parte de lo que Ud. vale (...)”
Igual, Isabel recibía cartas desde las maniguas cubanas en armas. Una de ellas la remite un amigo desde Deleite, Holguín, con fecha de 14 de abril de 1897:
“(...) si Ud. pudiera verlo en traje de insurrecto, tan derecho y tan elegante y de aire tan militar y su modo de llevar un magnifico jipijapa que usa, estoy seguro de que no reconocerá a su Calixto (...)”[11]
Además ese mismo amigo le da detalles de las pruebas que el esposo hacía con el cañón Hotchkiss y también que sentía mucho agradecimiento por ella que tanto y tan continuamente colaboraba en el envío de píldoras, banderas y otros efectos necesarios para la contienda.
Isabel, igualmente, presidió el Club Patriótico "General Calixto García"; fundado el 14 de Noviembre de 1897 en la casa marcada con el número 2283 séptima Avenida, en la ciudad de New York para realizar propaganda revolucionaria y recaudar fondos para ayudar a familias desamparadas. Era la vicepresidenta electa Julia DeuBoulet  de Aguirre; Secretaria de Correspondencia: Merina González, y Vocales: Ana de Quesada, viuda de Carlos Manuel de Céspedes y Carmen Zayas Bazán, viuda de José Martí[12].
El 3 de mayo de 1898 le escribía doña Seráfica G. De Sarachaga:
"Habiendo recibido su atento oficio invitándome a entrar como socia en el Club Patriótico "General García" del cual es Ud. digna Presidenta (…)
(...) como dice Ud. que cada uno puede suscribirse con lo que pueda, por ahora no me es posible contribuir con meritoria obra más que con la pequeña suma de 25 centavos. Y al mismo tiempo me ofrezco para todo lo que pueda ayudarle con mi trabajo personal (...)”[13]
Le escribía también, continuamente, su esposo, el Mayor General Calixto García, preferentemente durante las noches de luna llena, que lo llenaban de melancolía y añoranzas. En cada una de esas misivas se descubre el mucho amor que Calixto le profesaba a su esposa.
Pero leer las cartas que esperaba con ansias, comenzó a ser un grave problema para la mujer que había comenzado a sufrir una enfermedad que le había afectado la vista. Esa maleza la que padeció hasta su muerte. Pero nunca su cuerpo enfermo le impidió trasladarse a uno u otro lugar de los Estados Unidos, siempre que los médicos que atendían a su hija enferma lo prescribían. Así en septiembre de 1897 realizó un viaje a Long Beach para ayudar en algo a la posible curación de la niña[14].
Los últimos meses del año 1898 fueron muy intensos y desafortunados para Isabel; por un lado la guerra en Cuba llegaba a su fin, permeada de dificultades y desacuerdos entre los patriotas y por otro, la salud de Mercedita resquebrajada totalmente, eliminaba toda esperanza de recuperación. La incertidumbre de la patriota se ve reflejada en la correspondencia que escribía al esposo y los hijos que estaban en la Isla.
Para el mes de agosto de 1898 Calixto García había renunciado a su cargo de Jefe del Departamento Militar de Oriente y estaba a la espera de que el Ejército Interventor estadounidense evacuara sus tropas para marchar a los Estados Unidos, a reunirse con la esposa y a ver a su Merceditas, para entonces al borde de la muerte. Pero lo eligen diputado a la asamblea de representantes de Cuba que se celebró en Santa Cruz del Sur. Desde ese lugar el General escribe a Isabel:
“(...) Ya me hubiera marchado para esa dejándolo todo que se lo llevara el diablo, pero tú no sabes la guerra que aquí me han hecho. Gómez me ha negado la licencia que le he pedido para ir al extranjero y eso que yo la fundaba en la enfermedad de mi hija, pero el que pudo admitir mi renuncia dice que no tiene facultades para concederme la licencia. Se ha echado mano de todos los medios para hacerme salir de la ley y tener el derecho de presentarme como desertor y revoltoso (...) estoy resuelto a pedir mi baja definitivamente en el Ejercito y no ocuparme más de política ( ...)[15]
Allá en Norteamérica Isabel luchaba desesperadamente por salvar a su hija; en el mes de septiembre viajó a Tampa en busca de un clima favorecedor, pero fue inútil. Regresó a New York donde en una avenida limpia y ancha alquiló un piso ventilado, de reciente construcción, con una arboleda al frente y por un precio de $42.50. El dinero lo obtuvo porque la Delegación de cubanos en el exilio le mantuvo la ayuda cuando debido a su situación con la enfermita, cuando a otras muchas familias se la había suspendido.
Entonces los médicos le recomendaron que llevara a la niña al LaomisSanatorium de Liberty pero el dinero no le alcanzaba. Felizmente tuvo la ayuda monetaria de Tirso Medina. Isabel se llevó con ella a su hijo Mario y al nieto, Calixto Pedro. Posteriormente visitaron la casa de Tomás Estrada Palma en Central Valley, donde la atendieron con mucha amabilidad y respeto.
Desesperada la madre por la anemia e invalidez de Mercedita, reclama la presencia del esposo insistentemente, negada como estaba de viajar con la niña a La Habana a la que consideraba una ciudad antihigiénica e insalubre.
En carta que escribe a sus hijos Carlos y Justo les dice “(…) que cansada estoy de la dichosa política (...) y de todo lo que parezca guerra (...) porque los guerreros no vuelven (...)”[16]
Finalmente la Asamblea de Santa Cruz comisionó al General Calixto García para que presidiera una Comisión que debía entrevistarse con el Presidente de los Estados Unidos.
Gral Calixto García llega a los EE.UU, 1898
Calixto llegó a New York el 21 de noviembre de 1898, allí estaban Isabel y su familia, Mercedita ya en un estado lamentable. El padre comprendió que había que sacar a la niña del clima de aquella ciudad y decidió que Isabel la llevara al Estado de Georgia. Mientras el general estuvo lo más que pudo con los suyos, pero su presencia era solicitada en Washington. A todos les prometió regresar lo más pronto posible y marchó.
El 11 de diciembre Isabel acompañada de su hijo Justo y Merceditas llegaron al lugar donde esperaban que la niña se restableciera, pero exactamente ese día los alcanzó la funesta noticia de la muerte repentina de Calixto en Washington.
En su diario escribió la esposa del general García: “Llegamos a Thomasville el mismo día que murió mi pobre Calixto,  no puedo asistir a sus funerales en la Catedral de San Patrick, ni al entierro en suelo cubano en febrero de 1899.
Dieciséis días después que el padre, murió Merceditas.
Igual que las condolencias, varios señores de La Habana le enviaron un donativo a la madre y viuda sugiriéndole que regresara a Cuba.
Todo parece indicar que para el mes de septiembre de 1899 ella volvió por unos pocos días, estableciéndose en el poblado de Calabazar pero casi de inmediato regresó a los Estados Unidos. En marzo de 1901 su dirección era 249 west25th. St., New York. Al año siguiente se mudó para 888 Massachusetts Avenue, Cambridge, Washington.
Después de la Enmienda Platt a la Constitución cubana, que autorizaba al Ejército de los Estados Unidos a intervenir en Cuba cuando lo deseara, Isabel decidió radicarse definitivamente en París, pero entonces murió la esposa que desde muy poco antes se había casado con su hijo Justo, dejando una pequeña niña nombrada Nounou. Para colmo de males, el padre de la huérfana cumplía funciones de trabajo en Hamburgo. Isabel vino a Cuba a hacerse cargo de la nieta en algún momento sin precisar de finales de 1902.
El 9 de junio de 1911, durante el gobierno de José Miguel Gómez, la Cámara de Representantes aprobó una pensión de $ 3.600 anuales para Isabel, viuda del General Calixto García, ayuda monetaria que llego con bastante retraso[17]; al respecto apuntó su hijo Carlos García en su diario: “(...) Hasta la pensión le fue denegada y a no ser por Lico Lores que dio ‘una brava’ nunca la hubiera obtenido. Pero poco tiempo la disfrutó, digo mal, la compartió con muchos infelices, porque ella nunca conoció de bienestar (...)”[18]
Su hijo Carlos en los apuntes diarios que llevó, dejó escrito que Isabel Vélez Cabrera fue la verdadera heroína de la familia.
Brigadier Carlos García Vélez
En Cuba apenas si pudo compartir sus últimos años al lado de sus hijos, pues Justo y Carlos se desempeñaban en el Servicio Exterior y estaban fuera del país por años; al morir Isabel, el 9 de agosto de 1916, su hijo Carlos no pudo asistir al sepelio por estar destacado como Ministro (Embajador) de Cuba en Inglaterra.

La prensa cubana, sobre todo el periódico "El Cubano Libre", resaltó los valores patrios y humanos de esta sencilla y heroica mujer y sus  familiares recibieron verdaderas muestras de condolencias de importantes personalidades como Enrique José Varona, quien le escribió: “(...) como cubano y como amigo (...) he sentido una pena por la muerte de la que llevo tan dignamente su nombre"[19].



[1]Centro de Información Museo casa Natal de Calixto García. Fondo Calixto García. Diario de Carlos García Vélez. Pág. 239

[2]Centro de Información Museo casa Natal de Calixto García. Fondo Calixto García.

[3]Ídem.

[4]Ídem.

[5]Centro de Información Museo casa Natal de Calixto García. Fondo Calixto García. Documento 200.

[6]José Martí.Poesía Completa. Edición Crítica. T.II, pp. 232-233

[7]Abreu Cardet, José y Elia Sintes. Calixto García en España. Holguín. (1985) Editado por el Departamento de Orientación Revolucionaria del Partido Comunista de Cuba.

[8]Casasús, Juan, “Calixto García, el estratega”. La Habana, 1962. Oficina del Historiador de la Ciudad.

[9]Abreu Cardet, José y Elia Sintes. Calixto García en España. Holguín. (1985) Editado por el Departamento de Orientación Revolucionaria del Partido Comunista de Cuba.

[10]Casasús, Juan, “Calixto García, el estratega”. La Habana, 1962. Oficina del Historiador de la Ciudad.

[11]Centro de Información Museo casa Natal de Calixto García. Fondo Calixto García. Documento 200.

[12] Archivo Nacional de Cuba. Fondo Donativos y Remisiones. Documento 643.

[13]Centro de Información Museo casa Natal de Calixto García. Fondo Calixto García. Documento 200.

[14]Ídem.

[15]Ídem.

[16]Ídem.

[17] Periódico “La Independencia”, 9 de junio de 1911, Pág. 1

[18]Centro de Información Museo casa Natal de Calixto García. Fondo Calixto García. Diario de Carlos García Vélez.


[19]Archivo Nacional de Cuba. Fondo Donativos y Remisiones. Documento 643.